Putin y la trampa del desgaste en el flanco Este - Colombia
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Putin y la trampa del desgaste en el flanco Este

El flanco Este de la OTAN ya no es solo una línea de contención. Es un campo de pruebas. Moscú ha encontrado una fórmula sencilla para tensionar a la Alianza: multiplicar los incidentes, obligar a responder y hacerlo con medios cuyo coste está muy … por encima de la amenaza que los provoca.
En el Báltico, cazas de Suecia y Finlandia han participado hoy en una respuesta combinada frente a cazas rusos. Desde Estonia, los F-18 españoles volvieron a despegar en misión ‘scramble’ las semana pasada para encontrarse con aeronaves de inteligencia Il-20. Más al sur, en Rumanía, la vigilancia sobre el espacio aéreo próximo al delta del Danubio se mantiene ante la presencia de drones que se aproximan peligrosamente a la frontera aliada. El dron de Leipzig…

Caza ruso interceptado por los Gripen suecos y F18 finlandeses hoy.

(NATO)

Uno tras otro, los episodios pueden parecer menores. El problema aparece cuando se observan juntos.
Porque esto ya no es únicamente el viejo juego del ratón y el gato. Es una cuestión de resistencia. De quién puede mantener durante más tiempo el esfuerzo sin disparar sus costes operativos y políticos.
Rusia dispone de una herramienta particularmente eficaz para ese propósito: utilizar sistemas relativamente baratos para obligar a la OTAN a poner en el aire plataformas mucho más sofisticadas y costosas. Cada salida de un caza implica combustible, mantenimiento, horas de vuelo, disponibilidad de pilotos, desgaste de componentes y munición. El atacante, mientras tanto, puede repetir la jugada.
La ecuación es incómoda para la Alianza. Un dron puede costar una fracción de lo que cuesta mantener en alerta a un avión de combate preparado para interceptarlo. Hablamos de 40.000 de euros (la amenaza de un dron sofisticado de Rusia) frente a 300.000 euros (lo que puede costar un misil de guía infrarrojos ideal para derribarlo).

«En una guerra de desgaste, el peligro no siempre está en el golpe decisivo. A veces está en obligar al adversario a pagar demasiado por responder a cada golpe pequeño»

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Y, sin embargo, la respuesta aliada no puede permitirse el lujo de ignorar esas trazas. Cada contacto debe ser identificado. Cada incursión potencial, evaluada. Cada decisión, respaldada por una cadena de mando y unas reglas de enfrentamiento que no conviertan un incidente en algo mucho más grave.
Ahí aparece el segundo problema: el reto no consiste únicamente en ver antes, sino en decidir mejor.
En Rumanía, por ejemplo, región que ABC ha visitado esta semana, España prepara la renovación de una pieza esencial de esa arquitectura de vigilancia. El veterano radar AN/TPS-43M del Destacamento Tigru dará paso a una versión más moderna y capaz del sistema Lanza de Indra (modelo LTR25). La operación tiene una lectura que va más allá de la simple sustitución de material: en un escenario saturado de pequeñas trazas y vuelos a baja cota, disponer de una imagen aérea más precisa se convierte en una condición imprescindible para decidir cuándo una amenaza es realmente una amenaza.
Porque el error puede producirse en las dos direcciones. No detectar un dron a tiempo puede permitir que penetre en el espacio aliado. Interceptar de forma automática cualquier contacto ambiguo puede generar una escalada que nadie pretendía provocar.

Las Reglas de Enfrentamiento

Por eso las Reglas de Enfrentamiento -conocidas como ROE, en el argot militar- adquieren una importancia creciente en este nuevo escenario. La cuestión no es solo qué puede hacer un caza, un radar o una batería antiaérea. La cuestión es qué está autorizado a hacer, cuándo y bajo qué circunstancias.
La OTAN ha demostrado en el Báltico y en el mar Negro una considerable capacidad para integrar sensores, aeronaves y fuerzas de distintos países. Pero la tecnología, por sí sola, no resuelve el problema estratégico. La verdadera pregunta es cuánto tiempo puede sostenerse este modelo.
Porque la asimetría no está únicamente en las plataformas. Está en el precio de cada respuesta. Rusia puede permitirse explorar los límites del sistema aliado con medios relativamente baratos y repetitivos. La OTAN debe mantener una estructura permanente de vigilancia, alerta e interceptación. Y esa estructura tiene un coste que no desaparece porque cada incidente termine sin consecuencias.
El Flanco Este se está convirtiendo así en una guerra de paciencia. Una sucesión de pequeños episodios que rara vez cruzan el umbral de una confrontación abierta, pero que obligan a la Alianza a permanecer permanentemente alerta.
El desafío para la Alianza Atlántica será evitar que esa vigilancia se transforme en agotamiento. Porque en una guerra de desgaste, el peligro no siempre está en el golpe decisivo. A veces está en obligar al adversario a pagar demasiado por responder a cada golpe pequeño.

