Publicado: septiembre 22, 2026, 12:45 pm
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El podio de mármol verde de la Asamblea General de la ONU está acostumbrado a escuchar discursos que llaman a la solución de conflictos, a paz mundial, a la concordia entre países, a la cooperación para acabar con las crisis planetarias, a poner fin a … la desigualdad y otros objetivos elevados, cada vez menos cerca de conseguirse desde este foro. Donald Trump, el disruptor-en-jefe de la comunidad internacional, ofreció un tono muy diferente este martes desde la sede en Nueva York de la ONU: en medio de su defensa de la política exterior de EE.UU., amenazó con «aniquilar» a Irán.
«Tengo una gran decisión que tomar», confesó Trump a las delegaciones de todo el mundo, con un pleno de la Asamblea General hasta la bandera. «¿Se llegará a un acuerdo con Irán que les permita reconstruirse y crear un país mucho mejor del que fue antes, uno de los más importantes de Oriente Medio o incluso del mundo? ¿O aniquilo la República Islámica, y lo hago rápido, para quitarles la posibilidad de que vuelvan a matar gente y destruir países otra vez?».
Las preguntas que se hacía Trump en el gran cónclave internacional retrataban la encrucijada en la que está el presidente de EE.UU. tras su decisión de entrar en guerra -de manera conjunta con Israel- contra Irán: un conflicto enquistado, del que no sabe cómo salir y cuyos efectos económicos han desplomado su popularidad en EE.UU., cuando falta mes y medio para las decisivas elecciones al Congreso. El régimen de Teherán se ha endurecido pese a la devastación de la guerra y el conflicto está a punto de cumplir ya siete meses, sin una solución a la vista.
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«Creo que llegaremos a un acuerdo tras la elección, porque no tiene sentido para ellos lo contrario», aseguró Trump, en una declaración electoralista que repite durante las últimas semanas. Pero de la que todavía no hay evidencias de que vaya a producirse.
Fue una de las muchas veces en las que Trump habló a su público, al votante estadounidense, durante su discurso ante la ONU, que estuvo centrado en alardear del momento que vive EE.UU. con él al mando -pese a lo que dicen las encuestas- y en defender su intervencionismo y agresividad en política exterior.
Trump presume de gestión
Desde que regresó al poder el pasado enero, Trump ha agitado con fuerza el tablero internacional: la bronca con Volodímir Zelenski, la guerra arancelaria, el alto el fuego en Gaza y la creación de un Consejo de Paz para su reconstrucción, la captura de Nicolás Maduro y toma de control de parte del petróleo venezolano o la guerra de Irán.
El presidente de EE.UU. defendió todo ello como una forma de enfrentar los peligros. «Como presidente de la nación más extraordinaria de la historia, no quiero dejar que los peligros sigan creciendo ni un día más», aseguró. «Mientras otros han hablado, yo he actuado», defendió Trump, que volvió a sacar pecho de los conflictos que ha solucionado, pese a haber iniciado otros. «Mientras otros han hablado de paz, yo he hecho la paz», aseguró, en un dardo que pareció destinado a la ONU y una de las espinas que le quedan: no haber obtenido el Premio Nobel de la Paz, una de sus grandes ambiciones.
Trump también defendió sus logros en Gaza, pese a que la violencia y los abusos siguen presentes en los territorios palestinos, lo que ha provocado incluso tensiones de su Gobierno con el de Benjamin Netanyahu, el primer ministro de Israel.
El presidente de EE.UU. se refirió a la otra gran guerra -junto a la de Irán- que no acaba: la de Ucrania. Trump dijo en la campaña electoral que le llevó a la Casa Blanca que acabaría la guerra «en 24 horas» y está cerca de celebrar el segundo aniversario de aquella victoria en las urnas. Mientras tanto, la guerra entre Rusia y Ucrania está en uno de sus puntos de mayor dureza en sus tres años y medio de vida. Pero sigue diciendo que está a punto de acabar con ello: «Estamos trabajando muy de cerca con los líderes de Rusia y de Ucrania y lo lograremos», dijo sobre un acuerdo, pocas horas antes de verse una vez más con Zelenski, que necesita que sus aliados no se olviden de él. «Va a ocurrir y más rápida de lo que la gente cree», pronosticó, sin dar detalles de los avances diplomáticos.
Sobre Irán y Cuba
Trump, como siempre, rompió moldes. Hablando de «aniquilar» a otro país ante la ONU pero, también, defendiendo sin ambages que toma decisiones de política exterior para quedarse con recursos de otros países. El caso más evidente de esto es la intervención en Venezuela: mantenimiento de la chavista Delcy Rodríguez a cambio de tomar el control de parte de las reservas de crudo venezolanas. ‘To the victor belongs the spoils’, dijo el presidente de EE.UU., una expresión del siglo XIX que se traduce como ‘al vencedor le corresponde el botín’. Mientras Trump hablaba, Delcy miraba con cara de circunstancias y tomaba notas. Estaba previsto que ambos se vieran unas horas después, en la gran escenificación de la nueva alianza entre la sucesora de Maduro -que sigue en una cárcel cerca de la ONU- y Trump.
Los representantes de Irán salieron de la sala cuando Trump habló de su guerra. Lo mismo hicieron los cubanos cuando el presidente de EE.UU. profirió su última amenaza contra la dictadura castrista. «Es un estado fallido, está descomponiéndose y caerá», declaró el multimillonario neoyorquino.
Trump también acusó al régimen cubano de «coordinarse» con «radicales izquierdistas y redes comunistas aquí en EE.UU.», y citó entre ellos a los Socialistas Demócratas de América, una facción que ha ganado peso en el Partido Demócrata y que tiene varios candidatos clave en las elecciones de este noviembre.
