Trump y Netanyhu: de ir de la mano a hacer la guerra por libre - Colombia
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Trump y Netanyhu: de ir de la mano a hacer la guerra por libre

Los misiles han vuelto a cruzarse entre Irán e Israel, en la mayor sacudida a la tregua frágil que anunció Donald Trump el pasado 8 de abril, con la intención de abrir una negociación con Teherán. El episodio complica todavía más la finalización de … un acuerdo de mínimos entre EE.UU. e Irán, amenaza con devolver a Oriente Próximo a una guerra abierta y confirmar la crisis de una alianza: la de Trump y el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu.
La razón inmediata de la crisis son sus divergencias sobre un frente clave de la guerra: el Líbano y Hizbolá, el grupo terrorista afiliado a Irán, que Israel combate. La razón de fondo: los objetivos de Trump y de Netanyahu con la guerra son diferentes. El israelí quiere deteriorar al máximo a Irán y a sus afiliados, acabar con el régimen de los ayatolás y sus redes en Oriente Próximo, o, al menos, dejarlo en ruinas. El estadounidense, sin embargo, busca un acuerdo con Irán para anotarse una victoria diplomática -garantías sobre armas nucleares- y acabar con una guerra muy impopular en su país.

Las diferencias pueden provocar un deterioro de una alianza histórica: algunos en EE.UU. -incluidas figuras relevantes aliadas de Trump- acusaron a Netanyahu de arrastrar al presidente de EE.UU. a la guerra; ahora podrían alegar que le impide salir de ella.

Noticia relacionada

Nathalie Duplan

La situación actual es todo un contraste con el inicio de la campaña militar. EE.UU. e Israel mostraron una coordinación militar sin precedentes en la guerra contra Irán que comenzaron el pasado 28 de febrero. Su objetivo común era acabar con Irán como amenaza regional y mundial: degradar sus capacidades militares y acabar con su programa nuclear. También, como dijo el propio Trump cuando anunció los ataques, forzar un cambio de régimen. No solo había que acabar con el problema -la amenaza militar y nuclear de Irán-, sino también con su raíz, el régimen de los ayatolás.

Intereses divergentes

El alineamiento completo al comienzo de la guerra empezó a sufrir poco después. Trump y su Administración abandonaron esas referencias al cambio de régimen. Pese al descabezamiento de buena parte de su cúpula -empezando por la eliminación en un bombardeo de su Líder Supremo, Ali Jamenei-, el régimen de Teherán ha sobrevivido. El modelo venezolano -encontrar una figura interna que coopere con EE.UU.- no se ha repetido. EE.UU. se centró en el objetivo principal, conseguir que Irán no desarrolle armas nucleares. Y en otro objetivo inmediato, con impacto en EE.UU.: reabrir el estrecho de Ormuz, cuyo cierre ha sacudido la economía mundial y ha mordido el bolsillo de los estadounidenses.
Han transcurrido ya dos meses de tregua -frágil, alterada por ataques cruzados entre Irán y EE.UU. en Ormuz- y el acuerdo no llega. Ni siquiera de mínimos, solo para reabrir el estrecho y dar paso a una negociación a más largo plazo del asunto nuclear. Y, ahora mismo, Netanyahu y sus posiciones en el Líbano parecen la gran piedra en el zapato de Trump para lograrlo.
Irán ha utilizado al Líbano y a Hizbolá como moneda de cambio en el diálogo. Su posición es que no hay acuerdo si Israel no deja de atacar a sus aliados.
Trump busca que ese frente se pacifique para mantener con vida las negociaciones de Irán. Pero Netanyahu ha dado muestras de que está dispuesto a actuar por libre. El líder de Israel desconfía del acuerdo que puede salir de la negociación del multimillonario neoyorquino con lo que queda del régimen de Irán. De hecho, hay informes de la inteligencia militar de EE.UU. que alertan de que Israel ha intensificado su contraespionaje y las escuchas a los negociadores de Trump, como su amigo Steve Witkoff.

A espaldas del presidente de EE.UU.

