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Las claves electorales de Israel: resultado muy ajustado y un voto árabe decisivo pero rechazado

Este martes es una fecha marcada en rojo en el calendario israelí. Cuatro años después de los comicios de 2022, el escenario geopolítico es completamente distinto. Primero vino el 7 de octubre de 2023, la mayor matanza de judíos en un mismo día desde … el Holocausto, después llegó la guerra de Gaza, muy cuestionada a nivel internacional y, más recientemente, el conflicto abierto con Irán o los constantes bombardeos contra el sur del Líbano.
Israel, lugar donde convergen tantas culturas y tan diferentes, encara unas elecciones marcadas por la alta polarización social y unos resultados que se prevén ajustadísimos hasta el último momento. El partido Likud del actual primer ministro Benjamin Netanyahu y la formación Yashar, liderada por Gadi Eisenkot buscarán posibles coaliciones para alcanzar los 61 escaños y presidir el Parlamento (Knesset). Esta vez, el voto de los árabes israelíes será decisivo para inclinar la balanza hacia uno u otro lado, pero no de sus partidos porque han sido rechazados por ambos candidatos.

Benjamin Netanyahu apuesta por una línea continuista con el apoyo de partidos nacionalistas y ultrarreligiosos. Según los sondeos, dicha coalición rondaría los 49 y 52 escaños, una cifra insuficiente para hacerse con el control del Parlamento. La oposición, representada también por partidos judíos de derecha más moderada y por Demócratas, de centro-izquierda, conseguirían entre 53 y 56 asientos, un resultado igualmente insuficiente para acceder al poder.

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Natalia Loizaga

Los espacios restantes serán ocupados por las dos formaciones árabes que, en su conjunto, podrían alcanzar 14 escaños que actuarían como llave para conformar Gobierno. Sin embargo, el discurso de Netanyahu es totalmente incompatible con estas formaciones, mientras que el otro aspirante, Gadi Eisenkot, también ha renegado públicamente de acuerdos con esta parte de la población porque tienen «valores diferentes».
A las elecciones del 27 de octubre se presentan 73 partidos, aunque las estimaciones apuntan a que sólo 13 o 14 de ellos conseguirán representación parlamentaria. Es aquí donde entra en juego el famoso margen del 3,25%, pues toda formación que quiera ocupar algún escaño debe superar, al menos, este umbral. De lo contrario, sus votos serán desestimados y los asientos en la Knesset se repartirán de manera proporcional entre los que sí han alcanzado dicho porcentaje. Esta condición pasará factura a los partidos del ala más dura, pues se trata de un bloque más fragmentado en el que muchos ni siquiera conseguirán el 3,25% de papeletas.
La formación Pueblo de Israel, de una ideología muy pronunciada a la derecha –es potencial aliado de Netanyahu– y Los Reservistas, dentro del espectro conservador, serán dos de los partidos que, en busca de representación, estarán pendientes del recuento electoral hasta el último segundo. En este sentido, el exembajador israelí Jacob Keidar explica a ABC que «una formación pequeña puede ganar una influencia desmedida si el margen del bloque es muy ajustado», y advierte de que, si la distancia es mínima, «podrían producirse nuevas elecciones a corto plazo».

«Si la diferencia entre ambos bloques es mínima, podrían producirse nuevas elecciones a corto plazo»

Jacob Keidar
Exembajador de Israel

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A todo esto hay que sumar otro factor clave: en estas elecciones votarán 600.000 jóvenes por primera vez, un sector de la población que tiende de forma muy mayoritaria hacia el centroderecha o, incluso, hacia la derecha más radical, lo que podría dar escaños clave a varios partidos. Además, el sistema electoral no permite el voto por correo, por lo que cualquier ciudadano israelí en el extranjero –se estima que hay 630.000– que quiera participar en los comicios tendrá que viajar para depositar la papeleta en la urna.
Joshua Krasna, experto en estudios estratégicos, Inteligencia y política internacional, explica además que muchas de las promesas que los partidos hacen en campaña se verán modificadas cuando llegue la hora de negociar con otras formaciones para alcanzar una mayoría de coalición. «No hay que dar por definitivas las promesas electorales. Una vez acabada la jornada, muchos se verán abocados a pactar y establecer alianzas que ahora descartan públicamente», señala.

