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China acelera su carrera nuclear y empuja al mundo hacia una factura billonaria en defensa

El mundo gastó 2,89 billones de dólares en programas de defensa en 2025, un nuevo máximo histórico que coincide con la expansión más rápida del arsenal nuclear chino en décadas. La atención suele centrarse en el número de ojivas, pero los gobiernos empiezan a mirar otra variable. La de cuánto dinero exigirá responder a esa expansión.Las cifras de Pekín explican parte de esa preocupación. El Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI) estima que China dispone ya de al menos 600 ojivas nucleares. El Departamento de Defensa de Estados Unidos sitúa su arsenal operativo en la zona baja de las 600 y mantiene que Pekín va camino de superar las 1.000 antes de que termine la década.Aunque China sigue lejos de los arsenales estadounidense y ruso, el ritmo de crecimiento ha reabierto una dinámica que parecía enterrada tras el final de la Guerra Fría. Pekín no necesita igualar ojiva por ojiva a las dos grandes potencias nucleares para alterar el cálculo económico. Le basta con avanzar lo suficiente para obligar a sus rivales a desplegar más recursos, proteger más puntos vulnerables y sostener durante años una defensa más cara.La presión ya está en los presupuestosEl SIPRI calcula que Europa elevó su gasto militar un 14% en 2025 y que Asia y Oceanía lo aumentaron un 8,1%, hasta 681.000 millones de dólares. Estados Unidos, China y Rusia concentraron juntos 1,48 billones, el 51% del gasto militar mundial. La carrera nuclear china se inserta así en una ola de rearme más amplia, con varios gobiernos elevando el coste de la seguridad al mismo tiempo.El desfile de septiembre de 2025 en Pekín puso imagen a ese cambio de escala. Xi Jinping apareció junto a Vladímir Putin y Kim Jong Un en una escena leída como un cierre de filas de las potencias autoritarias frente a Occidente, pero la señal más relevante para Washington estaba en la plaza de Tiananmen. China mostró por primera vez de forma conjunta su tríada nuclear, con misiles que pueden ser lanzados desde tierra, mar y aire.Esa exhibición enseñó al exterior una capacidad que Pekín había mantenido durante décadas en la sombra, cuando su arsenal se movía en torno a unos pocos centenares de ojivas y su doctrina nuclear se apoyaba en una disuasión mínima. La imagen de la tríada completa confirmó que China ya no quiere que su fuerza nuclear sea solo suficiente para responder a un ataque, sino lo bastante visible como para condicionar cualquier cálculo de Estados Unidos en Asia.Xi Jinping elevó a finales de 2015 la antigua Segunda artillería a un servicio militar de primer nivel, al mismo rango que el ejército de tierra, la marina y la fuerza aérea. Desde entonces, esa rama concentra el núcleo del arsenal de misiles chinos, tanto convencionales como nucleares, y se ha convertido en una de las herramientas centrales para presionar el despliegue estadounidense en el Pacífico.El salto tampoco se limita al número de ojivas. Los nuevos silos, los misiles móviles, los submarinos con capacidad nuclear y los sistemas de alcance medio con capacidad dual cambian el mapa de riesgos. Un misil como el DF-26 puede amenazar Guam, una de las piezas clave del despliegue estadounidense en el Pacífico, y operar con carga convencional o nuclear.Esa ambigüedad complica cualquier crisis. Washington tendría que interpretar con rapidez si un lanzamiento chino apunta a una base, a una flota o a una señal nuclear. Otros sistemas de alcance regional pueden presionar bases aliadas en Japón, Corea del Sur o Filipinas, además de fuerzas navales estadounidenses en el Pacífico occidental.Taiwán siempre aparece en el ojo del huracán. Durante años, los mercados han interpretado el riesgo de la isla casi siempre desde los semiconductores, con TSMC, Nvidia, Apple y la cadena global de chips como protagonistas. El Instituto Internacional de Estudios Estratégicos, sitúa esa tensión en el centro de su evaluación regional de 2026, marcada por la modernización militar, la doctrina de guerra, la geografía y la tecnología.Una tensión que se traslada al mercado en forma de factura recurrente de más defensa, más munición, más vigilancia y más presencia militar en Asia. Esa presión también viaja bajo el agua. Mientras buena parte del debate público mira a los drones aéreos, los cazas o la nueva carrera espacial, bajo los océanos circula alrededor del 95% de las comunicaciones globales de internet.Por esas mismas rutas pasan tuberías esenciales para el suministro energético y se apoyan rutas comerciales de las que depende cerca del 90% del comercio mundial. Esa infraestructura se ha convertido en otro punto débil de la economía global.El Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales recuerda que una presentación no clasificada de la Marina estadounidense situó la capacidad de construcción naval de China en 230 veces la de Estados Unidos.Como resultado de esa preocupación, la oficina de Rendición de Cuentas de Estados Unidos revisó más de 500 partidas vinculadas a los programas militares en el Pacífico y detectó inconsistencias en la forma en que el Pentágono presenta sus prioridades. El Congreso creó esa iniciativa precisamente para seguir con más detalle los recursos destinados a reforzar la posición militar estadounidense en la región.Golden Dome es el caso más visible de esa nueva escala presupuestaria. La Oficina Presupuestaria del Congreso de Estados Unidos calcula que una arquitectura nacional de defensa antimisiles con capacidades similares a las planteadas por la orden ejecutiva Iron Dome for America puede costar alrededor de 1,2 billones de dólares en 20 años. La misma oficina advierte de que solo los costes de adquisición superarían el billón de dólares.Esa cifra explica por qué la carrera militar ya no afecta solo a los fabricantes clásicos de armas. También alcanza a empresas de satélites, software, datos, sensores y defensa espacial.La factura llega con las cuentas públicas estadounidenses sometidas a más presión. La Oficina Presupuestaria del Congreso proyecta que el déficit federal pasará de 1,9 billones de dólares en 2026 a 3,1 billones en 2036.La carrera nuclear china entra así en una década en la que Washington y sus aliados tendrán que financiar al mismo tiempo más defensa, más tecnología militar, más intereses y más deuda.

