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Irán afianza su poder en Irak con el nombramiento del nuevo primer ministro chií Al Zaidi

Desde la caída de Sadam Husein, Irak se parece cada vez más al Líbano, donde el poder político se reparte con escuadra y cartabón entre las tres minorías religiosas. También en Irak, los grupos paramilitares tratan de emular a Hizbolá, el movimiento político-militar chií … libanés, tratando de crear ‘un Estado dentro de un Estado’. Así se explica la elección de un personaje casi desconocido, el joven banquero Ali al Zaidi, como nuevo primer ministro de Irak cinco meses después de los últimos comicios.
Su nombre es fruto del consenso de los partidos chiíes iraquíes, que en el nuevo sistema político tienen el derecho a nombrar a la máxima autoridad del país por ser la primera minoría religiosa. Los suníes (minoría a la que pertenecía Sadam) nombran al presidente del Parlamento, y los kurdos –la tercera minoría– se hacen cargo de la presidencia de la república, un poder más representativo que real.

Al Zaidi es un banquero chií de 40 años que nunca ha tenido responsabilidades políticas, aunque sí algunas judiciales pendientes. Su banco está en quiebra y ha sido acusado de corrupción por contrabando de dólares. Un reportaje del medio israelí ‘The Jerusalem Post’ le acusa también de presunto blanqueamiento de fondos de la Guardia Revolucionaria iraní, el grupo paramilitar altamente ideologizado que supuestamente manda ahora en Teherán tras la muerte del ayatolá Alí Jamenei.
La coalición de partidos de la minoría musulmana chií de Irak ha tardado en elegir nuevo primer ministro porque el favorito era el ex jefe de Gobierno Al Maliki. Washington le puso la proa por su cercanía oficial a Irán, y finalmente los iraquíes han preferido eludir la ira de la Casa Blanca con la elección de un personaje novel en la política.
No obstante, tanto las ambiciones de Al Maliki como las del primer ministro saliente, Al Sudani, pusieron de relieve durante meses las dificultades dentro de la coalición para llegar a un nombre de consenso. El inicio de la guerra de Irán supuso además un parón imprevisto, por lo que las negociaciones en Bagdad no se retomaron hasta la entrada en vigor el pasado 7 de abril de un frágil acuerdo de alto el fuego entre Washington y Teherán.
La llegada de Al Zaidi asegura que los grupos paramilitares chiíes de Irak –coaligados en las llamadas Fuerzas de Movilización Popular– podrán seguir con sus actividades sin interferencias. Su intervención durante la guerra de Estados Unidos contra Irán se materializó en ataques con drones y misiles desde territorio iraquí contra objetivos en países árabes del Golfo, una acción que lógicamente ha tensado la relación de Bagdad con todos ellos.
Con Al Zaidi al frente del Gobierno de Bagdad, los milicianos chiíes apoyados por Irán aseguran que su poder permanece intacto. Muchos de esos grupos paramilitares tienen además parlamentarios en la Asamblea legislativa, algo que favorece el arraigo del ‘Estado dentro del Estado’ como ocurre en el caso de Hizbolá en el Líbano.
Algunos analistas han mostrado su sorpresa por el respaldo oficial que ha logrado enseguida el nombramiento del banquero chií. Tanto el presidente del Parlamento, suní, como el presidente de la república, kurdo, han mostrado su «satisfacción» por la elección de Al Zaidi. El suspense vivido en Irak durante el último medio año, en medio del temor a que Irak se viera de nuevo arrastrado a una guerra con Estados Unidos e Israel, explica el alivio de toda la clase política por la llegada de un jefe de Gobierno. La nueva Constitución establece, por otra parte, que tiene que ser el que elijan los partidos chiíes, así que hay también una nota de resignación. A los kurdos, por otro lado, solo les interesa afianzar su plena autonomía política en el norte, por lo que la llegada de un primer ministro débil les favorece.
Con Al Zaidi la influencia de Irán no solo se mantendrá sino que eventualmente aumentará, también por razones económicas. El 90% de los ingresos del país proceden de sus exportaciones petroleras, por lo que es vital la seguridad en el tráfico por el Estrecho de Ormuz.

