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María Corina Machado lleva la transición venezolana a un punto sin retorno

María Corina Machado no ha renunciado a regresar a Venezuela. Tampoco parece dispuesta a repetir exactamente lo que acaba de hacer. Después de siete intentos frustrados, los tres últimos en menos de 24 horas y con este periódico como testigo directo en Panamá, la … dirigente opositora ha entrado en una fase distinta de su larga operación de retorno. El objetivo sigue siendo el mismo, pero el método está cambiando hacia menos clandestinidad, más presión al régimen y, posiblemente, un regreso público que obligue a todos los actores a retratarse.
ABC ha podido reconstruir durante estos días una operación mucho más compleja de lo que se sabía. Desde junio, Machado ha intentado volver a Venezuela por aire, tierra y mar. Ha estudiado rutas a través de Curazao, Aruba y Bonaire, ha tratado de volar directamente a Caracas y llegó a preparar una travesía marítima desde Panamá. El Gobierno panameño le expidió incluso un pasaporte diplomático especial por razones humanitarias. ABC pudo examinar dicho documento, que debía servirle como salvoconducto internacional ante la ausencia de un pasaporte venezolano vigente. Pero nada de eso funcionó.

El último episodio fue probablemente el más revelador de cómo ha funcionado este bloqueo. La operación tenía nombre en clave, Ítaca, y debía comenzar en la madrugada del 22 de septiembre. Un barco iba a atravesar el canal de Panamá y estaba preparado para una navegación de varios días por el Caribe. La idea era presentar la travesía como un viaje privado y desaparecer después durante días en unas aguas particularmente delicadas por la presencia militar estadounidense y las operaciones recientes contra el narcotráfico.

Noticia relacionada

David Alandete

Machado viajaría con un grupo muy reducido. ABC debía acompañarla hasta Venezuela. Todo estaba preparado, incluidos los trámites migratorios, cuando la empresa propietaria de la embarcación comunicó una avería inesperada. Hubo entonces llamadas, comprobaciones y discusiones. La explicación oficial de la empresa fue siempre la misma, que el barco no podía salir y no había alternativa.
El equipo no quiso esperar. En cuestión de horas se activaron alternativas aéreas para acercar a Machado a las islas neerlandesas frente a las costas venezolanas y completar desde allí el trayecto por mar. Curazao, Aruba y Bonaire llevan meses apareciendo en sus planes porque están a muy pocos kilómetros de Venezuela y permiten evitar una llegada directa a un aeropuerto controlado por las autoridades venezolanas.
Tampoco esas opciones prosperaron. ABC ha revelado que la intervención de las autoridades de Países Bajos fue determinante en varios de esos episodios. Las explicaciones administrativas que se dieron sobre manifiestos de pasajeros, naturaleza comercial o privada de los vuelos y permisos necesarios no explican por sí solas lo ocurrido. Hubo una decisión política de no permitir que las islas neerlandesas se convirtieran en plataforma para el regreso de Machado a Venezuela.

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El primer ministro neerlandés, Rob Jetten, reconoció el viernes que tiene conocimiento de los intentos de Machado de regresar a Venezuela a través de Aruba y Curazao, pero evitó responder directamente si Países Bajos dificultó o impidió esos viajes. Jetten aseguró que planteó la cuestión a la presidenta interina venezolana y admite contactos frecuentes con las islas y con la oposición. Sobre una posible intervención neerlandesa, se limitó a decir: «Estamos en contacto frecuente con la oposición en Venezuela y la apoyamos siempre que sea posible».
 

El laberinto del regreso

La paradoja es considerable. Estados Unidos y Europa sostienen públicamente que Machado debe poder regresar libremente a su propio país. Marco Rubio volvió a definirla esta semana como una mujer «muy valiente» y recordó su larga relación con ella. Washington insiste de nuevo en que no existe un veto estadounidense a su retorno. Pero la experiencia de estos meses demuestra que entre esa posición pública y lo que sucede sobre el terreno existe una distancia abismal.
Machado ya lo había comprobado en junio. El día 26 intentó volar desde Virginia hasta Curazao para continuar desde allí hacia Venezuela. El plan se vino abajo cuando se le denegaron los permisos necesarios de aterrizaje en pleno vuelo. Dos días después, viajó a Panamá e intentó embarcar en un vuelo comercial de Copa hacia Caracas. Tampoco pudo hacerlo. En septiembre volvió a Panamá para intentarlo de nuevo y se encontró con una sucesión de obstáculos distintos que produjeron siempre el mismo resultado.
La cuestión ya no es, por tanto, simplemente cómo entrar en Venezuela. Es quién está dispuesto a asumir la responsabilidad política de que Machado entre y qué consecuencias tendría su presencia dentro del país. Ése es el problema que se encuentra ahora sobre la mesa en Washington, que sobre todo quiere estabilizar a Delcy Rodríguez.

