Publicado: mayo 18, 2026, 10:45 pm
La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/cia-cara-descubierta-20260518014041-nt.html
Décadas atrás, cuando en la segunda mitad del siglo XX Estados Unidos quiso utilizar su Agencia Central de Inteligencia (CIA) para derrocar gobiernos extranjeros, los movimientos fueron relativamente sigilosos, desde luego no oficiales o públicos. Ahora es el propio director de la CIA quien, de traje y corbata, se presenta ante el gobierno … de turno para trasladar las exigencias de Washington.
La histórica foto del director de la CIA, John Ratcliffe, reuniéndose hace unos días en La Habana con su homólogo cubano, Ramón Romero Curbelo, es tremendamente simbólica de la actitud directa y abierta –con imágenes difundidas en redes sociales– con la que hoy la Administración estadounidense plantea sus exigencias de cambios de régimen.
Ya ocurrió a comienzos de año, cuando Ratcliffe viajó a Caracas para reunirse con quien EE.UU. había decidido situar al frente de Venezuela, Delcy Rodríguez. Nicolás Maduro había sido apresado días antes mediante una acción militar y ahora la CIA llegaba –a la vista de todos– para imponer los intereses de Trump.
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En realidad, la CIA ya operaba clandestinamente en Venezuela, con una actividad redoblada en los meses previos. Trump admitió en octubre haber dado la orden para esas operaciones, orientadas a propiciar la caída de Maduro. Y muy posiblemente la agencia también tenga operativos en Cuba. Entonces, si la CIA ya «trabaja» en ambos países y sus mandatarios lo saben de sobra, ¿para qué tiene que presentarse allí el director mismo de la agencia, con su tarjeta de visitas?
Pues porque en esos primeros contactos para un derribo institucional no puede acudir Trump, ni el vicepresidente J.D. Vance ni tampoco debe hacerlo en persona el secretario de Estado, Marco Rubio. Que alguien muy destacado en el organigrama de gobierno de EE.UU. llegara allí para obligar a un giro político sería un «diktat» complicado de digerir por la autoridad local y de vender domésticamente. En cambio, el director de la CIA puede comunicar las exigencias con la misma firmeza, al tiempo que añade el plus de transmitir el aviso de que Washington empujará en esa dirección sí o sí, también con el uso de sus servicios secretos, al margen de la legalidad (por si había dudas).
Trayectoria histórica
La revitalización de la Doctrina Monroe –el principio de «América para los americanos», con el significado de «el continente americano (y sus islas) para los estadounidenses»– planteada por Trump supone revivir la injerencia de Washington en su entorno geográfico, la cual históricamente ha tenido dos momentos previos. Uno tuvo lugar en el primer tercio del siglo XX, cuando EE.UU. envió sus tropas al Caribe para instalar gobiernos amigos (Cuba, Puerto Rico, Nicaragua, República Dominicana, Haití…) El segundo se desarrolló en la segunda mitad de siglo (sobre todo entre las décadas de 1950-1970), cuando EE.UU. extraoficialmente utilizó su nuevo brazo en el exterior, la CIA, para derrocar dirigentes de izquierda y ayudar a instalar gobernantes de derecha, normalmente militares, en la lucha global contra el comunismo. Eso comenzó en Guatemala en 1954 y se repitió luego, con mayor o menor implicación, en otros países (Brasil, Bolivia, Chile, Argentina, El Salvador…)
Trump supone la conjunción de los dos momentos. Por un lado, como se ha visto con el despliegue naval en el Caribe y la operación Resolución Absoluta contra Maduro, se atreve a enviar tropas, algo que no había sucedido durante la Guerra Fría (salvo en el caso de la isla de Granada y de Panamá), y por otro utiliza la CIA, además sin necesidad de que esta se mueva de modo encubierto. Incluso a Trump parece traerle sin cuidado que se conozcan algunas actuaciones clandestinas, como está ocurriendo en México en la lucha contra los carteles de droga.
Esta asertividad de la Administración Trump tiene que ver con lo que está comenzando a considerarse una actitud «imperial» de Estados Unidos: la creencia de que los imperativos geopolíticos en su pulso con China le otorgan derecho a intervenir muy directamente dentro de lo que ha establecido como su «perímetro de seguridad», un espacio que, de Groenlandia a la línea del ecuador, ha etiquetado como «Gran Norteamérica».