Irán, en el punto de mira

Desde el 7 de octubre de 2023, Israel ha tenido como prioridad defender sus fronteras y neutralizar cualquier amenaza en la región. Eliminaron al jefe de Hamás, Yahya Sinwar, con un dron explosivo en Gaza y en febrero de este año el líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Jameneí, fue asesinado mientras se reunía con otros altos cargos del régimen en su búnker de Teherán. El objetivo de la ‘Operación Furia Épica’ comandada junto a EE.UU. era descabezar el régimen teocrático y su programa nuclear, un objetivo que les ha llevado varios meses de enfrentamientos directos y que desde Tel Aviv todavía consideran inacabado. Para Israel, rematar este aspecto seguirá siendo una prioridad independientemente de quien gane las elecciones. «En materia de seguridad nacional no existen divergencias insalvables entre los principales partidos», destaca Krasna.

«En materia de seguridad nacional no existen divergencias insalvables entre los principales partidos»

Joshua Krasna
Experto en estudios estratégicos, Inteligencia y política internacional

Antes que concentrar los esfuerzos en Gaza y el Líbano, la premisa absoluta para cualquier aspirante es Irán. «Existe un consenso generalizado de que la amenaza iraní debe abordarse con determinación», indica. Asimismo, Joshua Krasna cree que el dirigente electo sacará el máximo rédito posible a los dos años restantes de Administración Trump, con quien hay una excelente colaboración, de tal modo que sea más sencillo aplacar cualquier amenaza. «La cuestión clave es la relación con Estados Unidos y el tablero regional», insiste.
La influencia de la Casa Blanca en la política israelí es tan importante que una de las aptitudes mejor valoradas entre los candidatos a primer ministro es que sepan hablar fluidamente inglés. Tal y como asegura este experto en política internacional y Oriente Próximo, influye notablemente la capacidad de un líder para comunicarse con soltura «ante el público y los mandatarios estadounidenses». «La campaña del Likud explota las limitaciones que sus rivales tienen con el inglés para cuestionar así su desempeño internacional», explica.
Otro de los propósitos de Israel es reconstruir lazos con algunos países después de que la guerra en Gaza haya mermado su reputación a nivel internacional, pues son muchos los estados que han establecido algún tipo de boicot al Gobierno de Benjamin Netanyahu. En este sentido, Joshua Krasna explica que, por ejemplo, el panorama iberoamericano actual es propicio para este tipo de vínculos positivos. «Está el caso de Colombia o la estrecha relación con el Gobierno argentino. Además, Israel está diversificando activamente sus alianzas estratégicas en Europa del Este y el Sudeste Asiático», declara.

La guerra de Gaza pasa factura

La economía israelí es una de las áreas más resentidas a partir del 7 de octubre de 2023. El próximo primer ministro tendrá que enfrentarse a un alto nivel de deuda y un país en el que la producción ha caído pues gran parte de la población en edad de trabajar permanecen alistados en el Ejército. «Principalmente hombres de 23 a 45 años. La gente viaja a sus bases, así que casi no hay trabajadores», cuenta Esteban Klor, catedrático de la Universidad Hebrea de Jerusalén.
En esta línea, indica que el presupuesto para defensa ha pasado del 3% al 12% y, además, cerca de 150.000 palestinos que tenían sus puestos de trabajo en Israel, tienen prohibido entrar al país tras la guerra en Gaza. Klor señala también la trascendencia que la comunidad ultraortodoxa tendrá en estos comicios, pues representan a uno de cada cinco israelíes y, como norma general, votan a las opciones más radicales.

