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China detiene a dos periodistas tras publicar informaciones críticas contra un alto cargo del Partido Comunista

Las fuerzas de seguridad de China han informado este miércoles de que el periodista chino Liu Hu ha sido detenido tras publicar una serie de informaciones críticas con las autoridades locales de la provincia de Sichuán, especialmente contra un alto cargo del Partido Comunista.
Liu, de 50 años, ha sido arrestado junto a otro individuo, identificado en un inicio como Wu, por incurrir en «medidas coercitivas y delictivas de acuerdo con la nueva legislación» y emitir «acusaciones falsas». Además, también ha sido acusado de «realizar operaciones empresariales ilegales».

Su detención ha tenido lugar en el distrito de Jijiang, en la capital de Sichuán, Chengdu, tal y como ha informado el periódico chino ‘Lianhe Zaobao’. El caso ha desatado la polémica entre organizaciones de defensa de los Derechos Humanos.

El portal de noticias Caixin ha indicado que el segundo detenido es Wu Lingjiao, asistente de Liu, un conocido periodista de investigación que trabajó previamente para el diario ‘New Express’.

Arranca en Abu Dabi la segunda ronda de las negociaciones de paz sobre Ucrania

Las delegaciones de Rusia, Estados Unidos y Ucrania vuelven a la mesa de negociaciones en Abu Dabi tras uno de los mayores ataques rusos durante el gélido invierno. El jefe de la delegación de Kiev, Rutem Umerov, anunció el inicio de las conversaciones pasadas … las 12 del mediodía en Ucrania. Según informó Umerov: «El proceso de negociación comenzó en formato tripartito: Ucrania, EE.UU. y Rusia. A continuación, se trabajará en grupos separados por áreas, tras lo cual se prevé una nueva sincronización conjunta de posiciones». Está previsto que esta segunda ronda se celebre durante dos jornadas.
Las conversaciones de Abu Dabi se presentan como las más «constructivas» desde que Estados Unidos inició su mediación diplomática tras la llegada de la Administración Trump. El cambio de personal en los equipos negociadores de Rusia y Ucrania han facilitado el diálogo, afirman desde Kiev.
Se espera que los principales puntos a discutir sean las cuestiones territoriales –en concreto el estatus de la región de Donetsk–, un alto el fuego energético, el control de la central de Zaporiyia y las garantías de seguridad. Estos temas agrupan los principales puntos de fricción entre Rusia y Ucrania. Kiev ha reiterado su negativa a retirar sus fuerzas de la provincia de Donetsk, de la que todavía controla un 30%, aproximadamente. Moscú mantiene esta demanda como base para cualquier arreglo de su invasión, que está a punto de cumplir su cuarto aniversario.

Otro de los escollos serán las garantías de seguridad y la eventual presencia de tropas extranjeras en Ucrania. El Kremlin rechaza esta medida. Pero los aliados han prometido a Ucrania una respuesta militar si, tras el cese de las hostilidades, Rusia reanuda los ataques. Según fuentes del ‘Financial Times’, incluso el Ejército de Estados Unidos se involucraría en esta respuesta si Moscú rompe los futuros pactos de alto el fuego.
Las delegaciones de Ucrania y Estados Unidos también pretenden abordar una desescalada en los ataques contra la infraestructura crítica. En la última reunión de Abu Dabi, el pasado 23 y 24 de enero, la delegación de Washington propuso una tregua energética para facilitar la diplomacia. Rusia no accedió en ese momento. Sólo un hubo parón de los bombardeos de cuatro días por una petición personal de Donald Trump. El mandatario norteamericano había prometido, sin embargo, una semana de silencio.
Zelenski afirma que esta pausa fue para incrementar el número de «misiles y drones, y nos atacaron durante los días más fríos. Así que no diría que nos hicieron un regalo». El mandatario ucraniano intenta trasladar a la Casa Blanca la idea de que Rusia no se toma en serio sus negociaciones y pide más presión contra el Kremlin.
Cuando las temperaturas en Kiev descendían hasta los 22 grados bajo cero, Rusia ejecutó un bombardeo con más de 500 proyectiles. Uno de los peores ataques del invierno a la víspera del encuentro de Abu Dabi. Zelenski, tras esa ofensiva aérea dijo el pasado martes que «el trabajo de nuestro equipo negociador se ajustará en consecuencia», aunque no especificó cómo lo haría.

