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Los disturbios de Belfast, entre el legado ultranacionalista y el rechazo migratorio: «Allí, la violencia es de todo menos repentina»

Las calles de Belfast han vuelto a presenciar escenas de violencia extrema después de que el ataque de un inmigrante sudanés a un transeúnte en el norte de la ciudad desatase el lunes una ola de disturbios en la capital de una tierra marcada durante décadas por la violencia política. «En Irlanda del Norte, la violencia es de todo menos repentina», explica a 20minutos Daniel Gil, politólogo y analista en el medio especializado The Political Room.  «La violencia es crónica en Irlanda del Norte por muchos motivos, desde hace muchos años, y estos estallidos de violencia suelen producirse con distintos contextos cada cierto tiempo: lo hubo durante las negociaciones del Brexit, ya lo ha habido antes con la cuestión migratoria…», añade.De hecho, en los últimos años, la cuestión migratoria se ha situado en el centro del debate público en el conjunto del Reino Unido por un marcado discurso antiinmigración que se ha calado en amplios sectores de la población. «Estamos en un contexto de altísima tensión respecto a la inmigración, que hoy es una política central en el país», valora a este periódico Jaime Villaverde, profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad Pontificia Comillas. «Seguramente muchos de los que votaron a favor del Brexit lo entendían como un voto antiinmigración, pero en este último año observamos en Reino Unido que las protestas contra la inmigración están adquiriendo una intensidad exacerbada, de desborde callejero, de insurrecciones y el más intenso ha sido el de Belfast», destaca. Las imágenes de los coches incinerados, los contenedores en llamas e incluso viviendas y locales vandalizados conforman una imagen casi apocalíptica que, sin embargo, es recurrente en un país moldeado por una compleja estructura social heredada de los tiempos del IRA. «No se trata de un episodio repentino: es la expresión del contexto político y social que vive Irlanda del Norte, especialmente desde que en los 70 se recrudecen los problemas de terrorismo y violencia sectaria que han asolado la región», explica Gil. «Irlanda del Norte es una región fuertemente sacudida por la violencia política, y aunque su expresión más violenta finalizó con los Acuerdos del Viernes Santo en 1998, no ha desaparecido. Lo ocurrido estos días es una expresión de ese conflicto, solo que no se da en aquel contexto entre católicos y protestantes», añade Villaverde. En ese ecosistema, «la narrativa de amenaza externa permea mucho la sociedad de Irlanda del Norte por su propia configuración», destaca el analista de The Political Room.»Irlanda del Norte es una región fuertemente sacudida por la violencia política, y aunque su expresión más violenta finalizó con los Acuerdos del Viernes Santo en 1998, no ha desaparecido»Una región nacionalista, volátil y militarizadaPara entender el estallido de violencia en Belfast tras el intento de decapitación, hay que tener en cuenta la estructura social de Irlanda del Norte y el arraigo del discurso antiinmigración promocionado por partidos, como Reform UK, que ya lidera las encuestas para tomar el poder en todo el Reino Unido. «Las protestas antiinmigración avivan el nacionalismo, y no hay un lugar más fértil para protestas nacionalistas en Reino Unido que Irlanda del Norte, y Belfast en especial», sostiene Villaverde. Además, añade, no existe un único nacionalismo: «Por un lado está el nacionalismo irlandés, católico, el del IRA; y por otro el nacionalismo británico, el unionista, protestante. Es en los barrios de este último donde las protestas antiinmigración calan más y tienen una mayor intensidad».Para los expertos, el caso de Irlanda del Norte es especialmente peculiar al hablar de los estallidos violentos. «En Belfast sigue habiendo grupos paramilitares, que tienen acceso a armas y predisposición a la violencia. Además son grupos perfectamente organizados en ambas comunidades —nacionalista irlandesa y unionista británica—, por lo que allí cualquier protesta tendrá mucha mayor intensidad que en cualquier otro sitio», sostiene el profesor de la Universidad Pontificia Comillas. «Además, los grupos paramilitares están mucho más activos en las comunidades protestantes, dado que en las irlandesas, el IRA fue desmantelado, aunque algunas disidencias sigan activas», añade. «Irlanda del Norte ha sido un territorio conflictivo en la historia reciente, pero el terrorismo del IRA estaba vinculado a una dimensión política mezclada con un componente religioso», destaca a 20minutos Luis Rodrigo de Castro, profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad CEU San Pablo. «No creo que exista una continuidad directa entre ese conflicto y los disturbios actuales, pero el Brexit sí pudo reactivar algunos de esos debates en torno a la cuestión fronteriza, y sí que se observan elementos comunes en las técnicas de los alborotadores, con reminiscencias paramilitares de aquella época», sostiene.El vídeo en el que se puede ver al atacante apuñalar e intentar decapitar al transeúnte corrió como la pólvora y, pocas horas después, se convirtió en el pretexto de los disturbios en Belfast, Derry o Ballymena —donde el año pasado también hubo incidentes violentos por una presunta agresión sexual de dos jóvenes extranjeros a una adolescente—. Sin embargo, las redes sociales no son un factor clave en la propagación de la violencia en Irlanda del Norte, sostiene Daniel Gil. «En el caso de Irlanda del Norte, las redes sociales ayudan a la difusión del vídeo, de estas ideas, pero son las redes vecinales las que propagan la noticia y que se traduzca en una acción. En Irlanda del Norte no se desencadena la