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Tsunami demócrata en las 'midterms': EE.UU. dice no a Trump

«Haced como si yo estuviera en las papeletas». Ese fue el mensaje que Donald Trump lanzó a EE.UU. sobre las decisivas elecciones legislativas de este martes. Y la respuesta de los votantes a esta invitación al referéndum ha sido contundente e histórica: pese … a que el recuento sigue abierto en muchas de las elecciones clave, EE.UU. ha dicho no a su presidente.
Las encuestas apuntaban a una ‘marea azul’, pero el recuento puede parecerse más a un tsunami. Los republicanos arrancaron la noche electoral con mayoría en las dos cámaras del Congreso. Poco después de comenzar el recuento, se confirmó la derrota en la Cámara de Representantes, que se renovaba en su totalidad. Pero lo más decisivo era el Senado, donde los republicanos contaban con mucha ventaja: se renovaba solo un tercio y los estados afectados favorecían a los conservadores. Los demócratas, sin embargo, lograron unos resultados descomunales, con victorias en bastiones republicanos de todo tipo, desde Texas a Carolina del Sur, pasando por la América rural. El Senado también estará en manos demócratas y solo falta por saber cómo será su mayoría. Fue la noche más amarga, llena de derrotas dolorosas, para Trump y los republicanos.

El castigo de EE.UU. a Trump y los republicanos es monumental y abre un nuevo periodo político para EE.UU.: un presidente cuya influencia para imponer su ley sobre el Partido Republicano quedará deteriorada; y un Partido Demócrata cuyas facciones –izquierdista y moderada– se pelearán para apuntarse el tanto de esta victoria asombrosa.

Noticia relacionada

Desde la Casa Blanca

David Alandete

El presidente llegaba a la cita electoral con su popularidad por los suelos, entre encuestas que solo le daban la aprobación de un 30% de los estadounidenses. El multimillonario neoyorquino recuperó en 2024 las llaves de la Casa Blanca en buena parte por el sufrimiento económico durante la presidencia de Joe Biden, con la inflación disparada. Dos años después, la economía es la principal preocupación para los estadounidenses y las urnas han dejado claro que achacan los problemas al presidente. Dos guerras –la de Irán y la arancelaria– que llevan la firma de Trump han impactado de forma directa en el bolsillo de los estadounidenses, que cada día se acuerdan del presidente cuando llenan el depósito de gasolina. Y esto ha puesto de acuerdo a votantes de todos los colores políticos.
Pocas cosas simbolizan el rechazo a Trump como lo ocurrido en Carolina del Sur, una plaza fuerte del presidente y de sus aliados republicanos. Los demócratas han ganado aquí la elección del escaño al Senado de forma inesperada. Lo han hecho dando la espalda a una candidata, Darline Graham, elegida a dedo por Trump. Graham es la hermana de Lindsey Graham, el senador republicano que falleció el pasado verano. Contra la voluntad de muchos republicanos del estado, el multimillonario impuso a su candidata. La respuesta de Carolina del Sur ha sido contundente.
Algo similar ocurrió en un estado con todavía más simbolismo político: los demócratas lograron, por fin, ganar en Texas. Imponerse en el estado sureño ha sido un sueño inalcanzable durante décadas allí para el Partido Demócrata. Lo hicieron, de forma increíble e histórica, por partida doble: se llevaron tanto el escaño al Senado, que no logran desde 1988, como el de gobernador. James Talarico, el candidato demócrata del que Trump se ha mofado en la campaña, se impuso a Ken Paxton, actual fiscal general, el candidato que Trump impuso en primarias.

Derrota republicana

En la carrera por el puesto de gobernador, todavía más historia: al frente del estado estará una mujer hispana, Gina Hinojosa, una candidata que no contaba para nadie hace meses.
Los resultados en Texas son también una bofetada para el gran financiador del Partido Republicano, que ha invertido casi 500 millones de dólares en las ‘midterms’, la mayor parte de ellos en este estado.
Pero el castigo a Trump ha venido por todos los costados. También se ha confirmado la derrota republicana en Ohio, que ha sido un bastión del trumpismo desde 2016. Allí, al igual que en Texas, doblete demócrata a senador –Sherrod Brown– y a gobernador, Amy Acton, que se impuso al polémico Vivek Ramaswamy, excandidato republicano a la presidencia.
La debacle republicana llegó hasta Kansas, un estado que no había elegido a un senador demócrata en casi un siglo, desde 1932. Lo logró Adam Hamilton, un pastor metodista moderado, impulsado por el descontento en la América rural con el precio del diésel. Y lo mismo ocurrió en otro de los estados rurales por antonomasia, Iowa, donde los demócratas hicieron doblete: se llevaron el escaño en el Senado y el puesto de gobernador.
El efecto negativo de Trump le costó el escaño incluso a los republicanos que han sido críticos con él. Fue el caso de Susan Collins, la veterana senadora por Maine, tres décadas en la Cámara Alta a sus espaldas, y una de las escasas voces republicanas con algo de indpendencia frente al presidente: el tsunami también se la llevó por delante y perdió su escaño ante el demócrata Troy Jackson.
Una de las carreras que más atención había despertado se hacía esperar: Míchigan, donde el candidato demócrata Abdul el Sayed buscaba convertirse en el primer senador musulmán de la historia. Pasada la medianoche en Detroit (seis de la mañana del miércoles en España), solo se había llegado a la mitad del escrutinio y el recuento iba muy igualado entre El Sayed y su rival republicano, Mike Rogers.

