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Europa abraza el «no a la guerra» y se une en torno a la diplomacia mientras Orbán se enroca su veto a la ayuda a Ucrania

A Europa se le acumulan las crisis y parece que tiene que ir improvisando cada vez para salir de ellas. En el continente tienen claro que el conflicto tiene un coste demasiado alto a muchos niveles y los líderes se han unido este jueves en la cumbre del Consejo Europeo en torno a la diplomacia: no quieren entrar en la guerra de Oriente Próximo y pretenden que, en palabras del presidente francés, Emmanuel Macron, «se dé una oportunidad» a las negociaciones. El llamamiento general ha sido a la desescalada a la vez que los 27 estudian ya cómo paliar los efectos por ejemplo sobre el mercado energético sin ‘mojarse’, como ya se sabía, con una misión para reabrir el Estrecho de Ormuz, aunque sí quieren coordinarse con los socios del Golfo, en línea con los esfuerzos anunciados en un comunicado conjunto por Reino Unido, Francia, Alemania, Países Bajos, Italia y Japón para trabajar en la zona y que el desbloqueo se produzca, dicen, «cuando se den las condiciones». Los países europeos son conscientes de que Donald Trump no tiene un plan claro para Irán, y mientras la UE va profundizando en el suyo para que la guerra ‘de triple coste’ (humano, económico y de valores) no sea otro golpe para el proyecto comunitario.»El Consejo Europeo hace un llamamiento a la distensión y a la máxima moderación, a la protección de la población civil y las infraestructuras civiles, y al pleno respeto del Derecho internacional por parte de todas las partes, incluidos los principios de la Carta de las Naciones Unidas y el Derecho internacional humanitario. En este sentido, insta a que se establezca una moratoria sobre los ataques contra instalaciones energéticas y de abastecimiento de agua. El Consejo Europeo lamenta la pérdida de vidas civiles y está siguiendo de cerca las repercusiones de gran alcance de las hostilidades, incluidas las que afectan a la estabilidad económica», recogen literalmente las conclusiones de la cumbre, en las que también se respalda el posible refuerzo de las misiones Aspides y Atalanta, pero «en línea con los respectivos mandatos».Francia, de hecho, ha pedido «una moratoria sobre las infraestructuras civiles y la población civil en este conflicto» y una «rápida desescalada», expresiones respaldadas en el texto final del cónclave por el resto de jefes de Estado y de Gobierno. En la misma línea habló el canciller alemán, Friedrich Merz, que ha ido virando su posición hacia un rechazo a las acciones de Estados Unidos y de Israel. «Solo podremos implicarnos cuando callen las armas. Entonces, estaremos en estrecho contacto no solo con Israel, sino también con los Estados del Golfo. Y entonces podremos hacer muchas cosas, incluso en lo relativo a las rutas marítimas y mantenerlas abiertas», expuso.Por su lado, Pedro Sánchez considera que la posición española es la que debe liderar el bloque comunitario, con el trasfondo de «no a la guerra» que lanzó Moncloa hace ya más de 20 días. «La UE se basa en decisiones compartidas, el derecho internacional, la paz y el respeto. Eso es ahora lo que se está poniendo en cuestión», recordó el presidente del Gobierno, que hizo un llamamiento al resto de líderes europeos: «En momentos de turbulencias los gobiernos sostengamos los principios y los valores que nos han traído décadas de paz, prosperidad y certidumbre. Si hacemos eso desde Europa podremos acabar con esta guerra pronto».El objetivo, sostuvo el jefe del Ejecutivo, tiene que ser «acabar con esta guerra pronto», porque solo de esa forma, añadió, se puede «volver a sentar en la mesa aquellas partes que hoy están enfrentadas y encontrar soluciones pacíficas a conflictos que, por desgracia, no solamente están costando en vidas humanas, sino también en refugiados».Esa dureza la mostró también la Alta Representante, Kaja Kallas, que aseguró que la ofensiva de Trump es contraria al derecho internacional, y lamentó no tener «una bola de cristal» sobre cuándo va a parar la guerra. «Estamos viendo el caos que está causando en Oriente Próximo, pero también las ramificaciones que tiene en el resto del mundo», recordó. Al mismo tiempo, insistió en la idea de que ahora mismo no se dan las condiciones para una misión de reapertura del Estrecho de Ormuz: «La situación por el momento es demasiado volátil. Así que necesitamos pone el foco en desescalar la guerra y después buscar medidas que podamos adoptar». De hecho, reconoció contactos diplomáticos con Irán para «buscar una solución» a las tensiones y al conflicto.En una parte de la cumbre participó también el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, que pidió «acabar ya la guerra», en un mensaje a Washington y Tel Aviv. «Ha llegado el momento de acabar esta guerra que corre el riesgo de descontrolarse por completo, causando un inmenso sufrimiento a los civiles y propagándose por toda la economía mundial», sostuvo el dirigente portugués, que ya está en los últimos meses de su mandato. Guterres mantuvo