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La llamada entre EE.UU. y Taiwán, la conversación que lleva más de cuatro décadas en espera

La visita de Donald Trump a Pekín realizada la semana pasada, la primera en nueve años, aspiraba a afianzar la tregua entre las dos superpotencias. Un objetivo en apariencia satisfecho, al menos hasta que el presidente puso tierra de por medio y empezó a amagar … con dinamitar las convenciones que rigen el conflicto latente entre China y Estados Unidos alrededor de Taiwán
La más incendiaria de todas ellas es su disposición a departir con el presidente del territorio, William Lai Ching-te. Semejante conversación no tendría precedentes desde que en 1979, bajo el mandato de Jimmy Carter, EE.UU. abandonó todo contacto oficial con la República de China, con capital en Taipéi, para establecer relaciones diplomáticas con la República Popular China, con capital en Pekín.

Solo consta una peculiar excepción. En diciembre de 2016 la entonces presidenta Tsai Ing-wen ya consiguió telefonear a Trump y charlar durante unos diez minutos. De aquella él ostentaba el cargo de presidente electo, pues no había sido investido, y China todavía estaba a la expectativa, por lo que limitó los aspavientos.

Noticia relacionada

Jaime Santirso

El estadounidense reiteró este miércoles su voluntad durante una rápida comparecencia en la Casa Blanca. «Hablaré con él, hablo con todo el mundo», zanjó. Un ofrecimiento que Lai ha aceptado de inmediato. Taiwán «está comprometido a mantener estable el ‘statu quo’», mientras que China «es la perturbadora de la paz y la estabilidad», ha defendido por medio de un comunicado oficial, en el que se ha mostrado «encantado de comentar estas cuestiones con el presidente Trump».
El régimen también ha tenido algo que decir. «La oposición de China a cualquier intercambio oficial entre Estados Unidos y la región china de Taiwán, así como a las ventas de armas estadounidenses a Taiwán, es consistente, clara e inquebrantable», ha señalado este jueves el portavoz del Ministerio de Exteriores, Guo Jiakun, durante la rueda de prensa diaria del organismo.
«China insta a Estados Unidos a implementar los importantes consensos alcanzados entre los líderes de ambos países, cumplir con sus compromisos y declaraciones, actuar con extrema prudencia en el manejo de la cuestión de Taiwán, dejar de enviar mensajes erróneos a las fuerzas separatistas de la ‘independencia de Taiwán’ y salvaguardar la paz y la estabilidad en el estrecho de Taiwán, así como el impulso del desarrollo estable de las relaciones entre China y Estados Unidos mediante acciones concretas», ha insistido el representante gubernamental.

Sendas rupturas

China considera a Taiwán, democracia independiente de facto, una región rebelde a la que nunca ha renunciado a someter por la fuerza. En los últimos años ha incrementado la presión mediante ejercicios militares recurrentes para simular el bloqueo naval que acompañaría a un asalto anfibio a la isla.
EE.UU., por su parte, mantiene el compromiso de apoyar a Taiwán ante una hipotética invasión china, aunque la fórmula exacta de esa asistencia representa una incógnita deliberada, conocida como «ambigüedad estratégica». La superioridad de EE.UU. en materia de semiconductores, esenciales en la competición por la supremacía tecnológica –especialmente en materia de inteligencia artificial– ante las carencias de China, depende a su vez del territorio, que alberga la industria más avanzada del mundo.
Durante la cumbre bilateral reciente, Xi Jinping fijó su exigencia fundamental con claridad meridiana. «La cuestión de Taiwán es el asunto más importante en las relaciones entre China y Estados Unidos», el cual debe «ser manejado adecuadamente» o de lo contrario, advirtió, «habrá choques o incluso conflictos». A continuación, explicitó su pretensión última al asegurar, con una frase recurrente de la propaganda oficial, que «la independencia de Taiwán y la paz en el Estrecho son tan irreconciliables como el fuego y el agua».

«La cuestión de Taiwán es el asunto más importante en las relaciones entre China y Estados Unidos», el cual debe «ser manejado adecuadamente»

Xi Jinping
Presidente de China

Envío de armas

La primera prueba no se hará esperar. EE.UU. tiene pendiente la aprobación de un envío de armas a Taiwán por valor de 14.000 millones de dólares (12.000 millones de euros), el mayor de la historia, el cual Trump ha retrasado para evitar que desvirtuara la visita. Durante una llamada el pasado mes de febrero, Xi ya le avisó que procediera «con extrema precaución».
Trump se contuvo durante toda la visita, pero nada más subirse al Air Force One de regreso a Washington se refirió al respecto con palabras tan contradictorias como insólitas. Primero aseguró no haber comentado con Xi el envío de armas, luego que lo habían discutido «en gran detalle». Esta negociación vulneraría las Seis Garantías ofrecidas por el presidente Ronald Reagan en 1982. «1982 está muy lejos», desdeñó. Fue entonces cuando expresó por primera vez su deseo de hablar con Lai.
Ambos gestos, disruptivos en sentidos opuestos, contextualizan una elección entre la estabilidad bilateral recién alcanzada y los principios básicos de política exterior. De esta crítica decisión depende el futuro de la relación entre China y EE.UU. y, por tanto, del mundo.

