Publicado: junio 1, 2026, 6:45 am
La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/petro-espriella-20260601121918-nt.html
La sorpresa de la victoria en la primera vuelta de las presidenciales colombianas del abogado derechista Abelardo de la Espriella ha dejado noqueados tanto al presidente Gustavo Petro, que dice no aceptar el resultado, como al uribismo, la tradicional fuerza de derecha en … Colombia en el último cuarto de siglo.
Las encuestas daban por descontado que en las elecciones de este domingo iba a ganar el candidato del Pacto Histórico, el senador izquierdista Iván Cepeda (Petro no concurría porque no es posible la reelección), y dejaban en el aire con quién se enfrentaría en la segunda vuelta del 21 de junio: De la Espriella, alguien nuevo en política que apenas hace un año lanzó su campaña, o Paloma Valencia, senadora del Centro Democrático, el partido del expresidente Álvaro Uribe.
La sorpresa ha venido por el hundimiento de la candidatura de Valencia, que solo obtuvo el 6,9% de los votos, el peor resultado del uribismo en los últimos 25 años. El trasvase de apoyo a De la Espriella obliga a calificar de pésima la campaña de Valencia, quien no supo perfilarse como la persona capaz de derrotar al Pacto Histórico, en unos comicios muy polarizados en los que el voto «anti-Petro» ha sido el principal movilizador en la derecha (como el voto «anti-Uribe» ha aglutinado tradicionalmente a la izquierda). Valencia probablemente se equivocó al elegir candidato a vicepresidente a Juan Daniel Oviedo, alguien con imagen centrista que su electorado percibía como ajeno a su ideología (él mismo marcó distancias); luego intentó recuperar terreno compitiendo en estridencias con De la Espriella, pero en ese terreno el abogado, que se hace llamar «el tigre», es maestro.
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Con el 43,7% de los votos obtenidos en la primera vuelta, y la petición que Uribe y Valencia han hecho para que sus votantes apoyen a De la Espriella, este tiene al alcance de la mano llegar a la Casa de Nariño. Cepeda puede unir al 40,9% logrado algo del voto del centrista Sergio Fajardo (4,2%), pero todos los demás candidatos apenas suman apoyos (otra derrotada el domingo es Claudia López, exalcaldesa de Bogotá, que solo obtuvo el 0,9% de los votos).
Esto explica el enfado de Petro, quien no quiso aceptar el resultado alegando que procedía del conteo rápido realizado por una empresa privada que habría manejado, según dijo, 800.000 votos más que el censo oficial. «No tiene fuerza vinculante; sus datos no son norma pública», declaró. La alusión a una posible manipulación electoral siempre ha sido utilizada por Petro, menos cuando él ha sido el ganador. En las presidenciales de 2022, obtuvo en primera vuelta el 40,3% de los votos (como ahora Cepeda) y en segunda se impuso solo por unas décimas, con el 50,4%.
A pesar de haber ganado por muy poco y de que solo le había apoyado la mitad del electorado (la otra mitad le había rechazado), Petro basó todo su gobierno en la retórica de presentarse como la voz del pueblo contra la derecha, en un populismo que apelaba a la calle contra quienes desde la oposición legítimamente defendían diferentes posiciones.
Sobre si ganara De la Espriella
Como no tenía partido propio, no concurrió a elecciones legislativas, así que deberá gobernar con el apoyo uribista
Sin Petro posiblemente no habría habido un De la Espriella. La polarización azuzada por el primero ha hecho surgir un candidato que es bastante a su imagen y semejanza, del machismo y de un lenguaje a veces soez y habitualmente falto de matices, a cierto coqueteo con la mística de la violencia (en justificación de su pasado guerrillero, el uno; en apelación al uso de la fuerza, el otro).
De llegar a la presidencia, cabe esperar cuatro años menos estables que los de Petro, atendiendo a la composición de la Cámara de Representantes y del Senado, donde el primer partido es el Pacto Histórico, seguido del Centro Democrático uribista, de acuerdo con los resultados de las legislativas del pasado mes de marzo. De la Espriella, que no tenía partido propio, no concurrió a esas elecciones, así que deberá gobernar con el apoyo uribista (donde puede provocar alguna escisión para crear una bancada propia, aunque eso podría resultar contraproducente), y con la oposición de buena parte de los demás partidos.
