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El Reino Unido e Israel se sumen en una crisis que rompe décadas de alianza

Las relaciones entre el Reino Unido e Israel han entrado en uno de sus periodos más delicados en décadas, después de que una sucesión de desacuerdos sobre Gaza, el reconocimiento del Estado palestino, la expansión de los asentamientos y la violencia de colonos en … Cisjordania haya transformado una relación tradicionalmente estrecha en un enfrentamiento diplomático cada vez más abierto. La última escalada se produjo esta semana, cuando Londres anunció nuevas medidas contra los asentamientos israelíes, entre ellas la prohibición de importar los productos procedentes de ellos, e Israel respondió con una batería de represalias.
Entre ellas figura el cierre del consulado británico en Jerusalén Este, para el que Israel ha dado a Londres un plazo de 30 días, además de la prohibición de entrada a doce británicos, la salida de diplomáticos de estructuras de coordinación y el final de la participación del Reino Unido en la formación de fuerzas de seguridad palestinas.

La crisis no comenzó, sin embargo, con las sanciones anunciadas esta semana. Londres lleva casi tres años modificando gradualmente su política hacia Israel, primero bajo Keir Starmer y ahora con Andy Burnham, aunque el nuevo primer ministro ha imprimido mayor contundencia a una evolución que comenzó después de los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023 y de la posterior guerra en Gaza.

Noticia relacionada

Analistas especializados llevan tiempo alertando del profundo deterioro de las relaciones bilaterales. Yossi Mekelberg, investigador asociado de Chatham House, sostiene que la forma en que Israel se ha comportado en los últimos tres años le ha hecho perder numerosos aliados y advierte de que, pese al apoyo internacional que recibió después de los ataques del 7 de octubre, ahora corre el riesgo de convertirse en un Estado paria por su creciente aislamiento. Ya el año pasado, Azriel Bermant y Michael Stephens advertían desde el Royal United Services Institute (RUSI) de que este deterioro podía agravarse: «No hay duda de que las relaciones entre Israel y Reino Unido se han deteriorado significativamente y podrían empeorar en los próximos meses». Y así ha sido.

Israel, pese al apoyo internacional que recibió después de los ataques del 7 de octubre, ahora corre el riesgo de convertirse en un Estado paria por su creciente aislamiento

Suspensión de exportación de armas

Aunque el anterior primer ministro había respaldado el derecho de Israel a defenderse y durante meses evitó sumarse a quienes reclamaban un alto el fuego inmediato, una vez en el Gobierno, su política comenzó a cambiar. En septiembre de 2024, el entonces ministro de Exteriores, David Lammy, suspendió alrededor de 30 licencias británicas de exportación de armas a Israel después de una revisión jurídica. «Existe un riesgo claro de que puedan utilizarse para cometer o facilitar una violación grave del derecho internacional humanitario», explicó ante el Parlamento. La decisión constituyó una de las primeras señales de que las discrepancias con Netanyahu comenzaban a traducirse en medidas concretas.
El siguiente paso llegó en junio de 2025, cuando Reino Unido, Australia, Canadá, Nueva Zelanda y Noruega sancionaron a los ministros israelíes Bezalel Smotrich e Itamar Ben-Gvir por sus reiteradas incitaciones a la violencia contra palestinos en Cisjordania.

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Tres meses después, Londres reconoció formalmente el Estado de Palestina. Starmer calificó a Hamás de «brutal organización terrorista» y aseguró que no podía desempeñar ningún papel en un futuro Gobierno palestino, al tiempo que describió como «absolutamente intolerables» los bombardeos, el hambre y la devastación en Gaza. Netanyahu acusó a los gobiernos que reconocieron a Palestina de conceder «una enorme recompensa al terrorismo», lo que Starmer rechazó diciendo que «esta solución no es una recompensa para Hamás».

Netanyahu acusó a los gobiernos que reconocieron a Palestina de conceder «una enorme recompensa al terrorismo», lo que Starmer rechazó

Burnham, un paso más allá

Burnham ha heredado esa arquitectura diplomática, pero ha decidido ir un paso más allá. Ante el Parlamento, sostuvo que las palabras sobre la solución de dos Estados «serán solo palabras si no están respaldadas por acciones» y añadió que «el liderazgo consiste en actuar donde hay injusticia, cuando la gente es expulsada de sus hogares». En este «mundo difícil y peligroso», afirmó, Reino Unido «tiene que defender unos principios».
Su ministro de Exteriores, Ed Miliband, ha anunciado que el país introducirá una prohibición de las importaciones procedentes de los asentamientos israelíes y de la publicidad en territorio británico de propiedades situadas en ellos, además de preparar nuevos poderes para sancionar a personas y empresas que financien o faciliten su expansión. Miliband explicó que la legislación necesaria estará preparada en un plazo de entre seis y nueve meses.
«Los asentamientos son ilegales. No deberían promocionarse en nuestro país», declaró ante la Cámara de los Comunes, y aclaró que «el régimen de sanciones tendrá como objetivo los asentamientos ilegales y su expansión, no Israel».

