Publicado: junio 15, 2026, 7:00 pm
La fuente de la noticia es https://www.abc.es/tecnologia/alimentar-10000-millones-personas-requerira-nuevas-tecnologias-20260616014855-nt.html
Las inversiones mundiales en innovación agrícola superaron los 16.000 millones de dólares en 2025, según un informe de AgFunder, una empresa de capital riesgo. De esa cantidad, 9.000 millones de dólares se destinaron a nuevas investigaciones orientadas a aumentar el rendimiento de … los cultivos, frente a los 2.500 millones de dólares invertidos con ese fin en 2016.
Este impulso llega en un momento oportuno. En los últimos años, los mercados alimentarios se han visto sacudidos por la volatilidad, primero como consecuencia de una pandemia mundial, después por la guerra en Ucrania y ahora por un nuevo conflicto en Oriente Medio. Al mismo tiempo, el calentamiento global está provocando sequías, salinización de los suelos y unas condiciones meteorológicas cada vez más erráticas y extremas. Sin embargo, los fundamentos de la producción alimentaria apenas se han revisado desde mediados del siglo XX.
Afortunadamente, la incertidumbre puede contribuir a impulsar tecnologías disruptivas. La inversión mundial en tecnología agroalimentaria se disparó en 2021 a raíz de la pandemia de Covid-19, pasando de los 22.000 millones de dólares de 2019 a un máximo de 55.000 millones de dólares. «La volatilidad es muy mala para quienes quieren comer, pero buena para la adopción de tecnología», afirma Adam Anders, socio director de Anterra Capital, empresa neerlandesa de capital riesgo especializada en tecnología alimentaria y agrícola.
Newsletter
En F&A Next, un reciente encuentro celebrado a finales del mes pasado en la Universidad y Centro de Investigación de Wageningen (Países Bajos), que reunió a más de 600 expertos e inversores en tecnología agrícola —entre ellos, más de 200 startups—, surgieron varias tendencias destacadas. Los más innovadores están desarrollando pesticidas que imitan moléculas presentes en la naturaleza, aprovechando una mejor comprensión de los mecanismos mediante los cuales estas ya protegen a las plantas. Asimismo, inspirados por el auge de la medicina personalizada, están diseñando fertilizantes, pesticidas y otros insumos adaptados a cada campo en función de la genética de las plantas y de las condiciones ambientales específicas.
«El enfoque en torno a la sostenibilidad está pasando de «debemos cuidar nuestro medio ambiente» a «los precios se dispararán por el cambio climático»», afirma Cindy Gerhardt, de Planet-B.io, una aceleradora neerlandesa de biotecnología industrial. «Ya no se trata de prevenir el cambio climático, sino de afrontarlo y encontrar soluciones, porque, de lo contrario, los precios aumentarán demasiado».
Para algunas personas, esto implica incrementar los rendimientos y reducir las pérdidas mediante el desarrollo de alternativas a los pesticidas y los fertilizantes sintéticos que han predominado desde la revolución verde de mediados del siglo XX. B-COS, una empresa creada por escisión de la Universidad de Gante, está modificando genéticamente bacterias para producir moléculas similares químicamente a la quitina, un compuesto presente en los exoesqueletos de los insectos y en las paredes celulares de los hongos.
«Ya no se trata de prevenir el cambio climático, sino de afrontarlo y encontrar soluciones, porque, de lo contrario, los precios aumentarán demasiado»
Cindy Gerhardt, de Planet-B.io
Se induce a las plantas de tomate y patata tratadas con estas moléculas a creer que están siendo atacadas, lo que activa sus defensas naturales frente a los patógenos. B-COS está aplicando este enfoque al desarrollo de dos nuevos productos: uno, destinado a mejorar el crecimiento y la tolerancia a la sequía, y otro que, según la empresa, puede reducir la incidencia de enfermedades entre un 40% y un 50%.
Como era de esperar, las startups también están explorando las posibilidades que ofrece la IA. Muchas consideran que esta tecnología acelerará la transformación de un sector que históricamente ha evolucionado con lentitud. «Va a ayudar a los agricultores a relacionar lo que ocurre en cada metro cuadrado de sus campos con factores como las previsiones meteorológicas, la captura de carbono y las preferencias de los consumidores», afirma Anders.