Publicado: mayo 31, 2026, 6:00 am

La fuente de la noticia es https://www.20minutos.es/lainformacion/economia-y-finanzas/china-acelera-su-carrera-nuclear-empuja-mundo-hacia-una-factura-billonaria-defensa_6976962_0.html

El mundo gastó 2,89 billones de dólares en programas de defensa en 2025, un nuevo máximo histórico que coincide con la expansión más rápida del arsenal nuclear chino en décadas. La atención suele centrarse en el número de ojivas, pero los gobiernos empiezan a mirar otra variable. La de cuánto dinero exigirá responder a esa expansión.

Las cifras de Pekín explican parte de esa preocupación. El Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI) estima que China dispone ya de al menos 600 ojivas nucleares. El Departamento de Defensa de Estados Unidos sitúa su arsenal operativo en la zona baja de las 600 y mantiene que Pekín va camino de superar las 1.000 antes de que termine la década.

Aunque China sigue lejos de los arsenales estadounidense y ruso, el ritmo de crecimiento ha reabierto una dinámica que parecía enterrada tras el final de la Guerra Fría. Pekín no necesita igualar ojiva por ojiva a las dos grandes potencias nucleares para alterar el cálculo económico. Le basta con avanzar lo suficiente para obligar a sus rivales a desplegar más recursos, proteger más puntos vulnerables y sostener durante años una defensa más cara.

La presión ya está en los presupuestos

El SIPRI calcula que Europa elevó su gasto militar un 14% en 2025 y que Asia y Oceanía lo aumentaron un 8,1%, hasta 681.000 millones de dólares. Estados Unidos, China y Rusia concentraron juntos 1,48 billones, el 51% del gasto militar mundial. La carrera nuclear china se inserta así en una ola de rearme más amplia, con varios gobiernos elevando el coste de la seguridad al mismo tiempo.

El desfile de septiembre de 2025 en Pekín puso imagen a ese cambio de escala. Xi Jinping apareció junto a Vladímir Putin y Kim Jong Un en una escena leída como un cierre de filas de las potencias autoritarias frente a Occidente, pero la señal más relevante para Washington estaba en la plaza de Tiananmen. China mostró por primera vez de forma conjunta su tríada nuclear, con misiles que pueden ser lanzados desde tierra, mar y aire.

