Publicado: julio 18, 2026, 7:00 pm
La fuente de la noticia es https://www.abc.es/tecnologia/terroristas-yihadistas-usan-ia-atentar-dios-ayudado-20260716010751-nt.html
Para poder combatir, el grupo yihadista nigeriano Boko Haram depende de las armas que roba al ejército. El problema es que, muchas veces, sus miembros no tienen ni idea de cómo utilizarlas. «Recuerdo una historia curiosa: hace aproximadamente un año conseguimos varios fusiles Dragunov … e intentamos ponerlos en funcionamiento. Consultamos numerosos manuales y vídeos especializados, pero finalmente desistimos desesperados después de que todos nuestros intentos fracasaran», explicó Abu Musab al Barnawi, líder de una de las facciones, en una carta remitida en 2017 al Estado Islámico, organización a la que su grupo había jurado lealtad.
Ocho años después, el avance vertiginoso de la tecnología ha provocado que este tipo de problemas tengan una solución mucho más sencilla. «Ahora llevamos todo el equipo al campamento y la unidad de IA nos dice cómo utilizarlo y dispararlo», explica un antiguo miembro de la organización. Otro añade: «Cuando conseguíamos un arma sofisticada, los jefes la llevaban a una sala donde introducían el número de serie. Entonces la IA les decía de qué modelo se trataba, cómo cargarla, utilizarla y realizar su mantenimiento». Un tercero apunta que, cuando se encontró con que no sabía emplear su nuevo equipo, un experto al que consultó le dijo, simplemente, «pregúntale a Grok».
Todos estos testimonios han sido recopilados por la doctora Antonia Juelich, investigadora especializada en terrorismo y tecnología de la Universidad de Cambridge, a partir de cerca de 70 entrevistas a 27 antiguos miembros de Boko Haram a lo largo de los dos últimos años. Se trata de la primera investigación de campo que documenta el uso de inteligencia artificial por parte de una organización terrorista activa.
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«Lo que más me sorprendió fue la rapidez y la amplitud con la que la organización ha adoptado la IA. Empezó a utilizarla ya en 2023, antes que muchas empresas e incluso algunos gobiernos», explica Juelich a ABC. Según la investigadora, la organización comprendió enseguida que esta tecnología «podía ayudarles a resolver prácticamente cualquier necesidad, desde problemas con las armas hasta cuestiones de seguridad operativa o tácticas militares». La fascinación fue inmediata. «Alá nos ayuda, ahora lo hará la IA», afirma uno de los antiguos yihadistas.
Modificación de motos y preparación de bombas
Aunque la investigación de Juelich está enfocada en Boko Haram, la autora remarca que no cree que este grupo «sea una excepción» en lo que se refiere al uso de inteligencia artificial por parte de grupos terroristas: «Me sorprendería que otros grupos, especialmente otras filiales del Estado Islámico, no estuvieran utilizando también la IA. Los grupos terroristas suelen ser pioneros en la adopción de nuevas tecnologías. Las barreras para adoptar la inteligencia artificial e integrarla en la actividad cotidiana son especialmente bajas, dado que las herramientas están disponibles públicamente».
«Boko Haram comenzó a utilizar la IA en 2023, mucho antes que muchos gobiernos o empresas»
Antonia Juelich
Investigadora de la Universidad de Cambridge
El trabajo de la doctora resulta especialmente relevante porque arroja luz sobre un aspecto del terrorismo apenas documentado hasta ahora. Organismos como Europol o Naciones Unidas habían alertado principalmente del uso de la inteligencia artificial para elaborar propaganda, difundir campañas de desinformación o facilitar la captación de nuevos miembros. Sin embargo, el estudio de Juelich muestra, por primera vez, cómo una organización terrorista ha incluido este tipo de herramientas en su día a día.
Para sacar partido a los chatbots, Boko Haram recurrió a formación del exterior. Según el estudio, miembros del Estado Islámico viajaron hasta sus campamentos para impartir cursos presenciales. Reunían a los mandos en una sala, proyectaban en una pantalla lecciones sobre herramientas como ChatGPT y les enseñaban a formular consultas o a proteger su identidad mediante redes VPN y sistemas de cifrado. Después, los alumnos más aventajados pasaban a formar parte de unidades especializadas dedicadas a formar al resto.
«Lo más sorprendente fue la organización que había detrás. No se trataba de experimentos improvisados con IA por parte de algunos miembros. La organización la institucionalizó mediante unidades especializadas y programas internos de formación, transmitiendo ese conocimiento a lo largo de la cadena de mando», explica la doctora. A partir de ese momento, la inteligencia artificial pasó a formar parte de prácticamente todas sus operaciones: preparación de bombas, planificación de ataques, labores de vigilancia e, incluso, la modificación de vehículos.
