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Drones y respaldo de Occidente: las claves de la ventaja marroquí en el Sahara

«Se ha decretado el luto nacional. Indignación y cansancio general. Lo de siempre. Hasta las narices». El mensaje llega desde los campamentos de refugiados saharauis de Tinduf, en el suroeste de Argelia. Lo envía un joven saharaui un día después de que el Frente … Polisario anunciara la muerte de Lehbib Mohamed Abdelaziz. Tenía 37 años. Era comandante del Ejército de Liberación Popular Saharaui, miembro de la Secretaría Nacional del Polisario e hijo de Mohamed Abdelaziz, el histórico dirigente que lideró el movimiento durante casi cuarenta años.
La República Árabe Saharaui Democrática decretó tres días de luto nacional. El comunicado oficial lo describió como un combatiente «caído mártir en el campo de honor». Junto a él murieron otros dos miembros del Polisario durante un ataque atribuido a Marruecos en el Sahara Occidental. Un episodio más de una guerra que los analistas califican de «baja intensidad» y sobre la que Rabat apenas se pronuncia. Hasta el momento, las autoridades marroquíes no han emitido ninguna declaración sobre el suceso.

La conmoción en los campamentos es evidente. Allí se refugiaron hace medio siglo decenas de miles de saharauis que huyeron de los combates tras la retirada española. «Estamos muy mal. Muy afectados porque es una muerte más de todas las que llevamos durante años», cuenta otro saharaui. Era amigo de uno de los tres militares fallecidos, un joven que realizaba el servicio militar. «Ha sido él pero podíamos haber sido cualquiera».
Han pasado más de cincuenta años desde el inicio del conflicto, más de tres décadas desde el alto el fuego de 1991 y casi seis años desde que la tregua saltó por los aires en Guerguerat, en noviembre de 2020. Desde entonces, los saharauis aseguran que han vuelto a la guerra. Marruecos, oficialmente, no.

Noticia relacionada

Carlota Pérez e Ignacio Gil

Golpe al movimiento

La muerte de Lehbib Mohamed Abdelaziz representa un duro golpe simbólico para el Frente Polisario. Sin embargo, resulta difícil medir su peso real dentro de la organización. En los últimos meses, diversos medios marroquíes y franceses lo habían señalado como uno de los posibles sucesores del actual secretario general, Brahim Gali, cuyo mandato concluye en enero de 2027.
«Era una persona con mucha protección, como muchos cuadros que tenemos en el Frente Polisario, pero la lucha del pueblo saharaui es una lucha de generaciones, no de personas. Era una figura destacada con un futuro muy prometedor», explica a ABC Abdulah Arabi, delegado del Frente Polisario en España.
Lo que más llama la atención del ataque son sus características. Recuerda a la estrategia desplegada por Israel en Gaza o Líbano: operaciones selectivas y altamente precisas contra objetivos concretos. No hubo enfrentamientos directos ni una ofensiva terrestre. Tampoco podía haberlos. La enorme asimetría militar entre ambas partes hace tiempo que ha desplazado el conflicto hacia otros terrenos.
«Es una guerra en un espacio al que la atención internacional apenas presta atención», resume Isaías Barreñada, profesor de la Universidad Complutense de Madrid y miembro del consejo académico del Centro de Estudios Árabes Contemporáneos. «Además, es una guerra muy asimétrica. De un lado hay un Estado, Marruecos, con ejército, capacidad para adquirir armamento, mejorar sus capacidades militares y desarrollar nuevas tecnologías. Del otro, hay un movimiento de liberación nacional que se las ve y se las desea para conseguir medios militares».

