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Chavismo sin Chávez y sin Maduro

Pasado el susto, en lugar de desbandada, la cúpula chavista empieza a adaptarse a la nueva situación. Si Donald Trump se conforma con haberse llevado a Nicolás Maduro (para demostrar al mundo que cumple con su palabra) y con poder explotar directamente el … petróleo de Venezuela (para mostrar a los estadounidenses los beneficios del «America First»), ya solo le queda imponer que en el plazo de unos meses –caben subterfugios para no ajustarse a los tres meses establecidos por la Constitución venezolana– se celebren elecciones abiertas en el país. A pesar de señalar como fraude las elecciones de 2024, Trump parte de la realidad del poder constituido como la vía transitoria menos traumática.
Dada la presión que Trump estaba ejerciendo, el chavismo ya contaba con que tendría que ir a unas elecciones en las que no sería posible un gran fraude y por tanto tendrá que arriesgarse a perder el poder. El problema era la persona de Maduro, cuya continuidad era insostenible; su permanencia no hacía creíble un compromiso de transición, y era inaceptable para Washington y para la oposición.
Ahora que ya no está Maduro ni hay que negociar qué hacer con él, la situación se destensa completamente, ni siquiera hace falta que el resto de la cúpula le traicione.

El horizonte electoral se impone, sí o sí, y mientras los chavistas más corruptos tendrán tiempo de guarecer sus fortunas y buscarse salidas personales, sin las prisas ni las incógnitas de una temida inminente invasión (que ya se ha producido y ha ocurrido en su más mínima expresión), los más políticos y menos manchados en crímenes podrán preparar la nueva plataforma electoral del chavismo.

El futuro del chavismo

El hecho de que Washington haya reconocido como interlocutora a Delcy Rodríguez, que venía ejerciendo de vicepresidenta, deja la estructura chavista prácticamente como estaba. La injerencia de Estados Unidos, no obstante, sí condiciona al chavismo los próximos pasos: evita que los dirigentes se peleen entre ellos por ver quién se queda con el poder, de forma que Delcy y su hermano Jorge, presidente de la Asamblea Nacional e incombustible operador político, pueden concentrarse en lo más institucional, mientras que Diosdado Cabello (considerado el número dos del régimen y ministro del Interior), Vladimir Padrino (ministro de Defensa) y Tarek Saab (fiscal general) tienen la oportunidad de escurrir el bulto, preparando su retiro y así zafarse de ser perseguidos por EE.UU.
Difícilmente Cabello dejará de conspirar y de querer tener influencia dentro del PSUV y del Ejército, pero ha vuelto a perder el tren, ahora frente a Delcy Rodríguez como en 2013 lo perdió frente a Maduro.
Pilotar la transición hasta unas elecciones no va a ser fácil. Con el chavismo dominando los poderes legislativo y judicial, sin castigos a tantos que han cometido crímenes de todo tipo –la tortura y las muertes extrajudiciales han estado a la orden del día–, la oposición puede sentir la frustración de otra campaña electoral cuesta arriba y además sin garantías de que al final las elecciones sean realmente trasparentes.

Delcy Rodríguez va a tener que tragar una constante injerencia de EE.UU., lo que daña el mensaje de soberanía que el chavismo siempre enarbola; no obstante, puede resultarle manejable, si esa intervención estadounidense se reduce a la explotación petrolera y a algunos vetos de personas.
Es posible que el chavismo cuente con nuevas caras, más jóvenes, incluso como candidatura presidencial, y también que sufra pérdida de algunos sectores que formen otros partidos; en cualquier caso, siempre ha estado claro que tiene un papel que jugar en la postdictadura.

La oposición

La oposición tampoco lo tiene fácil. Si sufre fuertes divisiones se arriesga a una atomización que puede dar la victoria a lo que quede del chavismo. La única opción clara de victoria sería que volviera a arremolinarse alrededor de María Corina Machado.
A pesar del golpe inicial de no poder hacer efectivo el triunfo electoral de 2024, a la Premio Nobel puede resultarle beneficioso no haber sido la carta que Trump pone sobre la mesa. Si ante los venezolanos la imagen de EE.UU. va a enturbiarse en la medida en que se aproveche de su petróleo, a Machado le conviene no aparecer como títere de Washington. Las duras palabras de Trump sobre ella pueden ser un revulsivo.
El poder chavista no se ha desmoronado –los meses de presión de EE.UU. no lo han conseguido y lo único que Washington ha estado en condiciones de hacer, por razones de política doméstica, es extraer a Maduro y su esposa–, así que el aterrizaje sin más de Edmundo González no habría prosperado.
La única transición pacífica posible es que el chavismo, ya sin el tapón de Maduro, acepte caminar hacia elecciones libres. Sin embargo, intuidos los intereses de Trump, existe el riesgo de que no presione lo suficiente para la limpieza electoral y se conforme con disponer de los recursos naturales venezolanos.