El rechazo a Trump une a EE.UU.

Fue una noche histórica que también cambia la tónica en EE.UU. Buena parte de la primera potencia mundial, en una era de gran polarización, se ha puesto de acuerdo en algo: mirar a Trump e inclinar el pulgar hacia abajo. Y lo hace después de una victoria contundente del multimillonario neoyorquino en 2024, que recibió un mandato claro del electorado para arreglar la economía y lo perdió con tiros al pie: los excesos de la mano dura migratoria que arruinaron el apoyo que ganó entre los hispanos; la guerra arancelaria, que no ha traído la lluvia de millones que prometió; los abusos del cargo de presidente, que incomodan hasta a los republicanos moderados; su enriquecimiento personal y el de su familia aprovechando la presidencia; y, sobre todo, la guerra de Irán y su impacto económico, que ha dejado frustrados hasta a sus propios votantes.
No se puede decir que Trump no trató de dar la vuelta a la situación. En las últimas semanas, recorrió todo el país en decenas de mítines, también en esos estados donde los republicanos nunca sufrían, hasta ahora. Y repitiendo aquello de que pensaran que él estaba en las papeletas.
Para su desgracia, muchos estadounidense han pensado en eso y han votado contra él. Es una derrota abultada, que recuerda a la de Barack Obama en 2010, un año después de su histórica victoria presidencial, cuando los demócratas perdieron 63 escaños en la Cámara Baja.
Pero, de inmediato, Trump trató de distanciarse de los resultados. «Yo no estaba en las papeletas. Si hubiera estado, ¡habríamos ganado por mucho!», aseguró en un mensaje en redes sociales.
Pero la realidad es la contraria: el resultado de las urnas es un veredicto cristalino contra su presidencia. Y anticipa dos años muy complicados para el multimillonario neoyorquino: con su capital político hecho añicos y con un Congreso dominado por los republicanos que van a torpedear los dos años que le quedan en la Casa Blanca con investigaciones.
«América ha vuelto», celebró el demócrata Hakeem Jeffries, que será a partir de enero el presidente de la Cámara de Representantes.

Publicado: noviembre 3, 2026, 11:45 pm

La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/tsunami-democrata-midterms-eeuu-dice-trump-20261104052925-nt.html

«Haced como si yo estuviera en las papeletas». Ese fue el mensaje que Donald Trump lanzó a EE.UU. sobre las decisivas elecciones legislativas de este martes. Y la respuesta de los votantes a esta invitación al referéndum ha sido contundente e histórica: pese … a que el recuento sigue abierto en muchas de las elecciones clave, EE.UU. ha dicho no a su presidente.

Las encuestas apuntaban a una ‘marea azul’, pero el recuento puede parecerse más a un tsunami. Los republicanos arrancaron la noche electoral con mayoría en las dos cámaras del Congreso. Poco después de comenzar el recuento, se confirmó la derrota en la Cámara de Representantes, que se renovaba en su totalidad. Pero lo más decisivo era el Senado, donde los republicanos contaban con mucha ventaja: se renovaba solo un tercio y los estados afectados favorecían a los conservadores. Los demócratas, sin embargo, lograron unos resultados descomunales, con victorias en bastiones republicanos de todo tipo, desde Texas a Carolina del Sur, pasando por la América rural. El Senado también estará en manos demócratas y solo falta por saber cómo será su mayoría. Fue la noche más amarga, llena de derrotas dolorosas, para Trump y los republicanos.

El castigo de EE.UU. a Trump y los republicanos es monumental y abre un nuevo periodo político para EE.UU.: un presidente cuya influencia para imponer su ley sobre el Partido Republicano quedará deteriorada; y un Partido Demócrata cuyas facciones –izquierdista y moderada– se pelearán para apuntarse el tanto de esta victoria asombrosa.

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    David Alandete

El presidente llegaba a la cita electoral con su popularidad por los suelos, entre encuestas que solo le daban la aprobación de un 30% de los estadounidenses. El multimillonario neoyorquino recuperó en 2024 las llaves de la Casa Blanca en buena parte por el sufrimiento económico durante la presidencia de Joe Biden, con la inflación disparada. Dos años después, la economía es la principal preocupación para los estadounidenses y las urnas han dejado claro que achacan los problemas al presidente. Dos guerras –la de Irán y la arancelaria– que llevan la firma de Trump han impactado de forma directa en el bolsillo de los estadounidenses, que cada día se acuerdan del presidente cuando llenan el depósito de gasolina. Y esto ha puesto de acuerdo a votantes de todos los colores políticos.

