Publicado: septiembre 10, 2026, 6:45 am
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Desde que Vladimir Putin dio la orden de invadir Ucrania el 24 de febrero de 2022, el Ejército ruso no ha tenido fácil la labor de reclutar soldados. Muchos jóvenes rusos han huido o lo han intentado (la mayoría vía Finlandia) y el Kremlin ha acabado dando su uniforme a miles de extranjeros. Según estimaciones europeas, Moscú ha tenido más de 1,4 millones de bajas desde el comienzo de la guerra.
Se calcula que Rusia debe reclutar cada mes entre 30.000 y 35.000 hombres para compensar sus pérdidas en el frente sin tener que decretar una movilización general. El pasado mes de agosto, el Servicio Europeo de Acción Exterior advirtió que el Kremlin ha incorporado a más de 28.000 extranjeros de 135 países desde el inicio de su invasión. Esa cifra no incluye a los 14.000 soldados norcoreanos enviados por Pyongyang.
Pero la guerra prosigue y los voluntarios rusos son escasos. De modo que los generales de Putin siguen reclutando a extranjeros… engañándolos con falsas promesas. Es lo que denuncia un informe de Amnistía Internacional publicado este jueves, donde se habla de «crimen de trata de seres humanos». Esta ONG está prohibida desde 2025 en Rusia, que la tacha de «organización indeseable».
Carne de cañón para la guerra
Según la ONG, Moscú utiliza prácticas «engañosas, coercitivas y abusivas» para reclutar a ciudadanos extranjeros en sus fuerzas armadas y enviarlos a luchar en Ucrania. La investigación detalla cómo los reclutadores han atraído a personas del extranjero mediante engaños y se han aprovechado de la situación precaria de migrantes y refugiados que ya se encontraban en Rusia.
Rusia refuerza sus filas con ciudadanos extranjeros económicamente vulnerables y los utilizan como carne de cañón»
En este último caso, denuncia Amnistía Internacional, lo que hacen las autoridades rusas es instrumentalizar la situación migratoria irregular de quienes permanecen en el país tras expirar sus visados de trabajo. A ellos se añaden los extranjeros que quedan en precaria situación al ser acusados de delitos. A unos y otros se les presenta el alistamiento como una alternativa favorable para evitar ser detenidos o deportados.
«La investigación demuestra cómo las Fuerzas Armadas de Rusia refuerzan sus filas con ciudadanos extranjeros económicamente vulnerables y los utilizan como carne de cañón en la guerra de agresión contra Ucrania», asegura Agnès Callamard, secretaria general de Amnistía Internacional. «En muchos casos, esto constituye trata de personas, tal como se define en el Protocolo de Palermo de la ONU», afirma. La ONG insta a Rusia a poner fin de inmediato a todas estas prácticas abusivas.
Un sistema de coacción, fraude y engaño
Las personas objetivo proceden principalmente de países de bajos ingresos del Sur Global. El informe de Amnistía se basa en entrevistas realizadas a personas de Brasil, Colombia, Cuba, Egipto, Sierra Leona, Sri Lanka, Somalia y Sudáfrica en dos campos de prisioneros de guerra ucranianos entre 2024 y 2026. También tuvieron conversaciones con ciudadanos extranjeros que prestan servicio actualmente en las fuerzas rusas, sus familiares, abogados, activistas de derechos humanos y periodistas.
Al llegar a Moscú, le quitaron todo… Le dijeron que no iría a Polonia y que se convertiría en soldado»
Según Callamard, para alistar a extranjeros en el ejército, Rusia ha desarrollado «un sistema de coacción, fraude y engaño», que incluye falsas promesas de empleos civiles o no relacionados con el combate. La ONG asegura que una vez que las víctimas firman la documentación, a menudo en un idioma que no comprenden, «los mandos militares restringen sus movimientos, las despliegan en el frente con una preparación mínima y amenazan a quienes buscan una salida».
La perspectiva del servicio militar suele presentarse como una función de apoyo ajena al combate, como trabajar en una cocina militar o como conductor lejos del frente. Es lo que han contado a Amnistía Internacional dos hombres de Sri Lanka, que fueron reclutados tras haber permanecido en el país más tiempo del permitido por sus visados de trabajo.
De contratarte como cocinero a vivir bajo los drones
Los reclutadores rusos les hicieron creer que trabajarían como cocineros, pero fueron enviados a combatir en el frente y capturados en cuestión de semanas por las fuerzas ucranianas. «La magnitud de los combates es inimaginable. No ves soldados ucranianos, solo drones. Drones por todas partes. Nunca volvería allí», dijo uno de ellos a la ONG.
Si intentas escapar, irás a la cárcel o te mataremos»
También ha habido casos de ciudadanos cubanos y egipcios encarcelados por presunta posesión de drogas a quienes se ofreció la oportunidad de firmar contratos militares en lugar de cumplir o terminar sus penas de prisión. Amnistía recibió el testimonio de un refugiado de África Central que fue detenido tras expirar su estatus de protección temporal y amenazado con la deportación a menos que se alistara en las Fuerzas Armadas de Rusia.
A personas de Brasil, Colombia, Sierra Leona, Somalia, Sudáfrica y Sri Lanka reclutadas fuera de Rusia se les prometió empleos civiles en sectores como la seguridad, la logística, la construcción y la informática, a menudo con la garantía de salarios elevados y un acceso rápido a la ciudadanía rusa. Algunos recibieron pagos parciales antes de ser capturados, luego ya no, pero muchos informaron no haber recibido nada en absoluto.
De conductor en Polonia a soldado en el frente
Pero no era un empleo civil ni la ciudadanía rusa lo que se encontraban. Un hombre sudafricano que solicitó por Internet un puesto de conductor en Polonia recibió instrucciones a través de un agente en WhatsApp para volar a Moscú, recoger un camión y conducirlo hasta Polonia, según contó su esposa a Amnistía. «Al llegar a Moscú, le quitaron todo… Le dijeron que no iría a Polonia y que se convertiría en soldado», asegura.
Pedro, un informático brasileño, fue reclutado tras firmar lo que creía que era un contrato para un empleo tecnológico bien remunerado en Rusia. En su relato a la ONG contó que pidió a su comandante marcharse, pero recibió esta respuesta: «Si intentas escapar, irás a la cárcel o te mataremos». Reclutas de Brasil y Sri Lanka afirmaron que se les confiscaron los pasaportes y teléfonos móviles durante el entrenamiento o antes de ser desplegados en el frente.
