Publicado: junio 21, 2026, 10:45 pm
La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/diez-anos-brexit-reino-unido-vuelve-mirar-20260619021451-nt.html
«El pueblo británico ha hablado y la respuesta es: estamos fuera». Esta es la frase que el periodista David Dimbleby pronunció en la BBC en la madrugada del 24 de junio de 2016, una de las noches más trascendentales de la historia política británica … contemporánea. El Reino Unido acababa de votar por abandonar la Unión Europea con un 52% de los sufragios frente al 48% que apostó por permanecer. Diez años después, el país continúa discutiendo qué relación debe mantener con el bloque que decidió abandonar.
La escena resulta especialmente significativa a la luz del balance que el propio Dimbleby ha realizado una década más tarde. En un artículo publicado en ‘The Independent’, el presentador afirma que «han pasado diez años y seguimos esperando» las ventajas económicas y políticas que los partidarios de la salida aseguraban que llegarían tras abandonar la UE.
La reflexión de quien anunció al país el resultado sintetiza buena parte del debate actual. El Brexit se ejecutó formalmente. El Reino Unido abandonó la Unión Europea el 31 de enero de 2020 y culminó su salida efectiva del mercado único y de la unión aduanera el 1 de enero de 2021. Sin embargo, continúa el debate sobre el coste económico, las implicaciones institucionales, la inmigración, la regulación, la cohesión territorial y el lugar que ocupa el Reino Unido en Europa y en el mundo.
Noticia relacionada
-
Ivannia Salazar
Pocas cuestiones generan hoy un consenso tan amplio entre los especialistas como la evaluación económica de la salida. El informe ‘Ten Years On: What Next for UK-EU Relations?’ (‘Diez años después: ¿qué es lo próximo en las relaciones entre el Reino Unido y la UE?’), publicado por el ‘think tank’ UK in a Changing Europe (Reino Unido en una Europa en Cambio) con motivo de este décimo aniversario, concluye que existe un amplio consenso entre economistas e investigadores de que el Brexit ha hecho que la economía británica genere menos riqueza de la que habría producido permaneciendo dentro de la UE.
También un estudio elaborado a partir de datos del Banco de Inglaterra estima que el Brexit ha supuesto una pérdida cercana al 6% de la actividad económica británica. El gobernador de la entidad, Andrew Bailey, ha reconocido que «si se reduce el tamaño de los mercados con los que comerciamos, eso tiende a tener un impacto negativo sobre el crecimiento». También la ministra de Economía, Rachel Reeves, ha citado estimaciones que apuntan a un golpe de hasta el 8% sobre el PIB.
Protagonistas de un día histórico: Farage, a favor del Brexit; Cameron, en contra, y votantes a favor de Europa.
(Afp)
Esos datos se encuentran en el centro de la estrategia de ‘reset’ o reinicio de relaciones que el primer ministro Keir Starmer impulsa con Bruselas desde su llegada a Downing Street. El Gobierno aspira a cerrar acuerdos en materia comercial, energética, educativa, cultural y de seguridad que permitan reducir algunas de las fricciones creadas por el Brexit sin cuestionar formalmente la salida.
No obstante, las estimaciones recogidas por UK in a Changing Europe indican que los beneficios económicos potenciales de ese acercamiento serían modestos. Incluso si todos los acuerdos previstos llegaran a completarse, el incremento del PIB difícilmente superaría el 0,5% a largo plazo.
Las cuatro grandes alternativas
El informe plantea cuatro grandes alternativas para el futuro de la relación bilateral. La primera sería una unión aduanera. La segunda, un modelo similar al suizo. La tercera, el ingreso en el Espacio Económico Europeo, equivalente en la práctica a participar en el mercado único. La cuarta consistiría en volver a formar parte de la Unión Europea.
El balance no es sencillo. Incluso algunos analistas que consideran que el Brexit ha tenido un coste significativo advierten de que la última década ha estado marcada por otros acontecimientos extraordinarios que dificultan aislar con precisión el impacto del divorcio. La pandemia de Covid-19, la crisis energética desencadenada por la invasión rusa de Ucrania y la desaceleración económica global han alterado profundamente las economías occidentales durante los años posteriores al referéndum.
Giles Wilkes, antiguo asesor económico del Gobierno y uno de los autores de la serie ‘Brexit at 10’ (‘Brexit en el 10’) del Institute for Government (Instituto para el Gobierno), sostiene que el análisis debe realizarse con cautela porque «el Brexit está lejos de haber sido el único, o incluso el mayor shock de los últimos diez años».
«El Brexit está lejos de haber sido el único, o incluso el mayor shock de los últimos diez años»
Giles Wilkes
Ex asesor económico del Gobierno
Los defensores de la salida recuerdan además que algunas de las predicciones más alarmistas realizadas durante la campaña de 2016 no llegaron a materializarse. No se produjo una recesión inmediata tras el referéndum, el desempleo continuó descendiendo hasta niveles históricamente bajos antes de la pandemia y la City londinense conservó su posición como gran centro financiero. El propio Bailey ha reconocido que el impacto sobre los servicios financieros fue «mucho menos perjudicial de lo que muchos predijeron en aquel momento», y no se produjo el éxodo masivo que algunos habían anticipado.
