Publicado: junio 16, 2026, 6:00 am
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Apenas tres semanas después de asumir el cargo, Kevin Warsh afronta su primer gran reto al frente de la Reserva Federal. La inflación está repuntando al ritmo más rápido de los últimos tres años. Crece el desacuerdo entre los responsables de la política monetaria del banco central. Y, para más inri, los inversores han estado vendiendo bonos del Tesoro de Estados Unidos y apostando cada vez más a que la Fed tendrá que empezar a subir los tipos de interés antes de diciembre, desafiando el llamamiento del presidente Donald Trump para que los reduzca.
En este escenario, hay poco en juego en el resultado de la reunión de política monetaria de la Fed de esta semana. El consenso de los analistas confían en que el banco mantendrá su tasa de referencia sin cambios en un rango de entre el 3,5% y el 3,75%, mientras espera ver cómo el impacto de los precios de la energía derivado de la guerra con Irán se traslada a la economía, incluso después del acuerdo provisional alcanzado el domingo para detener el conflicto.
El foco, no obstante, estará sobre la primera rueda de prensa de Warsh, así como el comunicado posterior a la reunión y las previsiones de la Fed, que serán examinados minuciosamente en busca de pistas sobre los próximos pasos. Si transmite de forma convincente que la Fed está dispuesta a volver a centrarse en la lucha contra la inflación, es probable que Wall Street se sienta tranquila respecto al compromiso de Warsh con la independencia política del banco central. Si no lo consigue, inquietará a unos mercados que ya temen que pueda poner en riesgo la credibilidad de la Fed al ceder a las presiones de la Casa Blanca.
«Es una posición muy difícil para él desde cualquier punto de vista», afirmó James Clouse, economista del Andersen Institute y exsubdirector de la división de asuntos monetarios de la Fed. Sin embargo, en el caso de Warsh, el conflicto inmediato entre las prioridades de la Casa Blanca y la dirección que está tomando la economía resulta especialmente delicado. La tensión en Wall Street ha aumentado debido a las dudas sobre las opiniones de Warsh y a unas perspectivas más amplias complicadas por la guerra y por un auge de la inversión en inteligencia artificial que está impulsando aún más una economía sorprendentemente resistente.
Cabe precisar que Warsh fue un firme partidario de una política monetaria restrictiva durante su mandato como gobernador de la Fed entre 2006 y 2011, cuando el colapso del mercado inmobiliario llevó a Estados Unidos a una profunda recesión. Pero en los años posteriores se convirtió en un duro crítico del banco central y el año pasado cuestionó que siguiera pronosticando una inflación elevada, argumentando que la inteligencia artificial desencadenará una «fuerza desinflacionaria significativa» al aumentar la productividad.
El silencio de Warsh desde que juró el cargo el mes pasado -algo no inusual en un nuevo presidente que intenta orientarse- complica aún más la situación. Además, la evolución de la economía ha cambiado rápidamente desde que la guerra con Irán impulsó al alza los precios del petróleo. A medida que las empresas ven aumentar sus costes, los trasladan a los consumidores mediante precios más altos, alimentando una inflación que ya llevaba cinco años por encima del objetivo del 2% de la Fed. En mayo, el índice de precios al consumo (IPC) aumentó un 4,2% respecto al año anterior, la cifra más alta desde abril de 2023.
Esto ha cambiado drásticamente las expectativas en Wall Street. Los operadores han abandonado las apuestas, antes generalizadas, de que la Fed volvería a recortar los tipos este año y ahora se inclinan por el escenario contrario. Los rendimientos de los bonos del Tesoro a dos años han superado el 4%, situándose por encima del tipo oficial de la Fed, mientras que los rendimientos a 30 años alcanzaron el mes pasado su nivel más alto desde 2007. Ambos movimientos fueron interpretados como mensajes claros de Wall Street de que los tipos deberían subir.
El lunes, los rendimientos de los bonos del Tesoro cayeron tras el acuerdo entre Estados Unidos e Irán, y el rendimiento a dos años descendió cuatro puntos básicos hasta el 4,04%. Esta dinámica no pasa desapercibida para los responsables de la Fed. En la última reunión de abril, muchos miembros advirtieron que probablemente tendrían que empezar a subir los tipos si la inflación seguía elevada y querían eliminar el sesgo favorable a futuras bajadas, según las actas de aquella reunión. Tres miembros discreparon porque se opusieron al lenguaje utilizado en el comunicado de la Fed.
Al mismo tiempo, Warsh asume el cargo después de un ataque sin precedentes contra el banco central por parte de la administración Trump, incluyendo un intento de destituir a la gobernadora Lisa Cook y una investigación penal que Jerome Powell, predecesor de Warsh, calificó como una represalia por no haber adaptado la política monetaria a los deseos del presidente. Cuando Trump promovió a Warsh al consejo de la Fed, afirmó que respetaba su independencia. Sin embargo, Trump criticó repetidamente a Powell y este mes declaró que Warsh se equivocaría si subiera los tipos, insistiendo en que la Fed debería reducirlos.
«Espero que el Kevin Warsh que veamos sea el mismo Kevin Warsh claramente comprometido con la lucha contra la inflación que vimos durante muchos años, porque la inflación es demasiado alta», afirmó Ellen Meade, profesora de Economía en la Universidad de Duke y antigua asesora de responsables de la Fed durante una larga carrera en la institución. «Necesita hacer algo que demuestre que entiende el mensaje de los datos económicos que están llegando».
Otros expertos consideran exagerados los temores de que Warsh pueda sacrificar la credibilidad de la Fed para complacer al presidente. «No hay realmente ninguna razón para esperar que simplemente diga: vamos a bajar los tipos porque el presidente quiere tipos más bajos» señaló Norbert Michel, del Center for Monetary and Financial Alternatives del Cato Institute. «Kevin sabe que así no funcionan las cosas».
Aun así, Warsh ha prometido una importante reestructuración del banco central que incluye una cooperación más estrecha con el Departamento del Tesoro. Ha afirmado que la Fed necesita cambiar la forma en que evalúa la inflación y se comunica con el público, y también ha defendido la reducción de la enorme cartera de bonos del banco central, una medida que podría elevar los tipos de interés a largo plazo al obligar a los mercados a absorber una mayor cantidad de deuda. Sin embargo, la atención inmediata se centrará en las señales que Warsh decida enviar sobre cómo pretende dirigir el banco central durante los próximos meses. «Tu primera reunión siempre será tu primera reunión», dijo Jason Granet, director de inversiones de BNY en Nueva York. «El comunicado, las actas y la rueda de prensa: esta reunión dará mucho de qué hablar y analizar».
