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La mayoría de los extras que se ofertan con la fecundación 'in vitro' no mejoran la fertilidad

El camino hacia la paternidad a través de la reproducción asistida suele ser una montaña rusa para la pareja y, con frecuencia, un pozo sin fondo financiero. En esa búsqueda por aumentar las probabilidades de éxito, que por ciclo apenas rondan el 40% … y decrecen con la edad, más del 70% de los pacientes acaban recurriendo a tratamientos complementarios. Promesas de tecnología y fármacos que las clínicas privadas ofrecen a precio de oro pero que, en la inmensa mayoría de los casos, carecen de base científica.
Una exhaustiva revisión sistemática publicada esta semana en la revista científica ‘The Lancet Obstetrics, Gynaecology, & Women’s Health’ viene a poner orden en este cajón de sastre. Tras analizar 85 ensayos clínicos aleatorizados que examinan la validez de diez de los complementos más habituales, los investigadores han concluido que la mayoría de ellos no muestran ningún efecto sobre la fertilidad o presentan resultados totalmente inconclusos debido a la baja calidad de los datos disponibles.

El hallazgo destapa además una preocupante realidad sobre la investigación en este campo: de los 157 estudios que potencialmente iban a ser incluidos en el análisis, los autores tuvieron que descartar casi la mitad (72 ensayos) debido a serias dudas sobre su confiabilidad y rigor metodológico.

Noticia relacionada

La purga deja al descubierto un mercado impulsado más por las expectativas y el ‘marketing’ que por la medicina basada en la evidencia.

Promesas sin base en el laboratorio

«En muchos países, la atención a la infertilidad se presta en gran medida en clínicas privadas donde la fecundación in vitro (FIV) está muy comercializada y algunos complementos son extremadamente caros», advierte la doctora Sarah Lensen, investigadora de la Universidad de Melbourne (Australia) y autora principal del estudio. Para la experta, ofrecer técnicas no probadas genera un cóctel peligroso: «Puede provocar falsas esperanzas, una mayor tensión financiera y procedimientos médicos innecesarios en un momento que ya de por sí es muy difícil para los pacientes».
La lista de técnicas analizadas que han recibido el suspenso científico al no demostrar beneficios claros para lograr un recién nacido vivo incluye procedimientos muy extendidos en el sector. Entre ellos se encuentran la acupuntura, el uso de corticosteroides para suprimir la actividad inmune, las infusiones de intralípidos o la inyección intraovárica o uterina de plasma rico en plaquetas (PRP). Tampoco salen bien parados el test de receptividad endometrial (una biopsia para evaluar los patrones genéticos del útero) ni el cribado genético preimplantacional de aneuploidías (PGT-A) en su uso general de rutina, ya que, según los datos, la reducción del riesgo de aborto que ofrece no se traduce de forma robusta en una mayor tasa acumulada de bebés nacidos.
Frente a este desierto de certezas, el metaanálisis solo salva, y con notables matices, a tres tratamientos específicos para los que halló una «evidencia débil» de posible beneficio.
El primero es el EmbryoGlue, un medio de transferencia embrionaria rico en ácido hialurónico que podría favorecer la implantación, aunque su efecto no se mostró del todo estable en los modelos estadísticos. El segundo es el ‘scratching’ o raspado endometrial, una pequeña lesión deliberada en el revestimiento del útero. El tercero es el PICSI, una técnica de selección fisiológica de los espermatozoides maduros que mostró indicios de reducir el riesgo de aborto espontáneo.

El peligro de confundir negocio y ciencia

La comunidad científica independiente ha recibido el estudio como una necesaria llamada de atención a un sector que a veces avanza más rápido en la factura que en la ciencia. «Los resultados son consistentes con lo que veníamos observando, pero la gran novedad es que los autores aplican criterios mucho más estrictos para filtrar la literatura científica tramposa o de mala calidad», explica Francisco Domínguez, coordinador de Investigación en la Fundación IVI y jefe del Grupo de Biología Reproductiva en el IISLaFe, al Science Media Center (SMC) España.
Domínguez coincide en que pacientes y profesionales deben ser extremadamente prudentes antes de incorporar tratamientos costosos o invasivos que no hayan demostrado su eficacia, aunque introduce un matiz clínico: «La ausencia de evidencia sólida no siempre equivale a evidencia de ausencia de beneficio», indica el investigador. «Significa que necesitamos ensayos más grandes y rigurosos para saber qué pacientes concretas podrían beneficiarse realmente».

