Publicado: abril 25, 2026, 9:00 am
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En plena carrera global por la inteligencia artificial, Europa intenta hacerse un hueco con una estrategia propia: menos ruido, más infraestructura. En ese contexto, el Barcelona Supercomputing Center se ha consolidado como una de las piezas clave del tablero, no solo como centro de investigación, sino como puente entre ciencia, empresa y sociedad. Con más de 1.300 profesionales, decenas de proyectos europeos y el superordenador MareNostrum 5 como motor, el BSC se posiciona como uno de los pilares de la futura soberanÃa tecnológica del continente.
Pero más allá de los grandes titulares sobre modelos y chatbots, la realidad de la IA se juega en otra liga: la de la infraestructura, los datos y los usos concretos. Ahà es donde entran en juego las AI Factories, una iniciativa europea pensada para acercar la supercomputación a startups, pymes y sector público, los actores que más dificultades tienen para acceder a estos recursos.
Al frente de esta iniciativa en el BSC está Albert Cañigueral, un perfil poco habitual en este tipo de instituciones. Divulgador, analista y durante años una de las voces más reconocidas sobre economÃa colaborativa en España, ahora centra su trabajo en algo menos visible pero igual de decisivo: cómo convertir la inteligencia artificial en algo útil, aterrizado y, sobre todo, aplicable.
En esta entrevista hablamos con él sobre el papel real de Europa en la carrera de la IA, el exceso de hype que rodea a esta tecnologÃa y por qué, más allá de los grandes modelos, el verdadero cambio está en soluciones mucho más concretas. Porque, como él mismo resume, no se trata tanto de construir la próxima gran herramienta, sino de entender qué problema queremos resolver con ella.
Vamos a empezar por el principio. ¿Qué es la AI Factory del Barcelona Supercomputing Center y por qué es importante?
Primero, una introducción al BSC antes de pasar a la BSC Factory. El BSC es un consorcio público donde participa el Gobierno, la Generalitat y la Universidad Politécnica de Cataluña. Estamos celebrando 20 años justo ahora. Trabajamos en el centro unas 1.500 personas, de las que 1.000 son investigadores. Por tanto, el BSC tradicionalmente ha sido un centro de investigación, de ciencia académica y donde hemos tocado temas como la ciencia computacional, es decir, cómo hacer mejores ordenadores; las ciencias de la Tierra, todo el ámbito climático, el ámbito contaminación; ciencias de la vida con mucha medicina personalizada; ciencias sociales, con temas de lenguaje. Hace unos unos años se creó un departamento de innovación y desarrollo de negocio cuya investigación llega a la sociedad en forma de licencias y colaboración con startups y empresas. Dentro de este marco es donde se encaja la AI Factory.
¿Y qué función tiene?
Es un programa que viene de Europa, donde hay 19 AI Factories. La del BSC fue parte de la primera de las tres oleadas que ha habido. Trabajamos conjuntamente con Portugal, TurquÃa y RumanÃa con la ambición de crear este puente entre startups, pequeñas y medianas empresas y el sector público, que son los agentes que tradicionalmente tienen más dificultad para acceder a recursos de supercomputación. Parte del superordenador que tenemos, el MareNostrum 5, se está dedicando a la AI Factory y también damos asesorÃa estratégica de cómo navegar las aguas turbulentas de la IA.
¿Y cómo se seleccionan los candidatos, las startups o empresas que pueden beneficiarse de esto?
Hay un proceso abierto en todo momento con un formulario en la web de la AI Factory. Ahà nos explican su reto y necesidad. Hay unos criterios establecidos desde Europa y también desde el BSC. Primero elegibilidad: startups, pymes y sector público. Luego valoramos su grado de madurez. Hay gente con muy buenas ideas, pero en un estadio muy inicial y recomendamos formación. Estamos en lo que se llama ‘TRL 4-7’ (technology readiness level), es decir, tecnologÃas avanzadas pero que necesitan ese último impulso. También valoramos sectores prioritarios como agricultura, energÃa, legal, sanitario o sector público. Intentamos ayudar a todo el mundo, pero hay lÃmites.
¿Hay algún caso de uso que compartir para que se pueda entender mejor esta labor?
SÃ. Por ejemplo, una startup turca que necesitaba acceso a supercomputación para adaptar un modelo de lenguaje abierto al turco y al ámbito legal. Les ofrecimos horas de cómputo y acompañamiento. En el sector público hemos trabajado con el Parlamento de Canarias, que tenÃa muchas transcripciones de sesiones parlamentarias. Se creó un sistema tipo chatbot para poder consultar esa información de forma sencilla. También hay una startup que trabaja en ‘guardarraÃles’ de la IA para evitar errores o alucinaciones en modelos. Y otra startup que tiene un robot que recoge datos del suelo para hacer recomendaciones agrÃcolas. Les ayudamos a integrar datos climáticos y satelitales para mejorar sus modelos.
Desde que estalló el boom de la IA generativa, parece que muchas empresas quieren adoptar inteligencia artificial a cualquier precio. ¿Ocurre también en esta AI Factory?
