El calvario de los cristianos al sur del Líbano - Colombia
Registro  /  Login

Portal de Negocios en Colombia


El calvario de los cristianos al sur del Líbano

Aquí están, con el cuerpo exhausto, los rostros marcados por las noches de insomnio. Son los alcaldes y representantes locales de las aldeas cristianas fronterizas. Han llegado a las afueras de Beirut para una conferencia de prensa organizada por la ONG Nawraj, que los reunió … para intentar hacer oír su voz en el Líbano y el mundo, ya que por primera vez su propia existencia se ve amenazada.
Hoy, el portavoz de estos funcionarios locales es Chadi Sayah, alcalde de la aldea de Alma el-Chaab, quien tuvo que evacuar su pueblo hace dos días después de una semana de resistencia contra los bombardeos incesantes. Con voz grave, dice: «Somos personas inocentes que queremos vivir en paz en nuestra tierra. Ya hemos sufrido mucho. En 2024, el 60% de nuestras casas fueron destruidas. Regresamos a Alma a principios de 2025 tras el alto el fuego y reconstruimos nuestras casas con nuestro propio dinero. Queremos quedarnos en nuestra tierra».

Y señala que «cuando nos ordenaron evacuar, nos negamos porque esta guerra no es nuestra. Decidimos dormir en la iglesia porque nos sentíamos seguros. El lunes, recibimos una llamada de los servicios del ejército pidiéndonos que nos fuéramos, pues los israelíes habían advertido que Alma el-Chaab debía ser evacuada o correríamos un grave peligro. La FPNUL lo confirmó». La disyuntiva era, explica Sayah, «irnos para salvar nuestras vidas o quedarnos sin saber qué pasaría, con un gran riesgo de convertirnos en mártires. Al final, los 83 que aún estábamos en el pueblo tuvimos que irnos porque no teníamos garantías, y además, el Ejército libanés se había retirado unos días antes.»

Noticia relacionada

Nathalie Duplan

Chadi Sayah fue el último en irse. No puede ocultar su amargura, su decepción: «Todos nos han abandonado. Todos. ¿A quién culpo? A todos: a los que dieron el pretexto para esta guerra, a los que nos bombardean, a los que nos abandonaron, a los que le dijeron al Ejército que se fuera, etc.» Y asegura que no busca un hogar: «He dejado mi pueblo temporalmente. No quiero que me traigan comida; quiero volver a mi pueblo, replantarlo y alimentarme de mi propia tierra. Y pido que quien ordenó al Ejército libanés irse le ordene regresar. Mientras el ejército libanés esté aquí, les impediré el paso, despejando el camino y esparciendo flores a su paso. La presencia cristiana en el sur está en peligro ahora. Si vuelven a destruir nuestros hogares, es como separarnos de nuestras raíces. Mantengan nuestros hogares a salvo para que podamos regresar pronto», reclama.
Cuando se le pregunta a Chadi Sayah si esta enfadado, se tapa la cara con las manos y guarda silencio. Después de unos segundos, con los ojos enrojecidos, susurra: «Disculpe».

Voz de alarma

El doctor Fouad Abou Nader, presidente de la ONG Nawraj, explica cómo todos los alcaldes de las aldeas cristianas «se reunieron para dar la alarma. Queremos que se unan y trabajen en grupo, no individualmente. Hemos formado un comité de seguimiento para desarrollar una hoja de ruta que determine qué hacer con el Gobierno, las asociaciones, las ONG y las escuelas. Es necesario coordinar toda la ayuda sobre el terreno». También lo es establecer contactos políticos con todas las autoridades para preservar esta presencia cristiana, que es muy precaria en el sur. «Tenemos dos problemas principales: el primero es la seguridad. Si logramos asegurar la presencia del Ejército o la Policía para repeler a los miembros de Hizbolá que pudieran venir a disparar contra los israelíes, la aldea se salvará», afirma Fouad Abou Nader.