Algunas cosas se mueven en Washington con respecto a Venezuela: una importante audiencia en el Senado y ya se habla de elecciones. Una actualización. pic.twitter.com/VfN4CRCCcu— David Alandete (@alandete) September 25, 2026
La caída de Nicolás Maduro el pasado enero alteró completamente el tablero, pero no desmontó en absoluto el aparato chavista. Delcy Rodríguez dirige la transición, Diosdado Cabello y otros dirigentes históricos conservan posiciones de poder y Estados Unidos ha apostado hasta ahora por una transformación transicional que garantice estabilidad, cooperación en seguridad, petróleo, inteligencia y recepción de deportados. La prioridad inmediata de Washington después de la captura de Maduro no fue entregar el poder a la oposición que ganó las elecciones de 2024, sino evitar un vacío.

Machado quiere acelerar la transición hacia unas elecciones y Washington ha privilegiado hasta ahora la estabilidad y los negocios petroleros con Delcy Rodríguez

Trump lo dejó claro desde el primer día. El 3 de enero, en Mar-a-Lago, sorprendió al afirmar que sería «muy difícil» que Machado dirigiera Venezuela porque, según él, no tenía «el apoyo ni el respeto» necesarios dentro del país. Pocos días después suavizó personalmente aquel mensaje y posteriormente recibió a Machado en la Casa Blanca. La relación ha mejorado, pero la contradicción fundamental permanece: Machado quiere acelerar la transición hacia unas elecciones y Washington ha privilegiado hasta ahora la estabilidad del sistema provisional encabezado por Rodríguez.

La nueva estrategia de Machado

Como ha informado ABC, los últimos movimientos de Machado han contribuido a devolver las elecciones al centro de la agenda venezolana de Trump. En su conversación con Delcy Rodríguez en Nueva York, el presidente estadounidense planteó que la transición debe desembocar finalmente en elecciones. Pero no fijó fecha.
Este sábado, a preguntas de la prensa en los jardines de la Casa Blanca, Trump explicó que había «hablado de elecciones con Delcy y, por cierto, ella fue muy amable y fantástica». Frente a la presión de Machado por una hoja de ruta electoral, el presidente de EE.UU. elogió los negocios petroleros el régimen y señaló que, gracias a Delcy Rodríguez, «Venezuela está ganando mucho dinero para su gente».
La falta de una fecha electoral es esencial porque, entre aceptar el principio de unos comicios y establecer un calendario verificable, existe todo el espacio político en el que puede prolongarse indefinidamente una transición. Ésa es también la razón por la que el regreso de Machado tiene una importancia que trasciende su situación personal. Si vuelve, el debate sobre elecciones dejaría de ser abstracto. El Gobierno venezolano tendría que decidir si permite a la ganadora del Nobel de la Paz moverse libremente, reunirse con sus colaboradores y participar en la vida política de su país. Washington tendría que decidir hasta dónde llega realmente su compromiso con la apertura democrática. Y los países europeos que defienden públicamente su derecho a regresar tendrían que asumir las consecuencias prácticas de esa posición.
Para ganar tiempo, Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional chavista y hermano de Delcy, anunció este viernes, tras la conclusión de la segunda ronda de diálogo con la oposición, que habrá cuatro elecciones en Venezuela. Primero serán las legislativas, luego de alcaldes, más tarde de gobernadores y, por ultimo, las presidenciales. Pero no dio fecha para ninguna de ellas, informa Ludmila Vinogradoff desde Caracas.

Si María Corina vuelve a Caracas, el régimen chavista debería decidir si le permite hacer campaña electoral y Washington tendría que demostrar su compromiso con la apertura democrática

Después de lo ocurrido en Panamá, la hipótesis que cobra fuerza es precisamente cambiar la naturaleza del siguiente intento. Machado estudia un regreso público, acompañada por una delegación internacional de dirigentes políticos, personalidades y aliados. Ya no se trataría de encontrar de madrugada una pequeña embarcación, utilizar un nombre distinto o diseñar una ruta de varios días por el Caribe. Sería exactamente lo contrario: anunciar que vuelve y convertir cualquier intento de impedirlo en un acto político visible.
No existe todavía una fórmula definitiva. El equipo de Machado analiza distintas posibilidades y cualquier plan puede cambiar hasta el último momento, como ha sucedido repetidamente durante estos meses. Cada intento clandestino añade riesgos, depende de demasiados gobiernos, permisos, compañías y escalas y, sobre todo, permite que el fracaso sea atribuido después a una avería, un trámite migratorio o una cuestión administrativa.
Hay además otro cambio importante. Machado ya no plantea su vuelta simplemente como el retorno de una dirigente opositora. Su prioridad política es ahora conseguir un calendario electoral. Después de años de clandestinidad, persecución, exilio y operaciones de extracción, su objetivo declarado no es ocupar el poder, sino conseguir que los venezolanos vuelvan a votar en condiciones que permitan cerrar la transición iniciada con la caída de Maduro, que los presos políticos sea liberados y los exiliados volver sin temor a represalias.

