Publicado: marzo 7, 2026, 11:45 pm
La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/funciona-maquinaria-represiva-iran-20260308035147-nt.html
Si la tiranía del régimen de los ayatolás ha podido sobrevivir desde 1979 es en parte gracias al mecanismo de represión que poseen. Desde la llegada al poder del ayatolá Ruhollah Jomeini esa maquinaria ha ido evolucionando hasta llegar a una sofisticación que ha … alcanzado casi la perfección.
La represión se ejerce a través de una vigilancia digital muy sofisticada, pero sin olvidar a la ‘inteligencia tradicional’, basada en una red rudimentaria de informantes vecinales, escuchas telefónicas y persecuciones físicas. El objetivo es el de siempre: lograr el máximo control de la población y expandir un miedo en el día a día que consiga reprimir cualquier intención de manifestarse contra los principios en los que se basa esta república islámica.
Sin embargo, esta maquinaria casi perfecta, ha tenido sus fallas y las protestas se han repetido durante las últimas décadas, con una oposición hacia el régimen protagonizada sobre todo por los jóvenes.
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Testimonios desde Irán
Carlota Pérez
Las últimas protestas de enero son un claro ejemplo de ello. Estas manifestaciones fueron masivas y se extendieron durante semanas. Pero, como en otras ocasiones, no consiguieron acabar con el régimen. En cambio, el gran golpe del sábado 28 de febrero, cuando Israel con la ayuda de Estados Unidos atacó a Irán y mató al ayatolá Alí Jamenei, sí que parece haber golpeado con fuerza al régimen. Sin embargo, este ataque no parece frenar la maquinaria represiva, sino más bien lo contrario, ya que la atención está más puesta en la disputa bélica entre Israel, Estados Unidos e Irán y menos en lo que está pasando dentro de la República Islámica, algo que ya han empezado a denunciar varias organizaciones de derechos humanos.
«La evolución de la maquinaria represiva del régimen iraní ya no solo es una historia de ‘policías en las calles’, es la construcción de un Estado de vigilancia total, de 360 grados», explica en una entrevista el iraní Arash Beidollahkhani, investigador asociado de a Universidad de Manchester. En los últimos años, con cada vez más movimientos sociales y el aumento de las tensiones geopolíticas, el régimen ha tratado con el espacio virtual como su principal campo de batalla», señala Beidollahkhani.
Un ‘Ejército cibernético’
Existe la Guardia Revolucionaria que sigue yendo casi puerta por puerta, taxistas que ejercen de espías y familias que se vigilan unos a otros. Pero también hay un nuevo ‘Ejército cibernético’ que funciona como una fuerza paramilitar. «Su papel ha evolucionado más allá del simple filtrado: ahora utilizan herramientas basadas en inteligencia artificial para la creación masiva de narrativas ‘deepfake’ (vídeos falsos), la difamación de activistas y la fragmentación estratégica de la oposición», explica el experto. Es decir, la creación de mucho ruido, desinformación y realidades paralelas.
La formación de este ‘ejército’ y de esta forma de actuar no se crea de la noche a la mañana y necesita una fuerte inversión. «Mientras la infraestructura nacional se deteriora (escuelas en ruinas, hospitales sin suministros…) el régimen ha desviado deliberadamente miles de millones de dólares hacia la modernización del aparato represivo», señala Beidollahkhani.
Con ello, el régimen ha conseguido una sofisticada «estrategia de infiltración» para poder llegar a casi todos los dispositivos del país, es decir a casi todas las casas de la república islámica. «No solo censuran. También gestionan cuentas señuelo de alto tráfico en persa que se hacen pasar por activistas radicales anti régimen. Estas cuentas están diseñadas para identificar líderes de células locales de protesta y monitorizar los patrones de movilización juvenil».
«No solo censuran. También gestionan cuentas señuelo de alto tráfico en persa que se hacen pasar por activistas radicales anti régimen«
Unos métodos que poco a poco los activistas y opositores han detectado y les ha llevado a tomar muchas más precauciones. Hablar con cierta libertad por aplicaciones como Whatsapp o Instagram es una práctica totalmente prohibida entre los activistas. El medio más habitual para comunicarse es Telegram, que mantiene hasta cierto punto el anonimato, pero ahora, ni siquiera eso. Varios activistas en Irán, con los que ABC mantenía una conversación fluida a través de esta red social, ya advirtieron en enero de que no se sentían seguros utilizando Telegram.