Nuestro rol no es tanto asesorar a empresas en cómo usar IA en su dÃa a dÃa. Eso lo hacen consultoras. Nosotros estamos más en el inicio de la cadena de valor, en lo técnico. Es como la cadena alimentaria: tenemos a los agricultores, tenemos los grandes distribuidores, los que certifican que el producto está como toca y te lo preparan, y luego tienes los consumidores finales en casa o en un restaurante. Pues nosotros estamos muy en el principio, somos los que creamos las herramientas para que luego las startups, que son gente del medio, puedan adaptarlas.
Hay cierta preocupación o ruido de fondo sobre que Europa llega tarde y sobre que está excesivamente regulada. ¿Qué opina?
SÃ, es ruido de fondo y un mantra difÃcil de obviar porque es más que lluvia fina, es una avalancha. Cada vez hay más voces, también en España, que ven falso que regulación e innovación vayan por caminos separados. La innovación necesita acompañamiento y regulación para ponerse a disposición de la sociedad en unos términos que favorezcan a la mayorÃa, limitando la concentración de poder, respetando los derechos humanos o protegiendo a los menores. Lo hemos visto en redes sociales: 20 años después estamos ahora con juicios. Tenemos la oportunidad de hacerlo un poco mejor y que Europa busque una IA confiable.
Esto puede hacernos un poco más lentos que otros territorios
Evidentemente, pero lo que construyamos debe ser confiable porque si no vamos a tener muchos problemas sin responsabilidad. Y hay una cadena de responsabilidad que es necesaria cuando la IA se despliega de verdad, más allá de demos o pruebas. Además, en ámbitos como el climático o el médico tenemos modelos que son de lo mejor del mundo. No somos conscientes de muchas cosas que tenemos en Europa. En lenguaje quizá estamos un paso por detrás, pero esto es una partida a largo plazo. Estamos construyendo. Como dice un consultor GenÃs Roca, somos los hijos de la revolución industrial y los padres de la revolución digital. Estas sociedades se construyen en décadas, por tanto es importante saber hacia dónde queremos ir.
Si Europa quiere liderar en IA, ¿en qué deberÃa centrarse?
Europa lidera la visión de que los sistemas de inteligencia artificial serán tan importantes como fueron la electricidad, agua o carreteras en la sociedad industrial. No construimos solo modelos, construimos infraestructura digital. Eso implica centros como el BSC, modelos, datos y aplicaciones. Esa visión encaja con la idea de IA pública como infraestructura crÃtica y coexistente con la privada. Sectores altamente regulados como el jurÃdico, el financiero o el médico necesitan este tipo de infraestructura confiable. Pero el 80% de las necesidades se cubren con modelos existentes. No hay que matar mosquitos a cañonazos, sino usar la herramienta adecuada: si distribuyo en una ciudad no lo hago con Ferraris, sino con furgonetas eléctricas que cueste poco mantener y eficientes en entorno urbano. A veces hacemos demos sobredimensionadas que no son sostenibles. Y estamos aún al inicio. Hay gente que ya quiere cerrar la partida, pero estamos empezando.
Da la sensación de que la tendencia es dividir en soluciones más pequeñas y concretas para que sean útiles.
SÃ. Si vemos las startups que funcionan, los productos de IA que funcionan bien son verticalizados. Hacen una cosa muy concreta y bien hecha. Si buscamos precisión, confiabilidad y trazabilidad, tenemos que ir a carriles más estrechos. Quien mucho abarca, poco aprieta.
¿Qué puede cambiar en los próximos años en España gracias a todo esto?
Es difÃcil. Quien diga que sabe lo que va a pasar en cinco años, mejor no escucharlo mucho. Estamos trabajando a nivel europeo y español en temas como la soberanÃa digital. Me gustarÃa que no dependiéramos de cuatro proveedores, sino que hubiera más diversidad. En esos cinco años veremos un escenario más multiproveedor con soluciones más especÃficas y pequeñas. Y también me gustarÃa ver más responsabilidad. No se pueden desplegar tecnologÃas a millones de personas sin una cadena de responsabilidad. Lo hemos visto con redes sociales y hemos aprendido que es un error. Ahora estamos dando demasiada confianza a sistemas que no deberÃan tenerla. Igual que no vendemos coches sin frenos, la IA no deberÃa desplegarse sin garantÃas.
¿Esa responsabilidad deberÃa ser más gubernamental o empresarial?
Es una cadena de responsabilidad. Si queremos que funcione bien, tienen que trabajar conjuntamente empresas, administraciones y supervisores. Se han trasladado demasiadas responsabilidades al usuario final. Igual que en el ámbito laboral hay sistemas que protegen al trabajador, en lo digital no puede recaer todo en el usuario. El usuario tiene su parte, como conducir bien o ponerse el cinturón en el mismo sÃmil del coche sin frenos, pero hay muchas cosas (como el sistema de frenado funcione) que deben garantizar las empresas y las administraciones para que todo funcione con garantÃas.
