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Irán hace alarde de fuerza en el funeral de Jamenei, pero sigue sin mostrar a su nuevo líder

Irán inicia una nueva era tras el funeral de Alí Jamenei. Los iraníes fieles al sistema han despedido al líder supremo, que gobernó el país durante 37 años, con seis días de ceremonias en Irán e Irak. Unos actos en los que han participado más … de 40 millones de personas, según la cifra ofrecida por los medios oficiales, que describieron el acontecimiento como «la mayor procesión funeraria de la historia». Jamenei, de 86 años, fue asesinado junto a parte de su familia en el primer día de la guerra lanzada por sorpresa por Donald Trump y Benjamin Netanyahu y las autoridades han esperado cuatro meses para organizar los funerales debido a la complicada situación de seguridad.
El régimen quería mostrar al exterior y a sus propios ciudadanos una imagen de fuerza y unidad. Por ese motivo, ha convertido las ceremonias en una exhibición de apoyo al sistema islámico. Las concentraciones de estos días han quedado «inmortalizadas en la historia de esta tierra sagrada», fue el balance final de Iman Attarzadeh, portavoz del comité encargado de organizar el funeral.

Además de la fuerza, la continuidad era otro de los aspectos importantes a resaltar por los responsables islámicos. Estados Unidos e Israel asesinaron al líder y a buena parte de la cúpula de seguridad del país, pero no se ha producido un vacío de poder. Bajo las bombas, el sistema fue capaz de nombrar a un nuevo guía supremo, Mojtaba Jamenei, hijo del anterior, y reemplazar a los altos cargos caídos para mantener el pulso a la agresión exterior.

Noticia relacionada

Mikel Ayestaran

Los funerales han servido para ver en público, por primera vez desde la firma de la tregua, al nuevo liderazgo. El gran ausente ha sido Mojtaba, quien desde su nombramiento permanece oculto y solo se comunica con el exterior a base de mensajes de texto. Israel mantiene su amenaza de muerte sobre el nuevo líder y los iraníes han optado por mantenerlo en paradero desconocido para garantizar su seguridad. EE.UU. sospecha que está tan malherido o mutilado que no puede aparecer en público.

Divisiones en la cúpula de poder

Uno de los retos que tiene por delante Mojtaba es mantener la unidad en la cúpula de poder de la posguerra, ya que las negociaciones con Estados Unidos son un duro objeto de debate. Hasta ahora, la división entre corrientes políticas en Irán se basaba en el pulso entre reformistas y conservadores, pero la firma del memorando con Trump ha provocado una fisura en el ala conservadora, que es la más poderosa. El presidente del Parlamento y jefe negociador, Mohamed Ghalibaf, representa al sector pragmático y defiende el diálogo para obtener resultados concretos de lo que considera una victoria en el campo de batalla. «El estrecho de Ormuz es nuestra mayor herramienta de poder; debemos proteger adecuadamente esta bendición divina. Irán, bajo ninguna circunstancia, renunciará a sus derechos», defiende el negociador jefe.
El ministro de Exteriores, Abbas Araghchi, y el presidente, Masoud Pezeshkian, fueron increpados en momentos puntuales de las ceremonias, tal como se pudo ver en vídeos compartidos en redes sociales. Araghchi recibió el impacto de una piedra en uno de los cortejos y Pezeshkian tuvo que ser rescatado por su equipo de seguridad de una multitud enfurecida. Los partidarios de la negociación consideran que la supervivencia requerirá poner fin a las hostilidades y abrir la economía.

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«El estrecho de Ormuz es nuestra mayor herramienta de poder; debemos proteger adecuadamente esta bendición divina. Irán, bajo ninguna circunstancia, renunciará a sus derechos»

Mohamed Ghalibaf
Presidente del Parlamento iraní

Frente a ellos, dirigentes ultraconservadores como Saeed Jalili repitieron que «vengar al líder supremo es un derecho de la nación y un deber de sus responsables». El jefe del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, Mohammad Bagher Zolghadr, cuyo predecesor, Ali Larijani, murió en un ataque israelí en marzo, se expresó en la misma línea. «La presencia de millones de personas con banderas rojas y consignas que exigen derramamiento de sangre es un mensaje claro de la nación iraní a sus enemigos», defendió. Esta es la parte del régimen que clama venganza, volver a cerrar Ormuz y retomar los ataques contra las bases estadounidenses en la región y contra Israel. Acusan a los negociadores de traición y no quieren diálogo, quieren venganza. Las amenazas de Trump y la insistencia israelí de seguir con las operaciones al sur del Líbano enfurecen a este sector.

