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Colombia gira por la mínima a la derecha, pero Espriella tendrá difícil gobernar un país dividido

Si bien Abelardo de la Espriella es el nuevo presidente electo de Colombia, ganar no es lo mismo que gobernar. Con un margen inferior al 1%, es decir 240.000 votos de diferencia, ‘El Tigre’ tendrá un reto importante que, a diferencia del proceso … de campaña, requerirá que haga ajustes realistas a sus mensajes electorales efectistas y defina ahora sí un programa de gobierno puntual que responda a los principales retos que afrentará a partir del próximo 7 de agosto, una vez se confirme oficialmente su triunfo e inicie su mandato para el periodo 2026-2030.
Entre los muchos pronósticos que fracasaron el pasado domingo, además de que la izquierda radical urbana incendiaría al país en caso de perder, está que De la Espriella lograría el triunfo con más de un millón de votos y con ello carta blanca para arrasar con algunos de los logros del gobernante Pacto Histórico, en especial en materia de política social, salud y paz. También fue derrotada la abstención porque el país superó el 62% de participación, unos 26 millones de colombianos, cuando tradicionalmente no llegaba al 50%.

Aunque hubo protestas muy menores, el país amaneció en paz, a la espera del escrutinio final. Lo que no cambiará será el hecho de que Abelardo y su equipo reciben un país fracturado, donde la mitad de los votantes no respaldan su elección. El discurso del hoy líder de la oposición, Iván Cepeda, fue relevante para evitar desmadres al aceptar el recuento inicial, si bien pidió la impugnación de 33.000 mesas, de las más de 120.000 que fueron dispuestas. Es decir, está dispuesto a aceptar su derrota oficial, que es también la de Gustavo Petro, cuya intromisión jugó en contra del candidato.

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Claves de Latinoamérica

Emili J. Blasco

Para el analista Camilo Granada, «Colombia dio un paso significativo al pasar de ser un país polarizado a uno totalmente dividido. Por primera vez en la historia, desde la Constitución de 1991, un presidente es electo con menos del 50% de los votos. Tenemos un país partido en dos: entre un centro que votó por la derecha y una periferia que votó a la izquierda. Esto supone grandes retos para el nuevo presidente que si bien tiene la legitimidad electoral, no la tiene para imponer a la otra mitad del país su visión del mundo, desconociendo sus prioridades y necesidades».

La factura y la fractura nacional

Desde esta perspectiva, la politóloga Lariza Pizano anota que perder la elección no significa la crisis de la izquierda: «Nunca la izquierda había logrado convocar a medio país. Y, a pesar de que el triunfo de Cepeda también estuvo limitado por las actitudes del presidente, lo cierto es que su legado es haberle dado fuerza y legitimidad a la izquierda democrática colombiana, cosa que había sido imposible tras el acuerdo de paz». Este colectivo aumentó su votación en más de un millón de votos, frente a lo logrado por Petro en la elección de 2022. El pasado domingo, a diferencia de la primera vuelta, varios departamentos cambiaron de parecer y optaron por el Pacto Histórico.
El estrecho margen de diferencia de votos, menor al 1%, trae implicaciones en el grado de maniobra que tendrá Abelardo una vez se instale en la Casa de Nariño. El primer año será de luna de miel con el Congreso, a través de la entrega de cuotas y negociaciones que le permitan avanzar algunas reformas de la mano de los partidos tradicionales.

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Para Granada, «excepto en el momento de la pandemia, la situación del déficit y de gasto público muy elevados va a requerir una reforma fiscal o un apretón del cinturón del gasto para reequilibrarlo; una refinanciación de la deuda para lograr que el pago de intereses deje de ser el primer rubro de presupuesto nacional, lo cual exige decisiones difíciles tributarias, ajustes de subsidios y del empleo público. De allí se derivarán problemas como la reforma a la salud, que el Gobierno de Petro agravó».
De acuerdo con el Ministerio de Hacienda, este año el país cerrará con un déficit fiscal del orden del 5,3%, lo que exigirá un ajuste del 4% del PIB. Además, la deuda pública ha superado el 60% del PIB y la inflación superó la meta, lo cual ha impactado especialmente a la clase media del país. Según los expertos, este fue el sector de la población que inclinó la balanza a favor de De la Espriella, golpeada además por la inseguridad, la extorsión y la crisis en la salud.

