Publicado: junio 26, 2026, 2:45 am
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Venezuela todavÃa no procesa el doble terremoto ocurrido la tarde de este miércoles, un paÃs que no está habituado a este tipo de eventos. En las intensas labores de búsqueda en aquellos edificios que se desplomaron también aflora la solidaridad de vecinos que han … aportado agua, comida y guantes.
En San Bernardino, cerca del edificio Rita, que se desplomó, un grupo de mujeres con camisas blancas se organizaba para prestar apoyo. Entre sus peticiones: guantes, picos, palas y martillos. «Aún hay personas dentro, se pueden escuchar», dijo.
También pedÃan comida para los exhaustos rescatistas que hacÃan labores para remover los escombros. Un bombero que prestaba apoyo en el lugar dijo que temÃa por el relevo del personal y que era necesario contar con mayor maquinaria para acelerar la búsqueda.
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Andrés Gerlotti Slusnys
El movimiento estudiantil de la Universidad Central de Venezuela (UCV) también dispuso un centro de acopio en su plaza central para recibir insumos médicos, agua, ropa para bebés, pañales y artÃculos para personas de la tercera edad. Samantha Barreto, parte del equipo, contó que también estaban recibiendo gasoil para que los bomberos pudieran seguir apoyando.
«También recibimos comida, cascos, guantes, palas para ayudar a recoger los escombros que deja este desastre. Estaremos aquà de manera indefinida y nos iremos moviendo de un lado a otro para lo que se necesite», comenta.
Barreto agregó que próximamente estarán informando cómo pueden ayudar las personas desde el exterior para socorrer a la nación caribeña, que ha sufrido dos seÃsmos de magnitud 7,2 y 7,5. El balance oficial de las dos de la tarde indicaba que el número de muertes ascendÃa a 188 y el de heridos a 1.520, además de 3.000 familias damnificadas.
La sacudida de las seis de la tarde
Era un dÃa festivo, muchas personas se habÃan desplazado para celebrar San Juan, el santo al que el paÃs le rinde tributo con tambores cada 24 de junio. Pero la fiesta se convirtió en una tragedia de dimensiones que aún se desconocen.
A las seis de la tarde, lo que comenzó como un pequeño temblor, se prolongó durante 39 segundos y, con ello, la sensación de que todo se derrumbarÃa. Las paredes crujÃan, los portones se batÃan con fuerza y en algunos casos era difÃcil abrirlos para lograr salir.
Incluso una trabajadora sanitaria dijo que, a pesar de que está entrenada, no pudo mantener la calma y ni siquiera pudo coger el bolso de emergencia que tenÃa preparado. Lo único que pudo agarrar fue a su hija, con quien corrió por las escaleras. Su edificio, ubicado en la avenida Victoria, quedó a oscuras inmediatamente que ocurrieron los sismos.
«De verdad es el más fuerte que hemos tenido en Venezuela, la onda iba en un aumento»
Franca Loggiodice
Residente en Caracas
«De verdad es el más fuerte que hemos tenido en Venezuela, la onda iba en un aumento, fue muy fuerte, mi impresión es que las rejas no las podÃamos abrir», dice Franca Loggiodice.
Otra vecina de la zona, que cargaba a su mascota en brazos, dijo que «fue muy fuerte». «Los armarios se abrieron y se salió todo, todas las casas están llenas de vidrio, se abrieron cajones, se abrió todo», expresó Lissete.
En una residencia estudiantil, un grupo de jóvenes se ayudaba para tener conexión a internet y poder saber de sus seres queridos. Desde un teléfono que sà tenÃa señal, compartieron los datos móviles. A algunas de ellas, la alerta de seÃsmo que tienen instaladas en sus celulares les avisó tres segundos antes que ocurriera.
Los sismos y sus réplicas llevaron a quienes lograron escapar a la calle a resguardarse. Incluso en algunas zonas no tan afectadas los vecinos temÃan volver a sus casas. Algunos se quedaron en garajes o plazas para pasar las horas. Otros se hicieron compañÃa cargando los teléfonos en casas de quienes sà tenÃan electricidad. Incluso entre desconocidos se tendieron la mano durante la emergencia.
En otras zonas, los vecinos sacaban un bolso con panes, galletas y café, mientras ponÃan las noticias en una radio antigua que no necesitaba baterÃas para escuchar el primer balance de la noche alrededor de las diez. Nadie durmió entre las réplicas, por el temor por los seres desaparecidos y las viviendas afectadas. Pese a la tragedia, la gente junta sus manos para socorrerse.
Las labores de rescate
En San Bernardino, una de las zonas más afectadas, una gran cantidad de edificios tenÃan grietas. En otros los equipos de rescatistas pedÃan el mayor silencio posible para no entorpecer la búsqueda. Una capa de humo aún se mantenÃa en las calles al mediodÃa de este jueves, mientras vecinos con maletas, bolsos y comida aguardaban en las aceras esperando noticias.
Un bombero, que hacÃa labores de búsqueda, lucÃa exhausto y con los ojos rojos. Su mayor temor era que hicieran falta más personas para el relevo del personal, asà como maquinaria para levantar y remover los escombros. Una mujer del edificio La Quinta, que también sufrió daños, bajó once pisos con un balde lleno de vidrios que recogió de su edificio. En ese lugar, la mayorÃa ya habÃa abandonado sus hogares la tarde del miércoles y temÃan volver hasta no saber el informe técnico del estado del edificio.
Las llamadas de ayuda para encontrar a seres queridos también se han multiplicado. A través de Whatsapp se han compartido cientos de imágenes pidiendo apoyo para dar con la gente, sobre todo, del estado costero La Guaira. Tanto los de dentro como los venezolanos que viven fuera, se han apostado a prestar ayuda para localizarlos. En algunos casos preguntan desde dónde pueden hacer donaciones.
Familias enteras son buscadas desde la tarde del miércoles, cuando la quietud de un dÃa festivo se transformó en una tragedia para la población. Algunos también se preguntan cómo van a levantar sus casas, que han quedado reducidas a escombros.
Moisés Hernández es uno de los que está convencido de que «ayudarnos entre todos será clave en la situación». El joven regresaba a su casa en la tarde cuando ocurrió todo, iba a bordo de un taxi desde donde comenzó a ver que caÃan trozos de vidrios y de concreto.