Tras años de clandestinidad, persecución y exilio, su objetivo no es ocupar el poder, sino que los venezolanos vuelvan a votar en condiciones que permitan cerrar la transición iniciada con la captura de Maduro

Eso coloca a Trump ante una decisión que durante meses ha podido aplazar. Su estrategia con Delcy Rodríguez ha producido resultados que la Casa Blanca considera importantes. Ha evitado el colapso del Estado, abierto espacios de cooperación y permitido a Washington ejercer una influencia sobre Caracas que habría sido inimaginable antes del 3 de enero. Pero, cuanto más dure ese modelo, más difícil será presentarlo como una transición y no como la consolidación de un nuevo equilibrio con buena parte del antiguo régimen todavía dentro del poder.

Los partidarios de María Corina Machado se han manifestado en Caracas reclamando su regreso.

(Reuters)

El próximo jueves comparecerán a puerta cerrada ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado Juan Segura, secretario adjunto para Asuntos del Continente Americano, y Jeremy Lewin, director de Planificación Política del Departamento de Estado, en una sesión sobre Venezuela en la que los senadores prevén preguntar por los obstáculos al regreso de Machado.
En Panamá quedó demostrado algo más. Machado podía haberse marchado hace meses a cualquier otro lugar y esperar. No lo ha hecho. Vive pendiente de Venezuela, con una maleta preparada y un pequeño círculo de colaboradores que cambia planes, estudia rutas y vuelve a empezar cada vez que una puerta se cierra. Tras siete intentos fallidos, la pregunta ya no es si lo intentará otra vez. La incógnita es qué ocurrirá cuando el siguiente intento deje de hacerse en secreto y todo el mundo pueda ver si se le permite transitar y entrar o no.

Publicado: septiembre 26, 2026, 8:45 pm

La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/maria-corina-machado-lleva-transicion-venezolana-punto-20260925020422-nt.html

María Corina Machado no ha renunciado a regresar a Venezuela. Tampoco parece dispuesta a repetir exactamente lo que acaba de hacer. Después de siete intentos frustrados, los tres últimos en menos de 24 horas y con este periódico como testigo directo en Panamá, la … dirigente opositora ha entrado en una fase distinta de su larga operación de retorno. El objetivo sigue siendo el mismo, pero el método está cambiando hacia menos clandestinidad, más presión al régimen y, posiblemente, un regreso público que obligue a todos los actores a retratarse.

ABC ha podido reconstruir durante estos días una operación mucho más compleja de lo que se sabía. Desde junio, Machado ha intentado volver a Venezuela por aire, tierra y mar. Ha estudiado rutas a través de Curazao, Aruba y Bonaire, ha tratado de volar directamente a Caracas y llegó a preparar una travesía marítima desde Panamá. El Gobierno panameño le expidió incluso un pasaporte diplomático especial por razones humanitarias. ABC pudo examinar dicho documento, que debía servirle como salvoconducto internacional ante la ausencia de un pasaporte venezolano vigente. Pero nada de eso funcionó.

El último episodio fue probablemente el más revelador de cómo ha funcionado este bloqueo. La operación tenía nombre en clave, Ítaca, y debía comenzar en la madrugada del 22 de septiembre. Un barco iba a atravesar el canal de Panamá y estaba preparado para una navegación de varios días por el Caribe. La idea era presentar la travesía como un viaje privado y desaparecer después durante días en unas aguas particularmente delicadas por la presencia militar estadounidense y las operaciones recientes contra el narcotráfico.

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  • David Alandete

Machado viajaría con un grupo muy reducido. ABC debía acompañarla hasta Venezuela. Todo estaba preparado, incluidos los trámites migratorios, cuando la empresa propietaria de la embarcación comunicó una avería inesperada. Hubo entonces llamadas, comprobaciones y discusiones. La explicación oficial de la empresa fue siempre la misma, que el barco no podía salir y no había alternativa.