Publicado: octubre 25, 2026, 10:45 pm

La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/claves-electorales-israel-resultado-ajustado-voto-arabe-20261023014602-nt.html

Este martes es una fecha marcada en rojo en el calendario israelí. Cuatro años después de los comicios de 2022, el escenario geopolítico es completamente distinto. Primero vino el 7 de octubre de 2023, la mayor matanza de judíos en un mismo día desde … el Holocausto, después llegó la guerra de Gaza, muy cuestionada a nivel internacional y, más recientemente, el conflicto abierto con Irán o los constantes bombardeos contra el sur del Líbano.

Israel, lugar donde convergen tantas culturas y tan diferentes, encara unas elecciones marcadas por la alta polarización social y unos resultados que se prevén ajustadísimos hasta el último momento. El partido Likud del actual primer ministro Benjamin Netanyahu y la formación Yashar, liderada por Gadi Eisenkot buscarán posibles coaliciones para alcanzar los 61 escaños y presidir el Parlamento (Knesset). Esta vez, el voto de los árabes israelíes será decisivo para inclinar la balanza hacia uno u otro lado, pero no de sus partidos porque han sido rechazados por ambos candidatos.

Benjamin Netanyahu apuesta por una línea continuista con el apoyo de partidos nacionalistas y ultrarreligiosos. Según los sondeos, dicha coalición rondaría los 49 y 52 escaños, una cifra insuficiente para hacerse con el control del Parlamento. La oposición, representada también por partidos judíos de derecha más moderada y por Demócratas, de centro-izquierda, conseguirían entre 53 y 56 asientos, un resultado igualmente insuficiente para acceder al poder.

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  • Natalia Loizaga

Los espacios restantes serán ocupados por las dos formaciones árabes que, en su conjunto, podrían alcanzar 14 escaños que actuarían como llave para conformar Gobierno. Sin embargo, el discurso de Netanyahu es totalmente incompatible con estas formaciones, mientras que el otro aspirante, Gadi Eisenkot, también ha renegado públicamente de acuerdos con esta parte de la población porque tienen «valores diferentes».

A las elecciones del 27 de octubre se presentan 73 partidos, aunque las estimaciones apuntan a que sólo 13 o 14 de ellos conseguirán representación parlamentaria. Es aquí donde entra en juego el famoso margen del 3,25%, pues toda formación que quiera ocupar algún escaño debe superar, al menos, este umbral. De lo contrario, sus votos serán desestimados y los asientos en la Knesset se repartirán de manera proporcional entre los que sí han alcanzado dicho porcentaje. Esta condición pasará factura a los partidos del ala más dura, pues se trata de un bloque más fragmentado en el que muchos ni siquiera conseguirán el 3,25% de papeletas.

La formación Pueblo de Israel, de una ideología muy pronunciada a la derecha –es potencial aliado de Netanyahu– y Los Reservistas, dentro del espectro conservador, serán dos de los partidos que, en busca de representación, estarán pendientes del recuento electoral hasta el último segundo. En este sentido, el exembajador israelí Jacob Keidar explica a ABC que «una formación pequeña puede ganar una influencia desmedida si el margen del bloque es muy ajustado», y advierte de que, si la distancia es mínima, «podrían producirse nuevas elecciones a corto plazo».

«Si la diferencia entre ambos bloques es mínima, podrían producirse nuevas elecciones a corto plazo»

Jacob Keidar

Exembajador de Israel

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A todo esto hay que sumar otro factor clave: en estas elecciones votarán 600.000 jóvenes por primera vez, un sector de la población que tiende de forma muy mayoritaria hacia el centroderecha o, incluso, hacia la derecha más radical, lo que podría dar escaños clave a varios partidos. Además, el sistema electoral no permite el voto por correo, por lo que cualquier ciudadano israelí en el extranjero –se estima que hay 630.000– que quiera participar en los comicios tendrá que viajar para depositar la papeleta en la urna.

