Publicado: mayo 4, 2026, 6:45 pm
La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/influencer-moda-dice-verdad-putin-20260505011246-nt.html
No es una polÃtica de la oposición, ni activista, ni periodista. Victoria Bonya es una expresentadora de televisión rusa convertida en influencer que vive cerca de Mónaco. Promociona rutinas de fitness y su marca de cosméticos y ropa veganos ante 13 millones de seguidores en … Instagram, la mayorÃa de ellos de Rusia. Sin embargo, el 13 de abril causó una explosión en la polÃtica rusa al publicar un vÃdeo de 18 minutos en el que pedÃa a Vladimir Putin que prestara atención a las quejas populares.
Aunque está oficialmente prohibido, Instagram es muy utilizado por los rusos, y en cuestión de horas su vÃdeo habÃa alcanzado los 10 millones de visualizaciones; cinco dÃas después habÃa llegado a los 30 millones, en un paÃs con una población de 145 millones de habitantes. Esto provocó una respuesta del Kremlin y comentarios, al parecer, de la mitad de las personalidades de la vida pública rusa. Gennady Zyuganov, el veterano lÃder del partido comunista —nominalmente, el mayor partido de la «oposición» del parlamento, aunque en realidad se encuentra bajo un estricto control—, dijo a los diputados que el vÃdeo de Bonya debÃa tomarse en serio si el Kremlin deseaba evitar otra revolución bolchevique.
El vÃdeo no es precisamente una llamada a las barricadas. Sigue el género tradicional ruso de una petición de un súbdito preocupado al buen zar, la única forma segura de crÃtica pública. Sin embargo, sà contiene indicios de revuelta. «Vladimir Vladimirovich», dice Bonya, «la gente le tiene miedo, los blogueros le tienen miedo, los artistas tienen miedo, los gobernadores tienen miedo. Sin embargo, usted es el presidente de nuestro paÃs, y la gente no deberÃa tener miedo. Yo no tengo miedo».
Newsletter
A continuación, expone una serie de quejas, eximiendo cuidadosamente a Putin de responsabilidad al decir que «ningún gobernador regional se las contarÃa». Señala la respuesta lenta e inadecuada a las mortÃferas inundaciones en Daguestán de principios de abril, una serie de vertidos de petróleo desde diciembre de 2024 en la costa del mar Negro de Anapa, y los sacrificios de ganado impuestos en las aldeas siberianas que han privado a la gente de su medio de vida. Bonya pasa luego a denunciar las restricciones de Internet y las prohibiciones de plataformas de redes sociales como Instagram, su propia fuente de ingresos.
Bonya evita mencionar la cruenta guerra de Rusia contra Ucrania, por miedo a que la tachen de traidora. Sin embargo, aunque ataca principalmente a los intermediarios —siguiendo la antigua fórmula de «buen zar, malos boyardos»—, en alguna ocasión señala con cautela a Putin. «Has privado a un gran número de personas de la oportunidad de estar en contacto con sus familiares», dice. Los servicios de seguridad «no paran de prohibir esto y lo otro», continúa. «Simplemente estafan a la gente —a los rusos honestos— y hacen que la vida en este paÃs sea insoportable».
Como persona que se gana la vida captando las tendencias del estado de ánimo ruso, captó una creciente demanda de expresar las frustraciones de la gente
La reacción viral al vÃdeo de Bonya es más reveladora que su contenido. Poco dijo que los rusos de a pie no supieran ya. Sin embargo, como persona que se gana la vida captando las tendencias del estado de ánimo ruso, captó una creciente demanda de expresar las frustraciones de la gente. Como observó el polÃtico exiliado Maxim Katz en su programa diario de infoentretenimiento en YouTube, el descontento entre las influencers glamurosas y los leales al régimen es más importante que los diálogos entre activistas.
Una mayorÃa rusa pacifista
El vÃdeo refleja los sentimientos no de la minorÃa pacifista de Rusia, sino de su mayorÃa, que hasta ahora se ha mantenido al margen. La mayorÃa de los rusos son apolÃticos, moderadamente ignorantes en materia polÃtica y están cansados de las autoridades, y tienen hábitos de consumo y comunicación similares a los de los ciudadanos de otros paÃses de altos ingresos. La indiferencia pública, propiciada por el uso de mercenarios en lugar de una movilización general para llevar a cabo la guerra, ha permitido al Kremlin mantener una fachada de normalidad, presentando la pasividad de la mayorÃa como apoyo a la guerra. En realidad, la mayorÃa de los rusos declararon su «apoyo» simplemente para evitar consecuencias personales, pero también dijeron a los encuestadores que querÃan que terminara lo antes posible.
