Publicado: octubre 27, 2026, 8:45 pm
La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/china-convirtiendo-basura-tesoro-gran-escala-20261028012227-nt.html
La Unión Europea está preocupada por las enormes exportaciones chinas de vehículos eléctricos baratos. El 12 de octubre se anunció que, a partir de diciembre, se impondrá un límite anual de 350.000 unidades a las importaciones de vehículos eléctricos híbridos procedentes de China. Se … espera que esta medida mantenga su cuota de mercado por debajo del 10%. Sin embargo, a la UE también le preocupa el dominio de China sobre los minerales críticos utilizados para fabricar estos vehículos.
Pronto se retirarán de la circulación y se sustituirán un número cada vez mayor de vehículos eléctricos. Al triturar sus baterías se obtiene la llamada «masa negra», un polvo del que pueden recuperarse y reutilizarse metales valiosos como el litio, el cobalto y el níquel. A partir del mes que viene, la UE impondrá mayores restricciones a la exportación de estos residuos. El objetivo es fomentar el procesamiento de una mayor cantidad de masa negra dentro de sus propias fronteras, ya que actualmente la mayor parte se envía a Asia. En agosto, Estados Unidos, que ha prohibido los vehículos eléctricos chinos pero sigue importando numerosas baterías de ese país, bloqueó todas las exportaciones de masa negra.
Sin embargo, es poco probable que China salga perjudicada. Según la Agencia Internacional de la Energía, un organismo de previsión energética, la masa negra podría cubrir entre el 20% y el 30% de la demanda mundial de metales para baterías en 2050. Por eso, China está impulsando sus industrias de reciclaje para reforzar el suministro no solo de metales para baterías, sino también de tierras raras y muchos otros materiales. El objetivo es transformar la economía del país, pasando de un modelo «lineal», en que las materias primas se convierten en productos que después se desechan, a otro «circular», en que los materiales reciclados sustituyen a las materias primas y se cierra el ciclo de los recursos.
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En el pasado, los esfuerzos de reciclaje estaban motivados por la preocupación por la contaminación. Ahora, en plena carrera mundial por conseguir los materiales necesarios para desarrollar una economía de alta tecnología, la principal motivación es la seguridad del suministro.
La experiencia China
China cuenta con una amplia experiencia, adquirida a lo largo de décadas, en la gestión de residuos. Es el país que más residuos genera del mundo: genera aproximadamente el 15% de los residuos municipales mundiales —desde la basura doméstica hasta los residuos del barrido de calles— y más de una cuarta parte de los residuos industriales, como escombros de demolición, efluentes de fábricas, chatarra, escoria y cenizas.
En los años ochenta, China empezó a importar residuos y recibió equipos electrónicos, papel y plástico que los países más ricos ya no querían. Así surgió un amplio sector informal del reciclaje, protagonizado por recolectores que rebuscaban entre montañas de basura. Gran parte de esos residuos acababa en vertederos o se quemaba al aire libre, liberando sustancias químicas tóxicas y generando un esmog peligroso. Un documental chino de 2011 reveló que los residuos orgánicos de los vertederos de los alrededores de Pekín se transformaban en aceite que después se vendía a restaurantes.
En los últimos cinco años, la mayoría de las ciudades chinas han implantado la clasificación obligatoria de los residuos domésticos.
En 2013, ante el creciente malestar de la población, China declaró la «guerra contra la contaminación» y puso en marcha su primer plan nacional integral para desarrollar una economía circular. Los residuos electrónicos empezaron a destinarse a nuevas zonas de «minería urbana», donde podían desmontarse de forma segura; la basura doméstica se envió a plantas especializadas para su incineración y aprovechamiento energético, y la proporción de residuos depositados en vertederos comenzó a disminuir.
En 2017, China puso en marcha la ‘Operación espada nacional’ para frenar la mayoría de las importaciones de plástico —en 2021 prohibió todas las importaciones de residuos sólidos—. Los medios estatales proclamaron que el país había «dejado de ser el vertedero del mundo». En los últimos cinco años, la mayoría de las ciudades chinas han implantado la clasificación obligatoria de los residuos domésticos.
Desarrollar la economía circular
China sigue muy por detrás de los países europeos más avanzados en gestión de residuos, aunque resulta difícil determinar hasta qué punto, ya que no publica datos nacionales detallados sobre reciclaje. Sus zonas rurales más pobres siguen estando a menudo cubiertas de basura. Sin embargo, las autoridades han conseguido que, al menos, las grandes ciudades sean más limpias y agradables para vivir. Ahora, el objetivo es aprovechar el reciclaje para reforzar la seguridad del suministro de recursos. En julio, China publicó un plan para desarrollar la economía circular hasta 2030. «La importancia de la seguridad de los recursos se ha vuelto cada vez más evidente, mientras que las dinámicas geopolíticas […] se han vuelto complejas y difíciles», señalaba el documento.
