Publicado: marzo 3, 2026, 1:46 pm
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El interés de la Administración Trump de provocar un cambio de régimen en Cuba era manifiesto desde que el Comando Sur estadounidense comenzó a situar barcos en el Caribe. Las palabras de Trump el pasado viernes planteando una «toma amistosa de Cuba» aceleran la … dinámica.
La secuencia ha sido en realidad al revés de lo que tiempo atrás se pensaba. Se creÃa que para terminar con la dictadura venezolana convenÃa primero derribar el castrismo en La Habana, pues este sustentaba la arquitectura chavista; al final ha sido la arriesgada operación militar de EE.UU. en Caracas la que está precipitando la situación en torno a la isla, al privarla del petróleo venezolano. La secuencia seguida refuerza la imagen de Cuba como fruta madura que, extinguida la savia necesaria para sobrevivir, cae en el cesto estadounidense.
Gravitación natural
La teorÃa de la fruta madura, en relación a Cuba, es tan antigua como la propia Doctrina Monroe, de la que forma parte, si bien se expresó unos meses antes, el 28 de abril de 1823. El entonces secretario de Estado norteamericano, John Quincy Adams, responsable de ambas formulaciones, escribió al legado de EE.UU. en Madrid, Hugh Nelson, acerca del interés de Washington por la posesión de Cuba. Acababan de independizarse todos los territorios hispanos en América, salvo Cuba y Puerto Rico, y Adams consideraba «irrevocable» el fin del dominio español en el hemisferio occidental.
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«Cuando se echa una mirada hacia el curso que tomarán probablemente los acontecimientos en los próximos cincuenta años», decÃa Adams, «casi es imposible resistir a la convicción de que la anexión de Cuba a nuestra República federal será indispensable para la continuación de la Unión y el mantenimiento de su integridad». AdmitÃa que EE.UU. no estaba aún en condiciones de tomar la isla, pero advertÃa que «hay leyes de gravitación polÃtica como las hay de gravitación fÃsica, y asà como una fruta separada de su árbol por la fuerza del viento no puede, aunque quiera, dejar de caer en el suelo, asà Cuba una vez separada de España y rota la conexión artificial que la liga con ella, es incapaz de sostenerse por sà sola, tiene que gravitar necesariamente hacia la Unión Norteamericana, y hacia ella exclusivamente, mientras que a la Unión misma, en virtud de la propia ley, le será imposible dejar de admitirla en su seno».
Asà ocurrió, aunque no de forma tan natural, sino violenta: EE.UU. declaró la guerra a España en 1898 y, cortada la rama de su tronco, Cuba quedó a disposición de su gran vecino. Hubo ocupación militar hasta 1902 y luego la enmienda Platt amparó una suerte de protectorado sobre la isla hasta 1934; la injerencia polÃtica y económica estadounidense terminó con el triunfo de la revolución cubana en 1959.
A pesar de lo previsto en 1823, cuando al cabo de casi un siglo EE.UU. pudo anexionarse la isla ya no la necesitaba en términos de expansión territorial (el paÃs ya se habÃa agrandado, primero consolidando la compra de la Luisiana de 1803 y después, a mediados de siglo, arrebatándole a México la mitad de su superficie). Estados Unidos podÃa seguir el imperativo geopolÃtico de controlar la mayor de las Antillas por la vÃa de un dominio exterior, apropiándose únicamente del activo estratégico más importante de la isla: un enclave en la punta oriental (la bahÃa de Guantánamo) desde el que comandar la ruta marÃtima que conecta la costa este norteamericana y el Canal de Panamá.
La otra ruta importante a través del Caribe (la conexión entre Europa y el Canal) pasa al oeste de Puerto Rico, y allà Washington restableció su otra gran base militar caribeña. Las dudas estadounidenses sobre la viabilidad de Puerto Rico como paÃs soberano y el temor a que quedara en manos de alguna potencia hostil hicieron que EE.UU. conservara su posesión, aunque sin interés en convertirlo en un estado de la Unión.
Zarandeo de Trump
La habilidad de Fidel Castro de situar a Cuba bajo el paraguas de la URSS fue una de las principales jugadas estratégicas de la Guerra FrÃa. Acabada esta completamente con la degradación de Rusia como superpotencia por su derrota (o no victoria) en Ucrania, Estados Unidos se apresta a poner de nuevo el cesto para atrapar la fruta en su gravitación hacia el suelo.
Trump está zarandeando con fuerza el árbol, mediante el bloqueo petrolero al que desde hace unas semanas está sometiendo a la isla, pero Cuba lleva mucho tiempo secando sus raÃces: se encuentra en la peor crisis económica, energética y demográfica de su historia y su sistema polÃtico, responsable de todo ello, no muestra capacidad de regeneración.
Aunque Washington no tendrÃa en principio prisa, pues no parece que ni Moscú ni PekÃn vayan a moverse por auxiliar a Cuba frente a los embates estadounidenses, Trump sà tiene la urgencia de propiciar un cambio antes del fin de su mandato presidencial. La vÃa pasarÃa por una apertura económica que permita la llegada de capital y de empresarios de EE.UU. –se supone que serÃa algo propiciado especialmente desde el exilio cubano– y contribuya a una mejora económica, con ciertas libertades polÃticas, sin que Washington deba cargar con el costo de sostener la isla.