Publicado: septiembre 25, 2026, 12:45 pm

La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/esteban-villarejo-putin-trampa-desgaste-flanco-20260925192608-nt.html

El flanco Este de la OTAN ya no es solo una línea de contención. Es un campo de pruebas. Moscú ha encontrado una fórmula sencilla para tensionar a la Alianza: multiplicar los incidentes, obligar a responder y hacerlo con medios cuyo coste está muy … por encima de la amenaza que los provoca.

En el Báltico, cazas de Suecia y Finlandia han participado hoy en una respuesta combinada frente a cazas rusos. Desde Estonia, los F-18 españoles volvieron a despegar en misión ‘scramble’ las semana pasada para encontrarse con aeronaves de inteligencia Il-20. Más al sur, en Rumanía, la vigilancia sobre el espacio aéreo próximo al delta del Danubio se mantiene ante la presencia de drones que se aproximan peligrosamente a la frontera aliada. El dron de Leipzig…


Caza ruso interceptado por los Gripen suecos y F18 finlandeses hoy.


(NATO)

Uno tras otro, los episodios pueden parecer menores. El problema aparece cuando se observan juntos.

Porque esto ya no es únicamente el viejo juego del ratón y el gato. Es una cuestión de resistencia. De quién puede mantener durante más tiempo el esfuerzo sin disparar sus costes operativos y políticos.

Rusia dispone de una herramienta particularmente eficaz para ese propósito: utilizar sistemas relativamente baratos para obligar a la OTAN a poner en el aire plataformas mucho más sofisticadas y costosas. Cada salida de un caza implica combustible, mantenimiento, horas de vuelo, disponibilidad de pilotos, desgaste de componentes y munición. El atacante, mientras tanto, puede repetir la jugada.

La ecuación es incómoda para la Alianza. Un dron puede costar una fracción de lo que cuesta mantener en alerta a un avión de combate preparado para interceptarlo. Hablamos de 40.000 de euros (la amenaza de un dron sofisticado de Rusia) frente a 300.000 euros (lo que puede costar un misil de guía infrarrojos ideal para derribarlo).

«En una guerra de desgaste, el peligro no siempre está en el golpe decisivo. A veces está en obligar al adversario a pagar demasiado por responder a cada golpe pequeño»

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Y, sin embargo, la respuesta aliada no puede permitirse el lujo de ignorar esas trazas. Cada contacto debe ser identificado. Cada incursión potencial, evaluada. Cada decisión, respaldada por una cadena de mando y unas reglas de enfrentamiento que no conviertan un incidente en algo mucho más grave.

Ahí aparece el segundo problema: el reto no consiste únicamente en ver antes, sino en decidir mejor.

En Rumanía, por ejemplo, región que ABC ha visitado esta semana, España prepara la renovación de una pieza esencial de esa arquitectura de vigilancia. El veterano radar AN/TPS-43M del Destacamento Tigru dará paso a una versión más moderna y capaz del sistema Lanza de Indra (modelo LTR25). La operación tiene una lectura que va más allá de la simple sustitución de material: en un escenario saturado de pequeñas trazas y vuelos a baja cota, disponer de una imagen aérea más precisa se convierte en una condición imprescindible para decidir cuándo una amenaza es realmente una amenaza.

Porque el error puede producirse en las dos direcciones. No detectar un dron a tiempo puede permitir que penetre en el espacio aliado. Interceptar de forma automática cualquier contacto ambiguo puede generar una escalada que nadie pretendía provocar.

Las Reglas de Enfrentamiento

Por eso las Reglas de Enfrentamiento -conocidas como ROE, en el argot militar- adquieren una importancia creciente en este nuevo escenario. La cuestión no es solo qué puede hacer un caza, un radar o una batería antiaérea. La cuestión es qué está autorizado a hacer, cuándo y bajo qué circunstancias.

La OTAN ha demostrado en el Báltico y en el mar Negro una considerable capacidad para integrar sensores, aeronaves y fuerzas de distintos países. Pero la tecnología, por sí sola, no resuelve el problema estratégico. La verdadera pregunta es cuánto tiempo puede sostenerse este modelo.

Porque la asimetría no está únicamente en las plataformas. Está en el precio de cada respuesta. Rusia puede permitirse explorar los límites del sistema aliado con medios relativamente baratos y repetitivos. La OTAN debe mantener una estructura permanente de vigilancia, alerta e interceptación. Y esa estructura tiene un coste que no desaparece porque cada incidente termine sin consecuencias.

El Flanco Este se está convirtiendo así en una guerra de paciencia. Una sucesión de pequeños episodios que rara vez cruzan el umbral de una confrontación abierta, pero que obligan a la Alianza a permanecer permanentemente alerta.

El desafío para la Alianza Atlántica será evitar que esa vigilancia se transforme en agotamiento. Porque en una guerra de desgaste, el peligro no siempre está en el golpe decisivo. A veces está en obligar al adversario a pagar demasiado por responder a cada golpe pequeño.

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