Joshua Krasna, experto en estudios estratégicos, Inteligencia y política internacional, explica además que muchas de las promesas que los partidos hacen en campaña se verán modificadas cuando llegue la hora de negociar con otras formaciones para alcanzar una mayoría de coalición. «No hay que dar por definitivas las promesas electorales. Una vez acabada la jornada, muchos se verán abocados a pactar y establecer alianzas que ahora descartan públicamente», señala.

Irán, en el punto de mira

Desde el 7 de octubre de 2023, Israel ha tenido como prioridad defender sus fronteras y neutralizar cualquier amenaza en la región. Eliminaron al jefe de Hamás, Yahya Sinwar, con un dron explosivo en Gaza y en febrero de este año el líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Jameneí, fue asesinado mientras se reunía con otros altos cargos del régimen en su búnker de Teherán. El objetivo de la ‘Operación Furia Épica’ comandada junto a EE.UU. era descabezar el régimen teocrático y su programa nuclear, un objetivo que les ha llevado varios meses de enfrentamientos directos y que desde Tel Aviv todavía consideran inacabado. Para Israel, rematar este aspecto seguirá siendo una prioridad independientemente de quien gane las elecciones. «En materia de seguridad nacional no existen divergencias insalvables entre los principales partidos», destaca Krasna.

«En materia de seguridad nacional no existen divergencias insalvables entre los principales partidos»

Joshua Krasna

Experto en estudios estratégicos, Inteligencia y política internacional

Antes que concentrar los esfuerzos en Gaza y el Líbano, la premisa absoluta para cualquier aspirante es Irán. «Existe un consenso generalizado de que la amenaza iraní debe abordarse con determinación», indica. Asimismo, Joshua Krasna cree que el dirigente electo sacará el máximo rédito posible a los dos años restantes de Administración Trump, con quien hay una excelente colaboración, de tal modo que sea más sencillo aplacar cualquier amenaza. «La cuestión clave es la relación con Estados Unidos y el tablero regional», insiste.

La influencia de la Casa Blanca en la política israelí es tan importante que una de las aptitudes mejor valoradas entre los candidatos a primer ministro es que sepan hablar fluidamente inglés. Tal y como asegura este experto en política internacional y Oriente Próximo, influye notablemente la capacidad de un líder para comunicarse con soltura «ante el público y los mandatarios estadounidenses». «La campaña del Likud explota las limitaciones que sus rivales tienen con el inglés para cuestionar así su desempeño internacional», explica.

Otro de los propósitos de Israel es reconstruir lazos con algunos países después de que la guerra en Gaza haya mermado su reputación a nivel internacional, pues son muchos los estados que han establecido algún tipo de boicot al Gobierno de Benjamin Netanyahu. En este sentido, Joshua Krasna explica que, por ejemplo, el panorama iberoamericano actual es propicio para este tipo de vínculos positivos. «Está el caso de Colombia o la estrecha relación con el Gobierno argentino. Además, Israel está diversificando activamente sus alianzas estratégicas en Europa del Este y el Sudeste Asiático», declara.

La guerra de Gaza pasa factura

La economía israelí es una de las áreas más resentidas a partir del 7 de octubre de 2023. El próximo primer ministro tendrá que enfrentarse a un alto nivel de deuda y un país en el que la producción ha caído pues gran parte de la población en edad de trabajar permanecen alistados en el Ejército. «Principalmente hombres de 23 a 45 años. La gente viaja a sus bases, así que casi no hay trabajadores», cuenta Esteban Klor, catedrático de la Universidad Hebrea de Jerusalén.

En esta línea, indica que el presupuesto para defensa ha pasado del 3% al 12% y, además, cerca de 150.000 palestinos que tenían sus puestos de trabajo en Israel, tienen prohibido entrar al país tras la guerra en Gaza. Klor señala también la trascendencia que la comunidad ultraortodoxa tendrá en estos comicios, pues representan a uno de cada cinco israelíes y, como norma general, votan a las opciones más radicales.

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