Publicado: octubre 23, 2026, 8:45 pm
La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/nicolas-baverez-espana-francia-ofrecera-senal-decisiva-20261024020827-nt.html
Es uno de los pensadores liberales más importantes de Europa. En 2003 escribió ‘La France qui tombe’ (‘Francia en declive’), un ensayo que sacudió el debate intelectual galo al advertir sobre el estancamiento económico, el inmovilismo político y la crisis del modelo republicano. Historiador, … economista y abogado, formado en la Escuela Normal Superior y en la Escuela Nacional de Administración (ENA), Baverez es estudioso del pensamiento de Raymond Aron y Alexis de Tocqueville. Editorialista de ‘Le Figaro’ y ‘Le Point’, vinculado a la revista ‘Commentaire’ y al Instituto Montaigne, ha dedicado buena parte de su obra a examinar las amenazas contra las democracias liberales. Entre sus libros destacan ‘El mundo según Tocqueville’, ‘Democracias contra imperios autoritarios’ y ‘Reacción’. Hoy conversa con ABC sobre la crisis francesa, el legado de Emmanuel Macron y el avance de los extremismos en Europa.
—En 2003, usted anunciaba en ‘La France qui tombe’ (‘Francia en declive’) una profunda decadencia del país. 23 años después, cuando observa la Francia actual, ¿qué es lo que más le llama la atención? ¿Había imaginado que la situación podría evolucionar de esta manera?
—Demóstenes afirmaba que «es propio de un buen ciudadano preferir las palabras que salvan a las palabras que agradan». Con ese espíritu escribí ‘Francia en declive’, hace casi un cuarto de siglo. No para regocijarme ante un declive anunciado, sino para alertar a los franceses y llamar a la movilización para reformar el país. No anticipé una crisis equivalente a la de 1929, como ocurrió en 2008, ni la pandemia de Covid, ni el retorno de la guerra al corazón de Europa. Sin embargo, las grandes líneas de mi razonamiento han resultado tristemente acertadas. La globalización ha llegado a su fin, sustituida por una nueva era de imperios en la que la fuerza prevalece sobre el derecho. Europa se encuentra vulnerable y desarmada, atrapada entre la América de Trump, la Rusia de Putin, la China de Xi y la Turquía de Erdogan. Francia ha pasado del lento declive a la quiebra. Quiebra demográfica, económica, social, financiera, educativa y de la seguridad, con la generalización de la violencia extrema, como demostró la guerrilla urbana del 17 de octubre. La clase política francesa se ha encerrado en la negación. Francia ha desaprovechado las oportunidades de reformarse y ha sostenido un Estado obeso e impotente, que absorbe el 57,2% del PIB mientras fracasa en garantizar los servicios básicos. Las instituciones de la V República están paralizadas desde la disolución parlamentaria de 2024. Francia ha perdido el control de su destino y hoy se encuentra en manos de los mercados financieros y de sus socios europeos.
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Enric Bonet
—Su diagnóstico señalaba el inmovilismo político, las fracturas sociales y el debilitamiento del modelo republicano. ¿Cuál ha sido el principal fracaso de Francia durante estas dos décadas? ¿Cuándo se convirtió el declive en una crisis nacional?
—El principal fracaso de Francia es democrático. Nuestro país nunca ha sido capaz de reconocer sus dificultades, debatirlas y movilizarse para encontrar soluciones. Los dirigentes franceses han encerrado a los ciudadanos en la mentira. La mentira de un discurso de potencia sin disponer de sus medios. La mentira de la supuesta superioridad de un modelo que acumula estancamiento, desindustrialización, empobrecimiento y quiebra financiera. La mentira sobre la sostenibilidad de un sistema de pensiones que se reduce a un esquema Ponzi. La mentira de una educación y una sanidad gratuitas para todos, cuando los títulos académicos devaluados no permiten encontrar empleo y la atención sanitaria retrocede. Los franceses han sido engañados y traicionados por sus dirigentes y sus élites. Las presidencias de Emmanuel Macron han transformado el declive en una caída libre y en una crisis existencial.
«Francia ha perdido el control de su destino y hoy se encuentra en manos de los mercados financieros y de sus socios europeos»
—¿La crisis francesa es únicamente política y económica o refleja un agotamiento más profundo de la sociedad y de su cultura? ¿Cómo interpreta la fragmentación del país y el cuestionamiento de la herencia republicana?
—La crisis no es solo económica, social y política: también es intelectual y moral. Francia y los franceses ya no saben quiénes son ni hacia dónde se dirigen. Están maduros para la experiencia populista y autoritaria que hasta ahora han conseguido evitar. La extrema derecha solo ha llegado al poder en Francia como consecuencia de golpes de Estado, como el de Luis Napoleón Bonaparte en 1851, o de una derrota militar, como la de junio de 1940 frente a la Alemania nazi. Los tres pilares de la democracia francesa (el Estado, la Constitución y la República) están desestabilizados. El Estado ya no es un garante frente a los riesgos, sino un multiplicador de estos, debido a su quiebra financiera, su ineficacia y la pérdida del monopolio de la violencia legítima. La V República ya no funciona: Emmanuel Macron ha dejado de ser un líder y tampoco dispone ya de un Estado. El Parlamento se ha reducido a una pelea permanente. Los valores republicanos (libertad, igualdad y fraternidad) son fórmulas vacías en las que ya nadie cree. Los franceses deberán tomar dos grandes decisiones en 2027: permanecer fieles a la República o ceder a la tentación autoritaria; modernizar Francia por sí mismos o ponerse en manos de la troika formada por el FMI, la Unión Europea y el Banco Central Europeo.