El equipo no quiso esperar. En cuestión de horas se activaron alternativas aéreas para acercar a Machado a las islas neerlandesas frente a las costas venezolanas y completar desde allí el trayecto por mar. Curazao, Aruba y Bonaire llevan meses apareciendo en sus planes porque están a muy pocos kilómetros de Venezuela y permiten evitar una llegada directa a un aeropuerto controlado por las autoridades venezolanas.

Tampoco esas opciones prosperaron. ABC ha revelado que la intervención de las autoridades de Países Bajos fue determinante en varios de esos episodios. Las explicaciones administrativas que se dieron sobre manifiestos de pasajeros, naturaleza comercial o privada de los vuelos y permisos necesarios no explican por sí solas lo ocurrido. Hubo una decisión política de no permitir que las islas neerlandesas se convirtieran en plataforma para el regreso de Machado a Venezuela.

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El primer ministro neerlandés, Rob Jetten, reconoció el viernes que tiene conocimiento de los intentos de Machado de regresar a Venezuela a través de Aruba y Curazao, pero evitó responder directamente si Países Bajos dificultó o impidió esos viajes. Jetten aseguró que planteó la cuestión a la presidenta interina venezolana y admite contactos frecuentes con las islas y con la oposición. Sobre una posible intervención neerlandesa, se limitó a decir: «Estamos en contacto frecuente con la oposición en Venezuela y la apoyamos siempre que sea posible».

 

El laberinto del regreso

La paradoja es considerable. Estados Unidos y Europa sostienen públicamente que Machado debe poder regresar libremente a su propio país. Marco Rubio volvió a definirla esta semana como una mujer «muy valiente» y recordó su larga relación con ella. Washington insiste de nuevo en que no existe un veto estadounidense a su retorno. Pero la experiencia de estos meses demuestra que entre esa posición pública y lo que sucede sobre el terreno existe una distancia abismal.

Machado ya lo había comprobado en junio. El día 26 intentó volar desde Virginia hasta Curazao para continuar desde allí hacia Venezuela. El plan se vino abajo cuando se le denegaron los permisos necesarios de aterrizaje en pleno vuelo. Dos días después, viajó a Panamá e intentó embarcar en un vuelo comercial de Copa hacia Caracas. Tampoco pudo hacerlo. En septiembre volvió a Panamá para intentarlo de nuevo y se encontró con una sucesión de obstáculos distintos que produjeron siempre el mismo resultado.

La cuestión ya no es, por tanto, simplemente cómo entrar en Venezuela. Es quién está dispuesto a asumir la responsabilidad política de que Machado entre y qué consecuencias tendría su presencia dentro del país. Ése es el problema que se encuentra ahora sobre la mesa en Washington, que sobre todo quiere estabilizar a Delcy Rodríguez.

La caída de Nicolás Maduro el pasado enero alteró completamente el tablero, pero no desmontó en absoluto el aparato chavista. Delcy Rodríguez dirige la transición, Diosdado Cabello y otros dirigentes históricos conservan posiciones de poder y Estados Unidos ha apostado hasta ahora por una transformación transicional que garantice estabilidad, cooperación en seguridad, petróleo, inteligencia y recepción de deportados. La prioridad inmediata de Washington después de la captura de Maduro no fue entregar el poder a la oposición que ganó las elecciones de 2024, sino evitar un vacío.

Machado quiere acelerar la transición hacia unas elecciones y Washington ha privilegiado hasta ahora la estabilidad y los negocios petroleros con Delcy Rodríguez

Trump lo dejó claro desde el primer día. El 3 de enero, en Mar-a-Lago, sorprendió al afirmar que sería «muy difícil» que Machado dirigiera Venezuela porque, según él, no tenía «el apoyo ni el respeto» necesarios dentro del país. Pocos días después suavizó personalmente aquel mensaje y posteriormente recibió a Machado en la Casa Blanca. La relación ha mejorado, pero la contradicción fundamental permanece: Machado quiere acelerar la transición hacia unas elecciones y Washington ha privilegiado hasta ahora la estabilidad del sistema provisional encabezado por Rodríguez.

La nueva estrategia de Machado

Como ha informado ABC, los últimos movimientos de Machado han contribuido a devolver las elecciones al centro de la agenda venezolana de Trump. En su conversación con Delcy Rodríguez en Nueva York, el presidente estadounidense planteó que la transición debe desembocar finalmente en elecciones. Pero no fijó fecha.

Este sábado, a preguntas de la prensa en los jardines de la Casa Blanca, Trump explicó que había «hablado de elecciones con Delcy y, por cierto, ella fue muy amable y fantástica». Frente a la presión de Machado por una hoja de ruta electoral, el presidente de EE.UU. elogió los negocios petroleros el régimen y señaló que, gracias a Delcy Rodríguez, «Venezuela está ganando mucho dinero para su gente».