Frente interno

El régimen buscaba la mayor proyección mediática posible de los funerales y concedió visados a la prensa internacional bajo estrictas condiciones de trabajo y supervisión. Este medio pudo estar presente en las ceremonias de Teherán, acompañado siempre de un intérprete de una agencia vinculada al Ministerio de Cultura y Guía Islámica.
Las calles se llenaron de seguidores de Jamenei, pero hubo una parte del país que no participó y que no olvida el terror vivido a comienzos de año durante las protestas que estallaron por la grave situación económica, que acabaron con miles de muertos. «Amo mi país y la situación es muy difícil. Sabemos que este régimen no está aquí por nosotros, ni por el bien, ni por Dios, pero también sabemos que Estados Unidos e Israel no son amigos. Enero fue un infierno y la guerra, otro. Los iraníes estamos pagando el precio y pienso que Trump salvó al sistema islámico con su decisión de atacar, incluso ha hecho que lo de enero quede en un segundo plano», explica por teléfono una veterana periodista iraní que no participó en los funerales.

«Los iraníes estamos pagando el precio y pienso que Trump salvó al sistema islámico con su decisión de atacar»

Periodista iraní

Las enormes multitudes fueron gestionadas con éxito, sin ningún incidente grave, sin avalanchas y sin muertos, pese a las altas temperaturas y a la amenaza de nuevos ataques estadounidenses. Durante los últimos dos días de ceremonias, el Pentágono bombardeó objetivos en el sur y norte del país y causó 14 muertos y decenas de heridos. Jamenei es historia de una república islámica que pasa a manos de su hijo, un líder oculto que hereda también a Estados Unidos como gran enemigo. Pero que cuenta con Ormuz como arma de presión y una Guardia Revolucionaria fortalecida y cada vez con más poder en el sistema. Hereda también una economía devastada y a una parte de la sociedad muy alejada de los principios de la revolución islámica.

Publicado: julio 10, 2026, 4:45 pm

La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/iran-alarde-fuerza-funeral-jamenei-sigue-mostrar-20260710183635-nt.html

Irán inicia una nueva era tras el funeral de Alí Jamenei. Los iraníes fieles al sistema han despedido al líder supremo, que gobernó el país durante 37 años, con seis días de ceremonias en Irán e Irak. Unos actos en los que han participado más de 40 millones de personas, según la cifra ofrecida por los medios oficiales, que describieron el acontecimiento como «la mayor procesión funeraria de la historia». Jamenei, de 86 años, fue asesinado junto a parte de su familia en el primer día de la guerra lanzada por sorpresa por Donald Trump y Benjamin Netanyahu y las autoridades han esperado cuatro meses para organizar los funerales debido a la complicada situación de seguridad.

El régimen quería mostrar al exterior y a sus propios ciudadanos una imagen de fuerza y unidad. Por ese motivo, ha convertido las ceremonias en una exhibición de apoyo al sistema islámico. Las concentraciones de estos días han quedado «inmortalizadas en la historia de esta tierra sagrada», fue el balance final de Iman Attarzadeh, portavoz del comité encargado de organizar el funeral.

Además de la fuerza, la continuidad era otro de los aspectos importantes a resaltar por los responsables islámicos. Estados Unidos e Israel asesinaron al líder y a buena parte de la cúpula de seguridad del país, pero no se ha producido un vacío de poder. Bajo las bombas, el sistema fue capaz de nombrar a un nuevo guía supremo, Mojtaba Jamenei, hijo del anterior, y reemplazar a los altos cargos caídos para mantener el pulso a la agresión exterior.

Noticia relacionada


  • Mikel Ayestaran

Los funerales han servido para ver en público, por primera vez desde la firma de la tregua, al nuevo liderazgo. El gran ausente ha sido Mojtaba, quien desde su nombramiento permanece oculto y solo se comunica con el exterior a base de mensajes de texto. Israel mantiene su amenaza de muerte sobre el nuevo líder y los iraníes han optado por mantenerlo en paradero desconocido para garantizar su seguridad. EE.UU. sospecha que está tan malherido o mutilado que no puede aparecer en público.

