Publicado: julio 28, 2026, 6:15 am
Fuente de la noticia : https://www.abc.es/salud/epidemia-nocturna-boomer-sufre-insomnio-estres-laboral-20260728112504-nt.html
En algún momento de nuestras vidas pareció sencillo seguir esa recomendación de los médicos: dormir entre siete y ocho horas por noche, ¿verdad? Sin embargo, para millones de trabajadores que superan el medio siglo de vida, esa cantidad de sueño nocturno resulta algo inalcanzable.
Una persona puede pasar ocho horas en la cama y despertarse exhausta, sin comprender por qué no logra quedarse dormida si físicamente se siente agotada.
Una nueva investigación liderada por la Universidad de Edimburgo ha sacado a la luz una auténtica crisis invisible en la salud laboral: casi el 70 % de los trabajadores de entre 50 y 66 años padece problemas de sueño persistentes y clínicamente significativos. La cifra impresiona aún más al analizar el cómputo global del estudio: el 92 % de los participantes rozó o superó el umbral clínico de trastorno del sueño al menos una vez durante el periodo de seguimiento. Todo ello en un grupo de adultos considerados «sanos» y sin diagnóstico ni historial previo de patologías del descanso.
Noticia relacionada
-
The Economist
El trabajo, que forma parte del proyecto Supporting Healthy Ageing at Work (SHAW), desmonta la idea de que la falta de energía al día siguiente se deba únicamente a irse tarde a la cama. Tras seguir durante un año a 45 empleados de diversos sectores mediante pulseras de actividad y miles de evaluaciones continuas, las mediciones revelaron que la verdadera causa del agotamiento son los constantes microdespertares y la fragmentación de la noche. Aunque la mayoría promediaba entre 6,5 y 8 horas de cama, más del 90 % experimentaba interrupciones graves que arruinaban la arquitectura del descanso.
La oficina se traslada a la almohada
Mediante el uso de herramientas de inteligencia artificial orientadas a cruzar la enorme masa de datos recopilada —más de 5.200 días de registro sensorial y cerca de 2.000 test de bienestar— los científicos identificaron que el factor que mejor predice esta sangría de descanso no es la edad en sí, sino lo que ocurre en el entorno de trabajo. El estrés laboral se erige como la principal causa por la que las tensiones de la jornada invaden la noche.
Aquellos empleados que manifestaban sensaciones de frustración, tensión o apatía durante sus horas de servicio mostraban también una calidad de descanso drásticamente peor. Por el contrario, quienes reportaban una mayor satisfacción profesional y una frontera clara entre su vida personal y sus responsabilidades en la empresa disfrutaban de un sueño reparador y niveles de bienestar sensiblemente superiores, independientemente de su sexo o del sector económico en el que trabajasen.
«Me sorprendió la enorme magnitud de los problemas de descanso que descubrimos en este grupo de personas sin diagnóstico previo»
Athanasios Tsanas
Universidad de Edimburgo
Athanasios Tsanas, catedrático de Salud Digital y Ciencia de Datos en la Universidad de Edimburgo y director de la investigación, reconoce el impacto de los hallazgos. «Tras años analizando datos de pacientes con trastornos clínicos del sueño y de salud mental, me sorprendió francamente la enorme magnitud de los problemas de descanso que descubrimos en este grupo de personas sin diagnóstico previo», señala el investigador.
Para Tsanas, las métricas confirman que la percepción de bienestar depende en gran medida del equilibrio diario: «Nuestro análisis demuestra con claridad que gran parte de estas alteraciones están directamente vinculadas al trabajo. El uso de datos longitudinales recopilados con relojes inteligentes nos ha permitido captar patrones complejos que antes pasaban desapercibidos».
Un reto económico y de salud
El problema va mucho más allá de un simple dolor de cabeza matutino o de la necesidad de tomar un café extra. Se da la circunstancia de que el mercado laboral europeo envejece a un ritmo acelerado. En países como el Reino Unido, uno de cada tres trabajadores supera ya los 50 años, y las bajas médicas prematuras antes de alcanzar la edad oficial de jubilación suponen una grieta enorme para la productividad y la sostenibilidad de los sistemas públicos.
Si bien existen factores biológicos inevitables a partir de los 50 años, como los cambios hormonales asociados a la menopausia o el propio envejecimiento fisiológico, los autores del estudio insisten en que la carga principal no es el paso del tiempo, sino la acumulación de presiones externas. A la exigencia profesional se le suman habitualmente el cuidado de familiares dependientes o la incertidumbre financiera, un trío que dinamita el sistema nervioso e impide alcanzar las fases de sueño profundo.
A la exigencia profesional se le suman habitualmente el cuidado de familiares dependientes o la incertidumbre financiera
La doctora Belinda Steffan, investigadora de la Escuela de Negocios de la Universidad de Edimburgo y coautora del trabajo, subraya que la gestión del descanso debe dejar de considerarse un asunto estrictamente privado para pasar a ser una prioridad de los departamentos de Recursos Humanos. «Sabíamos que el sueño influye en el trabajo y el trabajo en el sueño, pero nos asombró hasta qué punto esta población no clínica estaba sufriendo en silencio», explica la experta. En su opinión, las empresas no pueden dar la espalda a esta realidad: «Nuestro estudio deja claro que la calidad del descanso es un problema de salud y bienestar en el lugar de trabajo. Las organizaciones deben evaluar el impacto de las cargas laborales en el descanso de sus plantillas, especialmente entre los mayores de 50 años, aunque se trata de una lección aplicable a cualquier franja de edad».
Los autores concluyen que la recopilación de datos a través de tecnología ‘wearable’ ofrece por primera vez una hoja de ruta con medidas concretas.
Ajustar los horarios, reducir las dinámicas de hiperconectividad fuera de la jornada laboral y promover una flexibilidad real no solo protege el corazón y la mente del trabajador a las puertas de la jubilación, sino que se perfila como la mejor estrategia para mantener activas y sanas a las generaciones sénior.