el mismo discurso que los líderes europeos: «Es el momento de que la diplomacia prevalezca sobre la guerra».La guerra, en general, tiene una vertiente peliaguda para la UE: la energía, como parte de la fórmula para reforzar la competitividad del bloque (y ahí llegan las diferencias). Sánchez se reivindicó como el principal defensor de la energía renovable para Europa como solución a las consecuencias de la crisis. «La energía de la UE no es el petróleo y el gas, es el agua y el sol», expuso. Por su parte, el presidente del Consejo Europeo, Antonio Costa, pide tener en cuenta «las especificidades» de cada Estado miembro a la hora de avanzar en la transición energética. Y coincidió en que cada vez es más necesario deshacerse de dependencias: «La mejor manera de tener un horizonte energético previsible y fiable es aumentar la producción interna de energía».En uno de los puntos clave, las discusiones sobre el futuro del Sistema de Comercio de Emisiones de la UE (ETS) -que España defiende a capa y espada- no han generado grandes sobresaltos, pese a la oposición de algunos países, ya que la mayoría reconoce su papel clave para financiar tecnologías verdes y reducir la contaminación. Varios Estados miembros esperan la revisión que la Comisión Europea presentará antes del verano, en línea con el Acuerdo de París y el objetivo climático de 2040. Algunos gobiernos piden extender más allá de 2034 las asignaciones gratuitas de emisiones y ralentizar su eliminación a partir de 2028, mientras persiste un amplio consenso sobre la importancia de reforzar la independencia energética mediante energías renovables, incluida la nuclear, con excepciones como Austria.Zelenski, a seguir esperando por la ayudaUcrania fue el otro plato fuerte de la cumbre. Viktor Orbán no desbloquea la ayuda de 90.000 millones de euros para Kiev con cargo a deuda europea, y no lo hace porque el oleoducto de Drzhuba sigue sin funcionar para que el petróleo ruso llegue a Budapest: sin crudo no hay dinero, le ha dicho el primer ministro húngaro a un Zelenski que se ha comprometido ante los líderes a reparar «lo antes posible» la vía, dañada por los ataques rusos. Pero de momento habrá que esperar. «La posición de Hungría es muy simple. Estamos preparados para ayudar a Ucrania cuando recibamos nuestro petróleo, que está bloqueado por ellos. Hasta entonces no habrá ninguna decisión favorable a Ucrania», dijo Orbán en Bruselas. El veto se demostró de nuevo en el hecho de que ni Hungría ni Eslovaquia secundaron las conclusiones sobre el tema.Y recibió la reprimenda de sus homólogos. Kallas, por ejemplo, ve electoralismo en la postura magiar. «Si tienen un problema con el petróleo, su vecina Croacia puede proveerles ese crudo. Es una postura constructiva de los Veintisiete. Pero supongo que en tiempos de elecciones, la gente no es racional», recordó. Orbán afronta comicios en abril y los sondeos no le son favorables. Mientras, Costa recordó que la decisión de ayuda ya fue respaldada en diciembre por los 27, con Hungría, República Checa y Eslovaquia quedándose fuera de ese reparto. «El principio que rige el funcionamiento de la Unión Europea es el de la lealtad y la fiabilidad. Y doy por hecho que todos los Estados miembro de la Unión Europea lo respetan», espetó sobre el asunto el canciller alemán.Por su parte, la presidenta del Parlamento Europeo, Roberta Metsola, aseguró que la UE tiene que mostrarse firme: «Debemos resistir la tentación de recurrir a lo que nos resulta cómodo simplemente porque los siguientes pasos parecen demasiado difíciles». En este sentido, la maltesa apuntó que Europa «necesita la fuerza económica que justifique el papel que debemos desempeñar». En materia de energía, destacó que Europa está diversificando su mix energético y que esto ya está empezando a dar sus frutos. Sin embargo, argumentó que «esto no significa que seamos inmunes a las crisis de precios».También habló de la situación de Oriente Próximo. «Los ataques contra los países del Golfo son condenables y deben cesar de inmediato», esgrimió, al tiempo que, como el resto de líderes europeos, pidió que el foco se centre en la desescalada y no en un conflicto que se alargue y tenga consecuencias todavía más profundas a nivel global. Al mismo tiempo, la jefa de la Eurocámara reclamó no perder de vista «la continua guerra de agresión ilegal de Rusia en Ucrania».La OTAN busca una salida para el bloqueo de OrmuzEn cuanto a la OTAN, su secretario general, Mark Rutte, anunció este jueves que están trabajando en una vía para el desbloqueo del Estrecho de Ormuz y al mismo tiempo defendió que Irán no puede desarrollar sus capacidades nucleares, en línea con lo planteado por Donald Trump. «Un Irán nuclear habría supuesto potencialmente una amenaza directa para el futuro de Israel, pero también, de nuevo, para todo Oriente Medio y para Europa», sostuvo en rueda de prensa. «En cuanto al estrecho de Ormuz, todo el mundo está de acuerdo en que este estrecho no puede permanecer cerrado. Tiene que volver a abrirse lo antes posible. Esto es crucial para la economía mundial», cooncluyó.

