Publicado: octubre 25, 2026, 8:45 pm
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Luiz Inácio Lula da Silva, reelegido este domingo como presidente de Brasil asumirá el cargo con una deuda pública en ascenso, el aumento del endeudamiento de la población y un país amenazado por la crisis climática, agravada además por los potenciales efectos negativos del fenómeno El Niño … , especialmente en la Amazonia.
El desequilibrio de las cuentas públicas es la amenaza más inminente para la estabilidad del gigante sudamericano. La deuda bruta brasileña alcanzó en agosto aproximadamente los 9,28 billones de reales (dos billones de euros), lo que equivale al 82,9% del Producto Interior Bruto (PIB). Ese abismo fiscal es un reto complejo para los candidatos porque la cuenta creció tanto en los años de Lula como en el Gobierno del padre de Flávio, Jair Bolsonaro.
Esa deuda le crea otro problema a Brasil, la altísima tasa de interés que el Banco Central no consigue reducir. Desorbitados, estos tipos de interés del 13,75% al año encarecen los préstamos otorgados por los bancos a los consumidores, paralizan las inversiones y castigan el crecimiento económico general. Durante la campaña, ninguno de los candidatos presentó alternativas realistas para afrontar este serio problema.
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Verónica Goyzueta
Lula, por su parte, tiene un desgaste de credibilidad tras lanzar un paquete electoral multimillonario equivalente a más de 35.000 millones de euros en las cuentas públicas, sin comprometerse a recortar gastos, lo mismo que hizo Jair para intentar la reelección. Flávio Bolsonaro, por su parte, promete un tijeretazo de ministerios y una drástica reducción de impuestos, pero manteniendo los millonarios subsidios sociales. Los expertos advierten de que, en ambos casos, «la cuenta no cuadra». Para resolver ese tema, cualquiera de los candidatos que gane la elección tendrá que tomar medidas impopulares.
A nivel doméstico, otro gran desafío es el endeudamiento de las familias, que ha batido todos los máximos históricos. El 81,7% de los hogares brasileños arrastra deudas, agravadas por el furor y la proliferación de las apuestas por internet, que han drenado los ingresos de los más vulnerables. Lula ha respondido prohibiendo estas plataformas y ofreciendo renegociaciones mediante el programa de crédito para los más pobres. Por su parte, Flávio sugiere refinanciaciones a través de bancos estatales. Para los analistas, ambas medidas son meros parches que no resuelven un crédito cada vez más caro.
El 81,7% de los hogares brasileños arrastra deudas, agravadas por el furor y la proliferación de las apuestas por internet
El panorama macroeconómico para el inicio del nuevo mandato es sombrío, con un bajo crecimiento del PIB, proyectado a apenas un 1% para 2027. Esa desaceleración se verá agravada por esos problemas económicos y por los impactos que el clima y el fenómeno de El Niño causen en la industria agropecuaria, el principal sector económico brasileño. Se espera que ese fenómeno climático, que ya ha comenzado, tenga efectos devastadores de pérdida de cosechas.
El próximo inquilino del Palacio del Planalto tendrá que caminar sobre el alambre para equilibrar el agronegocio con la preservación del medio ambiente, especialmente en la Amazonia. El arqueólogo Eduardo Neves, que trabaja hace 40 años en dicha selva, informó que los incendios forestales en la región ya han aumentado por este fenómeno climático y teme que una elección del bolsonarismo aumente la deforestación. «Flávio estuvo esta semana en Marabá, en el sur (del estado) de Pará, diciendo que relajará las leyes ambientales«, declaró el estudioso a corresponsales, recordando que esa fue una política desastrosa del Gobierno de Jair Bolsonaro para la Amazonia.
A esta emergencia ecológica se suma la crisis de seguridad pública. Con más de 40.000 muertes violentas al año, el narcotráfico, las facciones y las milicias parapoliciales se han infiltrado en la economía formal y expandido sus dominios a casi todos los estados del país, desbordando las respuestas tradicionales basadas únicamente en el gatillo fácil. En ese punto, Bolsonaro promete una política dura y polémica, como la castración química para violadores y la reducción de la edad penal frente a cárceles que ya están saturadas.