Este planteamiento responde a dos motivos. En primer lugar, China quiere liderar la fabricación de productos de alta tecnología en todos los ámbitos, desde la robótica hasta los aerogeneradores. En segundo lugar, para conseguirlo necesita garantizar el suministro de materias primas, ampliar las redes eléctricas y construir más centros de datos. Todo ello requiere grandes cantidades de aluminio, cobre, metales para baterías y tierras raras. Aunque China controla la mayor parte de la capacidad mundial de refinado de estos materiales, depende de las importaciones para obtener la mayoría de los minerales necesarios. Mientras tanto, muchos países occidentales quieren reducir su dependencia de las fábricas chinas. Las autoridades chinas temen que esos países intenten restringir el suministro de materiales. El año pasado, un investigador de un centro estatal advirtió de que, sin el reciclaje, China seguiría enfrentándose a «cuellos de botella en el futuro».
China aspira a obtener del reciclaje 510 millones de toneladas de materiales industriales al año para 2030, aproximadamente un tercio más que en la actualidad. La tarea más sencilla será ampliar el reciclaje de acero, cobre y aluminio: se trata de una actividad que ya constituye una industria consolidada. Reciclar más plástico resulta algo más complicado, pero merece la pena, ya que ayudaría a China a reducir sus importaciones de petróleo. El mayor reto será gestionar la creciente avalancha de residuos electrónicos. Para 2030, China prevé generar cada año 500.000 toneladas de residuos procedentes de aerogeneradores, un millón de toneladas procedentes de baterías de vehículos eléctricos y entre 1,5 y dos millones de toneladas procedentes de paneles solares. Estas cantidades representarán una parte considerable del total mundial.
El reciclaje de baterías
El hecho de que China ya fabrique grandes cantidades de estos productos debería facilitar su reciclaje. Las fábricas pueden adaptar los diseños para facilitar el desmontaje de los productos al final de su vida útil. Además, muchas de las técnicas utilizadas para fabricar baterías —como el uso de ácidos y calor para separar metales valiosos— también se emplean para reciclarlas. Veamos el caso de CATL, el mayor fabricante de baterías del mundo. La mayoría de las ventas de la empresa china son nacionales y acabarán siendo procesadas por Brunp, una filial de CATL y el mayor reciclador de baterías del mundo. Estas ventajas han ayudado a China a desarrollar el 85% de la capacidad mundial de reciclaje de baterías.
Aun así, persisten importantes dificultades. Gran parte de la capacidad de reciclaje china permanece sin utilizar porque demasiadas baterías acaban en desguaces informales, donde se desperdician muchos de los materiales valiosos que contienen, o simplemente se desechan. En los últimos años, varias bandas han sido detenidas por gestionar redes ilegales de recogida de baterías. Los paneles solares y los aerogeneradores, que suelen instalarse en zonas remotas del país, plantean aún mayores dificultades de recogida. Los valiosos materiales que contienen —plata en el caso de los paneles solares y neodimio, una tierra rara, en el de los aerogeneradores— están presentes en cantidades reducidas, lo que dificulta su extracción.
Como de costumbre, China confía en que su modelo basado en la tecnología le permita superar estas dificultades. En 2024 se creó una nueva empresa estatal, China Resources Recycling Group, para coordinar y racionalizar los esfuerzos de reciclaje, con especial atención a los productos de tecnología limpia. Las plantas de reciclaje han comenzado a utilizar inteligencia artificial para clasificar los residuos de forma más eficiente. En abril, se exigió a los fabricantes de baterías y vehículos eléctricos que asignaran identificadores digitales a sus productos para poder rastrearlos a lo largo de todo su ciclo de vida mediante una plataforma gestionada por el Estado. Además, los fabricantes están obligados por ley a reciclar las baterías que producen.
China afirma que el reciclaje ya representa el 10% de su suministro de tierras raras. El país está tratando de hacer que el proceso sea más eficiente. Actualmente, es mucho más caro que extraerlos de materiales vírgenes. Aun así, las empresas chinas de tierras raras, casi todas estatales, «no dependen de la viabilidad económica en todos los casos», señala Corby Anderson, de la Colorado School of Mines.
Los paneles solares y los aerogeneradores, que suelen instalarse en zonas remotas del país, plantean aún mayores dificultades de recogida
Para garantizar el abastecimiento de sus plantas de reciclaje, China está recuperando discretamente su antiguo papel en el comercio internacional de residuos. Está flexibilizando de forma selectiva las restricciones a determinados residuos extranjeros. En 2024, se relajaron las restricciones a las importaciones de ciertos tipos de chatarra de cobre y aluminio. El año pasado, China volvió a permitir la importación de masa negra. En enero, redujo los aranceles sobre este material del 6,5% al 3%. Las autoridades se han comprometido a seguir aumentando las importaciones de materiales reciclados de «alta calidad» durante los próximos cinco años.
Ahora que Estados Unidos y Europa quieren conservar sus valiosos residuos, ¿podrían debilitar el dominio chino del reciclaje? Zhang Yuping, subdirector general de GEM, una importante empresa de reciclaje de baterías que cotiza en la bolsa de Shenzhen, cree que no. «Desde el punto de vista de la seguridad nacional, podrían tener cierta justificación», afirma. Sin embargo, reciclar fuera de China resultaría caro y ampliar la capacidad sería complicado. Europa, al menos, «no puede asumir» un reto de semejante magnitud, sostiene Zhang. «Tendrían que pagar un precio muy alto».