Portugal aprueba la ley de retorno y amplía la detención de inmigrantes a 18 meses

El Gobierno de Portugal aprobó este jueves la denominada ley del retorno, una iniciativa con la que pretende agilizar los procedimientos de deportación y ampliar los plazos de detención temporal de inmigrantes en situación irregular de los dos a los 18 meses. Se trata de … la tercera gran pieza legislativa dentro de la nueva política migratoria impulsada por el Ejecutivo conservador liderado por el primer ministro Luís Montenegro.
El proyecto de ley fue aprobado en Consejo de Ministros y será ahora remitido al Parlamento, donde el Partido Socialdemócrata no cuenta con mayoría suficiente, por lo que necesitará, previsiblemente, el apoyo del partido de la derecha radical Chega para sacar adelante la ley, como ya ha ocurrido con otras reformas en materia migratoria.

La norma también supondrá un reto institucional para el presidente de la República, António José Seguro, quien afrontará por primera vez la decisión de promulgar o vetar una ley de inmigración desde su llegada al cargo, el pasado 9 de marzo. No se descarta que el jefe del Estado opte por remitir el texto al Tribunal Constitucional antes de su promulgación, como ya ha sucedido recientemente con otras leyes relacionadas con extranjería y nacionalidad. Desde el Ejecutivo, sin embargo, aseguran estar plenamente convencidos de la constitucionalidad de la propuesta.

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Virginia López

En términos concretos, la ley plantea ampliar el periodo máximo de detención en centros de retención de extranjeros, que actualmente es de 60 días, hasta los 18 meses. Según explicó el ministro de la Presidencia, António Leitão Amaro, el objetivo es «acelerar la deportación de los extranjeros identificados en situación irregular», una medida que, en su opinión, cuenta con respaldo suficiente en el Parlamento.
El ministro también criticó la posición de los partidos de izquierda, afirmando que «tradicionalmente se han situado fuera de los cambios en la política migratoria». Aun así, defendió que el Gobierno mantiene una estrategia equilibrada, priorizando los mecanismos de retorno voluntario y reservando la detención en régimen cerrado como última opción.
«Se trata de una posición moderada, equilibrada y humanista», aseguró Leitão Amaro, quien confía en lograr una mayoría parlamentaria para aprobar la ley. En relación con posibles objeciones jurídicas, el ministro subrayó que los plazos máximos previstos para la detención y deportación se sitúan «por debajo de las directrices europeas», lo que, a su juicio, refuerza la solidez legal del texto.
Paralelamente, el Parlamento deberá volver a debatir el próximo 1 de abril la ley de nacionalidad, tras el veto del Tribunal Constitucional. El Gobierno ya ha iniciado contactos con los principales partidos con el objetivo de «viabilizar» su aprobación en una nueva votación.

Impacto económico

En cuanto al impacto económico de las nuevas medidas, el Ejecutivo no ha ofrecido cifras concretas. No obstante, Leitão Amaro aseguró que Portugal dispone de «capacidad financiera» para implementar el nuevo régimen. Además, destacó que los procesos de retorno voluntario son significativamente más económicos que las deportaciones forzosas, que implican detenciones prolongadas y dispositivos policiales para la repatriación.
Desde su llegada al poder en 2024, el Gobierno de Montenegro ha impulsado un endurecimiento progresivo de la política migratoria, en contraste con el enfoque del anterior Ejecutivo socialista de António Costa, considerado uno de los más abiertos de Europa en este ámbito. «Portugal estaba entre los países europeos con las tasas más bajas de expulsión», afirmó el ministro, quien insistió en que «debe haber consecuencias para la ilegalidad, y eso implica expulsiones más rápidas».
A pesar de este giro, el Gobierno no ha fijado objetivos cuantitativos sobre el número de inmigrantes que pretende repatriar, ya sea mediante retornos voluntarios o deportaciones forzosas. Sin embargo, el Ejecutivo mantiene como prioridad reforzar el control migratorio. «Quien opta por la ilegalidad o por ponerse en manos de redes de inmigración irregular debe afrontar consecuencias», concluyó Leitão Amaro, subrayando que la nueva ley busca precisamente acelerar esos procesos de retorno.

Costa Rica cierra su Embajada en Cuba porque «hay que limpiar el hemisferio de comunistas»

«No reconocemos la legitimidad de ese Gobierno», dijo el presidente de Costa Rica, Rodrigo Chaves Robles, al anunciar que su país cerrará la Embajada en Cuba. Aunque la nota oficial del Gobierno costarricense indica que solicitó al régimen cubano retirar a su personal diplomático … acreditado en San José, salvo los funcionarios consulares, Chaves adoptó un tono más firme y pidió a La Habana que se llevara a sus diplomáticos.
«Hay que limpiar el hemisferio de comunistas. Así de fácil», añadió el presidente, al tiempo que sostuvo que el modelo «fracasó en Cuba como ha fracasado en todos los lugares donde lo han instaurado».