Publicado: abril 29, 2026, 6:45 am

La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/iran-afianza-poder-irak-nombramiento-nuevo-primer-20260429131708-nt.html

Desde la caída de Sadam Husein, Irak se parece cada vez más al Líbano, donde el poder político se reparte con escuadra y cartabón entre las tres minorías religiosas. También en Irak, los grupos paramilitares tratan de emular a Hizbolá, el movimiento político-militar chií libanés, tratando de crear ‘un Estado dentro de un Estado’. Así se explica la elección de un personaje casi desconocido, el joven banquero Ali al Zaidi, como nuevo primer ministro de Irak cinco meses después de los últimos comicios.

Su nombre es fruto del consenso de los partidos chiíes iraquíes, que en el nuevo sistema político tienen el derecho a nombrar a la máxima autoridad del país por ser la primera minoría religiosa. Los suníes (minoría a la que pertenecía Sadam) nombran al presidente del Parlamento, y los kurdos –la tercera minoría– se hacen cargo de la presidencia de la república, un poder más representativo que real.

Al Zaidi es un banquero chií de 40 años que nunca ha tenido responsabilidades políticas, aunque sí algunas judiciales pendientes. Su banco está en quiebra y ha sido acusado de corrupción por contrabando de dólares. Un reportaje del medio israelí ‘The Jerusalem Post’ le acusa también de presunto blanqueamiento de fondos de la Guardia Revolucionaria iraní, el grupo paramilitar altamente ideologizado que supuestamente manda ahora en Teherán tras la muerte del ayatolá Alí Jamenei.

La coalición de partidos de la minoría musulmana chií de Irak ha tardado en elegir nuevo primer ministro porque el favorito era el ex jefe de Gobierno Al Maliki. Washington le puso la proa por su cercanía oficial a Irán, y finalmente los iraquíes han preferido eludir la ira de la Casa Blanca con la elección de un personaje novel en la política.

No obstante, tanto las ambiciones de Al Maliki como las del primer ministro saliente, Al Sudani, pusieron de relieve durante meses las dificultades dentro de la coalición para llegar a un nombre de consenso. El inicio de la guerra de Irán supuso además un parón imprevisto, por lo que las negociaciones en Bagdad no se retomaron hasta la entrada en vigor el pasado 7 de abril de un frágil acuerdo de alto el fuego entre Washington y Teherán.

La llegada de Al Zaidi asegura que los grupos paramilitares chiíes de Irak –coaligados en las llamadas Fuerzas de Movilización Popular– podrán seguir con sus actividades sin interferencias. Su intervención durante la guerra de Estados Unidos contra Irán se materializó en ataques con drones y misiles desde territorio iraquí contra objetivos en países árabes del Golfo, una acción que lógicamente ha tensado la relación de Bagdad con todos ellos.

Con Al Zaidi al frente del Gobierno de Bagdad, los milicianos chiíes apoyados por Irán aseguran que su poder permanece intacto. Muchos de esos grupos paramilitares tienen además parlamentarios en la Asamblea legislativa, algo que favorece el arraigo del ‘Estado dentro del Estado’ como ocurre en el caso de Hizbolá en el Líbano.

Algunos analistas han mostrado su sorpresa por el respaldo oficial que ha logrado enseguida el nombramiento del banquero chií. Tanto el presidente del Parlamento, suní, como el presidente de la república, kurdo, han mostrado su «satisfacción» por la elección de Al Zaidi. El suspense vivido en Irak durante el último medio año, en medio del temor a que Irak se viera de nuevo arrastrado a una guerra con Estados Unidos e Israel, explica el alivio de toda la clase política por la llegada de un jefe de Gobierno. La nueva Constitución establece, por otra parte, que tiene que ser el que elijan los partidos chiíes, así que hay también una nota de resignación. A los kurdos, por otro lado, solo les interesa afianzar su plena autonomía política en el norte, por lo que la llegada de un primer ministro débil les favorece.

Con Al Zaidi la influencia de Irán no solo se mantendrá sino que eventualmente aumentará, también por razones económicas. El 90% de los ingresos del país proceden de sus exportaciones petroleras, por lo que es vital la seguridad en el tráfico por el Estrecho de Ormuz.

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