violencia por un post en Facebook, sino porque una persona ve el post, va a ver a su vecino y le dice: ‘Hay que hacer algo'», sostiene. «En Irlanda del Norte no se desencadena la violencia por un post en Facebook, sino porque una persona ve el post, va a ver a su vecino y le dice: ‘Hay que hacer algo'»»Como las comunidades tienen un sentimiento arraigado de pertenencia, y sienten que están amenazados por un factor externo, en este caso la inmigración, eso es lo que les lleva a la acción», añade. «Las redes sociales son importantes para la difusión, pero las reacciones ocurren bajo las dinámicas internas y vecinales propias de este territorio», resume el analista. El discurso antiinmigración cobra fuerza en Reino UnidoSin embargo, más allá de la configuración social y política del Úlster, «es obvio que se ha producido un hecho que ha generado una reacción», destaca Gil. «Existe un descontento con las políticas migratorias, especialmente por un sentimiento en la población de que los migrantes y solicitantes de asilo tienen unos privilegios que el ciudadano de a pie no tiene», destaca el analista. En los últimos años, se han producido otros incidentes similares en el Reino Unido (siendo el último el caso de Henry Nowak, un estudiante apuñalado en Southampton por un ciudadano de religión sij) han contribuido a ese «clima general» en el que «se percibe que hay una parte de la sociedad extranjera que, de alguna manera, está desplazando a la población autóctona en términos legales, al sentir que tienen privilegios que ellos no tienen».En clave política, las autoridades británicas, incluido el primer ministro Keir Starmer, han atribuido el caos al discurso de odio de activistas como Tommy Robinson y partidos como Reform UK. Su líder, Nigel Farage, ha aprovechado el ataque para cargar contra las leyes migratorias del Reino Unido. «Reform UK no es un partido que aliente abiertamente este tipo de insurrecciones callejeras, pero tampoco se encuentra cómodo condenándolas expresamente», sostiene Villaverde. «Farage fue uno de los principales impulsores del Brexit y ahora lidera una formación de derecha populista con un marcado discurso contra la migración», sostiene Rodrigo. «Ese discurso ha servido de combustible cultural para determinados grupos violentos, a los que se le proporciona un marco de legitimación simbólica», añade el profesor de la CEU San Pablo.»El partido de Farage es un partido de derecha radical con un claro discurso antiinmigración, y en los resultados de las últimas municipales en Inglaterra y autonómicas en Escocia y Gales, ha quedado constatado que son el primer partido del conjunto del Reino Unido», explica el docente de Comillas. «Queda por ver, de cara a las elecciones generales en 2029 o antes, como evoluciona su discurso, porque si este tipo de protestas se convierten en un problema de orden público y no lo condenan, también puede afectarles a sus posibilidades de romper el bipartidismo británico de laboristas y conservadores, ininterrumpido desde la Segunda Guerra Mundial», remacha.»Es un partido de derecha radical con un claro discurso antiinmigración, y en los resultados de las últimas elecciones municipales en Inglaterra ha quedado constatado que son el primer partido del conjunto del Reino Unido»»Para Reform UK, la oposición a la inmigración es la base de su plataforma política, y están canalizando ese descontento, al punto de que las encuestas la colocan como primera fuerza», sostiene Gil, aunque añade que Irlanda del Norte, una vez más, tiene su propia lógica: «Allí tienen sus propias dinámicas basadas en la política sectaria, y con formaciones muy pequeñas que perviven». «La gente que participa de estos disturbios lo entienden como una manera de autodefensa, bajo su propia narrativa, ya que entienden que están siendo atacados como comunidad y el Estado no les defiende. Y, por supuesto, lo hacen buscando forzar un cambio en la política migratoria del Reino Unido». «En Reino Unido confluyen dos dinámicas simultaneas: una crisis interna agravada tras el brexit, con problemas como la inflación, la escasez de vivienda y el deterioro de los servicios públicos, a lo que se suma la cuestión migratoria, en la que la población identifica a los migrantes como un chivo expiatoro de sus demandas sociales y económicas insatisfechas por el sistema», explica Luis Rodrigo. «Están coincidiendo en el tiempo un estancamiento económico, en el que la gente percibe que se está quedando atrás en términos de prosperidad; con un aumento de problemas de convivencia con cierta parte de la inmigración a medida que esta aumenta», subraya Gil. Un contexto singular difícil de replicar en otros lugaresEl caso de Irlanda del Norte, por tanto, cuenta con unas características muy particulares que incentivan que los estallidos de violencia se produzcan de forma organizada, algo que, según Daniel Gil, es complicado en otros países: «No es esperable que en España o en otros países se den conatos de violencia con tanta capacidad organizativa como en los norirlandeses». Aunque los discursos y los incidentes del mismo corte se suceden, como en los episodios de Torre Pacheco (Murcia), en julio de 2025, los expertos descartan que este tipo de insurrecciones callejeras se produzcan fuera de un caldo de cultivo tan singular como Irlanda del Norte. «Las particularidades propias de la región hacen difícil trazar claros paralelismos. Creo que no veremos este tipo de episodios masivos, al menos de forma inminente, en España. Si bien es cierto que la inmigración empieza a estar en el centro del debate también aquí, y cada vez hay mayor exposición a discursos de odio en redes sociales, lo que ocurre en Irlanda del Norte, por lo general, no suele ser extrapolable a otros países», remacha el profesor Villaverde.