Cambio en el modelo de seguridad

Sobre el tema de seguridad, uno de los prioritarios para el país y sobre los cuales el Gobierno de Trump ya envió un claro mensaje, el director del centro de pensamiento CERAC, Jorge Restrepo, afirma que «el cansancio con la inseguridad, en especial el crimen organizado, fue definitivo para que De la Espriella pudiera consolidar la mayoría. Este es el segundo triunfo, pues en la primera vuelta derrotó al enfoque de seguridad del pasado: ya no se trata de la lucha contra la guerrilla –que ya no existe–, sino contra el narcotráfico y la extorsión», que tiene asolados a los pequeños empresarios y productores locales, y al tendero del barrio.
«En su hábil discurso, De la Espriella envió un mensaje contundente al crimen organizado, no al delincuente común, y esta fue una selección precisa del destinatario», dice Restrepo. Además, «no tendremos diálogos de paz, decisión correcta pues con el crimen no se dialoga, se somete. Ese es uno de los cambios más importantes en su discurso, que tuvo pocos elementos de política pública», agrega.

«La lucha contra el crimen organizado estará muy plegada a los intereses del Gobierno de Trump»

Jorge Restrepo
Director del centro de pensamiento CERAC

Cabe esperar que los cambios en la política de seguridad sean muchos y rápidos, dice Restrepo: «Estará muy plegada a los intereses del Gobierno de Trump, en términos de lucha contra el crimen organizado, cosa que va a respaldar Trump pensando en las elecciones en Estados Unidos. Así, Colombia pasa a ser un activo más de la política interna de ese país, con el uso de fuerza militar colombiana en materia antinarcóticos, mayor cooperación internacional centrada en la interdicción y el regreso pleno a la fumigación que, paradójicamente y tras su encuentro con Trump, Petro está aplicando, lo que deja un camino más despejado» de controversias al futuro presidente.
Pensando en aquello de gobernar para todos, según palabras del presidente electo, ahora el que debe ganar es el país. Ni Abelardo de la Espriella es el gran rey, ni el Pacto Histórico está liquidado. Tal vez esa tensión inédita logre sensatez, salir del discurso populista y efectista del candidato para pasar a planteamientos de gobierno y unidad como gobernante, que ojalá permita acabar con el inmovilismo, fortalecer los derechos y atender las necesidades de sectores frágiles del país. Profundizar la democracia antes que una fractura mayor de la sociedad.

Publicado: junio 22, 2026, 6:45 pm

La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/colombia-gira-derecha-espriella-izquierda-promete-batalla-20260622012056-nt.html

Si bien Abelardo de la Espriella es el nuevo presidente electo de Colombia, ganar no es lo mismo que gobernar. Con un margen inferior al 1%, es decir 240.000 votos de diferencia, ‘El Tigre’ tendrá un reto importante que, a diferencia del proceso de campaña, requerirá que haga ajustes realistas a sus mensajes electorales efectistas y defina ahora sí un programa de gobierno puntual que responda a los principales retos que afrentará a partir del próximo 7 de agosto, una vez se confirme oficialmente su triunfo e inicie su mandato para el periodo 2026-2030.

Entre los muchos pronósticos que fracasaron el pasado domingo, además de que la izquierda radical urbana incendiaría al país en caso de perder, está que De la Espriella lograría el triunfo con más de un millón de votos y con ello carta blanca para arrasar con algunos de los logros del gobernante Pacto Histórico, en especial en materia de política social, salud y paz. También fue derrotada la abstención porque el país superó el 62% de participación, unos 26 millones de colombianos, cuando tradicionalmente no llegaba al 50%.

Aunque hubo protestas muy menores, el país amaneció en paz, a la espera del escrutinio final. Lo que no cambiará será el hecho de que Abelardo y su equipo reciben un país fracturado, donde la mitad de los votantes no respaldan su elección. El discurso del hoy líder de la oposición, Iván Cepeda, fue relevante para evitar desmadres al aceptar el recuento inicial, si bien pidió la impugnación de 33.000 mesas, de las más de 120.000 que fueron dispuestas. Es decir, está dispuesto a aceptar su derrota oficial, que es también la de Gustavo Petro, cuya intromisión jugó en contra del candidato.

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    Emili J. Blasco

Para el analista Camilo Granada, «Colombia dio un paso significativo al pasar de ser un país polarizado a uno totalmente dividido. Por primera vez en la historia, desde la Constitución de 1991, un presidente es electo con menos del 50% de los votos. Tenemos un país partido en dos: entre un centro que votó por la derecha y una periferia que votó a la izquierda. Esto supone grandes retos para el nuevo presidente que si bien tiene la legitimidad electoral, no la tiene para imponer a la otra mitad del país su visión del mundo, desconociendo sus prioridades y necesidades».

