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El otro drama del cierre del espacio aéreo: atrapados en Asia

«¿Qué más nos puede pasar en este viaje?», decíamos entre risas después de que a nuestro conductor del taxi le parara la policía por adelantar en línea continua por una carretera de camino al aeropuerto de Tawao, en la parte malasia de la isla … de Borneo. Ya habíamos lidiado contra millones de picaduras de mosquitos, llevábamos tatuados los ‘besos’ de varias medusas en nuestra piel y nos habían puesto otra multa anterior, con cepo incluido.
No teníamos ni idea de que en apenas unas horas todo eso quedaría en un grato recuerdo después del ataque de Israel y EE.UU. a Irán el sábado, y la respuesta del país islámico. Entre las consecuencias de aquella guerra abierta en Oriente Medio se produciría el cierre del espacio aéreo de Israel, Jordania, Kuwait, Baréin, Qatar y Emiratos Árabes Unidos, por donde irremediablemente pasaba nuestro vuelo de vuelta previsto para este sábado 7 de marzo.

Al enterarnos del cierre de nuestra vía de vuelta, comprobamos el estado de nuestros vuelos: Kuala Lumpur con destino Doha, el viaje que habíamos contratado hacía más de medio año, ahora se mostraba como «cancelado». Al principio decidimos mantener la calma y esperar noticias de la aerolínea (Qatar Airways) y del seguro, a los que escribimos inmediatamente. Este último, del que contratamos el pack ‘viaje tranquilidad’ (con una de las mayores coberturas que se ofrecían en los distintos paquetes) contestó raudo, aunque escueto: poco podía hacer salvo proporcionarnos hasta 200 euros de cobertura para alojamiento, dietas y bienes de primera necesidad en caso de que nuestro vuelo se demorara y apoyo si necesitábamos reclamar después los vuelos (aunque aclarando que ellos no podían litigar en nuestro nombre). De la compañía aérea, nada. Del intermediario por el que compramos los vuelos, una respuesta automática cuatro días después diciendo que habían registrado la petición.

Noticia relacionada

Natalia Loizaga

También nos pusimos en contacto con el Ministerio de Asuntos Exteriores a través del registro de viajeros. Uno de nosotros pudo darse de alta, indicando que iba con otras dos personas más. Otro camino sin salida: el registro pide confirmar por SMS, y la mayoría de eSims que se compran para viajar al extranjero solo ofrecen tarifa de datos, no de línea telefónica (aunque piden el email, no se puede confirmar tampoco por esta vía). Al intentar el registro de forma individual, la aplicación da error. Un escollo más entre tantos.

Precios disparados

Ante la escalada del conflicto y sin ver esperanza, comenzamos la búsqueda de vías alternativas; es decir, pagarnos la vuelta de nuestro bolsillo con la mirada puesta en una reclamación cuando volvamos a casa. Buscamos vuelos con varias escalas evitando la zona de conflicto, pasando por Estambul, China o una remota ciudad etíope impronunciable. Barajamos llegar a otras capitales europeas, incluso a otros países fuera de la UE que nos acerquen un poco más a casa.
La realidad nos vuelve a golpear de nuevo: más de un día de viaje en total (hasta 51 horas entre el origen y el destino llegamos a ver) y con precios desde los 2.000 euros en el mejor de los casos (cuando antes apenas superaban los 400) que aumentan con cada parpadeo. Algunas compañías intermediarias intentan hacer el agosto no indicando hasta casi el pago final que se trata de vuelos con escala en los países con el espacio aéreo restringido.
A la par, nuestros familiares intentan desde España buscar alternativas para que regresemos, llamando a conocidos de aerolíneas o haciendo búsquedas que se acaban quedando en nada porque de repente aparece un ‘no hay billetes disponibles para esas fechas’. Probamos alargando los tiempos más allá del día marcado en un principio en nuestro calendario, aunque tengamos que contratar de nuevo el seguro de viajes para seguir con cobertura, y también buscar recetas médicas para ampliar la medicación contra enfermedades endémicas de la zona, como la malaria. Tampoco la cosa mejora.
Leemos que el Gobierno está empezando a repatriar a los españoles atrapados en los países de conflicto y nos alegramos por ellos: muchas veces hemos pensado en la suerte que tenemos de estar en un país seguro. Nos acordamos a menudo de la pareja gallega que conocimos en una excursión y se volvía el sábado a España pasando por Doha y esperamos que estén sanos y salvos en casa. Pero aquí también se empieza a notar el desamparo y la falta de información y apoyo por parte de aerolíneas, seguros y Gobierno. Ahora miro las marcas de las medusas y veo la foto de la multa, y pienso que ojalá este momento se convierta pronto en anécdota, aunque presiento que costará (de muchas maneras) que eso llegue a pasar.