Los colonos israelíes trabajan en el asentamiento situado junto a la localidad de Turmous Ayya, en Cisjordania.

(EFE)

La posición británica se apoya en un marco internacional. La Resolución 2334 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas determinó que los asentamientos israelíes en los territorios palestinos ocupados desde 1967, incluida Jerusalén Este, «no tienen validez jurídica» y constituyen una «flagrante violación del derecho internacional», además de reclamar a Israel el cese «inmediato y completo» de toda actividad de asentamiento.
La resolución pidió también a los Estados que distinguieran en sus relaciones entre el territorio del Estado de Israel y los territorios ocupados, y la Corte Internacional de Justicia reforzó esa posición en su opinión consultiva de julio de 2024, en la que concluyó que los asentamientos de Cisjordania y Jerusalén Este han sido establecidos y se mantienen «en violación del derecho internacional».
El ministro israelí de Exteriores, Gideon Sa’ar, calificó la política británica de «moralmente distorsionada» y de «flagrante interferencia» en los asuntos de un Estado soberano y en su proceso electoral, ya que Israel celebrará elecciones el próximo 27 de octubre.

Acusaciones de «limpieza étnica»

El enfrentamiento se endureció aún más después de que Miliband afirmara que en determinadas partes de Cisjordania se está produciendo una «limpieza étnica» de palestinos por parte de «colonos terroristas». Sa’ar respondió acusándole de formular «mentiras escandalosas».
Reino Unido no está solo. Canadá, Dinamarca, Finlandia, Francia, Islandia, Irlanda, Noruega, Polonia, Portugal, España y Suecia se sumaron a una declaración conjunta en la que expresaron su intención de introducir restricciones nacionales o europeas al comercio con los asentamientos, o estudiar activamente esas y otras medidas.
«Juntos, estamos decididos: la solución de dos Estados debe ser protegida», afirmaron sus ministros de Exteriores, que exigieron a Israel detener inmediatamente la expansión de los asentamientos y garantizar que exista rendición de cuentas por la violencia de los colonos, lo que muestra que el deterioro de las relaciones con Israel no constituye un fenómeno exclusivamente británico. La misma declaración reconoce «los legítimos intereses de seguridad de Israel» y condena nuevamente los ataques de Hamás del 7 de octubre.
En territorio británico, el rabino jefe Ephraim Mirvis calificó las medidas de «un día oscuro para los judíos británicos». Miliband, por su parte, comenzó su intervención parlamentaria recordando que él mismo habla «como un orgulloso judío británico» y ha insistido en separar las críticas al Gobierno de Netanyahu de cualquier cuestionamiento de Israel o de la comunidad judía británica. Miliband recordó, al asumir la cartera de Exteriores, «mis padres llegaron a Gran Bretaña como refugiados judíos de los nazis».
Por su parte, la líder del Partido Conservador británico, Kemi Badenoch, considera las sanciones una «autolesión nacional» que perjudica la cooperación de seguridad e inteligencia con Israel, y Nigel Farage, líder de Reform UK, declaró que, si su partido llega al poder, revertirá el daño causado a las relaciones entre Reino Unido e Israel.

La líder del Partido Conservador británico, Kemi Badenoch, considera las sanciones una «autolesión nacional» que perjudica la cooperación de seguridad e inteligencia con Israel

A favor de las sanciones se han pronunciado destacadas figuras israelíes, como Ehud Olmert, ex primer ministro de Israel; Dan Halutz, excomandante del ejército israelí; David Harel, presidente de la Academia Israelí de Ciencias y Humanidades, y Em Hilton, escritora y activista judía y cofundadora de Na’amod, un movimiento de judíos británicos contrario a la ocupación israelí de los territorios palestinos, quien afirma que «responsabilizar a Israel por sus violaciones de los derechos humanos en Cisjordania no es antisemita».