Pocas cosas simbolizan el rechazo a Trump como lo ocurrido en Carolina del Sur, una plaza fuerte del presidente y de sus aliados republicanos. Los demócratas han ganado aquí la elección del escaño al Senado de forma inesperada. Lo han hecho dando la espalda a una candidata, Darline Graham, elegida a dedo por Trump. Graham es la hermana de Lindsey Graham, el senador republicano que falleció el pasado verano. Contra la voluntad de muchos republicanos del estado, el multimillonario impuso a su candidata. La respuesta de Carolina del Sur ha sido contundente.

Algo similar ocurrió en un estado con todavía más simbolismo político: los demócratas lograron, por fin, ganar en Texas. Imponerse en el estado sureño ha sido un sueño inalcanzable durante décadas allí para el Partido Demócrata. Lo hicieron, de forma increíble e histórica, por partida doble: se llevaron tanto el escaño al Senado, que no logran desde 1988, como el de gobernador. James Talarico, el candidato demócrata del que Trump se ha mofado en la campaña, se impuso a Ken Paxton, actual fiscal general, el candidato que Trump impuso en primarias.

Derrota republicana

En la carrera por el puesto de gobernador, todavía más historia: al frente del estado estará una mujer hispana, Gina Hinojosa, una candidata que no contaba para nadie hace meses.

Los resultados en Texas son también una bofetada para el gran financiador del Partido Republicano, que ha invertido casi 500 millones de dólares en las ‘midterms’, la mayor parte de ellos en este estado.

Pero el castigo a Trump ha venido por todos los costados. También se ha confirmado la derrota republicana en Ohio, que ha sido un bastión del trumpismo desde 2016. Allí, al igual que en Texas, doblete demócrata a senador –Sherrod Brown– y a gobernador, Amy Acton, que se impuso al polémico Vivek Ramaswamy, excandidato republicano a la presidencia.

La debacle republicana llegó hasta Kansas, un estado que no había elegido a un senador demócrata en casi un siglo, desde 1932. Lo logró Adam Hamilton, un pastor metodista moderado, impulsado por el descontento en la América rural con el precio del diésel. Y lo mismo ocurrió en otro de los estados rurales por antonomasia, Iowa, donde los demócratas hicieron doblete: se llevaron el escaño en el Senado y el puesto de gobernador.

El efecto negativo de Trump le costó el escaño incluso a los republicanos que han sido críticos con él. Fue el caso de Susan Collins, la veterana senadora por Maine, tres décadas en la Cámara Alta a sus espaldas, y una de las escasas voces republicanas con algo de indpendencia frente al presidente: el tsunami también se la llevó por delante y perdió su escaño ante el demócrata Troy Jackson.

Una de las carreras que más atención había despertado se hacía esperar: Míchigan, donde el candidato demócrata Abdul el Sayed buscaba convertirse en el primer senador musulmán de la historia. Pasada la medianoche en Detroit (seis de la mañana del miércoles en España), solo se había llegado a la mitad del escrutinio y el recuento iba muy igualado entre El Sayed y su rival republicano, Mike Rogers.

El rechazo a Trump une a EE.UU.

Fue una noche histórica que también cambia la tónica en EE.UU. Buena parte de la primera potencia mundial, en una era de gran polarización, se ha puesto de acuerdo en algo: mirar a Trump e inclinar el pulgar hacia abajo. Y lo hace después de una victoria contundente del multimillonario neoyorquino en 2024, que recibió un mandato claro del electorado para arreglar la economía y lo perdió con tiros al pie: los excesos de la mano dura migratoria que arruinaron el apoyo que ganó entre los hispanos; la guerra arancelaria, que no ha traído la lluvia de millones que prometió; los abusos del cargo de presidente, que incomodan hasta a los republicanos moderados; su enriquecimiento personal y el de su familia aprovechando la presidencia; y, sobre todo, la guerra de Irán y su impacto económico, que ha dejado frustrados hasta a sus propios votantes.

No se puede decir que Trump no trató de dar la vuelta a la situación. En las últimas semanas, recorrió todo el país en decenas de mítines, también en esos estados donde los republicanos nunca sufrían, hasta ahora. Y repitiendo aquello de que pensaran que él estaba en las papeletas.

Para su desgracia, muchos estadounidense han pensado en eso y han votado contra él. Es una derrota abultada, que recuerda a la de Barack Obama en 2010, un año después de su histórica victoria presidencial, cuando los demócratas perdieron 63 escaños en la Cámara Baja.

Pero, de inmediato, Trump trató de distanciarse de los resultados. «Yo no estaba en las papeletas. Si hubiera estado, ¡habríamos ganado por mucho!», aseguró en un mensaje en redes sociales.

Pero la realidad es la contraria: el resultado de las urnas es un veredicto cristalino contra su presidencia. Y anticipa dos años muy complicados para el multimillonario neoyorquino: con su capital político hecho añicos y con un Congreso dominado por los republicanos que van a torpedear los dos años que le quedan en la Casa Blanca con investigaciones.

«América ha vuelto», celebró el demócrata Hakeem Jeffries, que será a partir de enero el presidente de la Cámara de Representantes.

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