Publicado: junio 11, 2026, 10:45 pm

La fuente de la noticia es https://www.20minutos.es/internacional/los-disturbios-belfast-entre-legado-ultranacionalista-rechazo-migratorio-alli-violencia-es-todo-menos-repentina_6981782_0.html

Las calles de Belfast han vuelto a presenciar escenas de violencia extrema después de que el ataque de un inmigrante sudanés a un transeúnte en el norte de la ciudad desatase el lunes una ola de disturbios en la capital de una tierra marcada durante décadas por la violencia política. «En Irlanda del Norte, la violencia es de todo menos repentina», explica a 20minutos Daniel Gil, politólogo y analista en el medio especializado The Political Room.  «La violencia es crónica en Irlanda del Norte por muchos motivos, desde hace muchos años, y estos estallidos de violencia suelen producirse con distintos contextos cada cierto tiempo: lo hubo durante las negociaciones del Brexit, ya lo ha habido antes con la cuestión migratoria…», añade.

De hecho, en los últimos años, la cuestión migratoria se ha situado en el centro del debate público en el conjunto del Reino Unido por un marcado discurso antiinmigración que se ha calado en amplios sectores de la población. «Estamos en un contexto de altísima tensión respecto a la inmigración, que hoy es una política central en el país», valora a este periódico Jaime Villaverde, profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad Pontificia Comillas. «Seguramente muchos de los que votaron a favor del Brexit lo entendían como un voto antiinmigración, pero en este último año observamos en Reino Unido que las protestas contra la inmigración están adquiriendo una intensidad exacerbada, de desborde callejero, de insurrecciones y el más intenso ha sido el de Belfast», destaca. 

Las imágenes de los coches incinerados, los contenedores en llamas e incluso viviendas y locales vandalizados conforman una imagen casi apocalíptica que, sin embargo, es recurrente en un país moldeado por una compleja estructura social heredada de los tiempos del IRA. «No se trata de un episodio repentino: es la expresión del contexto político y social que vive Irlanda del Norte, especialmente desde que en los 70 se recrudecen los problemas de terrorismo y violencia sectaria que han asolado la región», explica Gil. «Irlanda del Norte es una región fuertemente sacudida por la violencia política, y aunque su expresión más violenta finalizó con los Acuerdos del Viernes Santo en 1998, no ha desaparecido. Lo ocurrido estos días es una expresión de ese conflicto, solo que no se da en aquel contexto entre católicos y protestantes», añade Villaverde. En ese ecosistema, «la narrativa de amenaza externa permea mucho la sociedad de Irlanda del Norte por su propia configuración», destaca el analista de The Political Room.