Rueda de prensa de los alcaldes de aldeas cristianas en el sur del Líbano.

(N. D.)

El secundo problema es que «si Israel invade la región y crea una zona de amortiguación, el ejército libanés no podrá permanecer en el mismo territorio. Por lo tanto, estamos trabajando para garantizar que la Policía o la gendarmería permanezcan. Si lo logramos, los residentes estarán a salvo. Es importante recordar que la FPNUL se marchará a finales de 2026. Los europeos están intentando establecer un grupo de intervención. Sería una buena opción.», apunta.
El médico concluye: «Esta vez me da la impresión que los israelíes están aplicando una política de tierra arrasada; quieren arrasar con todo».

«Esta vez me da la impresión que los israelíes están aplicando una política de tierra arrasada; quieren arrasar con todo»

Esta política de tierra arrasada ha obligado a cientos de miles de personas a abandonar sus hogares. Samar, alojada en un centro apoyado por L’Œuvre d’Orient, una organización francesa muy eficaz sobre el terreno, relata: «Tengo cinco hijos. Vengo del pueblo de Debl. En 2024, cuando bombardearon la casa de mis padres, perdí a mi padre, a mi madre y a mi hermano. Ya me había ido antes y los estaba esperando. Ahora, siempre tengo miedo de perder a mis seres queridos, por eso dejé el pueblo inmediatamente y vine a este centro que ya conocía y donde pasé 10 meses antes de regresar a mi pueblo. La última vez no me ordenaron irme, pero esta vez sí hubo una orden de evacuación.»
Vincent Gelot, director de L’Œuvre d’Orient en el Líbano, intenta consolar a Samar que se conmovió al relatar la muerte de sus padres y hermano. Junto a ella, Jean cuenta una historia similar. Otra persona desplazada de Qawzah comparte un relato idéntico. Y otro, Samar añade: «Es duro porque no elegí irme. No elegí seguir mudándome indefinidamente. Es el peligro lo que nos obliga».

Publicado: marzo 12, 2026, 10:45 pm

La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/viaje-pueblos-cristianos-sur-libano-20260312040544-nt.html

Aquí están, con el cuerpo exhausto, los rostros marcados por las noches de insomnio. Son los alcaldes y representantes locales de las aldeas cristianas fronterizas. Han llegado a las afueras de Beirut para una conferencia de prensa organizada por la ONG Nawraj, que los reunió para intentar hacer oír su voz en el Líbano y el mundo, ya que por primera vez su propia existencia se ve amenazada.

Hoy, el portavoz de estos funcionarios locales es Chadi Sayah, alcalde de la aldea de Alma el-Chaab, quien tuvo que evacuar su pueblo hace dos días después de una semana de resistencia contra los bombardeos incesantes. Con voz grave, dice: «Somos personas inocentes que queremos vivir en paz en nuestra tierra. Ya hemos sufrido mucho. En 2024, el 60% de nuestras casas fueron destruidas. Regresamos a Alma a principios de 2025 tras el alto el fuego y reconstruimos nuestras casas con nuestro propio dinero. Queremos quedarnos en nuestra tierra».

Y señala que «cuando nos ordenaron evacuar, nos negamos porque esta guerra no es nuestra. Decidimos dormir en la iglesia porque nos sentíamos seguros. El lunes, recibimos una llamada de los servicios del ejército pidiéndonos que nos fuéramos, pues los israelíes habían advertido que Alma el-Chaab debía ser evacuada o correríamos un grave peligro. La FPNUL lo confirmó». La disyuntiva era, explica Sayah, «irnos para salvar nuestras vidas o quedarnos sin saber qué pasaría, con un gran riesgo de convertirnos en mártires. Al final, los 83 que aún estábamos en el pueblo tuvimos que irnos porque no teníamos garantías, y además, el Ejército libanés se había retirado unos días antes.»