El canciller Arnoldo André Tinoco señaló que la medida responde a la «profunda preocupación del país por el deterioro sostenido de la situación de los derechos humanos en la isla, así como por el incremento de actos de represión contra ciudadanos, contra activistas y opositores que ejercen legítimamente su derecho a expresarse y participar en la vida pública».

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Camila Acosta

El funcionario explicó que la decisión está vinculada igualmente a la imposibilidad de «nombrar personal diplomático costarricense para ejercer su labor en La Habana adecuadamente», debido al contexto humanitario y operativo. «La Embajada de Costa Rica en La Habana no cuenta con personal diplomático desde el 5 de febrero pasado», agregó.
De igual forma, el canciller sostuvo que el cierre de la misión diplomática «constituye una señal firme de preocupación y una invitación a que se produzcan cambios significativos que permitan restablecer las condiciones necesarias para un eventual restablecimiento de las relaciones diplomáticas plenas».
Por su parte, la presidente electa de Costa Rica, Laura Fernández Delgado, quien asumirá formalmente su cargo el 8 de mayo próximo, declaró que ella formó parte de la decisión y que eso no significa que los alrededor de 10.000 cubanos que residen en su país por solicitud de refugio no son bienvenidos.
«Los cubanos residentes en Costa Rica hemos solicitado la ruptura de relaciones durante décadas porque entendemos que lo contrario significa darle legitimidad a la dictadura», declaró a ABC Michel Céspedes, representante del Movimiento Cristiano de Liberación en esa nación.

«Los cubanos residentes en Costa Rica hemos solicitado la ruptura de relaciones durante décadas porque entendemos que lo contrario significa darle legitimidad a la dictadura»

Michel Céspedes
Movimiento Cristiano de Liberación

El Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba emitió un comunicado en el que culpó a Estados Unidos de la decisión de Costa Rica. El Ministerio indicó que, conforme a esa comunicación, «a partir del 1 de abril, el Gobierno de Costa Rica mantendrá las relaciones con Cuba a nivel consular», lo que supone un recorte sustancial de los vínculos diplomáticos entre ambos países.
Tras casi cinco décadas de ruptura en el contexto de la Guerra Fría, ambas naciones habían restablecido relaciones diplomáticas en 2009.
Embajadas cubanas como focos desestabilizadores

Conflicto con Ecuador

A principios de marzo, la Cancillería de Ecuador declaró persona ‘non grata’ al embajador de Cuba en Quito, Basilio Antonio Gutiérrez García, y ordenó la salida del país de todos los integrantes de la misión diplomática cubana acreditada en la capital ecuatoriana en un plazo de 48 horas. La decisión ocurrió de forma paralela a otra medida adoptada por el presidente de Ecuador, Daniel Noboa, quien ordenó finalizar las funciones del embajador ecuatoriano en Cuba, José María Borja.
En ese momento, no ofrecieron explicaciones respecto a la decisión ni aclararon si la medida implicará una ruptura formal de las relaciones diplomáticas entre ambos países. Unos días más tarde, durante una entrevista concedida a Radio Sucre, Noboa denunció la injerencia del Gobierno de Cuba en asuntos internos de Ecuador. El mandatario aseguró que las autoridades ecuatorianas habían detectado indicios de participación o influencia de la isla en acciones orientadas a desestabilizar la situación política interna, que incluía actividades violentas.
Las misiones diplomáticas de Cuba han sido señaladas históricamente por críticos y analistas como centros de injerencia y desestabilización regional.

Protesta en Argentina

Este jueves, cubanos residentes en Argentina entregaron al Gobierno de Javier Milei una carta en la que solicitan que los funcionarios diplomáticos cubanos en ese país sean declarados personas ‘non grata’. El cubano Luis Alberto Mariño explicó que la solicitud «responde a que los representantes de la tiranía cubana ejercen funciones de Inteligencia, crean redes de apoyo hacia la dictadura, mueven grupos políticos de choque para sabotear las democracias y amedrentar a los cubanos que nos manifestamos en contra de la dictadura». Asimismo, sostuvo que gestos como este son importantes para contribuir al colapso final de la dictadura.

Irán confirma la muerte de su líder supremo Alí Jamenei

Irán ha confirmado la muerte del ayatolá Alí Jamenei en el marco del ataque conjunto lanzado por Israel y Estados Unidos este sábado y ha anunciado 40 días de luto oficial en el país árabe, según medios oficiales.«Con gran tristeza y pesar les … informamos que, tras el brutal ataque del gobierno criminal de Estados Unidos y el malvado régimen sionista, (…) el Líder Supremo de la Revolución Islámica, Su Santidad el Ayatolá Ali Jamenei, fue martirizado«, reza un comunicado de la agencia semioficial Tasnim.