Los damnificados por el apagón provocado en Berlín: «He encendido velas y puesto colchones sobre las paredes para calentar una habitación»

La gran nevada sobre Berlín se presentaba como la blanca culminación a las vacaciones de Navidad. Helga salió el sábado con sus tres hijos pequeños a cumplir con la tradición y disfrutar deslizándose en trineo en las colinas de Wannssee. Volvieron ya atardeciendo, cansados, … con los dedos rojos y las naricillas a punto de amoratarse, nada que no se arregle con una ducha caliente y un buen chocolate. Pero la falta de electricidad en el edificio impedía utilizar la puerta del garaje y el ascensor, así como la rutina necesaria para volver a entrar en calor.
«Encendimos velas, nos secamos con toallas y les puse a los niños tanta ropa seca como había en los armarios. Varias camisetas, varios pantalones, sudaderas y abrigos… apenas podían moverse», relata a ABC la madre de familia. Una vecina se hizo cargo de los niños mientras ella bajó a la plaza en la que el Ejército alemán repartía bebidas calientes y permitía cargar los teléfonos móviles gracias a generadores. 35 de ellos no han dejado de funcionar desde el sábado.
Con la batería cargada, supo por los medios locales que un grupo violento de extrema izquierda había destruido con un artefacto incendiario un nudo de conexiones de electricidad que concentraba diez líneas de alta tensión. También que las obras durarían hasta el jueves: «Pensé en ese momento que se hacían realidad las pesadillas de todo este tiempo, en que se nos ha pedido prepararnos para grandes crisis. Comencé a pensar en modo supervivencia, en llegar a casa con la sopa, dormir esa noche allí y buscar la forma de irnos con mi madre la mañana siguiente».

Pero, antes de amanecer, todo su edificio fue evacuado por peligro de inundación. La falta de calefacción a nueve grados bajo cero había hecho estallar las tuberías en el sótano y dos técnicos avisaron puerta por puerta de la necesidad de irse lo antes posible.
El apagón, que ha dejado a más de 90.000 personas sin electricidad en los barrios de Steglitz, Zehlendorf, Lichterfelde, Nikolassee y Wannsee, ha puesto a prueba no solo la infraestructura de la capital alemana, sino también la resistencia emocional de sus habitantes. Aún hoy, siguen sin suministro eléctrico 5.500 hogares, 1.200 empresas, varios hospitales y decenas de residencias de ancianos, mientras las temperaturas superan los diez grados bajo cero.

El apagón intencionado ha sumido a una parte de Berlín en el frío y la oscuridad en lo más crudo del invierno
EFE y REUTERS

«Estamos tan acostumbrados a la previsibilidad y de pronto nos encontramos con esto, que es como ‘El día de mañana’ (película de catástrofes), pero sin efectos especiales», dice entre risas tensas Miriam, vecina de Lichterfelde, envuelta en tres mantas y hablando por teléfono desde su salón helado. «He encendido muchas velas y he colocado todos los colchones que había sobre las paredes, así al menos caliento un poco esta habitación», describía su táctica de supervivencia. «Espero que los causantes de todo esto lleguen a entender el daño que han hecho y que lo paguen», protestaba indignada, nos sin dejar de advertir que «debe haber gente muriendo ahí fuera».

El Grupo Vulkan

«Hemos sufrido un ataque terrorista de izquierdas», denunciaba este lunes el alcalde de Berlín, Kai Wegner. «Quiero repetir esto: no fue un pequeño ataque incendiario, tampoco fue sabotaje. Esto fue un acto terrorista y la Oficina Federal de Policía Criminal, la Fiscalía Federal, deben asumirlo», insistía en la gravedad de la situación.
Se refería al Grupo Vulkan, una formación clasificada por la Inteligencia alemana como «peligrosa de extrema izquierda» y que, desde 2011, ha llevado a cabo once ataques de diversa consideración. El más sonado fue el que perpetró contra la fábrica de Tesla en Brandemburgo, propiedad de Elon Musk. Las llamadas de testigos han aportado pistas en el «rango medio de dos dígitos», según el vicepresidente de la Policía, Marco Langner, y ocho de ellas son prometedoras.
Los investigadores analizan actualmente varios cientos de horas de material de cámaras de videlovigilancia. «Apretaremos todo lo que haga falta porque tenemos el objetivo común de atrapar a estos criminales militantes, a estos terroristas de izquierdas, que recibirán un castigo adecuado porque han amenazado y puesto en peligro deliberadamente la vida de personas», ha prometido el alcalde.