«Francia ha desaprovechado las oportunidades de reformarse y ha sostenido un Estado obeso e impotente, que absorbe el 57,2% del PIB mientras fracasa en garantizar los servicios básicos»
—Ante las presidenciales de 2027, Francia parece profundamente dividida y las fuerzas tradicionales están debilitadas. ¿Qué responsabilidad tiene Emmanuel Macron? ¿Sigue siendo posible la reacción que usted reclama?
—La responsabilidad de Emmanuel Macron es primordial, pero ya pertenece al pasado: ha perdido toda credibilidad en Francia, Europa y el mundo. La única cuestión que importa es elegir entre la reacción y la quiebra, que tendría efectos devastadores sobre la Unión Europea y el euro. El naufragio de Francia no es inevitable. No se debe ni a la globalización ni a Europa, sino a nuestros errores y a nuestra sumisión a la demagogia. Hay tres razones para creer en la recuperación. Primero, nuestra historia: en 1958, bajo la autoridad del general De Gaulle, bastaron dos años para transformar al enfermo de Europa y dar paso a una década de progreso económico y social. Segundo, Francia conserva extraordinarias fortalezas: talento, universidades, ahorro, un sistema financiero de excelencia, energía descarbonizada, infraestructuras, empresas del CAC 40, Fuerzas Armadas con experiencia de combate, cultura y patrimonio. Por último, Francia puede contar con los franceses, como demuestran los expatriados, las empresas internacionalizadas, los éxitos deportivos y artísticos, la restauración de Notre-Dame o los Juegos Olímpicos de París. Hay que comprender una realidad: hoy el Estado ya no es la solución, sino el problema; y los franceses no son el problema, sino la solución.
«Los dirigentes franceses han encerrado a los ciudadanos en la mentira de un discurso de potencia sin disponer de sus medios»
—Usted presentó a Francia como el eslabón débil de Europa. ¿Su declive constituye una excepción francesa o anticipa una crisis general de las democracias europeas? ¿Anuncia lo que les espera a España e Italia?
—El hundimiento de Francia se inscribe en la crisis de la democracia más peligrosa desde los años treinta. Las naciones libres están atrapadas entre su corrupción interna y las amenazas exteriores. Su símbolo es la América de Donald Trump, transformada en una democracia iliberal que se alinea con los imperios autoritarios. Francia sigue siendo un caso patológico por la antigüedad de su declive, desde comienzos de los años ochenta, y su desconexión del siglo XXI. Es un contraejemplo para el mundo desarrollado y un riesgo considerable para la Unión y el euro. Si algún país puede anticipar la evolución del continente, es la Italia de Giorgia Meloni, cuya estrategia de unión de las derechas avanza en el Parlamento Europeo. España, antes que Francia, ofrecerá una señal decisiva sobre el ciclo electoral europeo.
«La única cuestión que importa es elegir entre la reacción y la quiebra, que tendría efectos devastadores sobre la Unión Europea y el euro»
—¿Identifica una amenaza próxima?
—Tras la decisión de Pedro Sánchez de convocar elecciones anticipadas para el 29 de noviembre, cuatro de los cinco países más poblados de la Unión (España, Francia, Polonia e Italia) celebrarán elecciones importantes antes de finales de 2027. Se sumarán Bulgaria, Grecia, Eslovaquia y Eslovenia, y quizá Alemania si se confirma el avance de AfD. Por primera vez desde los años treinta, la extrema derecha puede llegar al poder o ejercerlo desde una posición de fuerza en numerosos países. Y, por primera vez desde los años cincuenta, la Unión no se enfrenta a alternancias entre partidos que comparten sus valores, sino a una estrategia de unión de las derechas que no pretende abandonar la Unión, sino controlarla y transformar su naturaleza. En esta nueva era de imperios se enfrentan dos proyectos. El de Mario Draghi propone transformar la Unión en una potencia, reformando sus instituciones y políticas para preservar la libertad, el Estado de derecho y la democracia. El otro, basado en la unión de las derechas, pretende acabar con su dimensión federal, reducir las políticas comunes, restablecer fronteras, interrumpir el apoyo a Ucrania y acercarse a Rusia. Con demasiada frecuencia se habla de elecciones decisivas sin justificación. Esta vez, en España y Francia, realmente lo son. Los ciudadanos determinarán el destino de sus países y, en buena medida, el de Europa, cuando la supervivencia de la libertad política corre un grave peligro. Y serán los españoles quienes inauguren este ciclo electoral de enorme trascendencia y altísimo riesgo.