«En un ámbito con alta carga emocional, es fundamental que cualquier tratamiento se ofrezca con una información clara y equilibrada sobre sus riesgos e incertidumbre»

Rocío Núñez Calonge
Sociedad Española de Fertilidad

En la misma línea se pronuncia Rocío Núñez Calonge, directora científica del Grupo UR Internacional y coordinadora del Grupo de Ética de la Sociedad Española de Fertilidad (SEF): «En un ámbito con una carga emocional tan alta, es fundamental que cualquier tratamiento adicional se ofrezca con una información clara y equilibrada sobre sus riesgos y su grado de incertidumbre», añade al SMC. «Su uso generalizado actual no está respaldado».

El cóctel informativo de las redes sociales

El problema, sin embargo, no es solo lo que ocurre dentro de la clínica, sino cómo se informan los pacientes. En un segundo estudio paralelo publicado en la misma revista, el equipo de la doctora Lensen monitorizó los hábitos de consumo de información de las personas en tratamiento reproductivo. Los datos revelan que el 92% de los pacientes extrae sus conocimientos sobre los tratamientos adicionales casi exclusivamente de las páginas web de las propias clínicas privadas, y más del 60% acude a foros y redes sociales como Facebook o Reddit para guiar sus decisiones médicas.
«Existe una desinformación generalizada en la red; los portales de las clínicas y los foros suelen exagerar los beneficios y omitir los costes y riesgos de estos extras», subraya Lensen. Para combatir este fenómeno, su equipo ha diseñado una web independiente y gratuita libre de intereses comerciales. Un ensayo clínico demostró que los pacientes que consultaron esta herramienta mejoraron notablemente su comprensión real sobre lo que la ciencia avala y lo que no.

«La incertidumbre debe comunicarse con claridad en lugar de ocultarse tras un lenguaje optimista»

David Barad
Center for Human Reproduction

Como resume de forma tajante el doctor David Barad, investigador del Center for Human Reproduction de Nueva York y también ajeno al estudio, en un comentario que acompaña a la edición: «Las afirmaciones deben juzgarse frente a ensayos fiables, la incertidumbre debe comunicarse con claridad en lugar de ocultarse tras un lenguaje optimista, y la información al paciente debe ser tratada como parte de la intervención clínica, no como un accesorio de ‘marketing’».

Publicado: junio 23, 2026, 10:15 pm

Fuente de la noticia : https://www.abc.es/salud/mayoria-extras-ofertan-reproduccion-vitro-mejoran-fertilidad-20260623012410-nt.html

El camino hacia la paternidad a través de la reproducción asistida suele ser una montaña rusa para la pareja y, con frecuencia, un pozo sin fondo financiero. En esa búsqueda por aumentar las probabilidades de éxito, que por ciclo apenas rondan el 40% y decrecen con la edad, más del 70% de los pacientes acaban recurriendo a tratamientos complementarios. Promesas de tecnología y fármacos que las clínicas privadas ofrecen a precio de oro pero que, en la inmensa mayoría de los casos, carecen de base científica.

Una exhaustiva revisión sistemática publicada esta semana en la revista científica ‘The Lancet Obstetrics, Gynaecology, & Women’s Health’ viene a poner orden en este cajón de sastre. Tras analizar 85 ensayos clínicos aleatorizados que examinan la validez de diez de los complementos más habituales, los investigadores han concluido que la mayoría de ellos no muestran ningún efecto sobre la fertilidad o presentan resultados totalmente inconclusos debido a la baja calidad de los datos disponibles.

El hallazgo destapa además una preocupante realidad sobre la investigación en este campo: de los 157 estudios que potencialmente iban a ser incluidos en el análisis, los autores tuvieron que descartar casi la mitad (72 ensayos) debido a serias dudas sobre su confiabilidad y rigor metodológico.

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Promesas sin base en el laboratorio

«En muchos países, la atención a la infertilidad se presta en gran medida en clínicas privadas donde la fecundación in vitro (FIV) está muy comercializada y algunos complementos son extremadamente caros», advierte la doctora Sarah Lensen, investigadora de la Universidad de Melbourne (Australia) y autora principal del estudio. Para la experta, ofrecer técnicas no probadas genera un cóctel peligroso: «Puede provocar falsas esperanzas, una mayor tensión financiera y procedimientos médicos innecesarios en un momento que ya de por sí es muy difícil para los pacientes».