Noticia relacionada


  • Nathalie Duplan

Chadi Sayah fue el último en irse. No puede ocultar su amargura, su decepción: «Todos nos han abandonado. Todos. ¿A quién culpo? A todos: a los que dieron el pretexto para esta guerra, a los que nos bombardean, a los que nos abandonaron, a los que le dijeron al Ejército que se fuera, etc.» Y asegura que no busca un hogar: «He dejado mi pueblo temporalmente. No quiero que me traigan comida; quiero volver a mi pueblo, replantarlo y alimentarme de mi propia tierra. Y pido que quien ordenó al Ejército libanés irse le ordene regresar. Mientras el ejército libanés esté aquí, les impediré el paso, despejando el camino y esparciendo flores a su paso. La presencia cristiana en el sur está en peligro ahora. Si vuelven a destruir nuestros hogares, es como separarnos de nuestras raíces. Mantengan nuestros hogares a salvo para que podamos regresar pronto», reclama.

Cuando se le pregunta a Chadi Sayah si esta enfadado, se tapa la cara con las manos y guarda silencio. Después de unos segundos, con los ojos enrojecidos, susurra: «Disculpe».

Voz de alarma

El doctor Fouad Abou Nader, presidente de la ONG Nawraj, explica cómo todos los alcaldes de las aldeas cristianas «se reunieron para dar la alarma. Queremos que se unan y trabajen en grupo, no individualmente. Hemos formado un comité de seguimiento para desarrollar una hoja de ruta que determine qué hacer con el Gobierno, las asociaciones, las ONG y las escuelas. Es necesario coordinar toda la ayuda sobre el terreno». También lo es establecer contactos políticos con todas las autoridades para preservar esta presencia cristiana, que es muy precaria en el sur. «Tenemos dos problemas principales: el primero es la seguridad. Si logramos asegurar la presencia del Ejército o la Policía para repeler a los miembros de Hizbolá que pudieran venir a disparar contra los israelíes, la aldea se salvará», afirma Fouad Abou Nader.


Rueda de prensa de los alcaldes de aldeas cristianas en el sur del Líbano.


(N. D.)

El secundo problema es que «si Israel invade la región y crea una zona de amortiguación, el ejército libanés no podrá permanecer en el mismo territorio. Por lo tanto, estamos trabajando para garantizar que la Policía o la gendarmería permanezcan. Si lo logramos, los residentes estarán a salvo. Es importante recordar que la FPNUL se marchará a finales de 2026. Los europeos están intentando establecer un grupo de intervención. Sería una buena opción.», apunta.

El médico concluye: «Esta vez me da la impresión que los israelíes están aplicando una política de tierra arrasada; quieren arrasar con todo».

«Esta vez me da la impresión que los israelíes están aplicando una política de tierra arrasada; quieren arrasar con todo»

Esta política de tierra arrasada ha obligado a cientos de miles de personas a abandonar sus hogares. Samar, alojada en un centro apoyado por L’Œuvre d’Orient, una organización francesa muy eficaz sobre el terreno, relata: «Tengo cinco hijos. Vengo del pueblo de Debl. En 2024, cuando bombardearon la casa de mis padres, perdí a mi padre, a mi madre y a mi hermano. Ya me había ido antes y los estaba esperando. Ahora, siempre tengo miedo de perder a mis seres queridos, por eso dejé el pueblo inmediatamente y vine a este centro que ya conocía y donde pasé 10 meses antes de regresar a mi pueblo. La última vez no me ordenaron irme, pero esta vez sí hubo una orden de evacuación.»

Vincent Gelot, director de L’Œuvre d’Orient en el Líbano, intenta consolar a Samar que se conmovió al relatar la muerte de sus padres y hermano. Junto a ella, Jean cuenta una historia similar. Otra persona desplazada de Qawzah comparte un relato idéntico. Y otro, Samar añade: «Es duro porque no elegí irme. No elegí seguir mudándome indefinidamente. Es el peligro lo que nos obliga».

Artículos Relacionados