La falta de una fecha electoral es esencial porque, entre aceptar el principio de unos comicios y establecer un calendario verificable, existe todo el espacio político en el que puede prolongarse indefinidamente una transición. Ésa es también la razón por la que el regreso de Machado tiene una importancia que trasciende su situación personal. Si vuelve, el debate sobre elecciones dejaría de ser abstracto. El Gobierno venezolano tendría que decidir si permite a la ganadora del Nobel de la Paz moverse libremente, reunirse con sus colaboradores y participar en la vida política de su país. Washington tendría que decidir hasta dónde llega realmente su compromiso con la apertura democrática. Y los países europeos que defienden públicamente su derecho a regresar tendrían que asumir las consecuencias prácticas de esa posición.

Para ganar tiempo, Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional chavista y hermano de Delcy, anunció este viernes, tras la conclusión de la segunda ronda de diálogo con la oposición, que habrá cuatro elecciones en Venezuela. Primero serán las legislativas, luego de alcaldes, más tarde de gobernadores y, por ultimo, las presidenciales. Pero no dio fecha para ninguna de ellas, informa Ludmila Vinogradoff desde Caracas.

Si María Corina vuelve a Caracas, el régimen chavista debería decidir si le permite hacer campaña electoral y Washington tendría que demostrar su compromiso con la apertura democrática

Después de lo ocurrido en Panamá, la hipótesis que cobra fuerza es precisamente cambiar la naturaleza del siguiente intento. Machado estudia un regreso público, acompañada por una delegación internacional de dirigentes políticos, personalidades y aliados. Ya no se trataría de encontrar de madrugada una pequeña embarcación, utilizar un nombre distinto o diseñar una ruta de varios días por el Caribe. Sería exactamente lo contrario: anunciar que vuelve y convertir cualquier intento de impedirlo en un acto político visible.

No existe todavía una fórmula definitiva. El equipo de Machado analiza distintas posibilidades y cualquier plan puede cambiar hasta el último momento, como ha sucedido repetidamente durante estos meses. Cada intento clandestino añade riesgos, depende de demasiados gobiernos, permisos, compañías y escalas y, sobre todo, permite que el fracaso sea atribuido después a una avería, un trámite migratorio o una cuestión administrativa.

Hay además otro cambio importante. Machado ya no plantea su vuelta simplemente como el retorno de una dirigente opositora. Su prioridad política es ahora conseguir un calendario electoral. Después de años de clandestinidad, persecución, exilio y operaciones de extracción, su objetivo declarado no es ocupar el poder, sino conseguir que los venezolanos vuelvan a votar en condiciones que permitan cerrar la transición iniciada con la caída de Maduro, que los presos políticos sea liberados y los exiliados volver sin temor a represalias.

Tras años de clandestinidad, persecución y exilio, su objetivo no es ocupar el poder, sino que los venezolanos vuelvan a votar en condiciones que permitan cerrar la transición iniciada con la captura de Maduro

Eso coloca a Trump ante una decisión que durante meses ha podido aplazar. Su estrategia con Delcy Rodríguez ha producido resultados que la Casa Blanca considera importantes. Ha evitado el colapso del Estado, abierto espacios de cooperación y permitido a Washington ejercer una influencia sobre Caracas que habría sido inimaginable antes del 3 de enero. Pero, cuanto más dure ese modelo, más difícil será presentarlo como una transición y no como la consolidación de un nuevo equilibrio con buena parte del antiguo régimen todavía dentro del poder.


Los partidarios de María Corina Machado se han manifestado en Caracas reclamando su regreso.


(Reuters)

El próximo jueves comparecerán a puerta cerrada ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado Juan Segura, secretario adjunto para Asuntos del Continente Americano, y Jeremy Lewin, director de Planificación Política del Departamento de Estado, en una sesión sobre Venezuela en la que los senadores prevén preguntar por los obstáculos al regreso de Machado.

En Panamá quedó demostrado algo más. Machado podía haberse marchado hace meses a cualquier otro lugar y esperar. No lo ha hecho. Vive pendiente de Venezuela, con una maleta preparada y un pequeño círculo de colaboradores que cambia planes, estudia rutas y vuelve a empezar cada vez que una puerta se cierra. Tras siete intentos fallidos, la pregunta ya no es si lo intentará otra vez. La incógnita es qué ocurrirá cuando el siguiente intento deje de hacerse en secreto y todo el mundo pueda ver si se le permite transitar y entrar o no.

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