La factura y la fractura nacional

Desde esta perspectiva, la politóloga Lariza Pizano anota que perder la elección no significa la crisis de la izquierda: «Nunca la izquierda había logrado convocar a medio país. Y, a pesar de que el triunfo de Cepeda también estuvo limitado por las actitudes del presidente, lo cierto es que su legado es haberle dado fuerza y legitimidad a la izquierda democrática colombiana, cosa que había sido imposible tras el acuerdo de paz». Este colectivo aumentó su votación en más de un millón de votos, frente a lo logrado por Petro en la elección de 2022. El pasado domingo, a diferencia de la primera vuelta, varios departamentos cambiaron de parecer y optaron por el Pacto Histórico.

El estrecho margen de diferencia de votos, menor al 1%, trae implicaciones en el grado de maniobra que tendrá Abelardo una vez se instale en la Casa de Nariño. El primer año será de luna de miel con el Congreso, a través de la entrega de cuotas y negociaciones que le permitan avanzar algunas reformas de la mano de los partidos tradicionales.

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Para Granada, «excepto en el momento de la pandemia, la situación del déficit y de gasto público muy elevados va a requerir una reforma fiscal o un apretón del cinturón del gasto para reequilibrarlo; una refinanciación de la deuda para lograr que el pago de intereses deje de ser el primer rubro de presupuesto nacional, lo cual exige decisiones difíciles tributarias, ajustes de subsidios y del empleo público. De allí se derivarán problemas como la reforma a la salud, que el Gobierno de Petro agravó».

De acuerdo con el Ministerio de Hacienda, este año el país cerrará con un déficit fiscal del orden del 5,3%, lo que exigirá un ajuste del 4% del PIB. Además, la deuda pública ha superado el 60% del PIB y la inflación superó la meta, lo cual ha impactado especialmente a la clase media del país. Según los expertos, este fue el sector de la población que inclinó la balanza a favor de De la Espriella, golpeada además por la inseguridad, la extorsión y la crisis en la salud.

Cambio en el modelo de seguridad

Sobre el tema de seguridad, uno de los prioritarios para el país y sobre los cuales el Gobierno de Trump ya envió un claro mensaje, el director del centro de pensamiento CERAC, Jorge Restrepo, afirma que «el cansancio con la inseguridad, en especial el crimen organizado, fue definitivo para que De la Espriella pudiera consolidar la mayoría. Este es el segundo triunfo, pues en la primera vuelta derrotó al enfoque de seguridad del pasado: ya no se trata de la lucha contra la guerrilla –que ya no existe–, sino contra el narcotráfico y la extorsión», que tiene asolados a los pequeños empresarios y productores locales, y al tendero del barrio.

«En su hábil discurso, De la Espriella envió un mensaje contundente al crimen organizado, no al delincuente común, y esta fue una selección precisa del destinatario», dice Restrepo. Además, «no tendremos diálogos de paz, decisión correcta pues con el crimen no se dialoga, se somete. Ese es uno de los cambios más importantes en su discurso, que tuvo pocos elementos de política pública», agrega.

«La lucha contra el crimen organizado estará muy plegada a los intereses del Gobierno de Trump»

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Director del centro de pensamiento CERAC

Cabe esperar que los cambios en la política de seguridad sean muchos y rápidos, dice Restrepo: «Estará muy plegada a los intereses del Gobierno de Trump, en términos de lucha contra el crimen organizado, cosa que va a respaldar Trump pensando en las elecciones en Estados Unidos. Así, Colombia pasa a ser un activo más de la política interna de ese país, con el uso de fuerza militar colombiana en materia antinarcóticos, mayor cooperación internacional centrada en la interdicción y el regreso pleno a la fumigación que, paradójicamente y tras su encuentro con Trump, Petro está aplicando, lo que deja un camino más despejado» de controversias al futuro presidente.

Pensando en aquello de gobernar para todos, según palabras del presidente electo, ahora el que debe ganar es el país. Ni Abelardo de la Espriella es el gran rey, ni el Pacto Histórico está liquidado. Tal vez esa tensión inédita logre sensatez, salir del discurso populista y efectista del candidato para pasar a planteamientos de gobierno y unidad como gobernante, que ojalá permita acabar con el inmovilismo, fortalecer los derechos y atender las necesidades de sectores frágiles del país. Profundizar la democracia antes que una fractura mayor de la sociedad.

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