Publicado: marzo 4, 2026, 3:45 am

La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/drama-cierre-espacio-aereo-atrapados-asia-20260304101704-nt.html

«¿Qué más nos puede pasar en este viaje?», decíamos entre risas después de que a nuestro conductor del taxi le parara la policía por adelantar en línea continua por una carretera de camino al aeropuerto de Tawao, en la parte malasia de la isla de Borneo. Ya habíamos lidiado contra millones de picaduras de mosquitos, llevábamos tatuados los ‘besos’ de varias medusas en nuestra piel y nos habían puesto otra multa anterior, con cepo incluido.

No teníamos ni idea de que en apenas unas horas todo eso quedaría en un grato recuerdo después del ataque de Israel y EE.UU. a Irán el sábado, y la respuesta del país islámico. Entre las consecuencias de aquella guerra abierta en Oriente Medio se produciría el cierre del espacio aéreo de Israel, Jordania, Kuwait, Baréin, Qatar y Emiratos Árabes Unidos, por donde irremediablemente pasaba nuestro vuelo de vuelta previsto para este sábado 7 de marzo.

Al enterarnos del cierre de nuestra vía de vuelta, comprobamos el estado de nuestros vuelos: Kuala Lumpur con destino Doha, el viaje que habíamos contratado hacía más de medio año, ahora se mostraba como «cancelado». Al principio decidimos mantener la calma y esperar noticias de la aerolínea (Qatar Airways) y del seguro, a los que escribimos inmediatamente. Este último, del que contratamos el pack ‘viaje tranquilidad’ (con una de las mayores coberturas que se ofrecían en los distintos paquetes) contestó raudo, aunque escueto: poco podía hacer salvo proporcionarnos hasta 200 euros de cobertura para alojamiento, dietas y bienes de primera necesidad en caso de que nuestro vuelo se demorara y apoyo si necesitábamos reclamar después los vuelos (aunque aclarando que ellos no podían litigar en nuestro nombre). De la compañía aérea, nada. Del intermediario por el que compramos los vuelos, una respuesta automática cuatro días después diciendo que habían registrado la petición.

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  • Natalia Loizaga

También nos pusimos en contacto con el Ministerio de Asuntos Exteriores a través del registro de viajeros. Uno de nosotros pudo darse de alta, indicando que iba con otras dos personas más. Otro camino sin salida: el registro pide confirmar por SMS, y la mayoría de eSims que se compran para viajar al extranjero solo ofrecen tarifa de datos, no de línea telefónica (aunque piden el email, no se puede confirmar tampoco por esta vía). Al intentar el registro de forma individual, la aplicación da error. Un escollo más entre tantos.

Precios disparados

Ante la escalada del conflicto y sin ver esperanza, comenzamos la búsqueda de vías alternativas; es decir, pagarnos la vuelta de nuestro bolsillo con la mirada puesta en una reclamación cuando volvamos a casa. Buscamos vuelos con varias escalas evitando la zona de conflicto, pasando por Estambul, China o una remota ciudad etíope impronunciable. Barajamos llegar a otras capitales europeas, incluso a otros países fuera de la UE que nos acerquen un poco más a casa.

La realidad nos vuelve a golpear de nuevo: más de un día de viaje en total (hasta 51 horas entre el origen y el destino llegamos a ver) y con precios desde los 2.000 euros en el mejor de los casos (cuando antes apenas superaban los 400) que aumentan con cada parpadeo. Algunas compañías intermediarias intentan hacer el agosto no indicando hasta casi el pago final que se trata de vuelos con escala en los países con el espacio aéreo restringido.

A la par, nuestros familiares intentan desde España buscar alternativas para que regresemos, llamando a conocidos de aerolíneas o haciendo búsquedas que se acaban quedando en nada porque de repente aparece un ‘no hay billetes disponibles para esas fechas’. Probamos alargando los tiempos más allá del día marcado en un principio en nuestro calendario, aunque tengamos que contratar de nuevo el seguro de viajes para seguir con cobertura, y también buscar recetas médicas para ampliar la medicación contra enfermedades endémicas de la zona, como la malaria. Tampoco la cosa mejora.

Leemos que el Gobierno está empezando a repatriar a los españoles atrapados en los países de conflicto y nos alegramos por ellos: muchas veces hemos pensado en la suerte que tenemos de estar en un país seguro. Nos acordamos a menudo de la pareja gallega que conocimos en una excursión y se volvía el sábado a España pasando por Doha y esperamos que estén sanos y salvos en casa. Pero aquí también se empieza a notar el desamparo y la falta de información y apoyo por parte de aerolíneas, seguros y Gobierno. Ahora miro las marcas de las medusas y veo la foto de la multa, y pienso que ojalá este momento se convierta pronto en anécdota, aunque presiento que costará (de muchas maneras) que eso llegue a pasar.

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