«Ya no podemos aceptar más clientes porque estamos al borde de nuestra capacidad»

Securitas
Empresa de seguridad

El Ejército alemán está jugando un papel crucial en el mantenimiento del orden y el suministro de primeros auxilios. Los hospitales contaban con sus propios equipos autónomos, pero los militares hubieron de instalar generadores en las residencias de ancianos y siguen alimentándolos día y noche, con un camión cisterna con capacidad de 9.000 litros que suministra a otros más pequeños. También ofrecen durante la noche bebidas calientes y energía en las plazas más céntricas de los barrios afectados.
«Es como un ensayo general de lo que puede venir, aprendamos para estar preparados», dice Luzius en uno de los llamados «centros de calentamiento». Sus generadores mantienen también relativamente calientes gimnasios de colegios en los que se han instalado camas de campaña. Se trata del equipo adquirido por la ciudad durante la crisis de los refugiados, en 2015, y que vuelve ahora a ser utilizado. «Ahora somos nosotros los refugiados», hace el paralelismo Helena, una estudiante de ingeniería que estos días ejerce como voluntaria en un albergue.

Solidaridad vecinal

La situación extrema despierta la solidaridad de los vecinos, que comparten coche hasta agotar el carburante. «Cuando no sabes cómo vas a sobrevivir los próximos días, te das cuenta de lo mucho que dependemos de la electricidad. Mi coche es eléctrico, el transporte público no funciona en kilómetros a la redonda y con este frío no puedo moverme a pie», lamenta Hans-Peter, jubilado de 72 años.
«Me desperté a las tres de la mañana con un ruido seco, como un disparo. Era la tubería. El agua empezó a salir a chorros. No sabía si llorar o reír. ¿Cómo se supone que llamas a un fontanero cuando ni siquiera puedes cargar el móvil?», cuenta su aventura nocturna. Sus nietos se encuentran entre los pocos berlineses que sobrellevan con alegría el apagón: las vacaciones navideñas debían haber concluido el lunes pero, a causa de la falta de suministro eléctrico y calefacción, 19 colegios de los barrios afectados han decretado una semana más sin clases.
En un pequeño café junto al Schlachtensee, su propietario ha perdido unos 10.000 euros por el apagón, pero ha abierto el local gratuitamente para ofrecer un espacio caliente a los vecinos. «No podía dejar a la gente tirada. El negocio puede recuperarse. Las personas, no siempre». Varios negocios vecinos, en cambio, han cerrado y contratado los servicios de empresas privadas de seguridad, por temor a saqueos, al precio de entre 30 y 45 euros por hora.
«Ya no podemos aceptar más clientes porque estamos al borde de nuestra capacidad», informa un portavoz de Securitas, la mayor empresa de seguridad de Alemania, que ha estado desplegando escuadrones de guardia adicionales y puestos permanentes en las zonas afectadas desde el sábado. «No es que tengamos miedo de saqueos masivos pero, cuando todo está oscuro y silencioso, la imaginación vuela», admite Thomas R., dueño de una tienda de bicicletas.

Sospecha de Rusia
El ataque incendiario ha sido reivindicado en dos comunicados por el grupo de extrema izquierda Vulkan, el primero atribuyéndose la autoría y el segundo quejándose de que los medios alemanes no se hacían eco del primero. La Inteligencia alemana, sin embargo, pone en cuarentena los documentos por sus incoherencias. La escritura sugiere que los redactores podrían no ser alemanes. Entre su diatriba ideológica, además, escriben incorrectamente el nombre de la senadora de Economía de Berlín, Franziska Giffey (Giffay), y del vicepresidente estadounidense J. D. Vance (Vans o Wans). En el caso de Giffey, el error encaja con la ortografía rusa. La escritura también se desvía del alemán habitual en cuanto a gramática, por lo que el texto podría proceder de una traducción automática del ruso al alemán. En cualquier caso, una traducción inversa daría un ruso fluido.

