Los ovarios no se jubilan con la menopausia: décadas después, siguen activos (e inflamados) - Colombia
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Los ovarios no se jubilan con la menopausia: décadas después, siguen activos (e inflamados)

El ovario ha sido considerado durante décadas un vestigio biológico destinado a quedar en silencio una vez que cesa la producción de óvulos y estrógenos. Sin embargo, una investigación que publica la revista ‘Aging Cell’ acaba de desmontar esta creencia al demostrar … que el ovario posmenopáusico permanece dinámico y sufre una remodelación continua a lo largo de los años. El trabajo, liderado por científicos de la Universidad Northwestern (Estados Unidos), ha detectado que este órgano acumula progresivamente marcadores de inflamación, senescencia celular y alteraciones estructurales en sus tejidos conforme la mujer envejece.
El hallazgo plantea un cambio de paradigma en la salud femenina, al sugerir que la actividad biológica del ovario tras la menopausia podría enviar señales al resto del organismo e influir de forma directa en el envejecimiento sistémico y en el riesgo de padecer patologías crónicas.

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Rafael Ibarra

Francesca Duncan, profesora de ciencia reproductiva en la Escuela de Medicina de la Universidad Northwestern y codirectora del proyecto, explica la trascendencia de este giro conceptual: «Al alcanzar el punto de no retorno en cuanto a fertilidad, la mayoría de la gente asume que los ovarios simplemente se quedan ahí sin hacer nada. Sin embargo, nuestro estudio demuestra que no es un espectador inerte; la biología que observamos a través de distintas décadas muestra que está sucediendo algo verdaderamente relevante».

La firma proteica de la vejez

Para desentrañar qué ocurre exactamente en el interior del tejido ovárico maduro, los investigadores analizaron más de 5.800 grupos de proteínas en muestras de ovarios sanos procedentes de 28 mujeres de entre 50 y 75 años. Obtener tejido ovárico humano sano en esta franja de edad resulta extremadamente complejo, lo que convierte este lote en una colección científica de extraordinario valor.

«La mayoría de la gente asume que, tras la etapa fértil, los ovarios se quedan ahí sin hacer nada»

Francesca Duncan
Universidad Northwestern

Los resultados revelaron que el perfil biológico del ovario varía sustancialmente con el paso del tiempo: mientras que los ovarios de mujeres en la década de los 50 conservan niveles más altos de proteínas dedicadas al mantenimiento celular y la arquitectura tisular, las muestras procedentes de mujeres de 70 años o más presentan un claro predominio de moléculas vinculadas a la inflamación crónica, la respuesta inmune y la degradación del soporte extracelular.
Esta alteración en la composición proteica refleja un proceso en el que el tejido pierde progresivamente su identidad original y adquiere rasgos propios de la senescencia celular, un estado en el que las células viejas dejan de dividirse pero permanecen metabólicamente activas, liberando sustancias que alteran el entorno circundante. Birgit Schilling, profesora del Instituto Buck para el Envejecimiento y coautora del trabajo, destaca la naturaleza cambiante del órgano: «A lo largo de las décadas se aprecian diferencias bastante drásticas en los niveles de ciertas proteínas, algunas aumentando y otras reduciéndose drásticamente. El ovario influye en cómo envejecemos porque se comunica con otros órganos como el cerebro o los huesos; la osteoporosis o el deterioro óseo posmenopáusico podrían guardar relación con estos cambios».

El eslabón perdido del tumor ovárico

Más allá de la inflamación, la investigación ha identificado una inquietante coincidencia molecular entre el envejecimiento normal del ovario y el desarrollo del cáncer de ovario. Trabajos previas del equipo de Duncan ya habían demostrado que, con la edad, el ovario experimenta un proceso de fibrosamiento y rigidez progresiva similar al de una cicatrización. Dado que las células tumorales proliferan con mayor facilidad en entornos rígidos y ricos en colágeno, los científicos buscaron si existía un vínculo a nivel molecular. El análisis confirmó que, a pesar de que todas las muestras analizadas estaban completamente libres de enfermedad, las proteínas asociadas habitualmente al cáncer ovárico mostraban una mayor abundancia en las mujeres de mayor edad, con una señal especialmente intensa a partir de los 60 años.
Este hallazgo no implica que el ovario posmenopáusico sea pretumoral por definición, pero sugiere que el envejecimiento fisiológico del tejido crea un ecosistema idóneo para que eventuales células anómalas prosperen. «No significa que todas las mujeres posmenopáusicas vayan a desarrollar la enfermedad, pero sabemos que ese entorno inflamatorio y fibrótico es precisamente el que prefieren las células cancerosas para anidar», señala Duncan. «El envejecimiento ovárico podría actuar como un ‘tercer impacto’ en la aparición del cáncer, sumándose a la predisposición genética y a los factores ambientales. La gran pregunta ahora es si podemos intervenir terapéuticamente en este tejido para reducir el riesgo oncogénico o identificar nuevos biomarcadores tempranos».