La popularidad del vÃdeo refleja la creciente frustración en Rusia. Su ejército apenas está logrando avances, mientras que las bajas han superado el millón. Los crecientes costes económicos incluyen el aumento de los impuestos, la elevada inflación y un tipo de interés del banco central del 14,5%, casi tres veces el nivel anterior a la guerra. Putin reconoció el 15 de abril que la economÃa rusa se contrajo en los dos primeros meses de 2026. Sin embargo, lo más importante es la ausencia de cualquier perspectiva visible de que la guerra termine.
El detonante de las expresiones abiertas de disconformidad son las severas restricciones del gobierno a Internet, incluido su intento de bloquear Telegram, la aplicación de mensajerÃa y plataforma social más popular de Rusia. Las autoridades afirman que se trata de medidas antiterroristas, pero pocos rusos les creen: consideran que las restricciones son intromisiones injustificadas en sus vidas personales, de las que esperaban disfrutar como compensación por su lealtad.
El año pasado, Putin confió el control de Runet —el segmento ruso de Internet— al segundo servicio del FSB, el servicio de seguridad ruso, según The Bell, un medio de comunicación en el exilio. Esta división es responsable de reprimir la disidencia interna y estuvo detrás del envenenamiento de Alexei Navalny y otros polÃticos de la oposición. El servicio no ve Internet como una infraestructura de información o un motor de crecimiento económico, sino como «un entorno sospechoso y caótico que requiere un filtrado restrictivo», afirma Maria Kolomychenko, del Carnegie Russia Eurasia Centre, un centro de estudios con sede en BerlÃn.
A principios de marzo, el FSB cortó el acceso a Internet móvil en Moscú y otras grandes ciudades, lo que enfureció a personas de todos los estratos sociales, incluida la élite. En las últimas seis semanas, el VCIOM, el instituto de sondeos controlado por el Estado, constató que la popularidad de Putin habÃa caÃdo ocho puntos porcentuales hasta el 68%, la más baja desde el inicio de la guerra. La confianza de la población en que las cosas van por buen camino ha caÃdo 20 puntos porcentuales, hasta el 41%. Tan significativo como el propio declive es el hecho de que se publicara. Igor Eidman, sociólogo que anteriormente trabajaba en el VCIOM, sostiene que debe de haberse coordinado con aliados de dentro de la administración presidencial. Por miedo a contradecir abiertamente a Putin, es posible que hayan utilizado los datos de las encuestas para criticar de forma indirecta la actuación de los servicios de seguridad.
Noticia relacionada
-
AgustÃn Pery
El Kremlin la enfrenta
Dmitry Peskov, secretario de prensa de Putin y usuario activo de Telegram, reconoció la legitimidad de las preocupaciones de Bonya. Sin embargo, Vladimir Solovyov, uno de los propagandistas televisivos más fanáticos de Putin, la llamó «zorra acabada». Vitaly Milonov, diputado de la Duma responsable de asuntos familiares, la tildó de «escort de Dubái [que] balbucea incoherencias».
Bonya replicó que, al insultarla a ella, habÃan insultado a todas las mujeres rusas. A continuación, publicó un vÃdeo generado por IA en el que aparecÃa como Spiderman, tapándole la boca a Solovyov con una telaraña. «Hasta aquû, concluyó. Lo mismo han hecho otras influencers. Ekaterina Gordon, cantante y presentadora de televisión que aún vive en Rusia, advirtió al Kremlin de una revuelta entre las mujeres cuyos negocios están cerrando, que no pueden hacer frente al aumento de los tipos hipotecarios y a cuyas hijas se les niega el acceso a la educación superior debido a los recortes presupuestarios. «Este será el mayor divorcio con las autoridades», concluyó Gordon.
Sin duda, el Kremlin encontrará la manera de apaciguar a estas influencers. Sin embargo, están sacando a la luz tensiones que antes permanecÃan ocultas.