La estrategia de los drones

Desde 2020, coincidiendo con el reconocimiento estadounidense de la soberanía marroquí sobre el Sahara Occidental y la firma de los Acuerdos de Abraham, Rabat ha acelerado una profunda modernización militar basada en drones, vigilancia e inteligencia. La cooperación con Israel ha sido uno de los pilares de esa transformación.
Cómo localiza exactamente Marruecos a sus objetivos sigue siendo una incógnita. Diversos analistas apuntan a una combinación de vigilancia aérea, seguimiento de movimientos sobre el terreno e interceptación de comunicaciones, aunque no existen pruebas públicas concluyentes sobre los métodos empleados. Lo cierto es que desde 2021 varios altos cargos del Polisario han muerto en ataques de precisión en zonas remotas del desierto.
El primer caso conocido fue el de Addah al-Bendir, jefe de la Gendarmería del Polisario, fallecido en abril de 2021 cerca de Tifariti en circunstancias nunca aclaradas del todo. La muerte de Lehbib Mohamed Abdelaziz apunta a la continuidad de esa misma estrategia.
Porque esa es quizá la principal paradoja del conflicto saharaui. Mientras el Polisario insiste en que la guerra continúa y denuncia bombardeos de forma regular, Marruecos proyecta una imagen de absoluta normalidad. Los combates se concentran en torno al muro que divide el territorio, en áreas desérticas, cerca de la frontera con Mauritania y alejadas de los focos mediáticos y de la atención diplomática internacional.
«Marruecos opera como si no hubiera guerra. Como si no existiera», sostiene Barreñada. Los ataques del Polisario rara vez ocupan titulares y Rabat apenas informa sobre bajas o daños sufridos por sus fuerzas. El resultado es un conflicto que sigue activo sobre el terreno pero que, para buena parte de la comunidad internacional, permanece congelado en el tiempo.

Apoyos diplomáticos

Esa invisibilidad ha terminado convirtiéndose en una ventaja estratégica para Marruecos. Mientras los combates pasan desapercibidos, Rabat acumula apoyos diplomáticos y consolida su control sobre el territorio. Lo hizo primero con Estados Unidos, después con España y Francia. A ello se suma la apertura de consulados de varios países africanos y árabes en Dajla y El Aaiún.
Una sucesión de victorias diplomáticas a las que, según varios analistas, se añade una creciente superioridad militar sobre el terreno, impulsada por la modernización de las Fuerzas Armadas marroquíes y su ventaja tecnológica frente al Frente Polisario.
«Marruecos se siente reforzado por el respaldo recibido de Estados Unidos en los últimos años. Las sucesivas negociaciones diplomáticas han situado en el centro del debate internacional la propuesta marroquí de autonomía para el Sáhara Occidental. Sin embargo, sigue sin estar claro en qué se traduciría exactamente esa autonomía ni cuáles serían sus competencias reales, ya que Rabat nunca ha desarrollado públicamente todos los detalles de su aplicación práctica», señala Miguel Hernando de Larramendi, catedrático de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad de Castilla-La Mancha.

Publicado: junio 10, 2026, 2:45 pm

La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/tema-marruecos-frente-polisario-20260610201518-nt.html

«Se ha decretado el luto nacional. Indignación y cansancio general. Lo de siempre. Hasta las narices». El mensaje llega desde los campamentos de refugiados saharauis de Tinduf, en el suroeste de Argelia. Lo envía un joven saharaui un día después de que el Frente Polisario anunciara la muerte de Lehbib Mohamed Abdelaziz. Tenía 37 años. Era comandante del Ejército de Liberación Popular Saharaui, miembro de la Secretaría Nacional del Polisario e hijo de Mohamed Abdelaziz, el histórico dirigente que lideró el movimiento durante casi cuarenta años.

La República Árabe Saharaui Democrática decretó tres días de luto nacional. El comunicado oficial lo describió como un combatiente «caído mártir en el campo de honor». Junto a él murieron otros dos miembros del Polisario durante un ataque atribuido a Marruecos en el Sahara Occidental. Un episodio más de una guerra que los analistas califican de «baja intensidad» y sobre la que Rabat apenas se pronuncia. Hasta el momento, las autoridades marroquíes no han emitido ninguna declaración sobre el suceso.

La conmoción en los campamentos es evidente. Allí se refugiaron hace medio siglo decenas de miles de saharauis que huyeron de los combates tras la retirada española. «Estamos muy mal. Muy afectados porque es una muerte más de todas las que llevamos durante años», cuenta otro saharaui. Era amigo de uno de los tres militares fallecidos, un joven que realizaba el servicio militar. «Ha sido él pero podíamos haber sido cualquiera».

Han pasado más de cincuenta años desde el inicio del conflicto, más de tres décadas desde el alto el fuego de 1991 y casi seis años desde que la tregua saltó por los aires en Guerguerat, en noviembre de 2020. Desde entonces, los saharauis aseguran que han vuelto a la guerra. Marruecos, oficialmente, no.

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  • Carlota Pérez e Ignacio Gil

Golpe al movimiento

La muerte de Lehbib Mohamed Abdelaziz representa un duro golpe simbólico para el Frente Polisario. Sin embargo, resulta difícil medir su peso real dentro de la organización. En los últimos meses, diversos medios marroquíes y franceses lo habían señalado como uno de los posibles sucesores del actual secretario general, Brahim Gali, cuyo mandato concluye en enero de 2027.

