Publicado: septiembre 22, 2026, 2:45 pm
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Frente al edificio de Naciones Unidas en Caracas, Nuris Medina permanecía entre decenas de manifestantes, la mayoría mujeres. Tiene 75 años, es abogada y afirmó que llevaba 27 años en la lucha política venezolana. «La actitud de Trump me parece inconcebible, mala para los … venezolanos. Está metiendo la pata», afirmó. Detrás de ella se escuchaba: «No la elegimos y no nos representa».
Otra mujer alzaba la voz entre dirigentes y representantes de la sociedad civil. «Se nos están muriendo nuestros ancianos», decía. Después reclamaba elecciones y resumía el desencanto del grupo con una imagen popular: agradecía a Trump que las fuerzas estadounidenses se hubieran llevado a Nicolás Maduro el pasado 3 de enero, pero le reprochaba haber dejado «a los cuarenta ladrones». «¿Cuándo te los vas a llevar, Donald Trump?», gritó sin esperar respuesta.
La protesta rechazaba la participación de Rodríguez en el 81º periodo de sesiones de la Asamblea General de la ONU y su intervención prevista para el jueves. Las consignas no se dirigían solo contra quien asumió la Presidencia interina tras la captura de Maduro. También señalaban a Washington: «Cese al apoyo de Estados Unidos a la dictadura», «Fuera la injerencia de Estados Unidos de Venezuela».
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Javier Ansorena
Promesa interrumpida
Ese doble destinatario marcaba la concentración. Durante meses, parte de la oposición pidió a la Administración de Trump presión para abrir una transición. Ahora, algunos de aquellos ciudadanos interpretaban el acercamiento de Washington a Rodríguez como una promesa interrumpida. No protestaban contra Estados Unidos en los términos del viejo discurso chavista, sino contra el uso que estaba haciendo de su influencia.
Medina vinculaba su disgusto con lo ocurrido desde enero. «Se llevó a la cabeza y dejó todo el cuerpo», dijo sobre Trump y la captura de Maduro. A su alrededor no había una multitud capaz de bloquear la avenida. Había voces aisladas y la obstinación de quienes todavía acuden a una convocatoria en una ciudad que durante años midió sus crisis por el tamaño de sus marchas.
El número reducido de asistentes no permite afirmar qué piensa el país, pero deja una pregunta incómoda. El enfado de las conversaciones y los estudios de opinión no encuentra la misma traducción en la calle. Puede ser cansancio, miedo o la sensación de que las decisiones sobre Venezuela vuelven a tomarse fuera. En esta concentración, la distancia entre el rechazo y la movilización podía contarse en personas.
Un sondeo en línea de una empresa de opinión conocida como Meganálisis, realizado del 15 al 19 de septiembre entre 1.727 adultos con acceso a internet, encontró que el 91 por ciento desaprobaba una reunión entre Trump y Rodríguez. El 94 por ciento afirmó que no se sentiría representado por ella ante la ONU y el 80 por ciento rechazó el acuerdo petrolero de agosto. Las cifras exigen cautela: la muestra procedía de usuarios de internet y algunas preguntas tenían una fuerte carga política. Aun así, retratan el malestar de la gente protestando, aunque reuniera a pocos.
Según una reciente encuesta, el 94 por ciento de los venezolanos afirmó que no se sentiría representado por Delcy Rodríguez ante la ONU y el 80 por ciento rechazó el acuerdo petrolero de agosto
Mientras en Caracas se gritaba contra su viaje, Rodríguez desplegaba en Nueva York la agenda de un Gobierno interlocutor. Se reunió con António Guterres y responsables del Banco Interamericano de Desarrollo, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial para hablar de deuda, energía, reconstrucción y financiación. Cruzó el hemiciclo durante el discurso de Lula da Silva para buscar a Pedro Sánchez. Desde hace días se dice que Rodríguez asistirá a la XXX Cumbre Iberoamericana de Madrid, el 4 y 5 de noviembre. Una fuente reservada de la Cancillería venezolana confirmó a este diario que esa posibilidad está sobre la mesa, aunque no existe anuncio oficial. La cita reúne a 22 países. Con España como anfitriona, su presencia reforzaría el reconocimiento que rechazan los manifestantes.
Una victoria para el oficialismo
El oficialismo presentó el itinerario como una victoria. Diosdado Cabello, secretario general del Partido Socialista Unido de Venezuela y ministro de Interior, calificó la presencia de Rodríguez en Naciones Unidas como «un triunfo de la diplomacia de paz». La llamó «vocera (portavoz) del pueblo de Venezuela»
Andrés Velásquez, exgobernador de Bolívar y dirigente de La Causa R, acudió a la concentración. «Delcy Rodríguez no representa a los venezolanos», afirmó. Consideró que ninguna recepción internacional puede sustituir el voto y centró su exigencia en una fecha para elegir presidente. Sobre la reunión de Nueva York fue tajante: «Venezuela es más que contratos petroleros».
La frase apuntaba al centro de la nueva relación. Washington ha estrechado su trato con el poder venezolano y prioriza la recuperación energética. En la calle, la gente sospecha que la estabilidad y los negocios han desplazado la urgencia democrática. Para el Gobierno interino, en cambio, las reuniones y los acuerdos prueban que el país ha regresado a la mesa internacional.
En la calle, la gente sospecha que la estabilidad y los negocios han desplazado la urgencia democrática
El viaje abrió una cuestión institucional. Acceso a la Justicia, un observatorio jurídico venezolano, recordó que la Vicepresidencia Ejecutiva quedó vacante cuando Rodríguez asumió el poder. El artículo 234 de la Constitución establece que el vicepresidente debe suplir las ausencias temporales del jefe del Estado. La sentencia con la que el Tribunal Supremo de Justicia la encargó que asumiera la Presidencia el tres de enero tampoco precisó si la ausencia de Maduro era temporal o absoluta, y la Asamblea Nacional no ha resuelto esa cuestión. Sin vicepresidente designado, la organización advierte que no existe un sustituto durante los viajes de Rodríguez. Su alerta termina con una pregunta elemental: quién está al mando del Ejecutivo cuando ella sale del país.
Al final, la concentración no creció. La mujer que había increpado a Trump siguió hablando de salarios, ancianos, migrantes y elecciones. Su discurso mezclaba gratitud y reproche. Era el inventario de una oposición que apostó buena parte del futuro a una decisión extranjera y ahora descubre que esa potencia tiene su calendario.
En Nueva York, Rodríguez acumulaba reuniones y se preparaba para ocupar el atril de la ONU. Cerca y lejos de ella, Maduro sigue recluido con Cilia Flores en el Centro Metropolitano de Detención de Brooklyn, mientras pelea en los tribunales contra los cargos federales que afronta. Hasta el cierre de esta edición no se había anunciado una visita. Queda la interrogante de si Rodríguez no irá por una condición de Washington o por una decisión propia. Los abogados suelen decir que «a confesión de parte, relevo de prueba». Aquí no hay confesión y una ausencia, por sí sola, no demuestra nada. La imagen política, sin embargo, resulta difícil de ignorar: Maduro está preso en Brooklyn y quien fue su vicepresidenta recibe dos besos de Sánchez, negocia con Trump y habla por Venezuela ante Naciones Unidas.