Jamenei ha fallecido en su oficina ubicada en su residencia mientras realizaba labores de trabajo, según los medios iraníes, como consecuencia de los bombardeos de Tel Aviv y Washington que atacaron este sábado de sorpresa el centro de poder del país árabe con el objetivo declarado de forzar un cambio de régimen en Irán.

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Bajas numerosas en el régimen iraní

Marta Martínez

El Gobierno de Irán ha afirmado que este «gran crimen» no quedará «impune» y ha sostenido que los responsables de la muerte de Jamenei se arrepentirán de sus actos. «La sangre pura de este distinguido líder fluirá como un manantial rugiente y erradicará la opresión y el crimen sionista-estadounidense», sentencia la nota.
Las autoridades del país árabe han mostrado sus condolencias a la «la noble nación iraní» y, además de los 40 días de luto oficial, han dictaminado siete días festivos.
De la misma manera, la Guardia Revolucionaria de Irán ha prometido ejercer un «castigo severo, decisivo y lamentable para los asesinos» del ayatolá y han anunciado que comenzarán «en breve» la ofensiva «más feroz» contra objetivos de Israel y bases militares estadounidenses.
«Invitamos a todos los segmentos de la sociedad a demostrar su cohesión y unidad nacional al mundo y a los enemigos malvados y terroristas de esta nación a través de su presencia apasionada y épica en el ámbito de la defensa nacional», han indicado en un comunicado recogido por medios iraníes.

En el poder desde 1989

El líder supremo iraní accedió a la cúspide del sistema político instaurado en Irán tras la Revolución Islámica tras reemplazar en 1989 al fundador de la República Islámica, el ayatolá Ruholá Jomeini, convirtiéndose en la segunda y hasta ahora última persona en ocupar este cargo.
Los últimos años ha mantenido un discurso de línea dura sobre asuntos internacionales, especialmente en torno a la proyección de Teherán en la región, así como a nivel interno en lo relativo a la imposición de políticas conservadoras entre la sociedad, lo que ha generado críticas en por la represión contra disidentes y la obligatoriedad del velo.
Previamente, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, había anunciado ya la muerte del líder supremo de Irán. «Jamenei, una de las personas más malvadas de la historia, ha muerto», ha asegurado el inquilino de la Casa Blanca.
«Esto no solo es justicia para el pueblo de Irán, sino también para todos los grandes estadounidenses y para aquellas personas de muchos países de todo el mundo que han sido asesinadas o mutiladas por Jamenei y su banda de matones sanguinarios», ha señalado el presidente estadounidense en un mensaje en redes sociales.
Según Trump, el ayatolá «no pudo eludir los sofisticados sistemas de inteligencia y rastreo» en colaboración con Israel. «Ni él ni los demás líderes que han sido asesinados junto a él pudieron hacer nada», ha afirmado sobre la operación que ha acabado con la vida de Jamenei.
Estados Unidos e Israel han lanzado este sábado una ofensiva sorpresa con cientos de bombardeos contra «ubicaciones que suponían una amenaza inminente», con el sector militar y nuclear en el foco. Washington ha declarado que el objetivo de la ofensiva es «desmantelar el aparato de seguridad del régimen».
Teherán estaba negociando con Estados Unidos un acuerdo sobre su programa nuclear cuando Estados Unidos atacó este sábado a Irán con el apoyo de Israel. Las autoridades iraníes han denunciado una «agresión militar criminal» que viola los principios de la Carta de Naciones Unidas y han lanzado ataques en represalia contra bases militares estadounidense en países del Golfo, incluyendo Arabia Saudí, Bahrein, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait y Qatar.

El regreso soñado del hijo del sah

Donald Trump sorprendió al mundo cuando, tras arrancar el ataque conjunto de EE.UU. e Israel contra Irán, sostuvo sin disimulo que su objetivo último era un cambio de régimen que derribe la República Islámica y la dictadura de los ayatolás. Pero, ¿quién asumirá … los pedazos rotos del Irán que dejen los clérigos islamistas?
La incertidumbre manda todavía en qué resultado conseguirán Trump y su aliado israelí, Benjamin Netanyahu, cuando el polvo de las explosiones se asiente y se inicie una hipotética transición política. Es evidente que la muerte del líder supremo de Irán, el ayatolá Jamenei, supondría una apertura decisiva a ese proceso. Pero donde sí hay certeza es sobre la figura mejor colocada para liderar la transición: Reza Pahlevi, el hijo del último sah de Irán.

Esa respuesta no era evidente hace unos meses. Pahlevi lleva toda la vida tratando de tumbar a los ayatolás, sin ningún éxito. Ellos fueron los que derrocaron a su padre, el último monarca de Irán, Mohamed Reza Pahlevi, en 1979. Y los que le forzaron a vivir en el exilio desde entonces, como un príncipe heredero sin tierra.