Divisiones en la cúpula de poder

Uno de los retos que tiene por delante Mojtaba es mantener la unidad en la cúpula de poder de la posguerra, ya que las negociaciones con Estados Unidos son un duro objeto de debate. Hasta ahora, la división entre corrientes políticas en Irán se basaba en el pulso entre reformistas y conservadores, pero la firma del memorando con Trump ha provocado una fisura en el ala conservadora, que es la más poderosa. El presidente del Parlamento y jefe negociador, Mohamed Ghalibaf, representa al sector pragmático y defiende el diálogo para obtener resultados concretos de lo que considera una victoria en el campo de batalla. «El estrecho de Ormuz es nuestra mayor herramienta de poder; debemos proteger adecuadamente esta bendición divina. Irán, bajo ninguna circunstancia, renunciará a sus derechos», defiende el negociador jefe.

El ministro de Exteriores, Abbas Araghchi, y el presidente, Masoud Pezeshkian, fueron increpados en momentos puntuales de las ceremonias, tal como se pudo ver en vídeos compartidos en redes sociales. Araghchi recibió el impacto de una piedra en uno de los cortejos y Pezeshkian tuvo que ser rescatado por su equipo de seguridad de una multitud enfurecida. Los partidarios de la negociación consideran que la supervivencia requerirá poner fin a las hostilidades y abrir la economía.

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«El estrecho de Ormuz es nuestra mayor herramienta de poder; debemos proteger adecuadamente esta bendición divina. Irán, bajo ninguna circunstancia, renunciará a sus derechos»

Mohamed Ghalibaf

Presidente del Parlamento iraní

Frente a ellos, dirigentes ultraconservadores como Saeed Jalili repitieron que «vengar al líder supremo es un derecho de la nación y un deber de sus responsables». El jefe del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, Mohammad Bagher Zolghadr, cuyo predecesor, Ali Larijani, murió en un ataque israelí en marzo, se expresó en la misma línea. «La presencia de millones de personas con banderas rojas y consignas que exigen derramamiento de sangre es un mensaje claro de la nación iraní a sus enemigos», defendió. Esta es la parte del régimen que clama venganza, volver a cerrar Ormuz y retomar los ataques contra las bases estadounidenses en la región y contra Israel. Acusan a los negociadores de traición y no quieren diálogo, quieren venganza. Las amenazas de Trump y la insistencia israelí de seguir con las operaciones al sur del Líbano enfurecen a este sector.

Frente interno

El régimen buscaba la mayor proyección mediática posible de los funerales y concedió visados a la prensa internacional bajo estrictas condiciones de trabajo y supervisión. Este medio pudo estar presente en las ceremonias de Teherán, acompañado siempre de un intérprete de una agencia vinculada al Ministerio de Cultura y Guía Islámica.

Las calles se llenaron de seguidores de Jamenei, pero hubo una parte del país que no participó y que no olvida el terror vivido a comienzos de año durante las protestas que estallaron por la grave situación económica, que acabaron con miles de muertos. «Amo mi país y la situación es muy difícil. Sabemos que este régimen no está aquí por nosotros, ni por el bien, ni por Dios, pero también sabemos que Estados Unidos e Israel no son amigos. Enero fue un infierno y la guerra, otro. Los iraníes estamos pagando el precio y pienso que Trump salvó al sistema islámico con su decisión de atacar, incluso ha hecho que lo de enero quede en un segundo plano», explica por teléfono una veterana periodista iraní que no participó en los funerales.

«Los iraníes estamos pagando el precio y pienso que Trump salvó al sistema islámico con su decisión de atacar»

Periodista iraní

Las enormes multitudes fueron gestionadas con éxito, sin ningún incidente grave, sin avalanchas y sin muertos, pese a las altas temperaturas y a la amenaza de nuevos ataques estadounidenses. Durante los últimos dos días de ceremonias, el Pentágono bombardeó objetivos en el sur y norte del país y causó 14 muertos y decenas de heridos. Jamenei es historia de una república islámica que pasa a manos de su hijo, un líder oculto que hereda también a Estados Unidos como gran enemigo. Pero que cuenta con Ormuz como arma de presión y una Guardia Revolucionaria fortalecida y cada vez con más poder en el sistema. Hereda también una economía devastada y a una parte de la sociedad muy alejada de los principios de la revolución islámica.

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