«Yo vivo en Tiergarten, pero he venido hasta aquí para acompañar a mi abuela, que no puede moverse de su casa. Y lo estamos pasando muy mal, espero que termine pronto», expresaba su impotencia Rafael, quien aprovechaba para calentarse en uno de los autobuses estáticos habilitados por la empresa de transporte público BVG. Sus vehículos mantienen los motores encendidos, estacionados en lugares céntricos, para ofrecer calor y carga para dispositivos electrónicos. «Hemos podido habilitar tres estaciones de metro, el resto siguen sin suministro», informaba el lunes la senadora de Transporte Ute Bonde, que todavía no puede hacer un balance de daños.
Pero, más allá de las pérdidas materiales, el apagón está teniendo un efecto psicológico profundo. La falta de información, agravada por la caída de antenas de telefonía móvil y la imposibilidad de cargar dispositivos, ha generado ansiedad y sensación de aislamiento. «Lo peor no es la oscuridad, es no saber cuándo acabará», dice la profesora Julia F., profesora, quien espera que «todos aprendamos lo frágil que es en realidad todo esto que damos por sentado».

«Es Dios quien decide»: la respuesta de Delcy a Trump mientras Caracas se convierte en un Estado policial

En Caracas, la duda se ha convertido en el aire que se respira. Han pasado cuatro días desde la captura de Nicolás Maduro, y la aparente calma inicial se ha resquebrajado, dando paso a un nerviosismo sordo, a la espera de algo, de una … nueva explosión. Los cielos de la capital son ahora un espacio de paranoia; el gobierno asegura haber repelido drones de espionaje, mientras el ministro de Comunicación, Freddy Ñáñez, se esfuerza en desmentir cualquier atisbo de desorden en las filas militares. Pero en la calle, la gente mira hacia arriba con recelo. La guerra, real o imaginaria, se ha instalado en la psique colectiva.
En este escenario de alta tensión, Delcy Rodríguez, la nueva presidenta encargada, ha asumido el papel de su vida. Ante la amenaza directa de Donald Trump, quien le advirtió que «pagará un precio más alto» que Maduro si no hace «lo correcto», Rodríguez ha respondido con una mezcla de misticismo y desafío. «Es Dios quien decide nuestro destino», declaró, una frase que busca apelar a la fibra más profunda de un pueblo creyente, pero que en el tablero geopolítico suena a una apuesta desesperada. Es un acto de teatro político diseñado para consumo interno, una forma de erigirse como la defensora de la soberanía frente al imperio, mientras en la práctica, su gobierno se atrinchera.
La verdadera respuesta de la ahora administración Rodríguez no ha sido retórica, sino legal y brutal. Se ha decretado un «estado de conmoción exterior», un instrumento jurídico que, en la práctica, convierte en traidor a cualquiera que apoye la intervención estadounidense. La ley es una red de arrastre que no distingue entre un comentario en redes sociales y una colaboración activa. «Con tantos colectivos con armas y el nuevo decreto, Venezuela se va a convertir en territorios armados por el poder», dice Roberto H., un comerciante del oeste de la ciudad, mientras baja la voz y mira a su alrededor. Su miedo es el de muchos: que la anarquía controlada por el Estado sea la nueva normalidad.

El cerco informativo se cierra con la misma rapidez que el legal. La prensa se ha convertido en un objetivo militar. Varios periodistas han sido detenidos en plena cobertura, otros que intentaban ingresar por la frontera con Colombia han sido arrestados, y los que llegan al aeropuerto de Maiquetía son deportados sin contemplaciones. «Varios fotógrafos se negaron a salir a la calle hoy por temor a ser arrestados», nos confiesa un periodista de una agencia internacional que pide el anonimato. «No tenemos garantías de nada». El miedo es el arma más eficaz para imponer el silencio.

En medio de este caos, la suerte de los casi mil presos políticos que, según las ONG de derechos humanos, pueblan las cárceles venezolanas, es más incierta que nunca. Circula el rumor de una posible nueva liberación, una moneda de cambio en una negociación que nadie conoce. Se habla de la promesa de Trump de eliminar El Helicoide, ese infame edificio de arquitectura brutalista en el corazón de Caracas, convertido en el símbolo de la tortura y la represión. Pero mientras tanto, la realidad es que el destino de esos hombres y mujeres, y el de sus familias, sigue estando en manos del mismo chavismo que los encerró. Caracas, hoy, es una ciudad que se debate entre el desafío mesiánico de su nueva líder y el miedo tangible al vecino, al colectivo, al decreto. Una ciudad en el limbo, esperando que el próximo capítulo no sea el más oscuro de todos.

