Publicado: mayo 31, 2026, 2:45 am
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Colombia celebra este domingo elecciones presidenciales con 14 candidatos y más de 41 millones de votantes (un millón más de mujeres) mayores de 18 años tanto en el interior como en exterior del país. El ganador tiene que lograr la mayoría absoluta, el 50% + 1 de los votos válidos. Si ningún candidato alcanza la mayoría absoluta en la primera vuelta tal como vaticinan las encuestas, los dos candidatos más votados pasarían a la segunda vuelta que se celebrará el 21 de junio.
La elección del presidente de la república se hace junto con la del vicepresidente y la estadía en el cargo será de cuatro años sin posibilidad de reelección. Los candidatos deben ser mayores de treinta años, colombianos de nacimiento y tener la nacionalidad.
248.000 miembros de las Fuerzas Armadas, la Policía Nacional y la Fiscalía General del Estado forman parte del denominado ‘Plan Democracia’ y se han desplegado por todo el país para proteger las 118.346 mesas de votación distribuidas en 13.489 colegios electorales, donde se podrá ejercer el voto entre las ocho de la mañana y las cuatro de la tarde.
La campaña electoral se ha vivido en un clima de intensa polarización política con algunos atentados realizados por grupos armados, combates entre grupos disidentes de la antigua guerrilla de las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) y bandas criminales.
El asesinato del precandidato Miguel Uribe Turbay, a mediados de 2025 durante la celebración de un mitin, recordó la situación vivida a finales de los ochenta y principios de los noventa cuando fueron asesinados varios candidatos presidenciales por los carteles de las drogas.
El izquierdista Iván Cepeda, candidato del Pacto Histórico, el bloque político que permitió a Gustavo Petro ganar las elecciones de hace cuatro años, encabeza casi todas las encuestas frente a los derechistas Abelardo de la Espriella y Paloma Valencia. Otros dos candidatos de centro-izquierda muy alejados de los primeros puestos, pero con posibilidades de influir en el resultado final en la segunda vuelta, son el exgobernador de Antioquia, Sergio Fajardo, y Claudia López, exalcaldesa de Bogotá.
Cepeda propone continuar con las reformas sociales del actual presidente, disminuir la desigualdad y conseguir la paz con los grupos armados y las bandas criminales sin renunciar al diálogo. Senador desde hace más de 15 años, se ha centrado en luchar por la memoria de las víctimas, negociar con los grupos armados para poner fin al conflicto que dura más de medio siglo e investigar al paramilitarismo.
De la Espriella se presenta como un empresario de éxito e independiente de la élite política, está a favor de la mano dura contra los grupos armados y criminales y defiende la propiedad privada, la libre empresa y una moral basada en la familia tradicional. Promete combatir la inseguridad, el crimen organizado y la delincuencia común y ha centrado su campaña en las redes sociales en busca del voto más joven.
Valencia, candidata del partido del expresidente Álvaro Uribe, intenta recoger el voto del descontento de aquellos colombianos que no quieren un presidente continuista de izquierdas ni tampoco un extremista de derechas. A pesar de ser una candidata de un partido muy de derechas y muy influyente en Colombia, ha buscado atraer a votantes de centro durante la campaña.
En los últimos días ha recibido el apoyo de los partidos Conservador y Liberal que durante décadas se repartieron las presidencias de Colombia y que hoy siguen teniendo influencia en el Congreso.
El Partido Conservador considera que Valencia es la candidata ideal para un país que «necesita más que nunca carácter, orden y decisión» para defender el futuro del país mientras que el presidente del Partido Liberal y expresidente de Colombia, César Gaviria, ha pedido el voto para Valencia porque «el país no aguanta cuatro años más de rodillas ante los criminales».
Los tres candidatos principales se plantean enfrentar la violencia con recetas muy distintas e incluso contradictorias. El izquierdista Cepeda considera que la negociación con los más de 20 grupos armados, que han duplicado el número de integrantes desde que llegó Petro al poder en 2022, es el camino esencial para pacificar el país. Aunque la atomización de estos grupos y su relación con economías ilícitas como el narcotráfico, la minería ilegal, la extorsión, el contrabando y el robo de hidrocarburos los han vuelto más poderosos.
De la Espriella considera que la negociación es un camino equivocado que, además, ha fortalecido a los grupos armados y ha prometido restaurar la seguridad mediante el fortalecimiento de las Fuerzas Armadas y la expansión del sistema penitenciario, tal como lo ha hecho el presidente de El Salvador, Nayib Bukele.
Valencia ha dicho a la agencia Reuters que «la paz total termina conmigo y comienza la seguridad total». Considera que el aumento del gasto militar es imprescindible para dar caza a los grupos armados «como si fueran ratas». Su estrategia recuerda la utilizada por su mentor, Álvaro Uribe, durante los ochos años que fue presidente entre el 2002 y 2010, cuando activó el Plan Colombia con el respaldo de Estados Unidos para combatir a los grupos armados y que provocó un baño de sangre con miles de civiles víctimas de ejecuciones extrajudiciales y presentados como falsos guerrilleros.
Estas dos visiones irreconciliables han provocado una gran tensión durante la campaña electoral que se puede agravar durante las tres semanas que habrá que esperar para la disputa de una segunda vuelta definitiva.
Las relaciones con Estados Unidos también van a jugar un papel importante en la valoración de los electores. La llegada de un presidente de derechas facilitaría un cambio en las relaciones muy tensas que existen entre los presidentes Petro y Donald Trump y, probablemente, permitiría una vinculación más estrecha entre ambos gobiernos en temas de seguridad y cooperación.
