Publicado: junio 17, 2026, 8:45 pm
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En 1962, la magistral historiadora Barbara Tuchman publicó ‘Los cañones de agosto’, sobre los primeros meses de la Primera Guerra Mundial. Tras 14 borradores, las 167 palabras en inglés del arranque del primer capítulo, dedicado al funeral de Eduardo VII, son un clásico … que hoy en día sigue resonando: «La voz amortiguada del Big Ben dio las nueve de la mañana cuando el cortejo fúnebre abandonó el palacio, pero en el reloj de la Historia era el crepúsculo, y el sol del viejo mundo se estaba poniendo, con un moribundo esplendor que nunca se vería otra vez.»
No se pueden esquivar los paralelismos históricos con la guerra de Ucrania, que la semana pasada ha superado en duración a la Primera Guerra Mundial. Superados los 1.570 días de la agresión de Rusia, las lecciones resucitadas del libro de Tuchman siguen advirtiendo sobre los actuales errores de cálculo geopolítico, las ofensivas militares empantanadas y los riesgos de escaladas no deseadas. Sin olvidar la vana ilusión de las rápidas victorias y cómo las lógicas férreas solo producen resultados espantosos.
Quizá la principal clave sea el papel de la tecnología a la hora de prolongar las masacres bélicas. Es bien conocido el horror de la Primera Guerra Mundial multiplicado por la era industrial, que produjo tanques, bombardeos masivos, ametralladoras y gas mostaza. Y también empieza a resultar evidente cómo Ucrania ha redefinido la naturaleza de los conflictos bélicos al integrar en tiempo real el uso de drones, la inteligencia y las decisiones en el campo de batalla. Con esta reinvención, los «débiles» pueden vigilar todo el frente, atacar a las fuerzas que lo cruzan, interrumpir las rutas de suministro y alcanzar objetivos situados muy atrás de las líneas enemigas.
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Enric Bonet
Tras más de cuatro años y tres meses de combates ininterrumpidos en Ucrania, la cuestión es cómo llegar a un Tratado de Versalles como el firmado en 1919 para poner fin a la «guerra que acabaría con todas las guerras». Por desgracia, también se sabe que una guerra prolongada no garantiza una paz justa.