Irán amenaza con lanzar un «ataque preventivo» a Israel ante las amenazas de Estados Unidos

La guerra psicológica entre Irán e Israel dio un paso más y el Consejo de Defensa de la república islámica emitió un comunicado en el que introdujo la posibilidad de una acción preventiva «como medio de defensa legítima». Según el texto difundido por este organismo, « … Irán no se limita a reaccionar únicamente después de una acción y considera las señales objetivas de amenaza como parte de la ecuación de seguridad», en alusión a las amenazas llegadas en los últimos días desde Estados Unidos e Israel.
El fantasma de una nueva guerra revive tras el estallido de protestas en todo el país. Miles de iraníes se manifiestan en las calles de ciudades y pueblos desde el 28 de diciembre, ya son más de 35 los muertos y 1.200 los detenidos, según organizaciones de derechos humanos y, como ocurre en cada oleada de protestas, las autoridades islámicas culpan a israelíes y estadounidenses de azuzar la llama para debilitar al régimen. La gente se echó a las calles para mostrar su enfado por la caída del rial frente al dólar y la fuerte inflación, pero la ira no tardó en orientarse a la cúpula del régimen.
En el Estado judío, Benjamín Netanyahu es el único miembro del Gobierno que ha mostrado públicamente su apoyo a las movilizaciones, pero ha ordenado mantener el silencio al resto del gabinete. El exministro de Defensa y exjefe del Ejército, Benny Gantz, pidió directamente al primer ministro atacar «muy pronto» a la república islámica.

Donald Trump escribió en su red social Truth Social el viernes que «si Irán dispara y mata violentamente a manifestantes pacíficos, que es su costumbre, los Estados Unidos de América acudirán a su rescate. Estamos armados y listos para actuar.» El 13 de junio, Israel atacó Irán por sorpresa y a los pocos días Estados Unidos se sumó a la ofensiva con una operación contra las plantas nucleares. La guerra duró 12 días y acabó gracias a la mediación de Washington.

Miedo a un ataque

«Cuando me decían en junio que un ataque de Israel era inminente, yo no lo podía creer porque estábamos en medio de la negociación nuclear, pero atacaron. Esta vez la sensación es diferente, siento de verdad que es posible», es la respuesta de una veterana periodista iraní en Teherán, que pide mantener el anonimato, cuando se le pregunta por el ambiente en la capital.
Los medios oficiales como ‘Nournews’ trataron de rebajar la sensación de peligro y señalaron que «la amenaza militar en la doctrina de Trump funciona más como una carta de juego que como una decisión final. Ha demostrado reiteradamente que utiliza las amenazas como herramienta para arrancar concesiones». Esta agencia, bajo control del Consejo de Seguridad Nacional, destacó que «aunque Irán sigue figurando en la lista de objetivos de máxima presión de Trump, no es el siguiente candidato para un ataque militar directo al estilo Venezuela. Lo que parece más probable es la continuación, e incluso la intensificación, de una guerra híbrida contra Irán, que abarca medios de comunicación, economía, diplomacia y amenazas militares».

Nuevo subsidio

Ante las protestas desencadenadas por el agravamiento de la crisis económica, el Gobierno de Irán anunció una ayuda mensual para la mayoría de los ciudadanos de una cantidad de unos seis euros. La portavoz del Gobierno, Fatameh Mohajerani, declaró a los medios que el objetivo del plan es «preservar el poder adquisitivo de los hogares, controlar la inflación y garantizar la seguridad alimentaria.» Pero no parece que esta ayuda sea suficiente para calmar los ánimos de una población cansada de planes que no son capaces de superar los largos años de sanciones y de mala gestión por parte de diferentes gobiernos.
En redes sociales, los iraníes comparten información sobre la carestía de productos de uso diario como el aceite de cocina, que ha duplicado su precio y escasea. También en redes se ha hecho viral entre los jóvenes el eslogan «estoy dispuesto a ser el siguiente, si eso significa que seré el último», en alusión a que la mayoría de los fallecidos en los choques con las fuerzas de seguridad son jóvenes menores de 30 años, recogió el portal de la oposición ‘Iran Wire’.

El Gobierno de Irán anunció una contramedida para paliar las protestas: una ayuda mensual de unos seis euros

Lo que comenzó con cierres de tiendas y protestas de los comerciantes del bazar de Teherán, ha evolucionado hacia protestas nocturnas en las calles, manifestaciones universitarias, huelgas y enfrentamientos con las fuerzas de seguridad en diferentes partes del país. Las autoridades, con un ojo puesto en las amenazas de Trump y Netanyahu, recurren a la misma estrategia represora de 2022, tras la muerte de Mahsa Amini a manos de la policía de la moral, al tiempo que tratan de adoptar reformas contra el reloj para intentar rebajar la tensión.