¿Un indicador prematuro de salud femenina?

La constatación de que el ovario continúa transformándose décadas después de que se extinga la reproducción plantea nuevos interrogantes médicos y éticos sobre la gestión de la salud en la madurez. Puesto que la esperanza de vida permite a las mujeres vivir hoy varias décadas tras la menopausia, comprender el papel real de este órgano se ha vuelto prioritario. La investigación abren un debate sobre si el ovario actúa como un «canario en la mina de carbón» cuyo deterioro acelera el declive general de la salud o si, por el contrario, estas modificaciones forman parte de una respuesta adaptativa inofensiva.

Los datos actuales no justifican en absoluto la extirpación preventiva de ovarios sanos en la posmenopausia

Los autores enfatizan que los datos actuales no justifican en absoluto la extirpación preventiva de ovarios sanos durante la posmenopausia, una práctica quirúrgica que ha sido objeto de debate médico en los últimos años. Sin embargo, sí obligan a replantearse la biología de la menopausia más allá del déficit hormonal. Como concluye la doctora Duncan, el reto inmediato es determinar si existe un punto de inflexión en la vida de la mujer en el que este órgano deja de aportar beneficios para convertirse en un factor de riesgo, abriendo la puerta a futuras terapias orientadas no a silenciar el ovario, sino a modular su envejecimiento de forma segura.

Publicado: octubre 14, 2026, 6:15 am

Fuente de la noticia : https://www.abc.es/salud/ovarios-jubilan-menopausia-decadas-despues-siguen-activos-20261014070027-nt.html

El ovario ha sido considerado durante décadas un vestigio biológico destinado a quedar en silencio una vez que cesa la producción de óvulos y estrógenos. Sin embargo, una investigación que publica la revista ‘Aging Cell’ acaba de desmontar esta creencia al demostrar … que el ovario posmenopáusico permanece dinámico y sufre una remodelación continua a lo largo de los años. El trabajo, liderado por científicos de la Universidad Northwestern (Estados Unidos), ha detectado que este órgano acumula progresivamente marcadores de inflamación, senescencia celular y alteraciones estructurales en sus tejidos conforme la mujer envejece.

El hallazgo plantea un cambio de paradigma en la salud femenina, al sugerir que la actividad biológica del ovario tras la menopausia podría enviar señales al resto del organismo e influir de forma directa en el envejecimiento sistémico y en el riesgo de padecer patologías crónicas.

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  • Rafael Ibarra

Francesca Duncan, profesora de ciencia reproductiva en la Escuela de Medicina de la Universidad Northwestern y codirectora del proyecto, explica la trascendencia de este giro conceptual: «Al alcanzar el punto de no retorno en cuanto a fertilidad, la mayoría de la gente asume que los ovarios simplemente se quedan ahí sin hacer nada. Sin embargo, nuestro estudio demuestra que no es un espectador inerte; la biología que observamos a través de distintas décadas muestra que está sucediendo algo verdaderamente relevante».

La firma proteica de la vejez

Para desentrañar qué ocurre exactamente en el interior del tejido ovárico maduro, los investigadores analizaron más de 5.800 grupos de proteínas en muestras de ovarios sanos procedentes de 28 mujeres de entre 50 y 75 años. Obtener tejido ovárico humano sano en esta franja de edad resulta extremadamente complejo, lo que convierte este lote en una colección científica de extraordinario valor.

