Publicado: octubre 5, 2026, 6:45 am
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La victoria de Flávio Bolsonaro en la primera vuelta de las presidenciales brasileñas deja bastante sentenciada la segunda vuelta del 25 de octubre. Aunque solo se ha impuesto por un par de puntos sobre Luiz Inácio Lula da Silva, la sorprendente victoria del candidato … derechista (uno de los hijos del expresidente Jair Bolsonaro, quien no podía presentarse al estar condenado a 27 años de prisión por intento de golpe de estado cuando en 2022 terminaba su mandato), deja muy encarrilado el voto final.
De haber ganado Lula la primera vuelta, como coincidían todos los sondeos, se esperaba un ‘ballotage’ ajustado e impredecible, como apuntaban igualmente las encuestas. Pero el mal resultado obtenido ahora por Lula deja pocas esperanzas a su campaña. En tercer, cuarto y quinto puesto –sumando alrededor del 7%– quedaron candidatos de derecha, cuyo electorado es normal que acabe dando el apoyo a Bolsonaro.
Alternancia de liderazgo
Uno de los mejores servicios a la democracia que puede hacer un dirigente político es no considerarse imprescindible y propiciar el relevo al frente del grupo o partido que lidera. Lula da Silva no se aferró al poder como hicieron sus vecinos Hugo Chávez y Evo Morales –siempre se atuvo al orden constitucional–, pero tampoco ha ayudado a la democracia de su país al ser candidato presidencial en siete ocasiones, la última con 80 años de edad y tras 51 años de continuado liderazgo social y político (el 1975 se hizo cargo del sindicato de obreros metalúrgicos, del que pasó a dirigir el Partido de los Trabajadores cuando terminó la dictadura militar). Los partidos necesitan nuevas caras, nuevas ideas y personas que puedan encarnar las aspiraciones de cada generación.
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Verónica Goyzueta
Lula ha taponado dos generaciones de dirigentes políticos del PT. Ciertamente, obligado por la Constitución, cedió el poder a Dilma Rousseff, pero luego quiso regresar. En 2018 no pudo hacerlo, al verse condenado a prisión (en una sentencia que luego fue revisada) y cedió el testigo a Fernando Haddad: lo hizo sin convicción, de manera que a este siempre se le vio como un candidato tutelado. Logró regresar a la presidencia en 2022, pero en este 2026 se encamina a una amarga derrota.
Lula puede alegar que es el partido el que siempre le ha reclamado y que, tras el procesamiento de Rousseff por el Congreso o el fracaso de Haddad ante Jair Bolsonaro, sus seguidores solo le veían a él como capaz de levantar de nuevo el estandarte del PT. No obstante, el propio Lula enarboló la bandera con gusto, creyéndose en serio que era el salvador de la democracia. Pero la democracia –además de ser básicamente alternancia de partidos en el poder (algo respetado por Lula y, según la sentencia del Supremo, no por Jair Bolsonaro)– también es alternancia de liderazgos internos.
Los Bolsonaro
De ganar el 25 de octubre e instalarse en Planalto a partir del 1 de enero de 2027 –y si gobierna con mayor moderación que su padre, como ha sugerido–, Flávio Bolsonaro tendría muchos puntos para repetir mandato dentro de cuatro años. A pesar de sus estridencias, Jair Bolsonaro cerca estuvo de ser reelegido (perdió por un punto) y es posible que su hijo lo tuviera más fácil. Pero el vencedor de este domingo se ha comprometido a no presentarse a la reelección, lo que muestra un plan quizás oculto de que, tras el perdón a su padre que quiere promover, este se convierta en el candidato presidencial en 2030 (aunque la inhabilitación política no es tan fácil de remover).
El Partido Liberal de los Bolsonaro ha tenido una clara victoria en las elecciones legislativas que también se celebraban este domingo y será el primer grupo tanto en el Senado como en la Cámara de Diputados, mientras que el PT ha perdido posiciones en ambas. No solo eso, sino que varios miembros de la familia han sido elegidos o reelegidos –Michelle Bolsonaro, esposa del patriarca, se ha convertido en senadora– y varios destacados aliados tuvieron un domingo triunfal, como el gobernador de Sao Paulo, Tarsício de Freitas, que ha aumentado su ventaja sobre Haddad, y el exmagistrado Sergio Moro, que pasará a ser gobernador de Paraná.
Si las cosas les van bien a los Bolsonaro, ahora podrían ser ellos los que podrían eternizar el liderazgo de la derecha, aunque es difícil igualar el récord de Lula.
