Publicado: abril 4, 2025, 10:45 am
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Demostrando que países hay muchos pero superpotencias solo dos, China ha proporcionado hoy la primera réplica a los aranceles universales impuestos este miércoles por Donald Trump, los cuales suponen el mayor golpe en décadas al libre comercio y a la globalización instaurada tras … la II Guerra Mundial.
Su ministerio de Finanzas ha anunciado esta tarde que a partir del próximo 10 de abril impondrá aranceles del 34% a las importaciones procedentes de Estados Unidos. Las autoridades chinas han desvelado también nuevos controles a la exportación de tierras raras, así como la inclusión de once firmas estadounidenses en la lista de «entidades no confiables».
Este porcentaje coincide con el dictado ayer por Trump, reacción que mantiene la lógica proporcional de los primeros intercambios de esta segunda guerra comercial, ya no bilateral sino global. Al 34% hay que sumar dos rondas del 10% impuestas por el presidente norteamericano a principios de febrero y marzo, respectivamente, vinculadas al tráfico de fentanilo.
Los sobrecargos trumpistas, por tanto, acumulan un 54%, no muy lejos del 60% que prometió en campaña electoral, además de otras restricciones ya en vigor iniciadas por administraciones previas. Así, los aranceles promedios de EE.UU. sobre China alcanzan «casi el 70%», según cálculos de Capital Economics, cota que podría resultar «prohibitiva» para el comercio bilateral.
El gigante asiático ya había advertido de que contraatacaría. «China se opone firmemente a este movimiento y tomará contramedidas decididas para proteger sus derechos e intereses legítimos», aseguró ayer jueves el portavoz del ministerio de Exteriores, Guo Jiakun, durante la rueda de prensa diaria del organismo. El comunicado inicial del ministerio de Comercio criticaba que «los llamados aranceles recíprocos han violado las reglas del comercio internacional y dañado derechos e intereses legítimos de los países afectados, un típico acto de abuso unilateral».
Pues aunque Trump dispara contra el mundo, dos factores prueban la especial animadversión reservada a China. En primer lugar, la eliminación de las exenciones «de minimis» para remesas de valor inferior a 800 dólares (728 euros), subterfugio al que recurren empresas de comercio electrónico para abaratar sus envíos transfronterizos. El presidente ya había tratado de eliminar esta dispensa en febrero, pero las autoridades pausaron su implementación por exigencias logísticas. De acuerdo a datos aduaneros, EE.UU. recibió en 2024 más de 3,8 millones de estos paquetes, la mayoría de ellos procedentes de China y Hong Kong.
En segundo lugar, Trump aplicó duras sanciones contra aquellos países a través de los cuales empresas chinas habían redirigido sus exportaciones para sortear los aranceles bilaterales, por lo que su superávit comercial con EE.UU. había aumentado de manera sustancial. Quedaron señalados en particular Vietnam con un 46% y Camboya con un 49%, dos de las tasas más altas, una estratagema que buscaría acotar la presencia económica de China en la región, y con ella su influencia, mediante cuantiosas inversiones bilaterales o ambiciosos proyectos como la Nueva Ruta de la Seda.