«Agricultura de precisión»
La idea central de esta «agricultura de precisión» consiste en recopilar una enorme cantidad de datos sobre todos los aspectos del cultivo, desde las condiciones ambientales de cada parcela —como la humedad, los niveles de radiación ultravioleta o la temperatura— hasta las secuencias genéticas de las bacterias y los patógenos presentes en el suelo y los de las propias plantas. Posteriormente, estos datos se procesan mediante algoritmos capaces de predecir cuáles son los mejores tratamientos y condiciones para maximizar el rendimiento o la calidad de los cultivos.
Por ejemplo, EVJA, una empresa italiana, utiliza sensores instalados en los campos para recopilar información sobre las condiciones ambientales locales. Estos datos se incorporan a un modelo de IA que genera predicciones sobre el riesgo de aparición de mildiú, moho gris y otras enfermedades. El sistema también puede prever el rendimiento de los cultivos, las necesidades de agua y las emisiones de carbono. Davide Parisi, director ejecutivo de la empresa, afirma que sus clientes han logrado reducir el consumo de agua y fertilizantes hasta en un 40%, al tiempo que han incrementado el rendimiento de cultivos como las verduras de hoja, los tomates y las patatas.
Soilytix, una empresa biotecnológica con sede en Hamburgo, está desarrollando una labor similar, aunque centrada en el subsuelo. Analiza el ADN de los microorganismos presentes en muestras de tierra para identificar posibles patógenos y, a partir de esa información, recomienda a los agricultores qué variedades de semillas plantar en cada parcela y cómo adaptar el uso de pesticidas a las condiciones específicas de cultivo. Al igual que EVJA, Soilytix también evalúa la cantidad de carbono capturada en cada terreno.
Otras startups están recurriendo a tecnologías avanzadas de mejora genética y herramientas digitales para desarrollar cultivos más nutritivos, resilientes al cambio climático y con mayores rendimientos. Pádraic Flood, genetista vegetal, ha fundado Aardaia, una startup con sede en el campus de la Universidad y Centro de Investigación de Wageningen. La empresa está domesticando el aardaker, una «patata proteica» silvestre que, según el Dr. Flood, tiene el potencial de producir varias veces más proteína por hectárea que la soja. En la actualidad, el aardaker, cuyo sabor recuerda a una mezcla entre patata y castaña con matices de nuez, se recolecta principalmente de forma silvestre, aunque durante el siglo XVIII se cultivaba con fines comerciales en los Países Bajos.
La empresa está domesticando el aardaker, una «patata proteica» silvestre que tiene el potencial de producir varias veces más proteína por hectárea que la soja
El Dr. Flood está acelerando el desarrollo de este cultivo mediante cámaras de crecimiento: manipulando la frecuencia y la intensidad de la luz, así como la temperatura y la humedad, consigue obtener cinco generaciones de plantas al año en lugar de una sola. Además, utiliza técnicas de aprendizaje automático para relacionar los datos genéticos de cada ejemplar con características como el rendimiento, el sabor y el contenido proteico. De este modo, puede seleccionar con mayor precisión qué plantas cruzar para obtener un aardaker optimizado que combine productividad, sabor y valor nutricional. Según afirma, ya dispone de variedades que producen tubérculos con rendimientos aproximadamente diez veces superiores a los de las plantas silvestres y espera mejorar aún más esos resultados.
Radicle Crops, otra startup neerlandesa, está aplicando una estrategia similar para optimizar la quinua, otro cultivo rico en proteínas que presenta la ventaja adicional de contener los nueve aminoácidos esenciales que el organismo humano necesita pero no puede sintetizar. La empresa desarrolla variedades resilientes al cambio climático y adaptadas a distintos entornos. Además, ya ha iniciado la comercialización de una variedad híbrida que, según asegura, produce entre un 25% y un 45% más de grano que las anteriores y ofrece una mayor capacidad para competir con las malas hierbas.
Aún queda un largo camino por recorrer. En 2024, las empresas de tecnología agrícola captaron únicamente el 1,3 % de la financiación mundial de capital riesgo en fase inicial, pese a que la agricultura representa aproximadamente el 4 % del producto interior bruto mundial. Es probable que las innovaciones de alta tecnología se implanten primero en los mercados desarrollados antes de extenderse al sur global. Sin embargo, si los investigadores logran materializar sus objetivos y la inversión continúa fluyendo, podría estar gestándose una nueva era para la agricultura de precisión.