«Irlanda del Norte es una región fuertemente sacudida por la violencia política, y aunque su expresión más violenta finalizó con los Acuerdos del Viernes Santo en 1998, no ha desaparecido»

Una región nacionalista, volátil y militarizada

Para entender el estallido de violencia en Belfast tras el intento de decapitación, hay que tener en cuenta la estructura social de Irlanda del Norte y el arraigo del discurso antiinmigración promocionado por partidos, como Reform UK, que ya lidera las encuestas para tomar el poder en todo el Reino Unido. «Las protestas antiinmigración avivan el nacionalismo, y no hay un lugar más fértil para protestas nacionalistas en Reino Unido que Irlanda del Norte, y Belfast en especial», sostiene Villaverde. Además, añade, no existe un único nacionalismo: «Por un lado está el nacionalismo irlandés, católico, el del IRA; y por otro el nacionalismo británico, el unionista, protestante. Es en los barrios de este último donde las protestas antiinmigración calan más y tienen una mayor intensidad».

Para los expertos, el caso de Irlanda del Norte es especialmente peculiar al hablar de los estallidos violentos. «En Belfast sigue habiendo grupos paramilitares, que tienen acceso a armas y predisposición a la violencia. Además son grupos perfectamente organizados en ambas comunidades —nacionalista irlandesa y unionista británica—, por lo que allí cualquier protesta tendrá mucha mayor intensidad que en cualquier otro sitio», sostiene el profesor de la Universidad Pontificia Comillas. «Además, los grupos paramilitares están mucho más activos en las comunidades protestantes, dado que en las irlandesas, el IRA fue desmantelado, aunque algunas disidencias sigan activas», añade. 

«Irlanda del Norte ha sido un territorio conflictivo en la historia reciente, pero el terrorismo del IRA estaba vinculado a una dimensión política mezclada con un componente religioso», destaca a 20minutos Luis Rodrigo de Castro, profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad CEU San Pablo. «No creo que exista una continuidad directa entre ese conflicto y los disturbios actuales, pero el Brexit sí pudo reactivar algunos de esos debates en torno a la cuestión fronteriza, y sí que se observan elementos comunes en las técnicas de los alborotadores, con reminiscencias paramilitares de aquella época», sostiene.

El vídeo en el que se puede ver al atacante apuñalar e intentar decapitar al transeúnte corrió como la pólvora y, pocas horas después, se convirtió en el pretexto de los disturbios en Belfast, Derry o Ballymena —donde el año pasado también hubo incidentes violentos por una presunta agresión sexual de dos jóvenes extranjeros a una adolescente—. Sin embargo, las redes sociales no son un factor clave en la propagación de la violencia en Irlanda del Norte, sostiene Daniel Gil. «En el caso de Irlanda del Norte, las redes sociales ayudan a la difusión del vídeo, de estas ideas, pero son las redes vecinales las que propagan la noticia y que se traduzca en una acción. En Irlanda del Norte no se desencadena la violencia por un post en Facebook, sino porque una persona ve el post, va a ver a su vecino y le dice: ‘Hay que hacer algo'», sostiene. 

«En Irlanda del Norte no se desencadena la violencia por un post en Facebook, sino porque una persona ve el post, va a ver a su vecino y le dice: ‘Hay que hacer algo'»

«Como las comunidades tienen un sentimiento arraigado de pertenencia, y sienten que están amenazados por un factor externo, en este caso la inmigración, eso es lo que les lleva a la acción», añade. «Las redes sociales son importantes para la difusión, pero las reacciones ocurren bajo las dinámicas internas y vecinales propias de este territorio», resume el analista. 

El discurso antiinmigración cobra fuerza en Reino Unido

Sin embargo, más allá de la configuración social y política del Úlster, «es obvio que se ha producido un hecho que ha generado una reacción», destaca Gil. «Existe un descontento con las políticas migratorias, especialmente por un sentimiento en la población de que los migrantes y solicitantes de asilo tienen unos privilegios que el ciudadano de a pie no tiene», destaca el analista. En los últimos años, se han producido otros incidentes similares en el Reino Unido (siendo el último el caso de Henry Nowak, un estudiante apuñalado en Southampton por un ciudadano de religión sij) han contribuido a ese «clima general» en el que «se percibe que hay una parte de la sociedad extranjera que, de alguna manera, está desplazando a la población autóctona en términos legales, al sentir que tienen privilegios que ellos no tienen«.

