El chavismo toma las calles para impedir movilizaciones de la oposición - Colombia
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El chavismo toma las calles para impedir movilizaciones de la oposición

En la capital venezolana las calles que durante años fueron el escenario de protestas masivas, de enfrentamientos hasta el hartazgo o la detención, hoy son un recuerdo. La disidencia ha sido borrada del espacio público, no por falta de ganas, sino por un miedo que … se ha vuelto más sofisticado, más íntimo. La represión ya no necesita de grandes despliegues; se ha atomizado, se ha metido en los teléfonos, en las conversaciones, en la decisión de abrir o no un negocio. La captura de Nicolás Maduro no trajo consigo la esperada explosión de júbilo, sino una nueva forma de control, más silenciosa pero igual de efectiva.
El chavismo, decapitado pero no muerto, ha entendido una máxima fundamental del poder: la calle es de quien la ocupa. Y para ocuparla, ha movilizado a su base más leal, a esa vasta red de 49.000 consejos comunales y 3.600 comunas que conforman el llamado ‘Estado Comunal’. Hoy, son ellos quienes marchan. No solo para exigir el regreso de Maduro o para respaldar a la nueva presidenta encargada, Delcy Rodríguez, sino para tomar el espacio, para evitar que el vacío sea llenado por otros.
Es una estrategia de control territorial. Madelein, portavoz de un consejo comunal en una barriada popular de Caracas, lo explica con una sinceridad pragmática: «Marchamos por la vuelta de Nicolás, pero también para no perder la estructura social que hemos construido por años. Si este gobierno lo tumban los americanos, las ayudas sociales se perderán». Es la lógica de la supervivencia, el miedo a perder lo que se tiene, un motor más poderoso que cualquier ideología.

Represión que no se ve, pero se siente

Mientras las camisetas rojas llenan las avenidas, la otra cara de la moneda es la represión que no se ve, pero que se siente en cada esquina. El nuevo «Estado de Conmoción Exterior» es la herramienta legal para esta cacería de brujas. Un instrumento jurídico que convierte en traidor a cualquiera que apoye la intervención estadounidense, una red de arrastre que no distingue entre un comentario en redes sociales y una colaboración activa. Decenas de retenes militares han proliferado en la ciudad, creando una geografía del miedo. Los periodistas extranjeros no pueden entrar; los locales son intimidados. El Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa reportó que 14 periodistas fueron detenidos en los últimos días, y aunque luego fueron liberados, el mensaje es claro: no hay garantías para nadie.

La ONG Foro Penal contabiliza 863 presos políticos, de los cuales 86 tienen ciudadanía extranjera o doble nacionalidad

La paranoia se ha vuelto un mecanismo de defensa. David, un joven que se identifica como opositor, confiesa haber borrado todas las fotos de su teléfono donde aparecía en marchas con María Corina Machado. «Borré todo y le pedí a mis amigos y familia que están fuera que no me envíen nada que tenga que ver con política en contra del gobierno», dice en voz baja. Es la autoinmolación digital, el borrado preventivo de la propia historia para evitar convertirse en un número más en las estadísticas de la represión. Estadísticas que no paran de crecer. La ONG Foro Penal contabiliza 863 presos políticos, de los cuales 86 tienen ciudadanía extranjera o doble nacionalidad. Recientemente, confirmaron la detención de un ciudadano estadounidense y un cubano con residencia legal en Estados Unidos, sumando más tensión a la ya explosiva relación con Washington.

Control económico y social

El control no es solo político, es también económico y social. En la parroquia Sucre, un comerciante libanés que prefiere no dar su nombre, relata cómo los colectivos, esos grupos paramilitares que actúan como el brazo armado del régimen, recorren la zona desde muy temprano. «Pasan para ver que todos los negocios estén abiertos. El que no lo hace, lo obligan. Así que, con miedo, tenemos que abrir». Es la extorsión de la normalidad, la obligación de aparentar que no pasa nada, mientras todo se desmorona por dentro
Venezuela parece haber entrado en una nueva fase. La represión no se fue con Maduro, arreció. Se ha vuelto más capilar, más personal. La certeza de que cualquier disidencia, por pequeña que sea, puede tener consecuencias fatales, ha logrado lo que años de enfrentamientos no pudieron: vaciar las calles de protesta y llenarlas de un silencio tenso, de una obediencia impuesta por el miedo. La verdadera batalla en la Caracas de hoy no es por el poder, sino por el control del relato, y en esa guerra, el silencio es el arma más poderosa de la revolución

