Publicado: octubre 10, 2026, 10:15 pm
Fuente de la noticia : https://www.abc.es/salud/johnson-johnson-organizacion-criminal-disfrazada-empresa-modelica-20261011000135-nt.html
Para entender la historia reciente de Estados Unidos y, por extensión, la del mundo contemporáneo, bastaría con analizar el producto más vendido de Johnson & Johnson en cada década: desde los polvos de talco para la generación del «baby boom», pasando por el analgésico Tylenol ( … paracetamol), los primeros antipsicóticos o el fentanilo, que desde hace años está siempre de trágica actualidad.
Pero esa evolución comercial es, al mismo tiempo, el relato de cómo una multinacional ha gestionado sucesivos escándalos corporativos. En su explosivo libro ‘No llores más: Los oscuros secretos de Johnson & Johnson’ (Capitán Swing, 2026), Gardiner Harris —que cubrió la industria farmacéutica para ‘The New York Times’ o ‘The Wall Street Journal’— desentraña una trama de negligencia, «marketing» ilegal y corrupción que, según sus estimaciones, ha costado la vida a más de dos millones de personas solo en Estados Unidos, con ramificaciones trágicas que también alcanzaron a España.
En entrevista a ABC, Harris desmenuza los entresijos de una investigación que le ha costado amenazas, bloqueos editoriales en varios países y un exhaustivo escrutinio legal que redujo a la mitad el manuscrito original. No obstante, en las más de 500 páginas resultantes, sostiene que el gigante sanitario operó durante gran parte de su historia moderna con prácticas propias del crimen organizado, respaldado por un ejército de abogados y una Agencia del Medicamento (FDA) progresivamente colonizada por los intereses de la industria a la que debía vigilar.
— Desde los años 50, Johnson & Johnson ha contado cada década con un producto superventas elevado a icono cultural, del polvo de talco al paracetamol o el fentanilo. Pero su libro también relata cómo cada producto conllevó un escándalo y, en cierta medida, sirvió de aprendizaje para tapar el siguiente.
— Es una historia de la sanidad estadounidense, que, como sabe, es a la vez la mejor del mundo y la peor. Hay enormes contradicciones, servidores públicos maravillosos, pero también una cantidad ingente de corrupción. Y esa corrupción surge fundamentalmente de que, en Estados Unidos, Johnson & Johnson puede pagar a los médicos para que actúen como comerciales a tiempo parcial. Eso subyace en la corrupción de todas estas historias: la de los opioides, la del antipsicótico Risperdal… los opioides nunca habrían llegado a ser tan graves si a las grandes farmacéuticas se les hubiera prohibido pagar a los médicos.
«La sanidad estadounidense es a la vez la mejor del mundo y la peor»
El poder corruptor del dinero es notable, porque muchos de estos médicos se engañan a sí mismos pensando que hacen lo correcto mientras aceptan dinero extra, justificando que prescribirían esos fármacos de todos modos y que el dinero es insignificante. Y eso es falso.
— Pero cuando hablamos de un gigante global, esas historias dejan de ser sólo estadounidenses, ¿no?
— Desgraciadamente, esa corrupción se extiende a lugares como España. Pensemos en la historia de la eritropoyetina (EPO) y el cáncer: la empresa ocultó lo que sabía sobre la EPO durante más de una década, mientras oncólogos en España la utilizaban en pacientes con cáncer. Se dejaron engañar porque una compañía mintió, y los investigadores que sabían la verdad guardaron silencio porque había contratos de confidencialidad, querían conservar el dinero o temían que el ensayo que mostraba que la EPO mataba pacientes fuera una anomalía. Fue un crimen que costó al menos 500.000 vidas allí, y con toda seguridad varios miles en España.
— En el libro, usted da el cálculo de que las negligencias de J&J le habrían costado la vida a cientos de miles de personas. ¿Pero no habría que descontar las vidas que sus productos han salvado?
— Estimo que mataron aproximadamente a dos millones de estadounidenses con solo tres productos, sin contar los implantes de cadera metal-metal y las mallas vaginales. Alex Gorsky es el hombre de Johnson & Johnson que estuvo detrás de muchos de estos crímenes: lideró el equipo de Risperdal, estuvo al frente de los opioides y de las prótesis de cadera. Gorsky es claramente responsable de más muertes y lesiones que casi cualquier persona viva, y creo que eso probablemente incluye a Vladímir Putin, porque no creo que haya dos millones de muertos en la guerra de Ucrania ni nada que se le parezca.