Esa exhibición enseñó al exterior una capacidad que Pekín había mantenido durante décadas en la sombra, cuando su arsenal se movía en torno a unos pocos centenares de ojivas y su doctrina nuclear se apoyaba en una disuasión mínima. La imagen de la tríada completa confirmó que China ya no quiere que su fuerza nuclear sea solo suficiente para responder a un ataque, sino lo bastante visible como para condicionar cualquier cálculo de Estados Unidos en Asia.

Xi Jinping elevó a finales de 2015 la antigua Segunda artillería a un servicio militar de primer nivel, al mismo rango que el ejército de tierra, la marina y la fuerza aérea. Desde entonces, esa rama concentra el núcleo del arsenal de misiles chinos, tanto convencionales como nucleares, y se ha convertido en una de las herramientas centrales para presionar el despliegue estadounidense en el Pacífico.

El salto tampoco se limita al número de ojivas. Los nuevos silos, los misiles móviles, los submarinos con capacidad nuclear y los sistemas de alcance medio con capacidad dual cambian el mapa de riesgos. Un misil como el DF-26 puede amenazar Guam, una de las piezas clave del despliegue estadounidense en el Pacífico, y operar con carga convencional o nuclear.

Esa ambigüedad complica cualquier crisis. Washington tendría que interpretar con rapidez si un lanzamiento chino apunta a una base, a una flota o a una señal nuclear. Otros sistemas de alcance regional pueden presionar bases aliadas en Japón, Corea del Sur o Filipinas, además de fuerzas navales estadounidenses en el Pacífico occidental.

Taiwán siempre aparece en el ojo del huracán. Durante años, los mercados han interpretado el riesgo de la isla casi siempre desde los semiconductores, con TSMC, Nvidia, Apple y la cadena global de chips como protagonistas. El Instituto Internacional de Estudios Estratégicos, sitúa esa tensión en el centro de su evaluación regional de 2026, marcada por la modernización militar, la doctrina de guerra, la geografía y la tecnología.

Una tensión que se traslada al mercado en forma de factura recurrente de más defensa, más munición, más vigilancia y más presencia militar en Asia. Esa presión también viaja bajo el agua. Mientras buena parte del debate público mira a los drones aéreos, los cazas o la nueva carrera espacial, bajo los océanos circula alrededor del 95% de las comunicaciones globales de internet.

Por esas mismas rutas pasan tuberías esenciales para el suministro energético y se apoyan rutas comerciales de las que depende cerca del 90% del comercio mundial. Esa infraestructura se ha convertido en otro punto débil de la economía global.

El Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales recuerda que una presentación no clasificada de la Marina estadounidense situó la capacidad de construcción naval de China en 230 veces la de Estados Unidos.

Como resultado de esa preocupación, la oficina de Rendición de Cuentas de Estados Unidos revisó más de 500 partidas vinculadas a los programas militares en el Pacífico y detectó inconsistencias en la forma en que el Pentágono presenta sus prioridades. El Congreso creó esa iniciativa precisamente para seguir con más detalle los recursos destinados a reforzar la posición militar estadounidense en la región.

Golden Dome es el caso más visible de esa nueva escala presupuestaria. La Oficina Presupuestaria del Congreso de Estados Unidos calcula que una arquitectura nacional de defensa antimisiles con capacidades similares a las planteadas por la orden ejecutiva Iron Dome for America puede costar alrededor de 1,2 billones de dólares en 20 años. La misma oficina advierte de que solo los costes de adquisición superarían el billón de dólares.

Esa cifra explica por qué la carrera militar ya no afecta solo a los fabricantes clásicos de armas. También alcanza a empresas de satélites, software, datos, sensores y defensa espacial.

La factura llega con las cuentas públicas estadounidenses sometidas a más presión. La Oficina Presupuestaria del Congreso proyecta que el déficit federal pasará de 1,9 billones de dólares en 2026 a 3,1 billones en 2036.

La carrera nuclear china entra así en una década en la que Washington y sus aliados tendrán que financiar al mismo tiempo más defensa, más tecnología militar, más intereses y más deuda.

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