Publicado: enero 5, 2026, 1:46 am

La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/chavismo-chavez-maduro-20260105073352-nt.html

Pasado el susto, en lugar de desbandada, la cúpula chavista empieza a adaptarse a la nueva situación. Si Donald Trump se conforma con haberse llevado a Nicolás Maduro (para demostrar al mundo que cumple con su palabra) y con poder explotar directamente el petróleo de Venezuela (para mostrar a los estadounidenses los beneficios del «America First»), ya solo le queda imponer que en el plazo de unos meses –caben subterfugios para no ajustarse a los tres meses establecidos por la Constitución venezolana– se celebren elecciones abiertas en el país. A pesar de señalar como fraude las elecciones de 2024, Trump parte de la realidad del poder constituido como la vía transitoria menos traumática.

Dada la presión que Trump estaba ejerciendo, el chavismo ya contaba con que tendría que ir a unas elecciones en las que no sería posible un gran fraude y por tanto tendrá que arriesgarse a perder el poder. El problema era la persona de Maduro, cuya continuidad era insostenible; su permanencia no hacía creíble un compromiso de transición, y era inaceptable para Washington y para la oposición.

Ahora que ya no está Maduro ni hay que negociar qué hacer con él, la situación se destensa completamente, ni siquiera hace falta que el resto de la cúpula le traicione.

El horizonte electoral se impone, sí o sí, y mientras los chavistas más corruptos tendrán tiempo de guarecer sus fortunas y buscarse salidas personales, sin las prisas ni las incógnitas de una temida inminente invasión (que ya se ha producido y ha ocurrido en su más mínima expresión), los más políticos y menos manchados en crímenes podrán preparar la nueva plataforma electoral del chavismo.

El futuro del chavismo

El hecho de que Washington haya reconocido como interlocutora a Delcy Rodríguez, que venía ejerciendo de vicepresidenta, deja la estructura chavista prácticamente como estaba. La injerencia de Estados Unidos, no obstante, sí condiciona al chavismo los próximos pasos: evita que los dirigentes se peleen entre ellos por ver quién se queda con el poder, de forma que Delcy y su hermano Jorge, presidente de la Asamblea Nacional e incombustible operador político, pueden concentrarse en lo más institucional, mientras que Diosdado Cabello (considerado el número dos del régimen y ministro del Interior), Vladimir Padrino (ministro de Defensa) y Tarek Saab (fiscal general) tienen la oportunidad de escurrir el bulto, preparando su retiro y así zafarse de ser perseguidos por EE.UU.

Difícilmente Cabello dejará de conspirar y de querer tener influencia dentro del PSUV y del Ejército, pero ha vuelto a perder el tren, ahora frente a Delcy Rodríguez como en 2013 lo perdió frente a Maduro.

Pilotar la transición hasta unas elecciones no va a ser fácil. Con el chavismo dominando los poderes legislativo y judicial, sin castigos a tantos que han cometido crímenes de todo tipo –la tortura y las muertes extrajudiciales han estado a la orden del día–, la oposición puede sentir la frustración de otra campaña electoral cuesta arriba y además sin garantías de que al final las elecciones sean realmente trasparentes.

Delcy Rodríguez va a tener que tragar una constante injerencia de EE.UU., lo que daña el mensaje de soberanía que el chavismo siempre enarbola; no obstante, puede resultarle manejable, si esa intervención estadounidense se reduce a la explotación petrolera y a algunos vetos de personas.

Es posible que el chavismo cuente con nuevas caras, más jóvenes, incluso como candidatura presidencial, y también que sufra pérdida de algunos sectores que formen otros partidos; en cualquier caso, siempre ha estado claro que tiene un papel que jugar en la postdictadura.

La oposición

La oposición tampoco lo tiene fácil. Si sufre fuertes divisiones se arriesga a una atomización que puede dar la victoria a lo que quede del chavismo. La única opción clara de victoria sería que volviera a arremolinarse alrededor de María Corina Machado.

A pesar del golpe inicial de no poder hacer efectivo el triunfo electoral de 2024, a la Premio Nobel puede resultarle beneficioso no haber sido la carta que Trump pone sobre la mesa. Si ante los venezolanos la imagen de EE.UU. va a enturbiarse en la medida en que se aproveche de su petróleo, a Machado le conviene no aparecer como títere de Washington. Las duras palabras de Trump sobre ella pueden ser un revulsivo.

El poder chavista no se ha desmoronado –los meses de presión de EE.UU. no lo han conseguido y lo único que Washington ha estado en condiciones de hacer, por razones de política doméstica, es extraer a Maduro y su esposa–, así que el aterrizaje sin más de Edmundo González no habría prosperado.

La única transición pacífica posible es que el chavismo, ya sin el tapón de Maduro, acepte caminar hacia elecciones libres. Sin embargo, intuidos los intereses de Trump, existe el riesgo de que no presione lo suficiente para la limpieza electoral y se conforme con disponer de los recursos naturales venezolanos.

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