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Testimonios desde Irán

Carlota Pérez

Pahlevi ha sido considerado un político débil, sin apoyos, disuelto entre la fractura eterna de la oposición iraní, dividida entre ideologías y etnias, entre monárquicos, izquierdistas, seculares, kurdos, baluchis, árabes… Negado por muchos, en un recuerdo de los abusos que también tuvo el régimen de su padre.
Eso ha cambiado. La oposición iraní sigue fracturada, pero Pahlevi es sin duda ahora la figura más prominente, y la que da apariencia de estar posicionada para liderar la transición política, con dos pilares básicos: democracia y secularismo. Y acaba de ocurrir lo que él ha exigido con fuerza en los últimos tiempos: que Donald Trump se aleje de la negociación nuclear con la República Islámica y se centre en el cambio de régimen. Nadie puede estar hoy más satisfecho y esperanzado por el rumbo de los acontecimientos que el hijo del sah.

La oposición iraní sigue fracturada, pero Pahlevi es la figura más prominente para liderar la transición, con dos pilares básicos: democracia y secularismo

Pahlevi, el hijo mayor del sah, estaba en plena preparación para asumir algún día la monarquía iraní cuando en 1979 se produjo la revolución en el país de Oriente Próximo, que acabó en la teocracia de los ayatolás. A él le sorprendió en EE.UU., cuando se formaba como piloto de combate en la base aérea de Reese, en Texas. Nunca regresó a su país.
Este sábado, tras los ataques conjuntos de EE.UU. e Israel, aseguró que podría volver a Irán «pronto» y se postuló, una vez más, como la figura que debe asumir el control del país en su transición democrática, como lleva meses defendiendo.
El perfil de Pahlevi ha crecido con fuerza por varios factores. Por un lado, la decisión de Trump de atacar a Irán el pasado junio, que mostró la debilidad en su respuesta del Gobierno de Teherán. El hijo del sah ha conseguido hacerse un hueco en el entorno trumpista, con elogios al presidente de EE.UU. y a los republicanos. También ha ganado impulso con las tácticas agresivas de sus seguidores, que han conseguido aprovechar el momento para convertir el apoyo a Pahlevi en una dicotomía: o con el hijo del sah o con el régimen islamista.
En las manifestaciones multitudinarias y trágicas de Irán del pasado diciembre, con el combustible de la penosa situación económica del país, Pahlevi ha encontrado la legitimidad que le ha faltado durante décadas. Muchos iraníes gritaban «¡Javid sah!» (‘Larga vida al sah), dentro de una nostalgia colectiva sobre la vida antes de los ayatolás, en especial entre quienes están muy lejos de recordarlas, los jóvenes de la ‘generación Z’, que salieron en masa a las calles.
Las protestas no consiguieron resultados y la represión del Gobierno se cobró miles de víctimas (entre 7.000 y 30.000, según las estimaciones).

Discurso en Múnich

Pero, hace unos días, en la Conferencia de Seguridad de Múnich, Pahlevi reunió a cerca de 250.000 personas en una movilización para pedir apoyo a la causa de la oposición iraní. Allí volvió a exigir que no hubiera negociación con el régimen, sino combate. También ha asegurado que ha conseguido la defección de cerca de 10.000 miembros de las fuerzas armadas, de la Policía y de funcionarios del régimen islamista, aunque es algo difícil de comprobar.
En una entrevista pocas horas antes del ataque, Pahlevi insistió en que el problema no es la amenaza nuclear de Irán, ni su apoyo a milicias islamistas en todo Oriente Próximo, ni sus ambiciones con misiles de largo alcance. «La verdadera amenaza es el propio régimen», aseguró a la cadena australiana ABC. «Si eliminas el régimen, eliminas de una vez todos los problemas a los que nos estamos enfrentando, incluida la amenaza nuclear. El radicalismo, el terrorismo, la amenaza nuclear, la inestabilidad regional… todo eso se evaporará al instante en el mismo minuto en el que el régimen no esté ahí», defendió.
Trump ha sido muy escéptico sobre la capacidad de Pahlevi de liderar la transición en Irán. El mes pasado, aseguró que el hijo del sah es alguien «muy simpático». «Pero no sé qué apoyo tendría en su propio país», dudó el presidente de EE.UU., en una posición comparable a la que mostró sobre la venezolana María Corina Machado, y su capacidad de liderar la transición en su país tras la captura de Nicolás Maduro.

«Si eliminas el régimen, eliminas de una vez todos los problemas a los que nos estamos enfrentando, incluida la amenaza nuclear»

Reza Pahlevi
Hijo del sah

Pese a esas dudas, Trump ha hecho exactamente lo que Pahlevi pedía. Ir más allá de acuerdos con el régimen islamista y buscar un cambio de régimen. Una decisión que se debe más a las presiones de Israel y a sus propios intereses, pero que el hijo del sah compartió con el negociador principal de Trump, Steve Witkoff, durante encuentros en los últimos días y semanas.
«Queridos compatriotas, los momentos del destino están frente a nosotros», compartió Pahlevi en su mensaje a los iraníes tras los ataques. Calificó la operación militar de EE.UU. e Israel como una «intervención humanitaria» que tiene como objetivo la República Islámica, «no el país y la gran nación de Irán».
En su mensaje, aseguró que el régimen está «en colapso», instó a las fuerzas armadas y de seguridad que se unan a la causa opositora y pidió a la ciudadanía que, por ahora, se quede en casa. «En el momento apropiado, que yo anunciaré con precisión, podréis volver a las calles para la acción final», dijo, con una voluntad clara de tomar el control de la situación. «Estamos cerca de la victoria final», les dijo. «Quiero estar junto a vosotros tan pronto como sea posible para que juntos podamos recuperar y reconstruir Irán».