En clave política, las autoridades británicas, incluido el primer ministro Keir Starmer, han atribuido el caos al discurso de odio de activistas como Tommy Robinson y partidos como Reform UK. Su líder, Nigel Farage, ha aprovechado el ataque para cargar contra las leyes migratorias del Reino Unido. «Reform UK no es un partido que aliente abiertamente este tipo de insurrecciones callejeras, pero tampoco se encuentra cómodo condenándolas expresamente», sostiene Villaverde. «Farage fue uno de los principales impulsores del Brexit y ahora lidera una formación de derecha populista con un marcado discurso contra la migración», sostiene Rodrigo. «Ese discurso ha servido de combustible cultural para determinados grupos violentos, a los que se le proporciona un marco de legitimación simbólica», añade el profesor de la CEU San Pablo.

«El partido de Farage es un partido de derecha radical con un claro discurso antiinmigración, y en los resultados de las últimas municipales en Inglaterra y autonómicas en Escocia y Gales, ha quedado constatado que son el primer partido del conjunto del Reino Unido», explica el docente de Comillas. «Queda por ver, de cara a las elecciones generales en 2029 o antes, como evoluciona su discurso, porque si este tipo de protestas se convierten en un problema de orden público y no lo condenan, también puede afectarles a sus posibilidades de romper el bipartidismo británico de laboristas y conservadores, ininterrumpido desde la Segunda Guerra Mundial», remacha.

«Es un partido de derecha radical con un claro discurso antiinmigración, y en los resultados de las últimas elecciones municipales en Inglaterra ha quedado constatado que son el primer partido del conjunto del Reino Unido»

«Para Reform UK, la oposición a la inmigración es la base de su plataforma política, y están canalizando ese descontento, al punto de que las encuestas la colocan como primera fuerza», sostiene Gil, aunque añade que Irlanda del Norte, una vez más, tiene su propia lógica: «Allí tienen sus propias dinámicas basadas en la política sectaria, y con formaciones muy pequeñas que perviven». «La gente que participa de estos disturbios lo entienden como una manera de autodefensa, bajo su propia narrativa, ya que entienden que están siendo atacados como comunidad y el Estado no les defiende. Y, por supuesto, lo hacen buscando forzar un cambio en la política migratoria del Reino Unido». 

«En Reino Unido confluyen dos dinámicas simultaneas: una crisis interna agravada tras el brexit, con problemas como la inflación, la escasez de vivienda y el deterioro de los servicios públicos, a lo que se suma la cuestión migratoria, en la que la población identifica a los migrantes como un chivo expiatoro de sus demandas sociales y económicas insatisfechas por el sistema», explica Luis Rodrigo. «Están coincidiendo en el tiempo un estancamiento económico, en el que la gente percibe que se está quedando atrás en términos de prosperidad; con un aumento de problemas de convivencia con cierta parte de la inmigración a medida que esta aumenta», subraya Gil. 

Un contexto singular difícil de replicar en otros lugares

El caso de Irlanda del Norte, por tanto, cuenta con unas características muy particulares que incentivan que los estallidos de violencia se produzcan de forma organizada, algo que, según Daniel Gil, es complicado en otros países: «No es esperable que en España o en otros países se den conatos de violencia con tanta capacidad organizativa como en los norirlandeses». 

Aunque los discursos y los incidentes del mismo corte se suceden, como en los episodios de Torre Pacheco (Murcia), en julio de 2025, los expertos descartan que este tipo de insurrecciones callejeras se produzcan fuera de un caldo de cultivo tan singular como Irlanda del Norte. «Las particularidades propias de la región hacen difícil trazar claros paralelismos. Creo que no veremos este tipo de episodios masivos, al menos de forma inminente, en España. Si bien es cierto que la inmigración empieza a estar en el centro del debate también aquí, y cada vez hay mayor exposición a discursos de odio en redes sociales, lo que ocurre en Irlanda del Norte, por lo general, no suele ser extrapolable a otros países», remacha el profesor Villaverde.

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