Publicado: abril 12, 2026, 10:45 pm
La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/sistema-orban-20260412040812-nt.html
El derecho de veto en política exterior, que exige unanimidad de todos los miembros de la UE en las decisiones, ha convertido a Viktor Orbán en un palo entre las ruedas europeas. Hungría no solo es el país que más ha utilizado el veto … en la negociación de los presupuestos comunitarios, sino que también ha vetado los fondos europeos para Ucrania, las sanciones contra Rusia, varias medidas migratorias e incluso la declaración de condena del fraude electoral de Nicolás Maduro en Venezuela.
Por un motivo u otro, Orbán siempre ha hecho el papel de hombre de Putin en el Consejo Europeo. El ultranacionalista húngaro ha designado a Bruselas y sus instituciones como su némesis y ha elaborado una narrativa política basada en poderes externos que pretenden dominar subrepticiamente a los húngaros.
Sin embargo, hubo un día en el que Orbán era el más europeísta del panorama político de Budapest y el más empeñado en hacer girar la brújula política húngara hacia Occidente. Su gran olfato para los cambios políticos y su capacidad de adaptación le han permitido sobrevivir incluso en los peores momentos.
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Rosalía Sánchez
Orbán comenzó a ganar perfil como miembro de la disidencia liberal anticomunista de finales de los años 80. Nacido en 1963 en Székesfehérvár y crecido en un entorno rural de clase trabajadora, con el que nunca ha perdido la conexión y en el que ha seguido hasta hoy ganando la partida política, presume de que en su casa no había ni agua corriente.
Fue uno de los pocos del pueblo que fue a la universidad. Estudió Derecho Budapest, donde se integró en círculos opositores al régimen comunista, y saltó a la escena pública el 16 de junio de 1989, con sólo 26 años, durante el funeral simbólico de Imre Nagy, líder de la revolución húngara de 1956. Decenas de miles de alemanes de la RDA huían ese verano a través de Hungría y estaba ya a punto de caer el Muro de Berlín. Orbán supo leer el devenir político y, ante cientos de miles de personas, pronunció un discurso que exigía elecciones libres y la retirada de las tropas soviéticas que consolidó su imagen audaz y anticomunista.
Fidesz (Alianza de Jóvenes Demócratas), el partido en cuya fundación participó, fue inicialmente liberal, secular y prooccidental. En los noventa, representaba la modernidad política frente a los restos del antiguo régimen. En 1989 disfrutó de una beca de la Fundación George Soros para estudiar en Oxford y fue como cachorro del liberalismo occidental como aprendió a hacer política y pudo llegar al poder. Pero después lideró una metamorfosis de la formación política, tras su primera etapa en el gobierno (1998–2002), transformándolo en un partido de derecha nacional-conservadora, que absorbió a formaciones menores en torno a una estructura altamente centralizada. Supo ver una Hungría que se sentía arrollada por los cambios y deseaba retroceder, de manera que reorientó sus principios hacia la protección de la identidad cultural y la soberanía frente a influencias externas, ya fueran económicas, políticas o migratorias. Fue ese cambio radical el que le permitió volver al poder en 2010.
Y, en cuanto estuvo de vuelta, comenzó a encargarse de no ser desalojado nunca más de la jefatura de gobierno a través de una profunda reconfiguración del Estado. Reformó la Constitución, reorganizó el sistema judicial, reforzó el control sobre los medios públicos y favoreció la creación de conglomerados mediáticos afines. Durante la crisis migratoria, se convirtió en uno de los principales opositores a las cuotas de reubicación de refugiados. Su gobierno construyó vallas fronterizas y adoptó un discurso que vinculaba migración, seguridad y preservación cultural. En un célebre discurso de 2014, definió su proyecto como una «democracia iliberal», inspirándose en modelos como Turquía o Rusia, según análisis académicos ampliamente citados. Orbán ha centralizado poderes significativos en sus propias manos que, cuando su política estaba ya agotada, le han permitido ganar una vez más las elecciones.
Batería de recursos para aferrarse al poder
Cuando la corrupción había devorado ya buena parte de sus sistema y su retórica soberanista resultaba agotada para una nueva generación de húngaros mayoritariamente proeuropea, cuando la economía estancada y la debilidad interna amenazaban claramente con dar la victoria electoral al opositor Peter Magyar, surgido también del sustrato político de Fidesz, Orbán conservó un apoyo sólido en las zonas rurales, se apoyó en el miedo a una posible guerra contra Rusia y puso a funcionar su batería de recursos. Ha contado con el apoyo de empresarios cercanos al partido y que a su sobra han adquirido posiciones dominantes en sectores estratégicos, especialmente en medios de comunicación, construcción y energía. A esta red, a menudo descrita como el «ecosistema económico-político Orbán», pertenecen también las directivas de universidades, museos y centros culturales, orientados hacia una visión nacionalista de la historia y la identidad. Y, desde el exterior, ha contado tanto con el apoyo de Moscú y Pekín como de Washington, que le han proporcionado acuerdos energéticos y de inversión alternativos, cuando no abiertamente contrarios, a la política de alianzas estratégicas de la UE.
Orbán se ha convertido en referente para círculos conservadores en toda Europa, que ven en su modelo una alternativa al liberalismo occidental y una justificación a su propio estilo autoritario de hacer política. Ha contado muchas veces que su padre lo disciplinaba con dureza y que así desarrolló una regla vital que ha aplicado tanto desde la oposición como desde el gobierno: «Si me golpean una vez, yo golpeo dos».
