Publicado: marzo 18, 2026, 12:00 pm
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Sara García Alonso se ha ganado el respeto con su tesón, su perseverancia y sus resultados: no solo es la primera mujer astronauta de España, es que además combina sus entrenamientos en la Agencia Espacial Europea (ESA) con su labor como científica en el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO).
Nacida en León en 1989, García Alonso se ha convertido en un referente para niñas y adolescentes con un mensaje: se puede llegar a las estrellas, seas quien seas y vengas de donde vengas. Aunque tanto en sus charlas como en su libro (‘Órbitas’) deja claro que no se llega sin esfuerzo.
Ese papel como divulgadora es una de las facetas más activas de su vida y ella misma tiene claro que es un rol necesario: “Es importante tener referentes porque es muy difícil soñar con convertirte en algo que no sabes que existe”, afirma en la entrevista exclusiva para 20bits en el marco del II Congreso STEAM celebrado en Zaragoza, en el que participa García Alonso.
La forma en que tiene de transmitir ayuda a que algo tan aparentemente inalcanzable como ser astronauta parezca familiar y ‘lograble’. La clave es no tener miedo a fallar y así lo plasma en su libro: “Sé valiente, atrévete a explorar, déjate llevar por aquello que te motive, permítete equivocarte y cometer errores, probar distintos caminos y cambiar de rumbo si el que has elegido no te convence”, escribe en ‘Órbitas’.
Ella misma reconoce que desde niña tenía muchas vocaciones distintas y que ser astronauta no entraba en sus planes. Pero ahora, como reserva del programa espacial de la ESA, podrían llamarle para salir de la Tierra. Incluso para ir a la Luna, que este año vuelve a estar en el foco mediático por la misión Artemis II. Sobre la cual, a pesar de los múltiples retrasos, García Alonso se muestra optimista: “Llegaremos”, concluye al final de esta entrevista.
En tus charlas, como la que hoy vienes a dar a Zaragoza, insistes mucho en despertar vocaciones STEAM, especialmente en niñas. ¿Existen todavía barreras para las mujeres en la ciencia?
Creo que todavía existen barreras, aunque se están dando muchísimos pasos, y lo veo especialmente ahora que estoy más implicada en el mundo de las carreras STEAM, de la mujer y la niña en la ciencia. Iniciativas como este congreso STEAM ayudan a romper esas barreras, pero siguen existiendo porque los cambios de calado, los que implican educar a la sociedad desde los primeros años, llevan generaciones. Hay que romper estereotipos y roles que llevan décadas instaurados. Hasta que no normalicemos que esas diferencias no son tales, la igualdad no será una realidad. Aun así, creo que vamos por buen camino. Soy optimista.
Cuando alguien piensa «yo no valgo para ciencia», ¿qué le dirías tú?
Le preguntaría en qué se basa para hacer esa afirmación. ¿Por qué lo piensa? ¿Porque ha suspendido un examen de matemáticas, porque lo ha oído en casa? Muchas veces nos ponemos nosotros mismos las barreras. Confundimos cometer un error con fracasar y eso acaba generando una profecía autocumplida. En cuanto plantas la semilla de «no valgo para las ciencias», cualquier tropiezo reafirma esa idea y esa noción negativa que tienes de ti mismo y te impide seguir ese camino, aunque podrías estar perdiéndote cosas maravillosas.
También tendemos a dividir todo en compartimentos estancos: tú eres de ciencias, tú de letras. Eso es un error. Las matemáticas, la ingeniería, el arte y la tecnología son herramientas para resolver problemas, pero esos problemas rara vez se solucionan con una sola herramienta. Hay que combinarlas. No hace falta ser superdotado ni Einstein para dedicarse a esto: hace falta curiosidad, criterio y compromiso.
¿La representación —ver referentes— cambia de verdad las decisiones de futuro? Tú eres ahora referente. ¿Eso pesa o impulsa?
Es una responsabilidad. Es bonito ver que tu ejemplo puede inspirar a otras personas y animarlas a pensar qué quieren hacer. Me gustaría que las niñas y adolescentes se planteasen algo tan sencillo como que si yo he podido conseguirlo, ¿por qué ellas no? Eso es lo que me gustaría transmitir a las siguientes generaciones. Pero también tiene peso porque no quieres fallar a quienes han puesto los ojos en ti.
