Publicado: abril 6, 2026, 10:45 pm
La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/guerra-iran-guerra-fanaticos-religiosos-20260406042310-nt.html
En el brote de sectarismo entreverado con religión que comparten Estados Unidos, Israel e Irán, resulta evidente el interés de algunos en que todos los días del año sean Semana Santa. Durante su infernal procesión de los últimos días, el propio presidente Trump ha llegado … a mentar en vano tanto a Dios como Alá. Mientras que el delirante secretario de Defensa, Pete Hegseth, ha pedido a los estadounidenses que recen «todos los días, de rodillas» por una victoria militar «en nombre de Jesucristo». No importa que el Papa León haya calificado esta guerra, tan contraria al mensaje de Jesús, como «un escándalo para toda la familia humana».
Es cierto que la derecha evangélica lleva tiempo empeñada en hacer del cristianismo parte de la identidad nacional de Estados Unidos, transformando MAGA en una cruzada moralista. Para lograr algo tan contrario a la separación constitucional entre Iglesia y Estado, no han dudado en transformar a Trump en su becerro de oro, la estatua idolatrada por los israelitas mientras Moisés recibía la copia original de los Diez Mandamientos en el monte Sinaí.
En Israel, el supremacismo sionista también ha terminado por aliarse con los privilegiados judíos ortodoxos en la coalición sectaria que sustenta al Gobierno de Netanyahu. Y el resultado no es otro que una visión religiosa, ideológica y estratégica –la del llamado ‘Gran Israel’– que ahora se utiliza para justificar el expansionismo sobre Gaza, Cisjordania, el sur del Líbano, zonas limítrofes de Siria e incluso territorios más allá del río Jordán.
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Pedro Rodríguez
En Irán, el levantamiento que derrocó al sah de Irán en 1979 fue la primera revolución moderna (y hasta el momento, la única) encabezada por un líder religioso, el ayatolá Jomeini. La gran ironía de estas seis semanas de hostilidades es haber inclinado la balanza del poder en Teherán más del lado militar que del espiritual.
No hay duda de que nos enfrentamos a una guerra de fanáticos religiosos. El problema es que no todos están concentrados en el mismo bando.