«La mayoría de la gente asume que, tras la etapa fértil, los ovarios se quedan ahí sin hacer nada»

Francesca Duncan

Universidad Northwestern

Los resultados revelaron que el perfil biológico del ovario varía sustancialmente con el paso del tiempo: mientras que los ovarios de mujeres en la década de los 50 conservan niveles más altos de proteínas dedicadas al mantenimiento celular y la arquitectura tisular, las muestras procedentes de mujeres de 70 años o más presentan un claro predominio de moléculas vinculadas a la inflamación crónica, la respuesta inmune y la degradación del soporte extracelular.

Esta alteración en la composición proteica refleja un proceso en el que el tejido pierde progresivamente su identidad original y adquiere rasgos propios de la senescencia celular, un estado en el que las células viejas dejan de dividirse pero permanecen metabólicamente activas, liberando sustancias que alteran el entorno circundante. Birgit Schilling, profesora del Instituto Buck para el Envejecimiento y coautora del trabajo, destaca la naturaleza cambiante del órgano: «A lo largo de las décadas se aprecian diferencias bastante drásticas en los niveles de ciertas proteínas, algunas aumentando y otras reduciéndose drásticamente. El ovario influye en cómo envejecemos porque se comunica con otros órganos como el cerebro o los huesos; la osteoporosis o el deterioro óseo posmenopáusico podrían guardar relación con estos cambios».

El eslabón perdido del tumor ovárico

Más allá de la inflamación, la investigación ha identificado una inquietante coincidencia molecular entre el envejecimiento normal del ovario y el desarrollo del cáncer de ovario. Trabajos previas del equipo de Duncan ya habían demostrado que, con la edad, el ovario experimenta un proceso de fibrosamiento y rigidez progresiva similar al de una cicatrización. Dado que las células tumorales proliferan con mayor facilidad en entornos rígidos y ricos en colágeno, los científicos buscaron si existía un vínculo a nivel molecular. El análisis confirmó que, a pesar de que todas las muestras analizadas estaban completamente libres de enfermedad, las proteínas asociadas habitualmente al cáncer ovárico mostraban una mayor abundancia en las mujeres de mayor edad, con una señal especialmente intensa a partir de los 60 años.

Este hallazgo no implica que el ovario posmenopáusico sea pretumoral por definición, pero sugiere que el envejecimiento fisiológico del tejido crea un ecosistema idóneo para que eventuales células anómalas prosperen. «No significa que todas las mujeres posmenopáusicas vayan a desarrollar la enfermedad, pero sabemos que ese entorno inflamatorio y fibrótico es precisamente el que prefieren las células cancerosas para anidar», señala Duncan. «El envejecimiento ovárico podría actuar como un ‘tercer impacto’ en la aparición del cáncer, sumándose a la predisposición genética y a los factores ambientales. La gran pregunta ahora es si podemos intervenir terapéuticamente en este tejido para reducir el riesgo oncogénico o identificar nuevos biomarcadores tempranos».

¿Un indicador prematuro de salud femenina?

La constatación de que el ovario continúa transformándose décadas después de que se extinga la reproducción plantea nuevos interrogantes médicos y éticos sobre la gestión de la salud en la madurez. Puesto que la esperanza de vida permite a las mujeres vivir hoy varias décadas tras la menopausia, comprender el papel real de este órgano se ha vuelto prioritario. La investigación abren un debate sobre si el ovario actúa como un «canario en la mina de carbón» cuyo deterioro acelera el declive general de la salud o si, por el contrario, estas modificaciones forman parte de una respuesta adaptativa inofensiva.

Los datos actuales no justifican en absoluto la extirpación preventiva de ovarios sanos en la posmenopausia

Los autores enfatizan que los datos actuales no justifican en absoluto la extirpación preventiva de ovarios sanos durante la posmenopausia, una práctica quirúrgica que ha sido objeto de debate médico en los últimos años. Sin embargo, sí obligan a replantearse la biología de la menopausia más allá del déficit hormonal. Como concluye la doctora Duncan, el reto inmediato es determinar si existe un punto de inflexión en la vida de la mujer en el que este órgano deja de aportar beneficios para convertirse en un factor de riesgo, abriendo la puerta a futuras terapias orientadas no a silenciar el ovario, sino a modular su envejecimiento de forma segura.

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