Plan de prosperidad y transición

Esa victoria final sería el comienzo del plan de prosperidad y de transición democrática que él mismo ha diseñado. En su plan, ese proceso estará basado en cuatro principios: respeto a la integridad territorial de Irán (lo que le enfrenta a otros opositores, como los kurdos), separación de religión y Estado, libertades individuales e igualdad para todos los ciudadanos y derecho a elegir una forma de gobierno democrático. Establece que él tomaría el control de un Gobierno provisional para estabilizar el país y organizar un referéndum sobre el tipo de Gobierno que desean, con la posiblidad de una monarquía que volvería a convertirle en sah. Después, elecciones. Y, con ellas, su salida del poder, como no deja de prometer.
Muchos en Irán han desconfiado de Pahlevi. Consideran que tendría demasiado poder en sus manos en esta transición. Y recuerdan que el ayatolá Jomeini, el líder islámico en la revolución, también decía que iba a dejar el poder y dedicarse a estudiar el Corán una vez derrocado el sah.

Trump abre ya la era del cambio de régimen en Irán

«Al gran y orgulloso pueblo de Irán: la hora de vuestra libertad ha llegado; ahora es el momento de tomar el control de vuestro destino».Con estas palabras, en un vídeo emitido en la madrugada del sábado desde Florida, el presidente de Estados Unidos … , con misiles aún cruzando el cielo de Irán tras el ataque inicial, formuló por primera vez de manera explícita, desde 1979, el año de la Revolución Islámica, el cambio de régimen en Teherán. Donald Trump colocó así en primer plano la meta, anhelada durante décadas por sectores en Washington y por aliados regionales como Israel y Arabia Saudí, de poner fin a la teocracia de los ayatolás, ya no solo frenando el programa nuclear o degradando capacidades militares, sino apelando directamente a que la población fuerce una transición política tras la muerte del líder supremo, Alí Jamenei.

Es el primer jefe de Estado que muere en hostilidades directas de EE.UU., una señal de que la operación ha rebasado el umbral de la contención y ha entrado en la lógica de la decapitación del poder para forzar un desenlace político, sin alternativa real sobre la mesa.

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Mikel Ayestaran

El presidente lanzó el hasta ahora mayor ataque de su presidencia, ya sin el factor sorpresa que acompañó la ofensiva del año pasado, aquel golpe a las instalaciones nucleares. El viernes 27 de febrero Trump salió de la Casa Blanca rumbo a Texas, hizo una parada en un restaurante de comida rápida en Corpus Christi con su gorra roja, se dejó fotografiar, chocó manos y compró hamburguesas para todos los presentes antes de volar a Palm Beach (Florida), mientras su Administración ultimaba la operación. Ya era patente que un ataque de este calado podía suceder, por el refuerzo naval en el golfo Pérsico, donde acababa de llegar el portaaviones Gerald R. Ford, el mayor del mundo.
La fase inicial comenzó alrededor de las 01.00, hora de Washington, al amanecer del sábado en Irán, con una salva de misiles Tomahawk lanzados desde buques y munición aire-tierra desde aviones de la Fuerza Aérea y la Armada, un arranque que el propio presidente presentó como operaciones de combate y que, por su escala, abre uno de los escenarios más ambiciosos y potencialmente más peligrosos para EE.UU. desde que escaló el pulso con Teherán.
El presidente dijo ser plenamente consciente de que la probabilidad de que haya bajas estadounidenses es alta, sobre todo en bases militares norteamericanas desperdigadas en la región, desde Qatar hasta Jordania, pero sostuvo que es un precio que está dispuesto a pagar. «Aun así, y no hago esta afirmación a la ligera, el régimen iraní busca matar. Las vidas de valientes héroes estadounidenses pueden perderse, y puede haber bajas. Eso a menudo ocurre en la guerra, pero no hacemos esto por el ahora. Lo hacemos por el futuro, y es una misión noble», afirmó Trump.

