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¿Qué se juega la democracia de Estados Unidos en estas elecciones?

Primer martes después del primer lunes de noviembre… Conforme a un calendario político que se remonta a mediados del siglo XIX, Estados Unidos acude a las urnas en lo que se conoce como elecciones de medio mandato, en el ecuador del retorno de Donald … Trump a la Casa Blanca. Además de una miríada de cargos estatales y locales, incluidos 36 gobernadores, se renuevan los 435 escaños de la Cámara Baja y 35 de los 100 que componen el Senado.
La tradición electoral insiste en que el partido que ocupa la Casa Blanca suele perder posiciones en el Congreso. Con la popularidad del presidente por los suelos al renegar de sus dos compromisos fundamentales –no más guerras eternas y no agravar el sufrimiento económico de los más desfavorecidos–, es relativamente fácil anticipar el principio del final de la impunidad de Trump.

El más que previsible retroceso de las exiguas mayorías republicanas en ambas Cámaras agotará el cheque en blanco que el Legislativo federal ha otorgado a Trump durante los últimos 652 días desde su retorno a la Casa Blanca. Un periodo que ha aprovechado para romper con buena parte de los precedentes, prácticas y limitaciones de la democracia americana, tan longeva como amenazada.

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José M. de Areilza

En el colmo de las ironías históricas, ha tenido que ser un rey británico, Carlos III, quien, ante una sesión conjunta del Congreso, recordase lo imprescindible de la separación de poderes y de los controles parlamentarios. Al agotarse la servil legislatura número 119, el Capitolio tiene la oportunidad de acabar con su dejación de funciones. Y empezar a exigir responsabilidades a un presidente que, en lugar de gobernar y hacer frente al caos que él mismo ha provocado, se ha perdido en un laberinto de banalidad, corrupción, incompetencia y sectarismo.
Pese a su demostrada capacidad bipartidista para la autodestrucción, los demócratas y republicanos comprometidos con Estados Unidos van a tener, por lo menos, la oportunidad de sacar a la luz los abusos perpetrados. Las posibilidades de impulsar una regeneración política tan necesaria dependerán de su capacidad para aprovechar esa oportunidad.

Publicado: noviembre 2, 2026, 7:45 pm

La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/pedro-rodriguez-juega-democracia-estados-unidos-elecciones-20261102011146-nt.html

Primer martes después del primer lunes de noviembre… Conforme a un calendario político que se remonta a mediados del siglo XIX, Estados Unidos acude a las urnas en lo que se conoce como elecciones de medio mandato, en el ecuador del retorno de Donald … Trump a la Casa Blanca. Además de una miríada de cargos estatales y locales, incluidos 36 gobernadores, se renuevan los 435 escaños de la Cámara Baja y 35 de los 100 que componen el Senado.

La tradición electoral insiste en que el partido que ocupa la Casa Blanca suele perder posiciones en el Congreso. Con la popularidad del presidente por los suelos al renegar de sus dos compromisos fundamentales –no más guerras eternas y no agravar el sufrimiento económico de los más desfavorecidos–, es relativamente fácil anticipar el principio del final de la impunidad de Trump.

El más que previsible retroceso de las exiguas mayorías republicanas en ambas Cámaras agotará el cheque en blanco que el Legislativo federal ha otorgado a Trump durante los últimos 652 días desde su retorno a la Casa Blanca. Un periodo que ha aprovechado para romper con buena parte de los precedentes, prácticas y limitaciones de la democracia americana, tan longeva como amenazada.

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En el colmo de las ironías históricas, ha tenido que ser un rey británico, Carlos III, quien, ante una sesión conjunta del Congreso, recordase lo imprescindible de la separación de poderes y de los controles parlamentarios. Al agotarse la servil legislatura número 119, el Capitolio tiene la oportunidad de acabar con su dejación de funciones. Y empezar a exigir responsabilidades a un presidente que, en lugar de gobernar y hacer frente al caos que él mismo ha provocado, se ha perdido en un laberinto de banalidad, corrupción, incompetencia y sectarismo.

Pese a su demostrada capacidad bipartidista para la autodestrucción, los demócratas y republicanos comprometidos con Estados Unidos van a tener, por lo menos, la oportunidad de sacar a la luz los abusos perpetrados. Las posibilidades de impulsar una regeneración política tan necesaria dependerán de su capacidad para aprovechar esa oportunidad.

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