Publicado: enero 7, 2026, 3:45 pm

La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/chavismo-toma-calles-impedir-movilizaciones-oposicion-20260107204417-nt.html

En la capital venezolana las calles que durante años fueron el escenario de protestas masivas, de enfrentamientos hasta el hartazgo o la detención, hoy son un recuerdo. La disidencia ha sido borrada del espacio público, no por falta de ganas, sino por un miedo que se ha vuelto más sofisticado, más íntimo. La represión ya no necesita de grandes despliegues; se ha atomizado, se ha metido en los teléfonos, en las conversaciones, en la decisión de abrir o no un negocio. La captura de Nicolás Maduro no trajo consigo la esperada explosión de júbilo, sino una nueva forma de control, más silenciosa pero igual de efectiva.

El chavismo, decapitado pero no muerto, ha entendido una máxima fundamental del poder: la calle es de quien la ocupa. Y para ocuparla, ha movilizado a su base más leal, a esa vasta red de 49.000 consejos comunales y 3.600 comunas que conforman el llamado ‘Estado Comunal’. Hoy, son ellos quienes marchan. No solo para exigir el regreso de Maduro o para respaldar a la nueva presidenta encargada, Delcy Rodríguez, sino para tomar el espacio, para evitar que el vacío sea llenado por otros.

Es una estrategia de control territorial. Madelein, portavoz de un consejo comunal en una barriada popular de Caracas, lo explica con una sinceridad pragmática: «Marchamos por la vuelta de Nicolás, pero también para no perder la estructura social que hemos construido por años. Si este gobierno lo tumban los americanos, las ayudas sociales se perderán». Es la lógica de la supervivencia, el miedo a perder lo que se tiene, un motor más poderoso que cualquier ideología.

Represión que no se ve, pero se siente

Mientras las camisetas rojas llenan las avenidas, la otra cara de la moneda es la represión que no se ve, pero que se siente en cada esquina. El nuevo «Estado de Conmoción Exterior» es la herramienta legal para esta cacería de brujas. Un instrumento jurídico que convierte en traidor a cualquiera que apoye la intervención estadounidense, una red de arrastre que no distingue entre un comentario en redes sociales y una colaboración activa. Decenas de retenes militares han proliferado en la ciudad, creando una geografía del miedo. Los periodistas extranjeros no pueden entrar; los locales son intimidados. El Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa reportó que 14 periodistas fueron detenidos en los últimos días, y aunque luego fueron liberados, el mensaje es claro: no hay garantías para nadie.

La ONG Foro Penal contabiliza 863 presos políticos, de los cuales 86 tienen ciudadanía extranjera o doble nacionalidad

La paranoia se ha vuelto un mecanismo de defensa. David, un joven que se identifica como opositor, confiesa haber borrado todas las fotos de su teléfono donde aparecía en marchas con María Corina Machado. «Borré todo y le pedí a mis amigos y familia que están fuera que no me envíen nada que tenga que ver con política en contra del gobierno», dice en voz baja. Es la autoinmolación digital, el borrado preventivo de la propia historia para evitar convertirse en un número más en las estadísticas de la represión. Estadísticas que no paran de crecer. La ONG Foro Penal contabiliza 863 presos políticos, de los cuales 86 tienen ciudadanía extranjera o doble nacionalidad. Recientemente, confirmaron la detención de un ciudadano estadounidense y un cubano con residencia legal en Estados Unidos, sumando más tensión a la ya explosiva relación con Washington.

Control económico y social

El control no es solo político, es también económico y social. En la parroquia Sucre, un comerciante libanés que prefiere no dar su nombre, relata cómo los colectivos, esos grupos paramilitares que actúan como el brazo armado del régimen, recorren la zona desde muy temprano. «Pasan para ver que todos los negocios estén abiertos. El que no lo hace, lo obligan. Así que, con miedo, tenemos que abrir». Es la extorsión de la normalidad, la obligación de aparentar que no pasa nada, mientras todo se desmorona por dentro

Venezuela parece haber entrado en una nueva fase. La represión no se fue con Maduro, arreció. Se ha vuelto más capilar, más personal. La certeza de que cualquier disidencia, por pequeña que sea, puede tener consecuencias fatales, ha logrado lo que años de enfrentamientos no pudieron: vaciar las calles de protesta y llenarlas de un silencio tenso, de una obediencia impuesta por el miedo. La verdadera batalla en la Caracas de hoy no es por el poder, sino por el control del relato, y en esa guerra, el silencio es el arma más poderosa de la revolución

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