En una entrevista, un antiguo terrorista explica cómo el grupo había fracasado en varias ocasiones tratando de atacar una base del ejército nigeriano que tenía una trinchera defensiva excavada alrededor. Los yihadistas intentaban penetrar en el recinto montados en moto, pero no conseguían superar la zanja. Necesitaban una solución. Y la encontraron en un chatbot.
«Vimos en una película cómo las motocicletas pueden saltar sobre puentes. Usamos la IA para aprender cómo hacerlo. Le dimos información, como el tipo de motocicletas que usamos, la distancia que necesitábamos saltar y demás, y nos proporcionó los pasos que teníamos que seguir«, explica el yihadista. Durante los días siguientes, cavaron fosos y los llenaron de cristales y fuego para practicar: «Dieciocho murieron durante el proceso. Ocho conseguimos hacerlo. La siguiente vez que atacamos, pudimos saltar».
Los jefes de la organización también recurren a los chatbots para mejorar el diseño de explosivos y drones o decidir el número de efectivos que deben participar en un ataque. «Antes enviábamos 200 combatientes porque teníamos mucha fuerza, pero morían 60. Con la ayuda de la IA aprendimos que a veces tiene más sentido enviar solo 20. Aprendimos a coordinar mejor los ataques y a desplegar unidades más pequeñas», recuerda un antiguo guardaespaldas de los mandos de Boko Haram.
«Antes enviábamos 200 combatientes y morían 60. La IA nos ha enseñado que hay veces que es mejor mandar solo 20»
Antiguo miembro de Boko Haram
Otro antiguo miembro afirma que la inteligencia artificial les enseñó «estrategias de guerrilla», como a establecer un punto de reunión seguro para evitar que los combatientes huyeran en desbandada y fueran capturados o abatidos si se retiraban. En el estudio, un antiguo comandante relata cómo enviaban a uno de los combatientes con una cámara en el pecho que enviaba imágenes en directo al campamento, donde otro mando «subía las fotografías a ChatGPT para analizar la situación» y transmitía después ajustes tácticos.
De ChatGPT a DeepSeek
Según explica Juelich, Boko Haram utiliza activamente los chatbots de inteligencia artificial más populares que hay en la red, como ChatGPT, Claude, Gemini, Grok, Meta AI o DeepSeek. Exactamente los mismos que emplea cualquier usuario corriente. Aunque empezaron en 2023 con el robot de OpenAI, a día de hoy no tienen preferencia por ninguno en concreto: «Esto les permite comparar respuestas y cambiar de plataforma si una rechaza una solicitud o suspende una cuenta, por lo que las medidas de seguridad de ningún proveedor en particular resultan un gran problema».
Todas estas herramientas cuentan con medidas de seguridad que, teóricamente, impiden su uso para fines ilícitos. Sin embargo, para Boko Haram las restricciones eran «una molestia más que un obstáculo», porque sabían perfectamente cómo sortearlas. A veces le decían al chatbot que los consejos que pedían para atentar o fabricar explosivos estaban relacionados con la grabación de una película o algo similar, lo que muchas veces hacía que las barreras desaparecieran y que la herramienta estuviera dispuesta a responder. Un truco que, presuntamente, también han utilizado en los últimos años usuarios de ChatGPT en Canadá o Estados Unidos para la planificación de suicidios o ataques contra centros escolares.
«El uso de la IA para el diseño de explosivos es especialmente preocupante, ya que precisamente ese es el tipo de solicitud que los chatbots están diseñados para bloquear», dice la investigadora de Cambridge. «Hay algunos casos de uso que son realmente difíciles de distinguir de algo legítimo, como el asesoramiento técnico o táctico de carácter general. Sin embargo, ayudar a alguien a fabricar bombas o armas no admite ambigüedades. En esos casos, la respuesta del chatbot siempre debería haber sido negativa», completa.
Con esta investigación, Juelich demuestra que el uso de la inteligencia artificial generativa por terroristas «ya no es un riesgo que podamos tratar como teórico o lejano», sino «un problema de seguridad internacional actual que exige una acción coordinada e inmediata de los gobiernos y los desarrolladores de IA».
«Me preocupa el futuro. Los sistemas de IA son cada vez más capaces en diversos ámbitos, mientras que las evaluaciones independientes demuestran que aún se pueden vulnerar las medidas de seguridad, incluso para usos de alto riesgo como el desarrollo de armas biológicas», dice Juelich. «Si a estos avances se suma la evidencia de que los grupos terroristas ya han adoptado la IA, nos encontramos ante una situación muy preocupante. En mi opinión, la respuesta de las empresas de inteligencia artificial hasta ahora dista mucho de estar a la altura de la gravedad del problema», zanja.