«Era una persona con mucha protección, como muchos cuadros que tenemos en el Frente Polisario, pero la lucha del pueblo saharaui es una lucha de generaciones, no de personas. Era una figura destacada con un futuro muy prometedor», explica a ABC Abdulah Arabi, delegado del Frente Polisario en España.

Lo que más llama la atención del ataque son sus características. Recuerda a la estrategia desplegada por Israel en Gaza o Líbano: operaciones selectivas y altamente precisas contra objetivos concretos. No hubo enfrentamientos directos ni una ofensiva terrestre. Tampoco podía haberlos. La enorme asimetría militar entre ambas partes hace tiempo que ha desplazado el conflicto hacia otros terrenos.

«Es una guerra en un espacio al que la atención internacional apenas presta atención», resume Isaías Barreñada, profesor de la Universidad Complutense de Madrid y miembro del consejo académico del Centro de Estudios Árabes Contemporáneos. «Además, es una guerra muy asimétrica. De un lado hay un Estado, Marruecos, con ejército, capacidad para adquirir armamento, mejorar sus capacidades militares y desarrollar nuevas tecnologías. Del otro, hay un movimiento de liberación nacional que se las ve y se las desea para conseguir medios militares».

La estrategia de los drones

Desde 2020, coincidiendo con el reconocimiento estadounidense de la soberanía marroquí sobre el Sahara Occidental y la firma de los Acuerdos de Abraham, Rabat ha acelerado una profunda modernización militar basada en drones, vigilancia e inteligencia. La cooperación con Israel ha sido uno de los pilares de esa transformación.

Cómo localiza exactamente Marruecos a sus objetivos sigue siendo una incógnita. Diversos analistas apuntan a una combinación de vigilancia aérea, seguimiento de movimientos sobre el terreno e interceptación de comunicaciones, aunque no existen pruebas públicas concluyentes sobre los métodos empleados. Lo cierto es que desde 2021 varios altos cargos del Polisario han muerto en ataques de precisión en zonas remotas del desierto.

El primer caso conocido fue el de Addah al-Bendir, jefe de la Gendarmería del Polisario, fallecido en abril de 2021 cerca de Tifariti en circunstancias nunca aclaradas del todo. La muerte de Lehbib Mohamed Abdelaziz apunta a la continuidad de esa misma estrategia.

Porque esa es quizá la principal paradoja del conflicto saharaui. Mientras el Polisario insiste en que la guerra continúa y denuncia bombardeos de forma regular, Marruecos proyecta una imagen de absoluta normalidad. Los combates se concentran en torno al muro que divide el territorio, en áreas desérticas, cerca de la frontera con Mauritania y alejadas de los focos mediáticos y de la atención diplomática internacional.

«Marruecos opera como si no hubiera guerra. Como si no existiera», sostiene Barreñada. Los ataques del Polisario rara vez ocupan titulares y Rabat apenas informa sobre bajas o daños sufridos por sus fuerzas. El resultado es un conflicto que sigue activo sobre el terreno pero que, para buena parte de la comunidad internacional, permanece congelado en el tiempo.

Apoyos diplomáticos

Esa invisibilidad ha terminado convirtiéndose en una ventaja estratégica para Marruecos. Mientras los combates pasan desapercibidos, Rabat acumula apoyos diplomáticos y consolida su control sobre el territorio. Lo hizo primero con Estados Unidos, después con España y Francia. A ello se suma la apertura de consulados de varios países africanos y árabes en Dajla y El Aaiún.

Una sucesión de victorias diplomáticas a las que, según varios analistas, se añade una creciente superioridad militar sobre el terreno, impulsada por la modernización de las Fuerzas Armadas marroquíes y su ventaja tecnológica frente al Frente Polisario.

«Marruecos se siente reforzado por el respaldo recibido de Estados Unidos en los últimos años. Las sucesivas negociaciones diplomáticas han situado en el centro del debate internacional la propuesta marroquí de autonomía para el Sáhara Occidental. Sin embargo, sigue sin estar claro en qué se traduciría exactamente esa autonomía ni cuáles serían sus competencias reales, ya que Rabat nunca ha desarrollado públicamente todos los detalles de su aplicación práctica», señala Miguel Hernando de Larramendi, catedrático de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad de Castilla-La Mancha.

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