Publicado: septiembre 12, 2026, 6:46 pm

La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/reino-unido-israel-adentran-crisis-pone-prueba-20260911013252-nt.html

Las relaciones entre el Reino Unido e Israel han entrado en uno de sus periodos más delicados en décadas, después de que una sucesión de desacuerdos sobre Gaza, el reconocimiento del Estado palestino, la expansión de los asentamientos y la violencia de colonos en Cisjordania haya transformado una relación tradicionalmente estrecha en un enfrentamiento diplomático cada vez más abierto. La última escalada se produjo esta semana, cuando Londres anunció nuevas medidas contra los asentamientos israelíes, entre ellas la prohibición de importar los productos procedentes de ellos, e Israel respondió con una batería de represalias.

Entre ellas figura el cierre del consulado británico en Jerusalén Este, para el que Israel ha dado a Londres un plazo de 30 días, además de la prohibición de entrada a doce británicos, la salida de diplomáticos de estructuras de coordinación y el final de la participación del Reino Unido en la formación de fuerzas de seguridad palestinas.

La crisis no comenzó, sin embargo, con las sanciones anunciadas esta semana. Londres lleva casi tres años modificando gradualmente su política hacia Israel, primero bajo Keir Starmer y ahora con Andy Burnham, aunque el nuevo primer ministro ha imprimido mayor contundencia a una evolución que comenzó después de los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023 y de la posterior guerra en Gaza.

Noticia relacionada

Analistas especializados llevan tiempo alertando del profundo deterioro de las relaciones bilaterales. Yossi Mekelberg, investigador asociado de Chatham House, sostiene que la forma en que Israel se ha comportado en los últimos tres años le ha hecho perder numerosos aliados y advierte de que, pese al apoyo internacional que recibió después de los ataques del 7 de octubre, ahora corre el riesgo de convertirse en un Estado paria por su creciente aislamiento. Ya el año pasado, Azriel Bermant y Michael Stephens advertían desde el Royal United Services Institute (RUSI) de que este deterioro podía agravarse: «No hay duda de que las relaciones entre Israel y Reino Unido se han deteriorado significativamente y podrían empeorar en los próximos meses». Y así ha sido.

Israel, pese al apoyo internacional que recibió después de los ataques del 7 de octubre, ahora corre el riesgo de convertirse en un Estado paria por su creciente aislamiento

Suspensión de exportación de armas

Aunque el anterior primer ministro había respaldado el derecho de Israel a defenderse y durante meses evitó sumarse a quienes reclamaban un alto el fuego inmediato, una vez en el Gobierno, su política comenzó a cambiar. En septiembre de 2024, el entonces ministro de Exteriores, David Lammy, suspendió alrededor de 30 licencias británicas de exportación de armas a Israel después de una revisión jurídica. «Existe un riesgo claro de que puedan utilizarse para cometer o facilitar una violación grave del derecho internacional humanitario», explicó ante el Parlamento. La decisión constituyó una de las primeras señales de que las discrepancias con Netanyahu comenzaban a traducirse en medidas concretas.

El siguiente paso llegó en junio de 2025, cuando Reino Unido, Australia, Canadá, Nueva Zelanda y Noruega sancionaron a los ministros israelíes Bezalel Smotrich e Itamar Ben-Gvir por sus reiteradas incitaciones a la violencia contra palestinos en Cisjordania.

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Tres meses después, Londres reconoció formalmente el Estado de Palestina. Starmer calificó a Hamás de «brutal organización terrorista» y aseguró que no podía desempeñar ningún papel en un futuro Gobierno palestino, al tiempo que describió como «absolutamente intolerables» los bombardeos, el hambre y la devastación en Gaza. Netanyahu acusó a los gobiernos que reconocieron a Palestina de conceder «una enorme recompensa al terrorismo», lo que Starmer rechazó diciendo que «esta solución no es una recompensa para Hamás».

Netanyahu acusó a los gobiernos que reconocieron a Palestina de conceder «una enorme recompensa al terrorismo», lo que Starmer rechazó

Burnham, un paso más allá

Burnham ha heredado esa arquitectura diplomática, pero ha decidido ir un paso más allá. Ante el Parlamento, sostuvo que las palabras sobre la solución de dos Estados «serán solo palabras si no están respaldadas por acciones» y añadió que «el liderazgo consiste en actuar donde hay injusticia, cuando la gente es expulsada de sus hogares». En este «mundo difícil y peligroso», afirmó, Reino Unido «tiene que defender unos principios».