Las tensiones por Líbano han aflorado con más fuerza que nunca en las últimas semanas. La situación quedó retratada en la llamada telefónica de Trump a Netanyahu, en la que el presidente de EE.UU. acusó a su aliado de estar «jodidamente loco» y de ser un ingrato. La razón: el primer ministro israelí había amenazado con bombardear Beirut, una línea roja para Irán, algo que pondría en peligro las negociaciones.
Este fin de semana, Bibi -el apodo con el que se le conoce a Netanyahu- actuó a espaldas de Trump. Como respuesta a los ataques de Hizbolá en el norte de Israel, el ejército israelí bombardeó posiciones del grupo terrorista en los suburbios del sur de Beirut. Eso fue respondido por Irán con el lanzamiento de misiles contra Israel, algo que no pasaba desde el comienzo de la tregua.
Trump aseguró a Fox News que Israel no se había coordinado con EE.UU. para esa operación en Beirut. A ‘Financial Times’ le dijo que Netanyahu no tiene más elección que aceptar el acuerdo que él alcance con Irán. «Quien toma las decisiones soy yo, él no toma las decisiones», aseguró.
Después se supo que Trump exigió a Bibi en una llamada que no respondiera a los misiles de Irán, pero hizo caso omiso. Israel lanzó ataques contra Teherán e Isfahán. Y volvió a atacar a Hizbolá en Líbano poco después.
Trump trataba de recomponer la situación este lunes. «Ambos bandos, Israel e Irán, están buscando un alto el fuego inmediato», escribió en su red social, donde aseguró que habría paz «a no ser que la ignorancia y la estupidez se crucen en su camino», en un dardo que parecía apuntar más a Netanyahu.
La realidad es que tanto Trump como Netanyahu están acuciados por elecciones. En Israel están previstas para el 27 de octubre, y al primer ministro israelí le exigen desde su propio Gabinete y desde algunos sectores de la oposición que no deje de combatir a Hizbolá. Pero Trump y los republicanos se juegan sus mayorías en el Congreso a comienzos de noviembre y la guerra y sus consecuencias económicas -empezando por el precio de la gasolina- son muy impopulares en EE.UU. En esta partida de intereses opuestos, quien más partido puede sacar es Irán.

Publicado: junio 8, 2026, 8:45 pm

La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/trump-netanyhu-mano-libre-20260608014949-nt.html

Los misiles han vuelto a cruzarse entre Irán e Israel, en la mayor sacudida a la tregua frágil que anunció Donald Trump el pasado 8 de abril, con la intención de abrir una negociación con Teherán. El episodio complica todavía más la finalización de un acuerdo de mínimos entre EE.UU. e Irán, amenaza con devolver a Oriente Próximo a una guerra abierta y confirmar la crisis de una alianza: la de Trump y el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu.

La razón inmediata de la crisis son sus divergencias sobre un frente clave de la guerra: el Líbano y Hizbolá, el grupo terrorista afiliado a Irán, que Israel combate. La razón de fondo: los objetivos de Trump y de Netanyahu con la guerra son diferentes. El israelí quiere deteriorar al máximo a Irán y a sus afiliados, acabar con el régimen de los ayatolás y sus redes en Oriente Próximo, o, al menos, dejarlo en ruinas. El estadounidense, sin embargo, busca un acuerdo con Irán para anotarse una victoria diplomática -garantías sobre armas nucleares- y acabar con una guerra muy impopular en su país.

Las diferencias pueden provocar un deterioro de una alianza histórica: algunos en EE.UU. -incluidas figuras relevantes aliadas de Trump- acusaron a Netanyahu de arrastrar al presidente de EE.UU. a la guerra; ahora podrían alegar que le impide salir de ella.

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  • Nathalie Duplan

La situación actual es todo un contraste con el inicio de la campaña militar. EE.UU. e Israel mostraron una coordinación militar sin precedentes en la guerra contra Irán que comenzaron el pasado 28 de febrero. Su objetivo común era acabar con Irán como amenaza regional y mundial: degradar sus capacidades militares y acabar con su programa nuclear. También, como dijo el propio Trump cuando anunció los ataques, forzar un cambio de régimen. No solo había que acabar con el problema -la amenaza militar y nuclear de Irán-, sino también con su raíz, el régimen de los ayatolás.

