Publicado: septiembre 4, 2026, 6:45 am
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El concepto de la guerra ha ido cambiando a lo largo de la historia. Para las antiguas civilizaciones, el conflicto armado era una gesta de héroes y mitos, hasta que en Roma se institucionalizó. De hecho, la guerra obtuvo un estatus jurídico: ‘bellum iustum’ o guerra justa, una doctrina que establecía las condiciones en las que alzarse en armas podía considerarse un acto moral. San Agustín y Santo Tomás de Aquino trasladaron la idea a la Edad Media, pero la transformación más profunda llegaría con el desarrollo tecnológico.
La Revolución Industrial, alimentada por el capitalismo, los nacionalismos, la propaganda…, desembocó en la guerra total. La Primera y Segunda Guerra Mundial representaron el momento más oscuro de la humanidad, por lo menos en la historia moderna, y consolidaron el modelo de destrucción masiva. Sin embargo, esto no duraría mucho o no en la misma escala; pronto se diseñó el derecho internacional orientado a evitar nuevos conflictos o regularlos en caso de que sean inevitables.
Quizás el planteamiento fue muy ambicioso para evitar las guerras proxy características de la Guerra Fría, donde las grandes potencias se enfrentan de manera indirecta en territorios ajenos (Corea o Vietnam como ejemplo). Pero sí cambió la estrategia; el terror atómico impulsó la vía diplomática o el desarrollo de otras tácticas como la guerra híbrida.
¿Qué es una guerra híbrida?
La Comisión Europea define la guerra híbrida como «la combinación de actividades coercitivas, así como de métodos convencionales y no convencionales (es decir, diplomáticos, militares, económicos y tecnológicos), que pueden ser utilizados de forma coordinada por actores estatales o no estatales sin superar el umbral de una guerra declarada formalmente». La OTAN también presentó su propia definición, afirmando que «se pueden obtener beneficios políticos y estratégicos difundiendo desinformación, lanzando ciberataques y recurriendo al engaño».
Frank Hoffman, oficial retirado de la infantería de la Marina de EE. UU. y antiguo analista del Pentágono, acuñó el término ‘hybrid warfare’ hacia 2005, tras sus vivencias en Afganistán e Irak. Allí pudo observar tácticas convencionales e insurgencia, terrorismo, operaciones de información, ataques tecnológicos, etc. Con el tiempo se fue moldeando el concepto, añadiendo que, contrario a lo que sucedía en el siglo pasado, el propósito último de estas acciones agresivas «no está claro y es difícil de identificar». Las guerras híbridas incluyen tácticas como:
- Ciberataques: robo de datos, sabotaje en sistemas digitales de administraciones públicas, uso de redes informáticas, etc.
- Desinformación y engaños: noticias falsas, propaganda en redes sociales, polarización social, artimañas que debiliten la confianza en las instituciones.
- Presión económica: Donald Trump se ha convertido en un claro ejemplo de esta táctica cuando amenaza o ejecuta bloqueos económicos (Cuba, Rusia, Irán), aranceles, control de suministros energéticos, etc.
- Uso instrumental de la migración: el ejemplo más claro contra España ha sido la Marcha Verde de 1975, cuando Marruecos instó a alrededor de 350.000 civiles a cruzar la frontera con el Sáhara español para finalmente hacerse con el territorio.
- Influencia política: Incluye tácticas como interferir en procesos electorales o apoyar a grupos independentistas. El caso más famoso, probablemente, es la injerencia rusa en las elecciones presidenciales de 2026 en EE.UU.
Ataques híbridos por parte de Rusia en la UE
La presidenta de la Comisión Europea y el secretario general de la OTAN han elevado el tono tras el sabotaje con dron en Leipzig: «La guerra híbrida UE-Rusia es la nueva normalidad». Y es que Rusia ha desarrollado en los últimos años una estrategia que combina ciberataques, sabotajes, desinformación, espionaje, interferencias en infraestructuras críticas y otras acciones encubiertas. La Unión Europea considera que estas actividades forman parte de campañas coordinadas y se han intensificado desde la invasión a gran escala de Ucrania en 2022.
La noche del 4 de agosto, un dron cargado con explosivos se estrelló contra un avión de carga ucraniano que se encontraba estacionado en las instalaciones del aeropuerto de Leipzig/Halle, en Alemania. El Gobierno alemán acusó formalmente a Rusia de estar detrás del intento de ataque, afirmando que los implicados habrían actuado por encargo de servicios estatales rusos. Rusia, por su parte, ha negado su participación, pero también ha sido vinculada a ciberataques de APT28 contra Alemania y Chequia, campañas de interferencia electoral en Rumanía e interferencias de GPS en los países bálticos.
¿Por qué algunas personas ven una guerra híbrida en Ceuta?
El Centro Nacional de Inmigración y Fronteras (CENIF) de la Policía Nacional ha publicado un informe que sostiene que la entrada masiva de los días 30 y 31 de julio no fue un movimiento espontáneo, sino una acción previamente organizada por parte de agentes marroquíes, que habrían dirigido a los migrantes hacia determinados puntos de la frontera y facilitado su llegada.
La versión del Gobierno insiste en que no existen pruebas de que Marruecos organizara la entrada masiva y ha señalado, en cambio, una campaña de desinformación desarrollada en redes sociales. El ministro de Exteriores, José Manuel Albares, y otros miembros del Gobierno han apuntado a redes vinculadas a Rusia, Israel y a la llamada «internacional ultra», que habrían amplificado mensajes con el objetivo de generar polarización y desestabilización.