También existen cámaras callejeras equipadas con inteligencia artificial y drones de vigilancia capaces de mapear en tiempo real a quienes participan en las protestas.
Un país en la oscuridad
A este control de las redes hay que sumarle la estrategia del apagón. Algo que preocupa cada vez más a las organizaciones de derechos humanos porque, argumentan, «si no se ve lo que pasa es como si no ocurriera y eso nos preocupa».
En esta oscuridad informativa es el espacio donde «opera la auténtica máquina de matar», afirma la activista iraní Rym Scheermohammadi. Cuando se corta internet, desaparece el coste político del asesinato. «Esto ha permitido las carnicerías de los días 7 y 8 de enero», denuncian los activistas. El Centro de Derechos Humanos de Irán (HRANA), con sede en Oslo (Noruega) ha hecho una estimación del número de muertos esos días y lo eleva hasta casi las 30.000 personas, mientras el régimen rebaja la cifra a 3.000. A estos números hay que sumarle las ejecuciones a las que al menos 30 personas han sido condenadas, según Amnistía Internacional. Es la forma más violenta de represión pues manda un mensaje claro a los que quieran manifestarse contra el régimen: «Si protestas y te pillamos, ya sabes lo que te espera», parece decir el Gobierno iraní a su población.
Pero los tentáculos represivos no solo se expanden por la red. La nuevas tácticas se suman a las viejas técnicas. Se siguen produciendo detenciones arbitrarias violentas y desapariciones forzosas, especialmente en ciudades provinciales. Según HRANA, más de 53.000 personas, incluidos cientos de niños, han sido detenidas en las protestas de diciembre y enero.
Amenazas a los abogados
Una de las técnicas favoritas es amenazar a los abogados. Los informes que maneja la organización y compartidos con este periódico indican que los juicios se llevan a cabo de forma «extraordinariamente precipitada», con grandes cargos contra los detenidos «sin ningún acceso a un abogado independiente». Además, «los propios abogados también se han enfrentado a arrestos y procesamientos», denuncia HRANA. Es el caso de un abogado radicado en Mashhad, la segunda ciudad iraní más grande. Ha estado recibiendo amenazas por ir a la prisión de Vakilabad a intentar defender a los detenidos por las protestas. Prefiere no dar su nombre porque eso le pondría en una situación mucho más compleja, no solo a él, sino a su familia, a la que también tienen amenazada. A través de varios mensajes cuenta que no solo su labor y la de muchos compañeros es intentar defender a los prisioneros, sino también cuantificar las penas de muerte que el régimen, casi en silencio, está dictando.
«Esto es una campaña coordinada de represión violenta que se extiende desde las calles hasta los tribunales. Las balas han sido reemplazadas por veredictos, pero el objetivo es el mismo: aplastar toda disidencia», declaró Esfandiar Aban, director de Investigación del Centro de Derechos Humanos en Irán.
«Las balas han sido reemplazadas por veredictos, pero el objetivo es el mismo: aplastar toda disidencia»
Esfandiar ABan
Director de Investigación del Centro de Derechos Humanos en Irán
Como sucedió durante las primeras semanas de enero, Irán vuelve a estar totalmente aislada por los cortes de las comunicaciones, lo que hace mucho más complicado saber lo que realmente está sucediendo, en medio de ataques de Israel y Estados Unidos y de una situación que se agrava por momentos. «Los apagones de internet sumergen a las personas en la oscuridad digital, impidiendo que quienes se encuentran dentro del país reciban información o la compartan con el mundo exterior. Esto es totalmente intencional. Impide que se documenten violaciones de derechos humanos, incluyendo ejecuciones extrajudiciales a manos de las fuerzas de seguridad, y perpetúa la impunidad de estos crímenes de Estado», dijo en enero Rebecca White, investigadora del Laboratorio de Seguridad de Amnistía Internacional.
Pues eso es lo que parece que quiere la descabezada República Islámica, mantener el control de los de dentro mientras intenta recomponer su control contra sus fuerzas enemigas.