«Hubo un momento en 2003 en que seis de sus siete fármacos más vendidos estaban involucrados en actividades delictivas»
Sí, tienen algunos productos que salvan vidas, ¡pero ese es su trabajo, a eso se dedican! No se puede equilibrar ambas cosas. Hubo un momento en 2003 en que seis de sus siete fármacos más vendidos estaban involucrados en actividades delictivas. Podría argumentarse que las familias mafiosas obtienen un porcentaje mayor de sus ingresos de actividades legales del que obtenía Johnson & Johnson en aquella época. Ha sido, para mí, una organización criminal durante gran parte de su historia, y no hay razón para creer que ahora sea mejor que entonces.
— Lleva cubriendo a la gran industria farmacéutica desde hace mucho tiempo y muchas de estas prácticas se han repetido en otras grandes empresas. ¿Qué le hizo centrarse específicamente en Johnson & Johnson y no en Merck, Pfizer o cualquiera de sus competidoras?
— Hubo un par de razones. La primera es que, con diferencia, tienen la mejor reputación de la industria. Existen todas estas encuestas sobre las marcas más admiradas; en los años ochenta, Merck y Pfizer estaban entre las más respetadas del mundo, pero a medida que los precios subieron y se empezó a escribir sobre los problemas de Big Pharma, su popularidad decayó notablemente. En cambio, Johnson & Johnson siempre se mantuvo en la cúspide. No hay otra empresa en la Tierra donde exista un contraste mayor entre su reputación y su comportamiento. Esa hipocresía es lo que más nos enciende a los periodistas: que alguien presuma de ser intachable cuando en realidad es detestable. Es sencillamente una mentira. Además, cubriendo toda la industria, sentía que Johnson & Johnson era, con diferencia, la peor de todas.
— ¿Por qué?
— Cuando comencé a cubrir el sector en los años noventa, la gran historia era el sida en África. Investigadores estadounidenses, financiados por los Institutos Nacionales de Salud (NIH) habían descubierto los antirretrovirales y el sida pasó de ser una enfermedad mortal a una crónica. Pero en África no podían permitirse esos cócteles, que costaban 60.000 dólares al año. Las grandes empresas debían permitir a los fabricantes de genéricos indios copiar sus medicinas y venderlas exclusivamente en África por un dólar al día para salvar el continente. Tras una enorme presión internacional, con conciertos de rock y apoyo de la ONU, todos los fabricantes aceptaron ceder sus patentes… excepto uno: Johnson & Johnson. No podía creerlo, supuestamente una de las empresas más éticas del mundo, y aquello extrañamente pasó desapercibido. Todos estos factores convergieron para que decidiera escribir este libro.
— ¿Tuvo problemas para publicarlo? ¿Fue rechazado por otras editoriales o sufrieron restricciones editoriales?
— Random House fue muy valiente, aunque pasamos por una revisión legal exhaustiva y muchas cosas terminaron siendo eliminadas. El manuscrito original era el doble de largo e incluía más productos, y admito que aquello iba demasiado lejos. Una de las razones por las que me emociona tanto que el libro se publique en España es precisamente que no ha podido ver la luz en gran parte del resto del mundo debido a temores legales. En Gran Bretaña no se publicó porque el editor decidió que las leyes de difamación eran demasiado estrictas y corríamos el riesgo de ser demandados; tampoco se lanzó en Australia y otros países donde los «bestsellers» estadounidenses se publican de forma automática.
«En Gran Bretaña no se publicó porque las leyes de difamación eran demasiado estrictas y corríamos el riesgo de ser demandados»
En Estados Unidos, algunos ‘podcast’ que cubren el sector sanitario me han confesado que sus abogados les prohíben hablar conmigo. Y es lógico: bromeo a menudo diciendo que Johnson & Johnson es en realidad un bufete de abogados con una filial de fármacos y dispositivos, ya que desde 2011 han gastado unos 35.000 millones de dólares en gastos de litigación. Son extremadamente agresivos, demandan directamente a los testigos que declaran en su contra y son los más duros entre los duros.
— Mi última pregunta trata sobre el papel de la FDA. Al leer su libro un se da cuenta de que el prestigio de la agencia no ha sido socavado recientemente por la administración Trump, sino que arrastra una degeneración de décadas. ¿En qué situación se encuentra hoy en comparación con el pasado?
— Ha sido un declive gradual que comenzó realmente en 1992, cuando el Congreso creó un sistema donde la industria farmacéutica aporta la mayor parte de la financiación directamente a la agencia. Hoy en día, los funcionarios de la FDA llaman a la industria «nuestros clientes». Sus prioridades son las prioridades de la industria porque de ellos depende el dinero que paga sus salarios.
Esto es culpa nuestra, del público estadounidense, por haber vendido la FDA a las farmacéuticas. No puedes tener a tus agentes cobrando de los mismos delincuentes a los que deben vigilar.
