¿Por qué sufrimos máxima politización y mínima capacidad de solucionar problemas? - Colombia
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¿Por qué sufrimos máxima politización y mínima capacidad de solucionar problemas?

Un fantasma recorre las democracias occidentales: el fantasma de la llamada hiperpolítica. Toda clase de coyunturas exasperantes encajan en este concepto popularizado por Anton Jäger, un joven profesor de Teoría y Pensamiento Político de la Universidad de Oxford. Desde España a Estados Unidos, desde … Alemania hasta Israel, desde Francia a el Reino Unido con seis primeros ministros en los últimos diez años.
En su pertinente ensayo ‘Hiperpolitics’ (Verso Books, 2026), Jäger argumenta, desde una perspectiva de izquierda, que las democracias están sufriendo la terrible combinación de una máxima politización y una mínima capacidad para solucionar problemas tan reales como dolorosos. Si la tesis del profesor de Oxford más de moda suena demasiado familiar es porque vivimos en una espiral de constantes protestas, indignación viral en redes sociales y guerras culturales. Sin embargo, toda esa sobredosis de activismo muy rara vez se traduce en cambios estructurales.

El actual tsunami de agitación sin poder, según Jäger, es posible porque una buena parte de la infraestructura política y social que ha sustentado nuestras democracias se encuentra en estado ruinoso. Las organizaciones de masas, desde partidos a sindicatos pasando por congregaciones religiosas, han perdido a lo largo del siglo XX una ingente cantidad de seguidores. Al mismo tiempo, la cultura digital no hace más que fomentar un activismo sin institucionalización, basado en pantallas y arrebatos morales momentáneos.

Noticia relacionada

Miriam González

La hiperpolítica es la antítesis de la pospolítica que en los noventa aspiraba a finiquitar la historia superando los grandes debates ideológicos, reemplazando los conflictos por la gestión tecnocrática, el ‘marketing’ electoral y el consenso en torno a la economía de mercado y la democracia liberal. En contraste, en la actual dinámica política todo estalla y nada cambia, importa mucho más la geopolítica que la globalización, y los repentinos movimientos resultantes no conquistan nada. A juicio de Jäger, estos activistas efímeros, desde MAGA hasta la Puerta del Sol, son como cuerpos sin órganos, «concentrados y enérgicos, pero carentes del metabolismo interno» requerido para salir del actual laberinto de incompetencia, corrupción y sectarismo.

Publicado: octubre 5, 2026, 8:45 pm

La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/hiperpolitica-20261005010839-nt.html

Un fantasma recorre las democracias occidentales: el fantasma de la llamada hiperpolítica. Toda clase de coyunturas exasperantes encajan en este concepto popularizado por Anton Jäger, un joven profesor de Teoría y Pensamiento Político de la Universidad de Oxford. Desde España a Estados Unidos, desde … Alemania hasta Israel, desde Francia a el Reino Unido con seis primeros ministros en los últimos diez años.

En su pertinente ensayo ‘Hiperpolitics’ (Verso Books, 2026), Jäger argumenta, desde una perspectiva de izquierda, que las democracias están sufriendo la terrible combinación de una máxima politización y una mínima capacidad para solucionar problemas tan reales como dolorosos. Si la tesis del profesor de Oxford más de moda suena demasiado familiar es porque vivimos en una espiral de constantes protestas, indignación viral en redes sociales y guerras culturales. Sin embargo, toda esa sobredosis de activismo muy rara vez se traduce en cambios estructurales.

El actual tsunami de agitación sin poder, según Jäger, es posible porque una buena parte de la infraestructura política y social que ha sustentado nuestras democracias se encuentra en estado ruinoso. Las organizaciones de masas, desde partidos a sindicatos pasando por congregaciones religiosas, han perdido a lo largo del siglo XX una ingente cantidad de seguidores. Al mismo tiempo, la cultura digital no hace más que fomentar un activismo sin institucionalización, basado en pantallas y arrebatos morales momentáneos.

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La hiperpolítica es la antítesis de la pospolítica que en los noventa aspiraba a finiquitar la historia superando los grandes debates ideológicos, reemplazando los conflictos por la gestión tecnocrática, el ‘marketing’ electoral y el consenso en torno a la economía de mercado y la democracia liberal. En contraste, en la actual dinámica política todo estalla y nada cambia, importa mucho más la geopolítica que la globalización, y los repentinos movimientos resultantes no conquistan nada. A juicio de Jäger, estos activistas efímeros, desde MAGA hasta la Puerta del Sol, son como cuerpos sin órganos, «concentrados y enérgicos, pero carentes del metabolismo interno» requerido para salir del actual laberinto de incompetencia, corrupción y sectarismo.

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