La lista de técnicas analizadas que han recibido el suspenso científico al no demostrar beneficios claros para lograr un recién nacido vivo incluye procedimientos muy extendidos en el sector. Entre ellos se encuentran la acupuntura, el uso de corticosteroides para suprimir la actividad inmune, las infusiones de intralípidos o la inyección intraovárica o uterina de plasma rico en plaquetas (PRP). Tampoco salen bien parados el test de receptividad endometrial (una biopsia para evaluar los patrones genéticos del útero) ni el cribado genético preimplantacional de aneuploidías (PGT-A) en su uso general de rutina, ya que, según los datos, la reducción del riesgo de aborto que ofrece no se traduce de forma robusta en una mayor tasa acumulada de bebés nacidos.

Frente a este desierto de certezas, el metaanálisis solo salva, y con notables matices, a tres tratamientos específicos para los que halló una «evidencia débil» de posible beneficio.

El primero es el EmbryoGlue, un medio de transferencia embrionaria rico en ácido hialurónico que podría favorecer la implantación, aunque su efecto no se mostró del todo estable en los modelos estadísticos. El segundo es el ‘scratching’ o raspado endometrial, una pequeña lesión deliberada en el revestimiento del útero. El tercero es el PICSI, una técnica de selección fisiológica de los espermatozoides maduros que mostró indicios de reducir el riesgo de aborto espontáneo.

El peligro de confundir negocio y ciencia

La comunidad científica independiente ha recibido el estudio como una necesaria llamada de atención a un sector que a veces avanza más rápido en la factura que en la ciencia. «Los resultados son consistentes con lo que veníamos observando, pero la gran novedad es que los autores aplican criterios mucho más estrictos para filtrar la literatura científica tramposa o de mala calidad», explica Francisco Domínguez, coordinador de Investigación en la Fundación IVI y jefe del Grupo de Biología Reproductiva en el IISLaFe, al Science Media Center (SMC) España.

Domínguez coincide en que pacientes y profesionales deben ser extremadamente prudentes antes de incorporar tratamientos costosos o invasivos que no hayan demostrado su eficacia, aunque introduce un matiz clínico: «La ausencia de evidencia sólida no siempre equivale a evidencia de ausencia de beneficio», indica el investigador. «Significa que necesitamos ensayos más grandes y rigurosos para saber qué pacientes concretas podrían beneficiarse realmente».

«En un ámbito con alta carga emocional, es fundamental que cualquier tratamiento se ofrezca con una información clara y equilibrada sobre sus riesgos e incertidumbre»

Rocío Núñez Calonge

Sociedad Española de Fertilidad

En la misma línea se pronuncia Rocío Núñez Calonge, directora científica del Grupo UR Internacional y coordinadora del Grupo de Ética de la Sociedad Española de Fertilidad (SEF): «En un ámbito con una carga emocional tan alta, es fundamental que cualquier tratamiento adicional se ofrezca con una información clara y equilibrada sobre sus riesgos y su grado de incertidumbre», añade al SMC. «Su uso generalizado actual no está respaldado».

El cóctel informativo de las redes sociales

El problema, sin embargo, no es solo lo que ocurre dentro de la clínica, sino cómo se informan los pacientes. En un segundo estudio paralelo publicado en la misma revista, el equipo de la doctora Lensen monitorizó los hábitos de consumo de información de las personas en tratamiento reproductivo. Los datos revelan que el 92% de los pacientes extrae sus conocimientos sobre los tratamientos adicionales casi exclusivamente de las páginas web de las propias clínicas privadas, y más del 60% acude a foros y redes sociales como Facebook o Reddit para guiar sus decisiones médicas.

«Existe una desinformación generalizada en la red; los portales de las clínicas y los foros suelen exagerar los beneficios y omitir los costes y riesgos de estos extras», subraya Lensen. Para combatir este fenómeno, su equipo ha diseñado una web independiente y gratuita libre de intereses comerciales. Un ensayo clínico demostró que los pacientes que consultaron esta herramienta mejoraron notablemente su comprensión real sobre lo que la ciencia avala y lo que no.

«La incertidumbre debe comunicarse con claridad en lugar de ocultarse tras un lenguaje optimista»

David Barad

Center for Human Reproduction

Como resume de forma tajante el doctor David Barad, investigador del Center for Human Reproduction de Nueva York y también ajeno al estudio, en un comentario que acompaña a la edición: «Las afirmaciones deben juzgarse frente a ensayos fiables, la incertidumbre debe comunicarse con claridad en lugar de ocultarse tras un lenguaje optimista, y la información al paciente debe ser tratada como parte de la intervención clínica, no como un accesorio de ‘marketing’».

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