Junto a la discusión económica, la inmigración sigue ocupando un lugar central. La promesa de recuperar el control de las fronteras fue uno de los argumentos de la campaña favorable a la salida. Diez años después, los datos muestran una realidad compleja.
Inmigración de países no comunitarios
La inmigración desde la UE se ha desplomado. Los flujos netos han pasado de superar las 200.000 personas anuales antes del referéndum a cifras negativas y sectores como la hostelería, la agricultura o el transporte han perdido buena parte de la mano de obra europea de la que dependían. Al mismo tiempo, se ha producido un aumento de la inmigración procedente de países no comunitarios y el nuevo sistema migratorio de puntos diseñado tras el Brexit facilitó la llegada de trabajadores cualificados en ámbitos como la sanidad o la tecnología.
El Brexit también ha transformado profundamente la política británica. El referéndum provocó la dimisión inmediata de David Cameron, abrió el turbulento mandato de Theresa May, desembocó en las sucesivas crisis parlamentarias de Westminster y terminó impulsando a Boris Johnson al poder con la promesa de «hacer realidad el Brexit».
Desde entonces, el Reino Unido ha tenido seis primeros ministros. El Institute for Government considera que el referéndum inauguró una etapa de inestabilidad política sin precedentes en la historia del país, y las tensiones afectaron igualmente a la arquitectura territorial del Reino Unido. Escocia votó mayoritariamente por permanecer en la UE y el apoyo a la independencia escocesa se ha mantenido desde entonces cerca del 50%.
Escocia votó mayoritariamente por permanecer en la UE y el apoyo a la independencia escocesa se ha mantenido desde entonces cerca del 50%
En Irlanda del Norte, la necesidad de evitar una frontera física con la República de Irlanda condujo a la creación de controles comerciales en el mar de Irlanda, una solución que provocó una profunda crisis política.
El Brexit también alteró las relaciones entre Westminster y los gobiernos descentralizados. El Institute for Government sostiene que la salida de la UE puso a prueba los mecanismos de cooperación territorial creados durante la etapa de la integración europea y generó tensiones inéditas entre Londres, Edimburgo, Cardiff y Belfast.
Y, aunque la llegada de Keir Starmer al poder ha mejorado el tono de las relaciones institucionales, las cuestiones de fondo siguen abiertas. En palabras de la experta en Brexit e investigadora Jill Rutter, «es más fácil elevar la retórica que obtener resultados».
Sobre la política exterior
La política exterior tampoco ha permanecido al margen de las consecuencias del Brexit. Quienes defendían la salida imaginaban un Reino Unido más autónomo, más global y menos condicionado por Bruselas. Sin embargo, la invasión rusa de Ucrania, el ascenso de China, la inestabilidad en Oriente Próximo y las dudas crecientes sobre el compromiso estadounidense con la seguridad europea han empujado a Londres a mantener una cooperación muy estrecha con sus socios continentales.
David Lidington, exministro conservador y antiguo responsable de asuntos europeos, sostiene que la principal pérdida no ha sido tanto «la capacidad de actuar» como «la capacidad de influir». Los ministros británicos ya no participan en las reuniones donde se forman los consensos europeos y el Reino Unido ha dejado de ocupar el papel de puente entre Washington y Bruselas que durante años reivindicó.
Paradójicamente, una de las promesas más repetidas por los partidarios del Brexit, la libertad regulatoria, tampoco ha producido una revolución. El Institute for Government concluye que la divergencia regulatoria respecto a la UE ha sido limitada, y muchas empresas continúan aplicando estándares europeos porque necesitan vender en el mercado comunitario y porque mantener dos sistemas regulatorios distintos resulta costoso e ineficiente. El resultado es que el Reino Unido ha ganado autonomía regulatoria formal, pero en muchos ámbitos continúa alineado con normas sobre cuya elaboración ya no participa.
La cuestión que atraviesa todos estos debates es si el Reino Unido está cambiando de opinión sobre el Brexit. Los datos sugieren que sí.
Según el análisis del reconocido profesor John Curtice, el apoyo a volver a la UE alcanza actualmente niveles récord. El promedio de las encuestas realizadas en 2026 sitúa el respaldo al reingreso en torno al 60%, frente al 40% que optaría por seguir fuera. «Por el momento, al menos, una parte significativa de los votantes ha decidido que estar fuera de la Unión Europea no merece la pena», asegura.
Según las encuestas, el 60% es partidario de volver a la UE y el 40% prefiere seguir fuera
Mientras tanto, Reform UK y el ala euroescéptica conservadora rechazan los intentos de aproximación a la UE, los liberaldemócratas defienden una unión aduanera y algunas figuras laboristas hablan abiertamente de una futura reincorporación al mercado único. El alcalde de Londres, Sadiq Khan, incluso ha pedido que el reingreso en la Unión Europea figure algún día en el programa electoral laborista.