Creo que es importante tener referentes porque es muy difícil soñar con ser algo que no sabes que existe. Si ves esos ejemplos como algo muy lejano, piensas que nunca llegarás. Acercar el día a día de científicas, ingenieras, matemáticas, tecnólogas o astronautas ayuda a que las niñas vean que no son tan diferentes a ellas.
Mucha gente no entiende que se pueda ser astronauta sin haber ido al espacio. ¿Cómo explicarías tu rol en el programa de la ESA?
Ser astronauta es mucho más que volar al espacio. Una carrera profesional puede durar 40 años y un astronauta puede volar una o dos veces durante periodos limitados. El resto del tiempo está trabajando, formándose, colaborando en proyectos científicos, desarrollando tecnología y dando soporte a misiones. Todo eso forma parte de la profesión de astronauta.
Lo que te convierte en astronauta es que una agencia espacial te seleccione, superes el proceso y recibas la formación básica que demuestra que tienes las capacidades para desarrollar misiones espaciales. Ir al espacio es solo una parte de la profesión.
¿Qué habilidad que no imaginabas ha resultado ser clave en la preparación para ser astronauta?
La capacidad de mantener la calma bajo presión es lo que más han valorado durante todo el proceso. Saber lidiar con la incertidumbre y con situaciones incómodas, y en lugar de quejarte o caer en la autocomplacencia, aceptar la situación y preguntarte qué puedes hacer al respecto.
En esta profesión la única constante es el cambio. Hay que asumirlo y adaptarse.
Ayer se celebró el Día Mundial contra el Cáncer. Tú trabajas en investigación oncológica. ¿Qué te gustaría que la sociedad entendiera mejor sobre cómo funciona realmente la investigación contra el cáncer?
Que los problemas científicos son mucho más complejos de lo que parece y no admiten soluciones simples ni recetas mágicas. Es un trabajo conjunto de muchos investigadores que van aportando piezas a un puzle casi infinito.
La traslación de los descubrimientos a soluciones reales requiere procesos y garantías. Sin investigación no hay avance, pero no es inmediato. Un descubrimiento puede tardar 5, 10 o 15 años en convertirse en una aplicación real.
La ciencia es como una planta: hay que abonarla y cuidarla cada día para recoger frutos después. Pero no basta con que ahora de repente pongas cinco kilos de tierra, cinco litros de agua y, a ver, ¿dónde está mi manzana? No funciona así. No son resultados instantáneos.
¿Crees que la investigación espacial y la biomédica van a cruzarse más en el futuro? ¿Qué puede aportar la ciencia del espacio a la lucha contra el cáncer?
Sin duda. Muchas investigaciones en microgravedad, no solo en oncología, ya han producido avances que se han convertido en aplicaciones prácticas. Primero llega el descubrimiento y luego la innovación: cómo aplicar ese conocimiento en beneficio de la sociedad.
Investigar desde distintas perspectivas aporta información nueva. En la Tierra investigamos con el ‘filtro’ de la gravedad. Cuando lo eliminas, puedes encontrar vulnerabilidades y soluciones que no habías imaginado. Explorar ese entorno es muy interesante científicamente.
La Luna vuelve a estar de moda gracias al programa Artemis y la inminente misión tripulada. ¿Cuándo crees que veremos el próximo gran paso?
Es un cambio de paradigma. Tras el programa Apolo, Artemis —la hermana gemela— ya marca una declaración de intenciones: misiones más inclusivas y sostenibles. No vamos a la Luna a plantar una bandera, sino a aprender, hacer ciencia y desarrollar tecnología para poder ir más lejos, incluso a Marte.
La ventana de lanzamiento se ha pospuesto para garantizar la seguridad: es la primera misión tripulada en 50 años y la tecnología es distinta. Artemis II orbitará la Luna y Artemis III pretende llevar astronautas a la superficie. Se habla de 2028 o 2029 y soy optimista: creo que llegaremos.
No puedo terminar sin preguntarte una curiosidad: ¿cuál es tu cuerpo celeste favorito del sistema solar?
A riesgo de parecer muy ‘normie’, elijo el planeta Tierra. Aparte de que es precioso, contiene al ser humano y a todas las especies de plantas y animales. ¿Puede haber algo mejor? De momento es el único, así que hay que protegerlo.