Intereses divergentes

El alineamiento completo al comienzo de la guerra empezó a sufrir poco después. Trump y su Administración abandonaron esas referencias al cambio de régimen. Pese al descabezamiento de buena parte de su cúpula -empezando por la eliminación en un bombardeo de su Líder Supremo, Ali Jamenei-, el régimen de Teherán ha sobrevivido. El modelo venezolano -encontrar una figura interna que coopere con EE.UU.- no se ha repetido. EE.UU. se centró en el objetivo principal, conseguir que Irán no desarrolle armas nucleares. Y en otro objetivo inmediato, con impacto en EE.UU.: reabrir el estrecho de Ormuz, cuyo cierre ha sacudido la economía mundial y ha mordido el bolsillo de los estadounidenses.

Han transcurrido ya dos meses de tregua -frágil, alterada por ataques cruzados entre Irán y EE.UU. en Ormuz- y el acuerdo no llega. Ni siquiera de mínimos, solo para reabrir el estrecho y dar paso a una negociación a más largo plazo del asunto nuclear. Y, ahora mismo, Netanyahu y sus posiciones en el Líbano parecen la gran piedra en el zapato de Trump para lograrlo.

Irán ha utilizado al Líbano y a Hizbolá como moneda de cambio en el diálogo. Su posición es que no hay acuerdo si Israel no deja de atacar a sus aliados.

Trump busca que ese frente se pacifique para mantener con vida las negociaciones de Irán. Pero Netanyahu ha dado muestras de que está dispuesto a actuar por libre. El líder de Israel desconfía del acuerdo que puede salir de la negociación del multimillonario neoyorquino con lo que queda del régimen de Irán. De hecho, hay informes de la inteligencia militar de EE.UU. que alertan de que Israel ha intensificado su contraespionaje y las escuchas a los negociadores de Trump, como su amigo Steve Witkoff.

A espaldas del presidente de EE.UU.

Las tensiones por Líbano han aflorado con más fuerza que nunca en las últimas semanas. La situación quedó retratada en la llamada telefónica de Trump a Netanyahu, en la que el presidente de EE.UU. acusó a su aliado de estar «jodidamente loco» y de ser un ingrato. La razón: el primer ministro israelí había amenazado con bombardear Beirut, una línea roja para Irán, algo que pondría en peligro las negociaciones.

Este fin de semana, Bibi -el apodo con el que se le conoce a Netanyahu- actuó a espaldas de Trump. Como respuesta a los ataques de Hizbolá en el norte de Israel, el ejército israelí bombardeó posiciones del grupo terrorista en los suburbios del sur de Beirut. Eso fue respondido por Irán con el lanzamiento de misiles contra Israel, algo que no pasaba desde el comienzo de la tregua.

Trump aseguró a Fox News que Israel no se había coordinado con EE.UU. para esa operación en Beirut. A ‘Financial Times’ le dijo que Netanyahu no tiene más elección que aceptar el acuerdo que él alcance con Irán. «Quien toma las decisiones soy yo, él no toma las decisiones», aseguró.

Después se supo que Trump exigió a Bibi en una llamada que no respondiera a los misiles de Irán, pero hizo caso omiso. Israel lanzó ataques contra Teherán e Isfahán. Y volvió a atacar a Hizbolá en Líbano poco después.

Trump trataba de recomponer la situación este lunes. «Ambos bandos, Israel e Irán, están buscando un alto el fuego inmediato», escribió en su red social, donde aseguró que habría paz «a no ser que la ignorancia y la estupidez se crucen en su camino», en un dardo que parecía apuntar más a Netanyahu.

La realidad es que tanto Trump como Netanyahu están acuciados por elecciones. En Israel están previstas para el 27 de octubre, y al primer ministro israelí le exigen desde su propio Gabinete y desde algunos sectores de la oposición que no deje de combatir a Hizbolá. Pero Trump y los republicanos se juegan sus mayorías en el Congreso a comienzos de noviembre y la guerra y sus consecuencias económicas -empezando por el precio de la gasolina- son muy impopulares en EE.UU. En esta partida de intereses opuestos, quien más partido puede sacar es Irán.

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