Su ministro de Exteriores, Ed Miliband, ha anunciado que el país introducirá una prohibición de las importaciones procedentes de los asentamientos israelíes y de la publicidad en territorio británico de propiedades situadas en ellos, además de preparar nuevos poderes para sancionar a personas y empresas que financien o faciliten su expansión. Miliband explicó que la legislación necesaria estará preparada en un plazo de entre seis y nueve meses.

«Los asentamientos son ilegales. No deberían promocionarse en nuestro país», declaró ante la Cámara de los Comunes, y aclaró que «el régimen de sanciones tendrá como objetivo los asentamientos ilegales y su expansión, no Israel».


Los colonos israelíes trabajan en el asentamiento situado junto a la localidad de Turmous Ayya, en Cisjordania.


(EFE)

La posición británica se apoya en un marco internacional. La Resolución 2334 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas determinó que los asentamientos israelíes en los territorios palestinos ocupados desde 1967, incluida Jerusalén Este, «no tienen validez jurídica» y constituyen una «flagrante violación del derecho internacional», además de reclamar a Israel el cese «inmediato y completo» de toda actividad de asentamiento.

La resolución pidió también a los Estados que distinguieran en sus relaciones entre el territorio del Estado de Israel y los territorios ocupados, y la Corte Internacional de Justicia reforzó esa posición en su opinión consultiva de julio de 2024, en la que concluyó que los asentamientos de Cisjordania y Jerusalén Este han sido establecidos y se mantienen «en violación del derecho internacional».

El ministro israelí de Exteriores, Gideon Sa’ar, calificó la política británica de «moralmente distorsionada» y de «flagrante interferencia» en los asuntos de un Estado soberano y en su proceso electoral, ya que Israel celebrará elecciones el próximo 27 de octubre.

Acusaciones de «limpieza étnica»

El enfrentamiento se endureció aún más después de que Miliband afirmara que en determinadas partes de Cisjordania se está produciendo una «limpieza étnica» de palestinos por parte de «colonos terroristas». Sa’ar respondió acusándole de formular «mentiras escandalosas».

Reino Unido no está solo. Canadá, Dinamarca, Finlandia, Francia, Islandia, Irlanda, Noruega, Polonia, Portugal, España y Suecia se sumaron a una declaración conjunta en la que expresaron su intención de introducir restricciones nacionales o europeas al comercio con los asentamientos, o estudiar activamente esas y otras medidas.

«Juntos, estamos decididos: la solución de dos Estados debe ser protegida», afirmaron sus ministros de Exteriores, que exigieron a Israel detener inmediatamente la expansión de los asentamientos y garantizar que exista rendición de cuentas por la violencia de los colonos, lo que muestra que el deterioro de las relaciones con Israel no constituye un fenómeno exclusivamente británico. La misma declaración reconoce «los legítimos intereses de seguridad de Israel» y condena nuevamente los ataques de Hamás del 7 de octubre.

En territorio británico, el rabino jefe Ephraim Mirvis calificó las medidas de «un día oscuro para los judíos británicos». Miliband, por su parte, comenzó su intervención parlamentaria recordando que él mismo habla «como un orgulloso judío británico» y ha insistido en separar las críticas al Gobierno de Netanyahu de cualquier cuestionamiento de Israel o de la comunidad judía británica. Miliband recordó, al asumir la cartera de Exteriores, «mis padres llegaron a Gran Bretaña como refugiados judíos de los nazis».

Por su parte, la líder del Partido Conservador británico, Kemi Badenoch, considera las sanciones una «autolesión nacional» que perjudica la cooperación de seguridad e inteligencia con Israel, y Nigel Farage, líder de Reform UK, declaró que, si su partido llega al poder, revertirá el daño causado a las relaciones entre Reino Unido e Israel.

La líder del Partido Conservador británico, Kemi Badenoch, considera las sanciones una «autolesión nacional» que perjudica la cooperación de seguridad e inteligencia con Israel

A favor de las sanciones se han pronunciado destacadas figuras israelíes, como Ehud Olmert, ex primer ministro de Israel; Dan Halutz, excomandante del ejército israelí; David Harel, presidente de la Academia Israelí de Ciencias y Humanidades, y Em Hilton, escritora y activista judía y cofundadora de Na’amod, un movimiento de judíos británicos contrario a la ocupación israelí de los territorios palestinos, quien afirma que «responsabilizar a Israel por sus violaciones de los derechos humanos en Cisjordania no es antisemita».

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