Las vías de salida iraníes

Irán tiene varias vías inmediatas: ya ha respondido con represalias contra objetivos estadounidenses y aliados en la región y puede ampliar esa pauta con más lanzamientos contra bases, infraestructura militar y apoyo logístico en el golfo, además de aumentar la presión sobre Israel con misiles y drones. Otra opción es escalar en el terreno marítimo y económico, tensando o incluso interrumpiendo el tráfico en el estrecho de Ormuz o reactivando redes para golpear el comercio y las rutas de navegación. También puede optar por respuestas menos visibles pero sostenidas, como ciberataques, operaciones clandestinas o presión a través de milicias aliadas.
Trump fija como objetivo central impedir que Irán obtenga un arma nuclear y, según sus propias palabras, «defender al pueblo estadounidense eliminando amenazas inminentes» del régimen. A partir de ahí enumeró objetivos operativos concretos: destruir los misiles iraníes y «arrasar su industria de misiles hasta el suelo», «aniquilar su Armada», y cortar la capacidad de sus milicias aliadas para desestabilizar la región y atacar a fuerzas estadounidenses. Lo presentó como una operación «masiva y en curso» destinada a evitar que esa «dictadura radical» amenace a Estados Unidos y sus «intereses básicos de seguridad nacional», y remachó el mensaje con el ultimátum a la Guardia Revolucionaria, las fuerzas armadas y la policía para que depongan las armas con «inmunidad total» o se enfrenten a una «muerte segura».

Sin figura de relevo

Es decir, descabezó al régimen y abre un hueco de poder para que los iraníes lo ocupen. Ahí ya no hay una indicación clara por parte de EE.UU.: no se ha identificado a una figura de relevo, como ocurrió en Venezuela con Delcy Rodríguez, ni se ha presentado un esquema de transición con exiliados u opositores reconocibles como interlocutores. Trump lo fía todo a que el descontento social, que durante años ha estallado en protestas y ha sido reprimido por el aparato clerical y de seguridad, se convierta ahora en el motor de una ruptura interna que termine imponiéndose en las calles y en los cuarteles.
Marco Rubio, secretario de Estado, avisó con antelación al llamado Grupo de los Ocho, que reúne a los líderes demócratas y republicanos de la Cámara y el Senado y a los presidentes y portavoces de la minoría de las comisiones de Inteligencia. Según un mensaje difundido por la Casa Blanca, Rubio llamó para «darles un aviso» y logró contactar con siete de los ocho; el único no localizable fue Jim Himes, principal demócrata de la comisión de Inteligencia de la Cámara. Después, Rubio y el director de la CIA, John Ratcliffe, ofrecieron un informe de alrededor de una hora. El Pentágono, por su parte, envió notificaciones a las comisiones de Fuerzas Armadas cuando los ataques ya habían comenzado.
Aun así, la Casa Blanca no pidió una autorización del Congreso para iniciar hostilidades, como se hizo en guerras sostenidas como Irak o Afganistán. Lo que se activa ahora es el marco de la resolución de poderes de guerra: el presidente debe remitir un informe en un plazo de 48 horas tras introducir fuerzas en hostilidades o en situaciones en las que estas sean inminentes; y, si no hay autorización legislativa, empieza a correr el límite de 60 días (con una posible prórroga de hasta 30 días para completar la retirada si se acredita necesidad militar). En paralelo, la Administración intenta encuadrar la operación como una acción de apoyo a Israel y de protección de fuerzas y aliados en la región, aunque el propio Trump, en su vídeo, fue más allá al animar a los iraníes a rebelarse.
Así culmina una progresión que Donald Trump fue construyendo por etapas y que convierte una política de presión en una campaña abiertamente militar. Primero, en 2018, EE.UU. se salió del acuerdo nuclear negociado durante la presidencia de Obama, rompiendo el marco que había limitado y verificado el programa iraní y devolviendo la relación al terreno de sanciones, coerción y choques indirectos.

La muerte de Soleimani

Después, en 2020, llegó el salto cualitativo de la muerte de Qasem Soleimani en Bagdad, una decisión que personalizó el conflicto, elevó el riesgo de represalias y consolidó la idea de que Washington estaba dispuesto a atacar el núcleo operativo del régimen. Soleimani era el líder de la Fuerza Quds, brazo internacional de la Guardia Revolucionaria. Su muerte inflamó a los ayatolás y provocó represalias que Trump dejó pasar, sin buscar mayores hostilidades.
Ya en junio de 2025, EE.UU. amplió la escalada con ataques contra instalaciones vinculadas al programa nuclear, que la Casa Blanca presentó como un golpe preventivo para frenar capacidades estratégicas. Y el 28 de febrero de 2026, Trump remató esa trayectoria con esta misión para descabezar a los ayatolás: ya no como un aviso puntual, sino como una operación «masiva y en curso» que durará, según dijo, al menos una semana.
Desde 1979, cuando militantes tomaron la embajada estadounidense en Teherán, todos los presidentes norteamericanos se han enfrentado al dilema de atacar o no a la teocracia. Algunos estuvieron cerca, otros buscaron componendas, como Obama con su acuerdo nuclear. Pero solo en la segunda presidencia de Trump se ha dado el paso de atacar a semejante escala al poder de una nación que hizo de la frase «Muerte a América» uno de sus lemas. Como dijo Trump el sábado, «sus actividades amenazantes ponen en peligro de forma directa a Estados Unidos, a nuestras tropas, a nuestras bases en el extranjero y a nuestros aliados en todo el mundo».
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