Publicado: mayo 21, 2026, 8:45 pm

La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/llamada-eeuu-taiwan-conversacion-lleva-cuatro-decadas-20260521021131-nt.html

La visita de Donald Trump a Pekín realizada la semana pasada, la primera en nueve años, aspiraba a afianzar la tregua entre las dos superpotencias. Un objetivo en apariencia satisfecho, al menos hasta que el presidente puso tierra de por medio y empezó a amagar con dinamitar las convenciones que rigen el conflicto latente entre China y Estados Unidos alrededor de Taiwán

La más incendiaria de todas ellas es su disposición a departir con el presidente del territorio, William Lai Ching-te. Semejante conversación no tendría precedentes desde que en 1979, bajo el mandato de Jimmy Carter, EE.UU. abandonó todo contacto oficial con la República de China, con capital en Taipéi, para establecer relaciones diplomáticas con la República Popular China, con capital en Pekín.

Solo consta una peculiar excepción. En diciembre de 2016 la entonces presidenta Tsai Ing-wen ya consiguió telefonear a Trump y charlar durante unos diez minutos. De aquella él ostentaba el cargo de presidente electo, pues no había sido investido, y China todavía estaba a la expectativa, por lo que limitó los aspavientos.

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  • Jaime Santirso

El estadounidense reiteró este miércoles su voluntad durante una rápida comparecencia en la Casa Blanca. «Hablaré con él, hablo con todo el mundo», zanjó. Un ofrecimiento que Lai ha aceptado de inmediato. Taiwán «está comprometido a mantener estable el ‘statu quo’», mientras que China «es la perturbadora de la paz y la estabilidad», ha defendido por medio de un comunicado oficial, en el que se ha mostrado «encantado de comentar estas cuestiones con el presidente Trump».

El régimen también ha tenido algo que decir. «La oposición de China a cualquier intercambio oficial entre Estados Unidos y la región china de Taiwán, así como a las ventas de armas estadounidenses a Taiwán, es consistente, clara e inquebrantable», ha señalado este jueves el portavoz del Ministerio de Exteriores, Guo Jiakun, durante la rueda de prensa diaria del organismo.

«China insta a Estados Unidos a implementar los importantes consensos alcanzados entre los líderes de ambos países, cumplir con sus compromisos y declaraciones, actuar con extrema prudencia en el manejo de la cuestión de Taiwán, dejar de enviar mensajes erróneos a las fuerzas separatistas de la ‘independencia de Taiwán’ y salvaguardar la paz y la estabilidad en el estrecho de Taiwán, así como el impulso del desarrollo estable de las relaciones entre China y Estados Unidos mediante acciones concretas», ha insistido el representante gubernamental.

Sendas rupturas

China considera a Taiwán, democracia independiente de facto, una región rebelde a la que nunca ha renunciado a someter por la fuerza. En los últimos años ha incrementado la presión mediante ejercicios militares recurrentes para simular el bloqueo naval que acompañaría a un asalto anfibio a la isla.

EE.UU., por su parte, mantiene el compromiso de apoyar a Taiwán ante una hipotética invasión china, aunque la fórmula exacta de esa asistencia representa una incógnita deliberada, conocida como «ambigüedad estratégica». La superioridad de EE.UU. en materia de semiconductores, esenciales en la competición por la supremacía tecnológica –especialmente en materia de inteligencia artificial– ante las carencias de China, depende a su vez del territorio, que alberga la industria más avanzada del mundo.

Durante la cumbre bilateral reciente, Xi Jinping fijó su exigencia fundamental con claridad meridiana. «La cuestión de Taiwán es el asunto más importante en las relaciones entre China y Estados Unidos», el cual debe «ser manejado adecuadamente» o de lo contrario, advirtió, «habrá choques o incluso conflictos». A continuación, explicitó su pretensión última al asegurar, con una frase recurrente de la propaganda oficial, que «la independencia de Taiwán y la paz en el Estrecho son tan irreconciliables como el fuego y el agua».

«La cuestión de Taiwán es el asunto más importante en las relaciones entre China y Estados Unidos», el cual debe «ser manejado adecuadamente»

Xi Jinping

Presidente de China

Envío de armas

La primera prueba no se hará esperar. EE.UU. tiene pendiente la aprobación de un envío de armas a Taiwán por valor de 14.000 millones de dólares (12.000 millones de euros), el mayor de la historia, el cual Trump ha retrasado para evitar que desvirtuara la visita. Durante una llamada el pasado mes de febrero, Xi ya le avisó que procediera «con extrema precaución».

Trump se contuvo durante toda la visita, pero nada más subirse al Air Force One de regreso a Washington se refirió al respecto con palabras tan contradictorias como insólitas. Primero aseguró no haber comentado con Xi el envío de armas, luego que lo habían discutido «en gran detalle». Esta negociación vulneraría las Seis Garantías ofrecidas por el presidente Ronald Reagan en 1982. «1982 está muy lejos», desdeñó. Fue entonces cuando expresó por primera vez su deseo de hablar con Lai.

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